La Sombra Errante Parte 1

Posted in La sombra Errante (Completo) by Kruger on 7 septiembre 2016

La Sombra Errante

Parte 1

Era un día lluvioso y frió, el viento azotaba las ventanas trayendo el aguacero a todos los edificios aledaños. El rugido de los truenos era incesante y estruendoso como si el cielo mismo protestara contra la tierra en un ataque de desenfado completo y destructivo. El paisaje era cubierto  por el manto negro de la oscuridad siniestra, adornada junto con tremendos choques de nubes que desencadenaban rayos poderosos que iluminaban todo.

 

En medio de la tormenta, en una humilde edificio de apartamentos de clase baja, Jason un niño de 5 años observaba como las gotas de lluvia golpeaban la ventana de su habitación…… bueno, decir “su habitación” sólo era eso; un decir. En sí el pequeño apartamento en el que vivía contaba únicamente con tres ambientes: Uno que era el comedor y cocina unidos, la sala o el cuarto rojo (que para él era un misterio porque pocas veces había entrado ahí) y  el cuarto donde dormía su padre, él y su hermana mayor, pero esto casi nunca ocurría pues los tres no dormían juntos desde hace ya varios meses.

 

La muerte de su madre dejo una huella profunda en sus vidas, ella era el sustento y la alegría del hogar y aunque vivían acomodados ella se la ingeniaba para darle un toque más calido al lugar; le daba vida.

 

Él recuerda como una mañana  de febrero mientras salía de la escuela su maestra lo llamó angustiada  lo miró con lágrimas en los ojos y le dijo con voz quebrada que su madre estaba en el hospital. Cuando llegó allá de la mano de su maestra, vio la a su padre en un mar de llanto abrazado de su hermana en la sala de espera. Él no entendía nada pero algo grave debió pasar. Jamás vio a su padre llorar de esa manera. Horas después todo fue confusión: muchas lagrimas de familiares en especial de sus tías que lo abrazaban una y otra vez, enfermeras que lo miraban con lástima, primos que le daban palmaditas en el hombro y su hermana que a cada momento le decía que todo estaría bien.

 

Fue muy triste despedirse de su madre. Ver como el ataúd bajaba lentamente por aquel hueco gigantesco no hacia sino entristecerlo. ¿De verdad nunca podré ver a mamá?, ¿A dónde van los muertos?, ¿Qué hay después de la muerte?, ¿El cielo existe? y si existe ¿Iré a encontrarme con ella algún día? Eran algunas de las preguntas que se formulaba mientras el sacerdote y los dolientes le daban el último adiós a su madre.

 

A partir de aquello los días eran muy grises, como si algo en el aire le hubiese quitado el color a todo: a las flores, al cielo, a las casas, los árboles, al autobús escolar pero en especial a ese pequeño apartamento en el que vive. Ya nada era igual, el color de la vida se había difuminado como un haz de luz y la oscuridad se apoderaba de las noches como demonios al acecho.

 

Sentía como uno de esos demonios lo observaba desde las esquinas de la habitación en la que dormía. No estaba seguro si lo veía o si sólo era una simple alucinación suya, el caso es que tenía la sensación de que aquel ente lo observaba en especial en las noches cuando las esquinas se volvían más oscuras.

 

Aquella noche no era diferente y mientras el cielo tormentoso amenazaba con acabar con todo, él le temía en serio a esa presencia oscura. Trataba de desviar su atención mirando la televisión, eso era lo único que podía hacer cuando estaba a solas en el cuarto o mejor dicho cuando se veía solo, pues su padre y su hermana mayor Kim de 8 años se encontraban en la habitación roja haciendo Dios sabe que. Ambos siempre se encerraban ahí, lo hacen con mucha frecuencia desde la muerte de su madre, incluso Kim no asistía a clases por petición de su padre para encerrarse en el dichoso cuarto, esto sucedía más veces de las que él pudiese recordar; le molestaba.

 

Alguna vez intentó ingresar ahí en varias ocasiones de hecho, pero siempre la cerraban por dentro, lo único que veía era el reflejo de la luz roja en el suelo por el resquicio de la puerta y cuando finalmente salían su padre parecía tan feliz que por lo general le daba un gran abrazo y se iba a dormir, pero Kim salía muy deprimida y con lagrimas en los ojos, él le pedía explicaciones pero ella siempre le esquivaba y no le contaba nada; eso también le molestaba.

 

Buscaba afanado algún programa infantil que desvíe su atención de la tormenta y de las esquinas oscuras pero lo único que encontraba eran noticias que hablaban justamente de la tormenta, aumento el volumen. Estaba nervioso, la sombra tras suyo se hacía cada vez más corpórea como si de un cuerpo normal se tratase, sentía su presencia en la habitación como nunca antes; le temblaban las manos, tuvo el impulso de llamar a la habitación roja pero no se atrevía; estaba paralizado del miedo.

 

Y de repente la puerta se abrió.

 

Mejor dicho se entreabrió dejando ver la luz roja que esta emanaba de su interior. Él tuvo cierta curiosidad de saber que estaban haciendo su padre y Kim ahí dentro, se acerco casi gateando esperando no ser escuchado mientras lo hacía. Cuanto estuvo lo suficientemente cerca estiró la cabeza.

 

Al principio no distinguió nada, la intensidad de la luz rojiza lo ofuscaba, pero después sus ojos se acostumbraron y entonces vio el interior de aquel cuarto al que nunca le permitían entrar.

 

No entendía nada.

 

Distinguió a su padre. Estaba de espaldas a él y de frente a un sillón blanco o color grisáceo no lo sabía con exactitud (la luz roja le afectaba), pero aún más raro era ver a su hermana mayor Kim sentada en ese sillón con las piernas abiertas de par en par, con las manos en el rostro secándose las lagrimas por el dolor mientras su padre le gritaba y le metía su pito al pequeño agujerito de su hermana.

Se recostó en el suelo tratando de entender la escena ¿Estaban jugando a algo que él no sabía?, Si entraba ¿Papá lo golpearía?, ¿Kim lloraba porque perdía el juego? Pensaba y pensaba acostado en el suelo cerca de la puerta mirando aquella escena inentendible para él.

 

Su padre cambio de postura, hizo que su hermana le diera la espalda con la cabeza apoyada en el sillón y las manos en los cojines. Presionó su pito en la entrada donde Kim hacía caca y se la introdujo hasta adentro. <<Qué asco>> pensó. Ella se lamentaba y su padre se movía como si la estuviera cabalgando. Le pareció gracioso ver como ambos jugaban al caballito, lo malo era que Kim no podía aguantar el peso de su jinete y se desplomaba rendida sobre los cojines. Él le daba fuertes nalgadas para que reaccione volviendo sus pequeñas nalgas en carne roja.

 

El pequeño se dio cuenta que aquello que veía no era un juego sino algo peor pero tampoco se atrevía a interrumpirlo. Su padre cambio de posición una vez más y así ensartada la quito del sillón y la bota al piso. Le ordenó que se pusiera de cuatro y con la furia que tenía contenida se la introdujo nuevamente. Kim quiso gritar de dolor pero un fuerte manazo en la espalda le quito el aire. En eso ella se dio cuenta que su pequeño hermano los estaba observando y con mirada suplicante gesticulo en silencio una palabra para que su hermano lo entendiera: “Ayúdame”.

 

 

Jason captó el mensaje pero no sabía que hacer. Decidió apartar la vista e irse a dormir  porque tenía miedo.

 

Minutos después Kim estaba acostada en el suelo apretando los dientes no sólo por el tremendo peso que cargaba de su progenitor sino también porque  como este se agitaba sobre ella en aullidos de excitación y lujuria. Su progenitor acabo dentro de ella como lo hacía todas las noches, sentía el liquido seminal dentro de suyo que seguidamente se escurriría por entre sus piernas. Trato de pararse pero no pudo, las fuerzas se le acababan a esa hora de la noche, en esos momentos de humillación y dolor es cuando mayor falta le hacía su madre, seguramente ella no permitiría esto.

 

Su padre la levanto a la fuerza y le hizo acostarse en la cama que estaba en esa misma habitación. Kim odiaba esa cama, olía tan mal que le daba asco de solo apoyarse en ella, pero era el único lugar donde dormía desde que su madre murió, sabía que la humillación continuaría porque así era todas las noches. Él descansaba un poco, daba un respiro, le decía  que ella era su puta y volvía a cogersela hasta que derramar nuevamente su semen en su interior o en su boca.

La luz roja se apagó dejando que el silencio se apodere de la habitación solo interrumpido por el incesante golpeteo de la lluvia en las ventanas, donde Jason trataba de conciliar el sueño. No podía dormir, no mientras la sombra lo observaba. Se cubrió con todas las mantas y se puso en posición fetal, rezando para que la sombra se largara. Quizá era simple imaginación o se sentía demasiado excluido de la sociedad pero sentía como la sombra seguía ahí aunque no él no lo mirase, olía un aire frío y húmedo a su alrededor, su cuerpo se entumecía a pesar de estar cubierto de pies a cabeza; era la peor sensación del mundo, y en medio de ese miedo terrible que sentía se quedo dormido.

Continuará