El Diario de Gale 07/02 “Jardín de Espinas Pt. 3”

Es difícil vivir con una máscara de felicidad pegada a la cara y saber que por dentro te estas muriendo. Jane se sentía muy deprimida por todo los hechos acontecidos en los últimos 11 meses, primero porque su padrastro la violaba constantemente y no sólo a ella sino también a su hermana menor Ana de 9 años, y todo porque que el desgraciado les había prometido no golpear a su madre Marie nunca más y no solo eso sino que también él se había puesto una máscara de “hombre de familia” que al parecer todos los vecinos se lo habían tragado.

Jane estaba asqueada de sí misma y tenía el autoestima por los suelos, apenas recordaba que hacía apenas 3 años era la niña más feliz del mundo, pues su padre era un hombre cariñoso, atento y servicial para con sus hijas. Rememoraba los días en que iba a recogerla a la escuela en el auto y la llevaba a todas las fiestas de sus amigas a las que era invitada, incluso a las pijamadas, su madre le había contado que la primera vez que fue a una, él se había quedado toda la noche en el auto al frente de esa casa sólo por si acaso. Su padre realmente las amaba.

Ahora ella estaba con la cabeza clavada en la almohada, de rodillas con el culo desnudo levantado y siendo cogida por tercera vez por ese hueco. Adam estaba encima de ella haciendo el tradicional mete-saca que tanto le gusta hasta acabar corriéndose en el hueco, entre gemidos suyos y fuertes nalgadas.

Me encanta como te has dejado crecer ese hermoso pelo tuyo- dijo él- tú pelo rubio es tan lindo como el de tu hermana.

Se levantó de la cama, se vistió y dijo:

–       Tu madre va a viajar por una semana, quisiera que planes la comida que vamos a pedir ese tiempo, ¿no te parece divertido? Ahora voy a recoger a tu hermana del colegio. Tú mamá no tarda en llegar del trabajo, así que vístete.

Adam se arregló y salió del cuarto. Jane terminó de limpiarse los jugos seminales que le salían del culo y sin querer se cayó de la cama, se quedó allí y lloró.

Marie anunció a sus hijas durante la cena que se iría de viaje por una semana, el motivo no era otro que el de trabajo les explicó. Jane presentía que esa semana sería la peor de toda su vida, trató de objetar pero Adam la amenazó con la mirada y ella solo callo.

–       ¿Vamos a pedir pizza todas las noches? – pregunto Ana

–       Depende de como te comportes- respondió Adam con un guiño.

Marie partió un lunes por la mañana e inmediatamente después de su salida Adam llamó al colegio de las niñas, excusándolas de que no asistirían toda la semana por encontrarse enfermas. Jane estaba aterrada por lo que pudiese pasar después, ya era suficiente ser violada por ese pendejo una vez por semana pero tener que soportarlo todos los días sería suicida y más aún con Ana acompañándolos.

Adam termino la llamada y subió corriendo al cuarto de Ana que aún continuaba durmiendo, se acostó a su lado abrazándola, se apego a su cuerpo y le susurró al oído:

No irás a la escuela toda la semana, sólo seremos tú, Jane y yo.

–       ¿De verdad? – preguntó ella, él le respondió con un beso en la boca.

Ya era mediodía y Adam estaba demasiado entretenido con Ana en su cuarto y a puerta cerrada. Jane preocupada no se atrevía a mirar por la perilla de la puerta, porque sabía exactamente lo que le estaba haciendo ese maldito enfermo a su pequeña hermana y lo peor de todo es que no podía hacer nada al respecto. El panorama no cambió el resto de la tarde, el eco de los gemidos de Adam se escuchaban por toda la casa junto con el rechinar de la cama de Ana, “8 horas son demasiado” pensaba Jane pero no se le ocurría nada para poder detener el incesante abuso. Finalmente a las 6 de la tarde se abrió la puerta delante habitación y de ella salió Adam desnudo que seguidamente se dirigió al baño para poder ducharse. Jane se dirigió a toda prisa a la habitación de su hermana y la encontró desnuda y dormida en medio de las sábanas, Ana chorreaba por el sudor pero se encontraba demasiado cansada como para responder a las inquietudes de Jane, durmió así toda la noche.

Jane se sentía atrapada en su propia casa, no podía salir a la calle o escuela y sin mencionar que estaba a las órdenes de su padrastro, sin embargo el estaba demasiado ocupado fornicando con Ana. Ya era jueves y se la pasaban todo el día en el cuarto de su hermana, poco o nada se escuchaba de este y Jane ni siquiera quería asomar la cabeza no desde aquella primera vez que los vio juntos. Adam la obligó a pasar y la obligó a observar cómo se cogía a su hermana menor, y lo más impactante era ver a Ana disfrutarlo. ¿Cómo es posible que ella disfrutara del sexo a su edad? ¿Hace cuanto tiempo lo estaban haciendo? ¿Porqué Ana no sentía ni un pizca de dolor cuando a Jane le provocaba un dolor intenso? Y no es que fuera Adam fuera suave, trataba a Ana con la misma pasión que a ella, pues Ana tampoco ya era virgen porque ella vio aquella vez como le metía la verga hasta el fondo una y otra y otra vez hasta llegar a su éxtasis y llenarla de semen toda su conchita y ni un sólo rastro de sangre. Jane estaba celosa, celosa de la madurez sexual de su pequeña hermana, de ser la preferida de su abusador.

La luna comenzó a alumbrar la noche, y Jane se dispuso a cenar sola, pues Adam había pedido pizza pero se llevó la mayor parte de ella a la habitación de Ana. Los dos al parecer la estaban pasando increíble. Jane estaba furiosa no sólo por el hecho de que la ignoraban desde hace 3 días seguidos sino porque tampoco se sentía capaz de denunciar al maldito, es decir era la oportunidad perfecta, una llamada y una patrulla vendría en minutos nada mas, lo atraparían con las manos en la masa, lo llevarían a juicio, quizá  le darían una condena de 30 años y por fin serían libres otra vez, comenzarían de cero. Sin embargo Jane tenía miedo, miedo de perder a ese hombre que ahora mismo seguía con el mete-saca con su hermana de sólo 9 años, miedo de que la odie a ella, miedo de perder otra vez un padre, miedo de perder a su amor.

Así es, Jane estaba enamorada de su padrastro, incluso mucho antes de que se casara con su madre, él le recordaba a su fallecido padre, era gentil apuesto y encantador, lloró amargas noches antes de la boda y trataba de sacárselo de la cabeza pero era imposible se había obsesionado con él. Incluso aquella noche donde le quitó su virginidad era feliz, ella aparentaba ser una víctima y se justificaba pensando que lo hacía por el bien de su madre y hermana, pero muy en el fondo era feliz, feliz de que él era suyo y ella le pertenecía a él en cuerpo y alma. Las otras veces que tenían sexo ella buscaba placer en el dolor que le causaba, pero no lo lograba, el dolor era intenso pero lo soportaba por amor a él. Hasta que en el noveno cumpleaños de su pequeña hermana los vio y desde entonces su vida se volvió nuevamente gris.

3:17 de la madrugada, y los rechinidos de la cama de Ana se escuchaban por toda la casa, Jane no podía dormir era demasiado el castigo para su corazón, las lágrimas resbalaban por sus mejillas y su cama llena de pañuelos mojados. Adam gritaba de placer y los rechinidos eran más fuertes hasta que de pronto cesaron y el silencio domino la casa. Jane apretó los dientes con furia y juro por Dios que esa sería la última noche que se acostaría sola.

Era una hermosa mañana de viernes. Jane, Ana y Adam desayunaban juntos en la mesa, al parecer la que seguía agotada era Ana que apenas podía mantener los ojos abiertos seguramente tuvo una larga y dolorida noche; Jane la miraba con desprecio.

Adam se levantó de la mesa y se fue a ver la televisión en la sala, debió estar ya aburrido o cansado de haberse cogido a Ana de mil y una maneras. Jane se sentó a su lado, puso su mano en el muslo de él y comenzó a friccionarlo, Adam la miro de reojo y recién pudo notar que Jane llevaba puesto su vestido blanco para fiestas, lo recordaba porqué lo uso el día que se caso con su madre, incluso le había dicho a Jane que un día de estos le gustaría cogérsela con el vestido puesto porque le hacía verse como una niña inocente.

Jane apretó el muslo de su padrastro y lo miró a los ojos, Adam se sorprendió al ver que Jane estaba bien maquillada cosa que era rara porqué nunca la había visto pintada ni siquiera para las fiestas, le gustaba que le mostrase su lado más femenino a pesar de tener 16 años parecía una de 25.

–       Ya no tengo miedo Adam- dijo ella.

Adam le cacheteo la cara con fuerza y después la beso.

–      No me gustan las niñas que se creen mujeres- dijo – pero me encantaría tener una orgía contigo y tú hermana.

Fin del séptimo episodio

Comentarios
  • colins:

    bueno empece a leer la primera temporada y quería hacerlo solo por compromiso para que me activaras la cuenta, pero poco a poco me fui identificando y hasta me fui asustando de saber de Gale de 22 años:O, se parece demasiado ami que tengo 21 pues terminare de leerla ya que me he quedado mas que pegado y después de cuento, ademas déjame decirte que deberías hacer un libro tienes una gran facilidad para atrapar con tus relatos.

    pd: cuenta: colins11