El Diario de Gale 04/02

21 de mayo de 2005

Aquél día (3 de abril) comenzó como cualquier otro. Me levanté a las 7 am. La ansiedad me mataba y carcomía. Fui a la cocina y allí se encontraba; estaba radiante, sentía que podía abalanzarme sobre ella en cualquier momento estaba preciosa traía el cabello largo y suelto hasta la cintura, como siempre sus hermosos ojos azules resaltan su rostro, como una esmeralda resalta una diadema. Llevaba aún puesto su pijama rosada de un solo cuerpo le llegaba hasta los talones, el desayuno estaba servido y juntos comimos sin decirnos ni una palabra.

Tiene 8 años y la admiro como aquella primera vez que puse mis ojos en ella, sería porque presentía que en pocas horas no sólo su cuerpo sino también su virginidad me pertenecerían, mis ojos lujuriosos miraban su inocencia y pureza y al mismo tiempo mi mente imaginaba las maldades que le haría. El año de encierro la había vuelto sumisa y tranquila, con la mirada perdida y triste, se veía tan angelical que la hacía aún más apetecible. ¿Esto era lo que veía Caín?

Terminamos el desayuno, la tomé de la mano y a prisas la conduje hasta el sótano. Le levanté el pijama y de un tirón le quité el calzón y codicie en seguida esa hermosa y perfecta rajita suya, la tiré a la cama y comencé a saborear el conejito como nunca antes lo había hecho. Amy se retorcia en la cama tratando liberarse de mi lengua invasora, vi de reojo que se estaba poniendo colorada sus mejillas la delataban. Después de dejar su conchita bien húmeda me despoje de mis prendas y me avalance sobre ella restregando mi verga babosa con su vagina, el vaivén era fuerte y excitante cada centímetro de mi cuerpo sentía el suyo, era como si una roca gigante se estrellara contra la arena. Coloque mi pecho sobre el suyo y pose mi labios, abrí la boca, saque la lengua y me la comí a besos.

Mi calentura subió y no dejaba de friccionarme con su bello y frágil cuerpo, finalmente me levanté y vi sus ojos llorosos pero no me dio importancia. Me desvesti y le mostré mi verga erecta, acerque su cabeza y le dije le chupara, trató de resistir pero la forze y terminó con su dulce boca en mi pene. La obligue  con mis dos manos sobre su nuca a que se la tragara toda, estar dentro de su boca era sublime sentía que en cualquier momento me iba a venir. Saque mi polla de su boca y se formo un hilito de saliva y pre-semen, ahora con su cuquita y mi verga lubricadas era ya el momento de la unión, así como Caín lo hizo.

No había tiempo para dildos, ni vaselina, este era el momento indicado yo estaba que ardía de ganas y mi cuerpo ya no podía aguantarse estaba a punto de explorar. La coloque al borde de la cama de frente a mi, le abrí las piernas, agarré sus muslos con mis manos, apunte mi verga a la entrada de su dulce cueva infantil y la metí poco a poco.

Mis movimientos eran suaves pero iban directo al grano mejor dicho a agrandar su conejito, era tan estrecha que apenas la cabeza podía entrar pese a la lubricación aplicada, debía ser muy paciente si quería introducirla completamente, mi verga estaba demasiado tiesa como para dejarse vencer así que le metí otro poco, seguía teniendo los mismos ojos llorosos observando cómo era invadido su último rincón sagrado, me miró a los ojos en súplica pero yo me concentraba en amoldarme a su cuerpo o mejor dicho que su conejito se amolde a mi pene.

Me introduje otro poco y me topé con su pared invisible mejor conocido como himen. Disfrute el momento por unos minutos antes de dar el último paso hacia la felicidad plena. Me fascinaba verla desnuda en la cama, con las piernas abiertas, con media polla dentro suyo y por fin rompí esa barrera que faltaba para cumplir aquella meta que me propuse el día que la secuestre. Ahora su cuerpo y su alma me pertenecían.

Amy gritó fuertemente al sentir que la había invadido por completo; comenzó a llorar, era un llanto amargado y triste, como si supiese que había perdido algo importante. Aún penetrandola me subí encima la cama apoyando las rodillas sobre el colchón, con sus piernas ahora atrás de mis nalgas y su pecho y rostro frente al mío. Le besaba los labios con delicadeza para poder consolarla, mientras mi pelvis se movía en un vaivén semidirigido, la penetración no era completa pero era lo suficientemente profunda como para sentir el máximo placer en cada arremetida.

Acelere mis movimientos pélvicos porque el clímax estaba próximo. Cada entrada y salida de su cuerpo era una completa delicia, el estrecho conejito suyo se estaba agrandando, y la cama se sacudia con violencia. Amy daba chillidos ahogados y soportaba el dolor arrugando las sábanas con sus manos. Finalmente sentí el éxtasis invadir cada célula de mi cuerpo, que se concretó con grandes descargas de semen dentro del cuerpo de mi princesa. Fué la eyaculación más larga de mi vida, los chorros no paraban de salir y se escurrian fuera de su vagina. Una vez terminada la descarga me incorporé de la cama para poder admirar mi obra. Era bellísima la cuevita de Amy era el doble de grande pero igual de hermosa. La lleve a la ducha y juntos nos bañamos, Amy no quería mirarme a la cara, yo la abrazaba y la consolaba con palabras dulces y caricias. Recogí las sábanas manchadas de semen y sangre y las incinere en la chimenea. Me la volví a coger en la noche simplemente porque me dieron ganas de hacerlo, pero esta vez con menos fuerza, menos llanto y menos tiempo.

Haciendo toda esta retrospectiva, me doy cuenta del daño causado y del porqué Amy decidió fugarse de casa al día siguiente. Ahora con todo este asunto de su amnesia me mantengo al margen para no darle nuevos recuerdos ingratos,  mi objetivo ahora es que ambos disfrutemos del sexo y que seamos felices, una auténtica pareja feliz. Buenas noches. Gale.

Fin del cuarto episodio

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