Jodie: La Niña de mis Pesadillas (Capítulo 4)

Posted in Jodie: La Niña de mis Pesadillas by Kruger on 22 septiembre 2016

Jodie: La Niña de mis Pesadilla

Capítulo 4: Los demonios llaman

Cuando Ben tocó la puerta de su casa traía las manos sudadas por el nerviosismo y unas ojeras muy marcadas. No durmió muy bien las dos noches anteriores, no era para menos, con una niña dotada con poderes sobrenaturales y con una inclinación por el canibalismo quien podría dormir.

  • Relájate Ben- dijo Jodie que estaba a su espalda como queriendo aparentar timidez – Tú esposa no te va a creerte si sigues así de nervioso.

Su voz era como la de cualquier niña normal, toda inocente y pura, pero Ben se preguntaba una y otra vez como aquella niñita podía ser tan despiadada. Aún vestida como cualquiera de su edad con chompa, guantecitos de lana y chalina por todo el cuello. Y esos lentecito medialuna que la hacían ver inmaculada.

Ben respiró hondo al oír los pasos de su esposa al acercarse a la puerta.

  • ¿Ben? ¿Qué diablos te pasó? Estuviste desaparecido cinco días y ni una llamada, me tenías preocupada.
  • Sara en verdad lo siento, es que sucedieron muchas cosas y no sabía cómo explicarte.
  • Explicarme que –La mirada de Sara era desafiante, Ben se puso incómodo.
  • Yo, yo…… – Dijo tartamudeante, el nudo en su estómago era cada vez mayor – yo no sabía, yo no sabía lo juro. Ella apareció de la nada, me llamó, me dijo que venía a la ciudad, dijo que quería verme, y que quería decirme algo importante.
  • ¿De qué estás hablando Ben?
  • Fue mi ex novia, Clarisa, no sé si te conté sobre ella, era muy quisquillosa ¿sabes? La conocí en una fiesta de la fraternidad, bebimos un par de copas, una cosa llevo a la otra y lo hicimos, fue antes de conocerte un mes antes quizá. El caso es que ella vuelve después de ocho años y me dice que……..que……….que tengo una hija.

Silencio sepulcral.

  • ¡¿Qué?! – exclamó.
  • Yo no sabía lo juro, me sorprendió porque después de que corté con Clarisa ella jamás me volvió a llamar y me sorprende con ella – apretó la mano de Jodie para que se presente y ella cabizbaja se paro a lado de Ben.
  • Ella es Jodie – continuó diciendo – tiene 8 años y Clarisa me la acaba de dejar.
  • ¿Qué ella qué? – Sara estaba desconcertada como si la hubiesen abofeteado en la cara con un guante de hierro.
  • Yo sé que es difícil de asimilar, yo tampoco lo asimilo por completo, pero es la verdad y ahora Clarisa quiere que yo me haga cargo, dice que me toca hacer el papel de padre.
  • Me dices ¿Que tuviste una novia de la que no tenía idea, que la embarazaste, y que ahora te deja a una niña que se supone que es tú hija, y que ahora debes cuidarla?- Sara estaba a punto de explotar, la niña se puso de nuevo a sus espaldas.
  • Si, prácticamente es eso. Lo siento.
  • Vete- dijo Sara guardando la compostura – Vete ahora por favor. Y agradece que tienes a un niña a tus espaldas porque sino ahora mismo te rompería la cara.

Aquello último le sorprendió, jamás la había visto tan alterada. Ben se alejó de la puerta con Jodie detrás, ambos dieron media vuelta y se dirigieron al coche.

  • Volveré cuando todo se haya arreglado.
  • Por favor no vuelvas, es por tú propio bien – Dijo Sara antes de dar un portazo y cerrar la puerta con llave.

Ben encendió el auto y se fue.

  • Eso último fue obra tuya ¿verdad? – Dijo Ben mientras conducía – tú pusiste esas palabras en su boca.
  • Solo hice las cosas más fáciles. Ella te quería mostrar compasión, y eso hubiese complicado todo. Ahora cuando ella te vea no sentirá nada más que odio por ti hasta que tu o yo muramos.
  • ¡¿Por qué Jodie?! ¡¿Por qué yo?!
  • Tú me salvaste recuerdas, ahora eres responsable de mí.
  • ¡¿Qué mierda eres?!
  • Eso… ni yo lo sé.

Ben estaba agotado, se veía a través del espejo retrovisor y sus grandes ojeras decían que no estaba bien, que sus fuerzas en cualquier momento flaquearían y que en cualquier momento perdería el control del motorizado y se estrellarían. Quizá era lo mejor, así acababa con este infierno de una vez y daba paso a la tan ansiada paz que buscaba desde que se metió en este sin fin de acontecimientos que empezaron en el hospital Saint Row.

Jodie lo observaba de reojo, ella también notaba su cansancio, pero era normal, cualquier persona sufriría de ansiedad y terror después de ver a una niña de ocho comerse a dos adultos en un motel. Ver la sangre y viseras esparcidas por todos los rincones de la habitación, junto con los huesos de las víctimas, debe ser toda una experiencia. Pero el viaje continúa y aún tenía planes pendientes ahora que era libre.

Sabía que sus perseguidores no claudicarían fácilmente, no ahora que continuaría con el ritual. Era solo cuestión de tiempo para poder finalizarlo y para ello necesitaba ciertos “elementos”, tres de esos elementos debían ser puros, tan puros como la nieve que caía sobre el asfalto y los otros tres debían ser impuros y tan oscuros como el carbón de extraído de lo profundo de la tierra.

  • Conduce hacia el sur.
  • ¿Algún lugar en específico?
  • Tú solo hazlo, yo te diré cuando estemos cerca. Tenemos que recoger a ciertas personas.

Ben no sabía de lo que la pequeña niña con gafas era capaz, pero no podía cuestionar sus órdenes. Como demostró antes, tiene ciertas habilidades oscuras y no sabía a ciencia cierta que otro tipo de facultades poseía esta especie de bruja, que al parecer podía controlar la mente de las personas, obligándoles a hacer lo que ella quisiese, esto incluía automutilación y asesinato como lo demostró en el motel.

  • Se lo que estás pensando Ben- dijo con cierto aire cansado- pero yo también tengo mis límites, esto no lo hago por capricho, sino por necesitad. Los tipos que me buscan volverán, tienen oídos en todas partes y la única forma de detenerlos es siendo libre.

Esa última parte Ben no la entendió del todo, pero las preguntas no servirían de nada, lo único importante era salir con vida de este cautiverio momentáneo, o por lo menos frustrar los planes de esta pequeña demente.

  • Sabes que puedo leer tú mente ¿verdad Ben? Deja de pensar que soy demente porque no tienes ni idea.

Ben guardo silencio mental, trato de no pensar en nada pero era difícil, tenía la cabeza revuelta y un nudo en el estómago. Las náuseas volverían y no sabía si podía continuar aguantando las arcadas, pero de repente los retorcijones se fueron y su mente quedo serena.

  • Así es Ben, también puedo hacer eso.

Llegaron a los suburbios de la ciudad. Era un lugar poco amigable, con edificios de apartamentos sobrepoblados, con tendedores de ropa que colgaban de extremo a extremo, grafitis en los muros circundantes y pandilleros apostados en varios lugares, que observaban de reojo el coche de Ben.

  • Dobla a la derecha y estaciónate.

Miró a ambos lados antes de doblar y se estacionó tras una camioneta guinda marca Ford.

Jodie tenía los ojos fijos en la camioneta. Había dos ocupantes dentro de ella, un adulto y una niña de no más de 10 años. Parecía que charlaban de forma amena y de repente se detuvieron, se pusieron firmes y tiesos como si una corriente eléctrica les atravesara toda la espalda. La niña salió del auto, cerró la puerta, se dirigió al auto de Ben, se sentó en el asiento de atrás y se quedó quieta como una estatua.  La nueva acompañante tenía el pelo negro y liso, ojos igual de oscuros, labios y mejillas rosadas. De cuerpo delgado y piernas bastante flacuchas. Llevaba puesto una chamarra desgastada de color chicle y pantalones oscuros. Ben la llevaba mirando un rato hasta que Jodie le ordenó:

-Arranca.

Ben tenía miedo de objetar por lo que solo se dispuso a hacer lo que ella decía, no sin antes mirar de reojo al padre de la menor que seguía tan estático desde que Jodie comenzó a mirarlo.

Otro par de horas manejando, ahora hacía el este.   Ben no tenía idea de lo que planeaba la niña sentada a su lado pero tenía que pensar en algo para evitarlo. Si todo terminaría como en el motel con aquellos dos sujetos jamás lo superaría.

Había lapsos en los que Ben perdía el conocimiento y despertaba cuando llegaban a su destino, esto obviamente era obra de Jodie, pues así era como lo trasladaba de un lado a otro. Esto lo incomodaba porque daba la impresión de que estaban viajando durante semanas y para él solo eran horas.

Finalmente arribaron otro pequeño pueblo rural: edificios cortos, autos modestos y poca afluencia de personas por las estrechas calles. Quería pararse a  preguntar pero Jodie le dijo mentalmente que desistiera de la idea. Se estacionó junto a pequeño parque a las orillas del océano. El bramido del mar era estruendoso y el cielo nublado obligaba a pensar que se acercaba una tormenta. No había nadie jugando en los juegos ya que el viento soplaba a raudales.

De repente se abrió la puerta de atrás y  sentó otra niña de la misma edad que la anterior, salvo que ella tenía el cabello rubio y ojos azules, pero lo que la destacaba era su piel que parecía tan blanco como la nieve. Llevaba puesto un abrigo celeste y unos vaqueros. Cerró la puerta tras de sí y quedo en la misma posición que la otra niña de cabello oscuro.

  • Esto no me da buena espina Jodie- se quejó mientras daba la cuerva para volver al camino.
  • Mientras menos sepas mejor, pero para futuras referencias, ella es Sara – Dijo señalando a la niña del cabello negro- y ella es Dora – dijo señalando a la niña rubia- No necesitas saber más.

Ben resopló molesto, presentía que esto de los viajes duraría más tiempo del que se imaginaba.

Apenas salía a la carretera perdió nuevamente el conocimiento.

La última niña fue recogida del otro extremo del país. Jodie se las apañaba para mantener a las niñas tranquilas adormeciendo sus mentes al mismo tiempo que hacía que Ben maneje en estado inconsciente. El tiempo se le terminaba, los temblores en sus manos comenzaban a manifestarse. Era el primer síntoma de muchos.

Despertó a Ben frente a un restaurante a las afueras del pueblo de la última niña recogida.

  • Ben, necesitamos comer. Tienes que bajar a comprar comida – dijo Jodie, que parecía más pálida de lo normal.

Él se sorprendió de ver a otra niña en el auto y más aún al darse cuenta que esta última traía el pelo rojo muy intenso, quizá la claridad de la tarde le hacía verse así. La nueva niña era de piel muy clara, cara redonda y rasgos finos, llevaba puesta un poncho marrón y que le llegaba hasta las rodillas, Ben no alcanzo a ver si llevaba puesto unos pantalones.

Salió del coche rumbo a la entrada del restaurante de aspecto local, es decir, un local de comida al paso, de esos que se encuentran en medio de la carretera donde sólo te sirven café y pan tostado.

Llego a la barra y afortunadamente vio que también servían hamburguesas, pidió media docena y algunas sodas para el camino. Un grupo de turistas también llegó al lugar, eran una buena cantidad de personas porque colmaron en pocos minutos todo el establecimiento. Ben se vio rodeado de ellos pidiendo todo lo que ofrecía el restaurante, dedujo que tendría que esperar varios minutos más antes de volver al auto.

  • No te muevas ni digas nada, sino ella lo sabrá- dijo una voz rasposa tras de él.

Ben se puso nervioso, al parecer los problemas no paraban de llegar.

  • Lo que te voy a decir es muy importante – continuo diciendo el hombre a sus espaldas- Jodie es muy especial para nosotros, y la queremos de vuelta, pero también sabemos lo peligrosa que es. Ella solo puede leer la mente de una persona a la vez por lo que tuvimos que armar esta distracción para hablar contigo. Va a sacrificar a esas niñas que están en el auto, nos lo había dicho antes pero no le hicimos caso, y por eso escapo, aun no entendemos el porqué de este “ritual” suyo pero no nos interesa, solo ella nos interesa y lo que puede hacer. Pero ese no es el punto. Sabemos que te tiene de su peón y cuando ya no le sirvas te matara también, ya viste lo que les hizo a dos de nuestros hombres. No podemos darnos el lujo de fallar, por eso necesitamos que hagas algo por nosotros.

El hombre le pasó por detrás una hoja de papel gruesa, lo metió directamente en su bolsillo. Ben quiso hacerle miles de preguntas pero el hombre lo interrumpió primero.

  • No digas nada, sino ella se dará cuenta, no pienses en nada de lo que te dije, o estarás muerto. Utiliza lo que te di cuando sea el momento, ¿Y cuándo es ese momento? Cuando esté a punto de matarte. No intentes detener el ritual, porque será peor y no te libraras de ella, si haces caso a lo que te digo quizás podrás ver a tú familia de nuevo ¿No es eso lo que quieres? Ahora vete, tú orden ya está lista.

Vio a la camarera con su pedido y cuando se dio vuelta el hombre se fue. Palpó levemente su bolsillo y noto que lo que le había entregado era una fotografía, la saco una fracción de segundo y se quedó paralizado.

  • ¿Pero qué rayos es esto?

Fin del Cuarto Capítulo