Jodie: La Niña de mis Pesadillas (Capítulo 3)

Posted in Jodie: La Niña de mis Pesadillas by Kruger on 31 agosto 2016

Jodie: La Niña de mis Pesadilla

Capítulo 3: Elemento G                                                                                                                                    

sonrisa

Boris Dugal y su primo Dom se encontraban en su modesto apartamento en las afueras de Central Park cuando el jefe les llamó. Era año nuevo y el reloj marcaba las 2:30 de la mañana. Boris sabía que sería algo urgente, el jefe nunca llama en días festivos sino se tratase de una emergencia.

  • Jefe, ¿sucedió algo?
  • Boris – la vos del jefe era de un tono áspero y casi ahogado- Hay un situación. El idiota de Erick Ruiz estrello el auto con el elemento G a bordo.

Tragó saliva.

  • Quiero que la recuperen- Continuó – Al parecer un extraño la salvó y la llevo a un hospital cercano, Moldan me asegura que es el hospital Saint Row.

¿Recuperar? Boris dudó. Recuperarla sonaba incluso sencillo pero Jodie era impredecible y en las últimas semanas se había comportado de una manera extraña. Le gustaba jugar con las agujas y alfileres y le causaba cierto placer  metérselos en sus dedos. Boris una vez se quedó a cargo de ella cuando el jefe le ordenó vigilarla una noche mientras planificaban su traspaso hacía Nueva York. A él le parecía absurdo tomarse tantas molestias por  una simple niña de ocho años de anteojos grandes y cabello oscuro. Cambio de parecer cuando la tuvo en frente suyo.

  • ¡Boris responde maldita sea!
  • Estamos en camino – dijo finalmente.
  • La quiero viva, muerta no me sirve. Sino tú cabeza será la que ruede en el tabernáculo ¿entendido?
  • Si señor – respondió- No fallaremos.

El jefe colgó y de inmediato Boris fue a recoger un par de armas escondidas en su armario. Dom que había escuchado la conversación y ya estaba preparado y listo.

Debía apresurarse ya que al ser de madrugada y con media ciudad de fiesta, la policía estaría atendiendo otros casos más importantes, eso les daba cierta ventaja estratégica. Sólo debería llegar matar a los testigos, rogar que la niña siga inconsciente, recogerla, subirla al auto, suministrarle sedantes para que no despierte y devolvérsela al jefe.

  • Del dicho al hecho hay un gran trecho –pensó Boris mientras encendía la camioneta y salía a la avenida Park para dirigirse a la autopista.

Llegaron al hospital una hora después. Tenían las armas cargadas y listas para usar. Cuando entraron vieron a dos oficiales hablando con una de las enfermeras. Si sólo eran dos policías entonces la cosa sería mucho más rápida. Ambos caminaron a paso lento hasta la recepción donde una enfermera de avanzada edad los miraba de forma seria, su gafete decía que se llamaba Judith, para Boris era una pena tener que matar a una mujer que tenía el mismo nombre que su abuela.

  • ¿Puedo ayudarlos? – preguntó la enfermera, su mirada era seria y desafiante como si intuyera que algo malo tramaba Boris. Él le guiño el ojo.
  • Buscamos a una pequeña que acaba de llegar hace un par de horas, nos dijeron que tuvo un accidente la pobrecita, sus padres nos mandaron para ver en qué estado se encuentra, ¿Nos podría decir en que cuarto la tienen? – Boris no era bueno inventado excusas, por lo que dijo lo primero que se le vino a la mente.

La enfermera parecía confundida. Hizo señas a uno de los oficiales para que se acerque. Boris ocultaba su arma en la parte izquierda de su chaqueta, esperaba el momento adecuado para darle la sorpresa al oficial.

  • ¿Qué sucede?
  • Este sujeto dice ser familiar de la niña accidentada y…………

Antes que el policía lo mirase de frente Boris disparó desde dentro de la chaqueta,  la bala le pegó en la cien matándolo instantáneamente. Sangre y gritos se mezclaron al unísono en la sala de emergencias. Dom reaccionó de inmediato y apuntó al otro oficial, pero este lo esquivo derribándole al suelo. Boris  saco el revolver de su chaqueta pero el sujeto uniformado ya se resguardaba detrás de la pared que dividía en parte la sala de espera con la sala de emergencias.

Se armó un tiroteo.

Por un lado Dom que llego justo a tiempo para cubrirse detrás de la recepción junto con Boris y  por el otro el oficial que llamaba por radio para pedir refuerzos.

  • Mierda llegaran en cualquier momento, acabemos con esto ¡Ya! – dijo Dom.

Boris siempre estaba preparado. Le hizo una seña a Dom para que lo cubriese y  por la izquierda lanzando un pequeño objeto negro de su mano, el mismo que fue a parar a lado del oficial condenado.

La explosión lo ensordeció dejando un pitido en sus oídos ya que con sus manos se cubrió la cabeza para que no le golpearan los restos de la pared y  los miembros despedazados del uniformado.

Cuando se incorporó vio que la sala de emergencias parecía una zona de guerra con olor a muerte y sangre por doquier, tanto enfermos como el  poco personal médico estaban en shock. La enfermera Judith se encontraba en el suelo cerca de la puerta de salida pero muerta por el fuego cruzado.

Dom lo llamó porque encontró en los registros la habitación de la niña. Ambos recorrieron a toda prisa el pasillo de habitaciones hasta llegar al cuarto donde se encontraba Jodie. La chapa estaba cerrada por lo que Boris la pateo un par de veces con sus botas de cuero hasta que esta se abrió de par en par.

  • Pero qué…………. Mierda.

Ahora él era el confundido. No había nadie en la habitación.

  • ¡¿Estás seguro que esta es la habitación de la niña?! – Preguntó.

Dom asintió, al mismo tiempo que señalo la ventana; estaba abierta o mejor dicho rota.

Boris se acercó al umbral. El piso de emergencias era en planta baja por lo que acceder parecía incluso mucho más sencillo. Boris se sintió como un idiota al ver a lo lejos un auto que se alejaba del hospital a toda prisa.

  • ¡Mierda! ¡Hemos fallado! ¡Hemos fallado! – Gritó colérico.

 

Ben Carson no dejaba de apretar el acelerador. Le sudaban las manos y el corazón le palpitaba a mil. Salir del hospital resulto más sencillo de lo que esperaba, sólo tuvo que localizar a la pequeña a través de la ventanas, no había muchas, hasta que se dio cuenta que la sala de observaciones se encontraba al final del pasillo, intuyo que la niña debía encontrarse en esa habitación. Sintió un gran alivio cuando la vio a través de la ventana.

Después de escuchar la explosión sabía que no tenía mucho tiempo. Algo le advertía en su interior que debía de actuar en seguida si quería salvarla. Agarró una piedra de buen tamaño que encontró cerca y la lanzo con todas sus fuerzas, el vidrio se hizo añicos y por fin pudo entrar. La pequeña estaba muy pálida y respiraba con dificultad, se la veía tan frágil que temía que no pudiese sobrevivir en el camino, aun así se arriesgó y levanto con cuidado, se dio modos para pasar por la ventana y una vez afuera corrió hasta su auto, encendió el motor, puso primera y apretó el acelerador.

Ahora con la niña acostada en la parte trasera, Ben se formulaba  mil preguntas en la cabeza: ¿Quiénes eran esos sujetos? Y ¿Por qué  parecen desesperados por capturar a la niña? ¿Tendrá algo ver con el sujeto muerto encontrado en el auto?, ¿Será una organización de trata y tráfico de personas?, ¿será que la niña es una prostituta o algo así? y si la descubriesen ¿La dichosa organización quedaría al descubierto?

No faltaba mucho para llegar a una estación cercana, pero lo que le parecía extraño era que ninguna patrulla había pasado por la carretera hasta ahora. ¿Qué se había reportado la explosión en un hospital?, ¿Qué nadie había llamado a la policía por semejante acto terrorista?

Ben estaba agotado. Los primeros rayos de sol empezaron a aparecer en el horizonte. El rojizo amanecer ilumino el cielo oscuro de una madrugada tormentosa, la mañana de un nuevo año emergía como cualquier otra, pero solo Ben podía ver que había un cierta diferencia con la anterior; esta parecía más brillante. Pensó unos segundos en su familia, su esposa e hijo debía estarlo esperando preocupados. Les prometió que volvería en año nuevo pero un asunto urgente lo retraso y lo seguía retrasando, solo esperaba que todo se resolviese pronto.

Llego a un cruce de caminos, faltaba poco para llegar. Cuando lo cruzó una camioneta negra que casi lo embiste por detrás, la camioneta dio un giro violento y viro en su dirección.

¡No puede ser! ¿Cómo llegaron tan rápido?

Sin embargo se dio cuenta que no era los mismo tipos del hospital los que conducían el auto. Cayo en cuenta que su teoría de una gran organización de trata y tráfico podría ser correcta. Pisó el acelerador a fondo pero el auto negro debía ser más veloz porque ya estaba sobre ellos.

Le dio un empujón en parte trasera que casi le hace saltar de su asiento, trato de evadirlo evitando que se le acercara por un costado. Estuvo zigzagueando un par de veces evitando que acercara más, vio por el retrovisor que uno de los sujetos saco su arma y empezó a dispararle, Ben agacho la cabeza y siguió maniobrando, hasta que el tirador le atino a su hombro. Ben aulló de dolor pero continuo zigzagueando con un solo brazo, el dolor era intenso y por momentos perdía en control de su vehículo derrapando de un lado a otro.

  • ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Porqué! – se lamentaba, más por fallarle a la niña que tenía acostada atrás que por su propio dolor.
  • Tranquilo Ben – dijo una voz dentro de su cabeza, la voz no era suya, sonaba con el de una niña. Ben no sabía si empezaba a delirar o era la culpa. Su vista se nublaba y sabía que era el fin.

El auto dio unos vuelcos aparatosos en medio de la carretera. El ruido metálico del acero retorciéndose era lo único que escucha Ben antes de que este parase y dejase al auto de cabeza. Ben quedo suspendido por el cinturón de seguridad, sentía como la sangre le chorreaba de la cabeza  y del hombro al mismo tiempo que admitía que la vida se le escapaba de las manos, no alcanzaba a ver a la niña, pero él presentía que ya no había ninguna esperanza para ella. Escucho a los hombres acercarse al auto antes de perder el conocimiento.

Ben caía en abismo de la inconciencia, en el profundo vacío de la nada. El silencio lo era todo en ese lugar, no era un lugar malo sino tranquilo, un lugar de reposo donde la eternidad es un soplo de aire que está en todas partes y el tiempo una ilusión que simboliza ser un todo. Descendía por aquella nada pensando que lo llevaría a algún lado. De pronto sus pensamientos se corrompieron con una densa niebla roja que venía de todas partes, un aura oscura invadía el lugar hasta dominar todo lo que había dentro. La niebla tomo forma y su rostro era tan inmenso que Ben creyó que estaba viendo al mismísimo Lucifer, pero se dio cuenta que no lo era cuando reconoció ese rostro que parecía tan familiar que le dio miedo y en ese instante despertó.

Oscuridad otra vez, pero ahora era diferente porque sentía su propio cuerpo dolorido. Estaba recostado en una cama eso era seguro pero no podía distinguir nada más allá de sus propias narices, trato de moverse pero los músculos de su cuerpo no le respondían, trato de recordar algo pero su mente estaba en blanco.

  • ¿Ya te recuperaste? – dijo una menuda voz cerca suyo. Ben reconocía esa voz aunque era imposible descifrar de quien era. – Tome mis lentes de tú chaqueta, espero no te moleste.

Ben seguía confundido, no entendía lo que esa voz infantil trata de decirle.

  • Ah! Lo siento ya puedes moverte.

Como por arte de magia Ben recupero la movilidad de su cuerpo;  se asustó. Se incorporó lentamente y distinguió en medio de esa profunda oscuridad la silueta de una niña pequeña de no más de 8 años sentada en el piso, desnuda y con pedazo de carne roja en la manos.

El viento soplo a través de la ventana e hizo saltar las cortinas de la habitación revelando la identidad de la niña. Ben quedo horrorizado no solo al ver que ella estaba cubierta por completo de sangre (que no era la de ella) sino también por sus ojos que eran del mismo color del pedazo de carne que masticaba.

  • Me he visto peor créeme y por cierto me llamo Jodie, gracias por salvarme – dijo con una amplía y sangrienta sonrisa.

Fin del Tercer Capítulo