Turismo Sexual Capítulo 4

Posted in Turismo Sexual by Kruger on 31 agosto 2016

Capítulo 4: Mariposa Plateada

Cuatro de la madrugada, el calor seguía siendo insoportable, la humedad en el aire era casi asfixiante y los repentinos ataques de los mosquitos que no hacían más que molestar con su repentino aleteo incesante y constantes picaduras. Pero nada de eso importaba, nada perjudicaría el placer que estaba experimentando en ese momento.

Es la tercera y última noche con Channary, y quería aprovecharla al máximo, incluso al límite de mis capacidades. La cama se agitaba con violencia, esta sentía el pesado trajín de mis movimientos corporales, descargando mis más bajos instintos sobre mi víctima y mi amor. Channary derramaba cuantiosas lágrimas sobre las sábanas como todas las noches que pasamos juntos, pero también gemía, sabiendo que el dolor era el mejor recurso para alcanzar el placer.

Mi erecto pene se perdía en los confines de su estrecho y ya desflorado ano. Se lo incrustaba sin tapujos o miedos, era la pura fuerza de un hombre lujurioso contra la fragilidad de una niña pequeña. Mis manos sobre su cintura facilitaban la vejación, mientras mis piernas impulsaban todo el conjunto para asegurar la máxima penetración. Era un ultraje desproporcionado, un grito a favor del placer inmundo y la decadencia humana.

Mi pequeña estaba en cuatro, con las piernas y brazos apoyados  sobre la cama metálica. Su cabeza rebotaba con cada arremetida y sus nalgas recibían todo el impacto de mi entrepierna. Era la posición más dominante porque ella simplemente no se podía defender. Sudaba a mares. La transpiración envolvía todo mi cuerpo dando fe de mi cansancio.

El pequeño reloj del aparador marco las 4:05, el momento perfecto para mi acto final.

Saque mi verga del culito de mi puta. Vi como este salía con un poco de heces fecales en la punta, me había olvidado de colocarme un condón pero ya era tarde para pensar en ello. Quedé impresionando al mirar cómo había quedado el ano de mi esclava, las dimensiones eran del doble con las que comenzó hacía dos noches. Era un hoyo perfecto y rojizo, me dieron ganas de meterle dos dedos encima solo para comprobar mi teoría pero decidí que lo mejor era cambiar de posición.

La voltee para poder ver su redondo rostro. Se la veía extremadamente exhausta como si hubiese dado dos vueltas alrededor del mundo cargada de una enorme roca en sus espaldas. Apenas  podía enfocar la vista en mí pues se esforzaba por respirar mejor, su pecho se inflaba hasta su punto máximo para acumular la mayor cantidad de aire posible. La deje recargarse por unos minutos mientras buscaba a tientas la luz de la cómoda. El foco iluminó parte de la habitación. Veía las sabanas húmedas, hechas un nudo por tanta locura desencadenada. Las almohadas en el piso y algo de sangre en el forro de los colchones; esta tenía que ser la noche más salvaje de toda mi vida o tal vez exagere, quizás las anteriores noches fueron tan buenas como esta no lo sé. Lo único seguro era que Channary era lo que andaba buscando cuando viene a Cambodia, una niña sumisa, hermosa, de cuerpo voluptuoso y con una gran sonrisa, para que yo la destruyera en una cama de un hotel sin piedad; ese era mi sueño.

Me levanté para buscar un vaso de agua. Abrí la botella de agua que estaba cerca de la televisión y sacie mi sed  con grandes tragos. La luz de la luna iluminaba el resto de  la habitación, me sentí poderoso, un ser humano elevado hacía la divinidad por ser el conquistador de una mente inocente. Me acerque a la ventana y destape la cortinas blancas que nos cubrían, nos encontrábamos en el séptimo piso del hotel por lo que no me preocupó si habría gente observando yo solo quería admirar la inmensidad de la luna frente a mí. El aire fresco golpeó mis genitales apaciguando el ardor que sentía en esa zona, estire los brazos hacia los costados como El Hombre del Vitruvio de Da Vinci, deseaba un pequeño momento de sosiego antes de terminar la noche.

Mis memorias me llevaron al día siguiente de nuestra primera noche en el hotel. Ambos despertamos algo agotados, en especial Channary que continuaba dolorida y furiosa por lo ocurrido esa noche. Protestó en Jemer (idioma oficial de Camboya) de forma enérgica lo cual me pareció gracioso ya que por la noche no dijo ni una sola palabra. Desayunamos en el cuarto y pasadas las once de la mañana salimos para la ciudad. Kalliyan me dijo que la ciudad era un lugar encantador, lleno de tradiciones y comidas típicas que debía comer, yo por supuesto quería conocer la ciudad más a fondo por lo que salir por ahí era una obligación, al fin y al cabo soy un turista.

Channary me seguía de cerca, ya que a la gente que nos vea juntos les parecería sospechoso, a pesar de eso no la perdía de vista y ella siempre quedaba a la vista mientras yo hacía alguna compra o me quedaba en algún local de souvenirs. Me daba pena verla con esos trapos sucios que siempre se ponía, era ropa desgastada y muy descolorida lo cual la hacía verse muy inferior al resto de la gente, en especial con los niños de su edad los cuales la veían con cierto desprecio y se apartaban de su paso cuando la tenían en frente. Si ella me daba tantas satisfacciones ¿Por qué no retribuirle un poco?

Llegamos a un centro comercial de gran tránsito. Pregunté a algunas personas en especial a policías por lugares para comprar ropa y joyas, los oficiales me dieron un par de direcciones en un papel. Cuando entramos a la primera tienda de ropa infantil Channary se puso muy contenta al ver tanto vestido colorido. A los vendedores les extraño que un turista estuviese comprándole ropa a una niña pobre, yo les explique que lo hacía por simple solidaridad. Mi niña se probó varios vestidos hasta dar uno con su talla (pues era bastante corpulenta para su edad), al final escogió un vestido largo sin mangas con diseño floral de color blanco con rojo, sin duda le quedaba perfecto. Cuando salió con el vestido puesto parecía otra niña, se la veía mucho más alegre y sonriente, y si algo me gusta de mi princesa es su sonrisa. Compramos otros vestidos y algo de ropa ligera por todo el centro comercial fue un insulso gasto de dinero, pero ver esa amplia sonrisa suya toda la tarde fue un pago muy merecido. Antes de salir y volver al hotel, me detuvo en mi andar una pequeña tienda de platería y joyas, quede azorado por un pequeño dije de plata en forma de mariposa, cuando lo miré inmediatamente lo vi puesto en el cuello de Channary, era como ver una imagen del futuro. Lo compré por un módico precio y cuando llegamos al hotel se lo coloque en ese precioso cuello suyo, le quedaba perfecto, el dije plateado de mariposa era un complemento ideal a su belleza. Ella se puso tan feliz que riendo me dio las gracias en ingles algo que nunca creí que diría.

Aquella noche la cogí por el culo, me había ganado el derecho de hacerlo, pues ella se aguantaba los gritos y me miraba a pesar del tremendo dolor que sufría con una sonrisa.

Ahora la veía agotada y débil, en esta cuarta noche desenfrenada en la que no paraba de hacerle el amor. Verla tendida sobre la cama, toda desnuda y frágil era un estimulante para volver a estar sobre ella.

Me acerque a la cama y me puse encima suyo.

Ella aparentaba estar dormida para que no le haga nada, muy astuta, pero este animal estaba esperando terminar este suculento filete servido en plato de porcelana.

La mágica noche llegaría pronto a su fin.

Le abrí las piernas de par en par, y así admirar su preciosa rajita lampiña que a pesar de mis ultrajes se la seguía viendo inmaculada y pura. Ella me miraba suplicante podía percibir un aire de piedad en su rostro, me suplicaba con esa mirada que parase de hacerla sufrir. Levante mi dedo índice y moví de un lado para el otro.

  • No pequeña – dije moviendo el dedo – Hoy nada ni nadie hará que yo me detenga.

Channary captó el mensaje y de repente se puso a llorar. Grandes y cristalinas lagrimas se escurrían por sus ojos, era un llanto muy penoso; casi me conmueve. Sin embargo estaba decidido y antes de que siga con su gimoteo triste se la calve en la vagina.

Dio un pequeño chillido al sentirlo dentro y después continúo el mar de llanto. La levanté por la cintura para hacer más profunda la penetración y en un lento vaivén fui metiendo y sacando mi pene. Era una sensación indescriptible, era un coñito muy suave, amoldado a mí después de tantas perforaciones. Mi verga se perdía en aquella cavidad, era tan hermoso verlo desaparecer dentro como si fuese un acto de magia, yo no me imaginaba que el cuerpo de una infante pudiese aguantar tanto, quizá se deba también a la corpulencia de mi niña, nuca lo sabré. Es mejor disfrutar que pensar.

Me acomodé apoyando mis manos en el respaldar de la cama, levantando mi cintura y flexionando las piernas para conseguir un ángulo indicado. El sexo es puro movimiento, es el lenguaje de dos cuerpos al unísono, es el amor unido a través de dos almas que se conectan de manera intima, es el llanto de un corazón inocente y la maldad de un demonio desatado.

La cama se volvía a sacudir con violencia, el sonido chirriante del metal con el colchón rompía el silencio de la habitación. Channary apenas podía quejarse ya que mis arremetidas feroces hacían que se agitara con violencia  impidiéndole emitir su llanto triste. Mientras más se quejaba más adentro me introducía en ella. Era una bestia sin compasión alguna.

Debí aguantar unos diez minutos más cuando sentí mi esperma asomarse por la punta de mi pene, aceleré la velocidad de la penetración. Gemía estruendosamente. Me encontraba en un éxtasis pleno, poseído por mis sentidos que me impedían parar.

Y entonces me descargue todo dentro de ella. ¡Dios, que sublime sensación! Los pelos de todo mi cuerpo se erizaron mientras veía maravillado como mi verga estaba dentro suyo  por completo. Jamás creía que pudiese hacer algo así, es decir, mi pene no es tan grande quizá un poco más del promedio pero para ella era inmenso y ver todo ese pedazo de carne en su interior…… no había palabras para describirlo.

Saqué mi pene de su interior, chorros de semen se escurrían y manchaban las sábanas blancas. Channary no se podía mover, estaba shokeada, tenía los ojos bien abiertos pero no emitía ni una sola palabra.

Me limpie los restos del líquido lechoso, sujete a Channary y la llevé al baño. Encendí la ducha fría para hacerla reaccionar, le di unas pequeñas cachetadas en la cara y casi de inmediato comenzó a llorar. No sabía si sentir rabia o felicidad, el caso es que me dejo más tranquilo verla llorar, puede sonar cruel pero por ahora era buena señal.

El amanecer se asomó por la ventana, los pájaros mañaneros emitieron sus silbantes cánticos mientras el cielo oscuro poco a poco se convertía en azul océano. Despertamos desnudos y sin sabanas que nos cubrieran ya que todas estaban arremolinadas en el suelo. Abrazaba a Channary apretando mi cuerpo contra el suyo, me agradaba sentir su piel contra la mía, el contacto hacía que me subiera el morbo otra vez, pero ya era tiempo de marchar.

Me guarde las sabanas, pagué las cuentas extra y nos fuimos de aquel hotel. Nos embarcamos rumbo a casa de Channary ya que seguramente Kalliyan nos estaría esperando.

Llegamos por la tarde y ella toda sonrisas se fue a presumir sus nuevos vestidos a las demás niñas. Kalliyan me saludo con agrado viendo que había cumplido con el trato de volver con la niña. El lugar estaba con nuevos huéspedes y las habitaciones estaban todas ocupadas, por lo que varias niñas se encontraban satisfaciendo los oscuros deseos de otros turistas lujuriosos como yo. Me preguntó si me quedaría una noche más pero le dije que no, había agotado mis recursos y solo me quedaba dinero para volver a casa.

Antes de partir le deje un dinero extra a Kalliyan en señal de agradecimiento por el buen trato recibido. Él me dijo que podría volver cuando yo quisiera porque los buenos huéspedes siempre regresan. Channary salió a despedirse, llevaba ese hermoso dije plateado en el cuello y el vestido blanco que compramos en la tienda de la ciudad.

  • Te voy a extrañar – le dije – pero te prometo que volveré.
  • Chum rieb lie – dijo y me dio un beso en la mejilla.

Ambos agitaban las manos mientras me alejaba del lugar.

Volveré, juro que volveré. Me dije mientras perdía la casa de vista.

 

Fin del capítulo 4