Mis Dos Novias. Parte 2.

Posted in Mis Dos Novias by Kruger on 31 agosto 2016

Mis Dos Novias

Parte 2

 

  • ¿Desde donde debo lamerlo mami? – preguntó Elena a su madre.
  • Empiezas por la parte de abajo y luego subes, así.

 

Daniela pasó su larga y rojiza lengua por mi falo, subía por el tallo, hasta el glande sin despegar su lengua de este. Cuando llego a la cabeza de mi pene, con la lengua lo relamía ante la mirada atenta y divertida de su hija.

 

  • ¿Ya viste?

 

Elena asintió.

 

Con su pequeña lengüita rosada imitó lo mismo que su madre pero con cierta lentitud. Cuando llego a la punta un chorro de líquido pre-seminal la esperaba. Ella se aparto al sentir el contacto y luego rió.

 

  • Ahora las dos.

 

De manera simultánea madre e hija pusieron sus lenguas a ambos lados de mi erecta verga que estaba a punto de explotar por tanta emoción. Ambas me hacían sentir en el cielo.  Como un hombre completo con sus dos mujeres dándole placer.

 

Cuando ambas llegaron a la punta sentí un éxtasis completo cargado de adrenalina, era demasiado para este pobre mortal. Expulsé mi semen como un volcán en erupción con chorros y chorros de líquido blanco que salían a borbotones y se estrellaban en la cara de mis amantes y… desperté.

 

El despertador rechinaba a mi lado con ese estúpido sonido de ¡Bip!, ¡Bip!, ¡Bip! Retumbando en mis oídos.

 

  • ¡Mierda! – exclamé airado – Maldito despertador, porque no te arruinas o te rompes o algo. Estaba en la mejor parte de mi sueño y lo arruinaste.

 

Sentí la humedad de mi entrepierna y me di cuenta de que mi ropa interior y las sabanas estaban manchadas con mi semen. Sueño mojado de nuevo, me va a costar lavar las sabanas… de nuevo. Pero solo faltaban dos días para que mis novias vinieran a mi casa, a mi reino, al mi palacio de la perversión. Tenía que valer la pena, jamás había esperado tanto en toda mi vida, los días, las horas, los minutos y los segundos eran interminables.

 

Me di un baño con agua fría porque hacía mucho calor, 34 grados y en aumento, y eso que era las seis de la mañana, vaya día el que me espera. Mientras me secaba el pelo, vibró mi celular; un nuevo mensaje. Era Daniela, 25 mensajes enviados. Ella estaba más emocionada que yo, y eso solo me ponía más ansioso.

– No puedo esperar a que nos encontremos, decía el mensaje, pero tampoco puedo hacer nada para adelantar nuestro viaje, ambos vivimos lejos y eso es un problema. Le dije a mi madre que pasaría el fin de semana en casa de una amiga y que por favor me cuide al nene, que para cuidar a ambos no tendría tiempo. Pero tú sabes que sabes que ambas queremos estar contigo, Elena me pregunta impaciente por ti, diciéndome que quiere conocerte y estar contigo, yo no puedo hacer otra cosa más que mordeme los labios y decirle que se espere un par de días más. Ella se enfada un poco pero lo entiende.

 

Suspiré antes de responderle: Mi amor. Tu haces que me mi corazón palpite más rápido, hace que la espera sea más larga, pero no podemos evitarla, no podemos avanzar el tiempo, debemos ser pacientes.

 

Yo hablando de paciencia cuando estoy desesperado por verlas, que gracioso.

 

– Ahora ustedes lo son todo para mí y anhelo tenerlas entre mis brazos para apretarlas con fuerza y no dejarlas ir. Quiero hacerles cosas sucias, indecibles, impensables, llevar sus cuerpos al límite y agasajarme con sus orgasmos. Quiero que se deleiten con mi cuerpo que hagan con el lo que se les atoje, úsenme para su beneficio, alcancen la dicha con mis genitales y háganme ustedes el amor. Deseo ser un instrumento para ustedes, un instrumento de felicidad.

 

¡Wow!   Inspirado era una buena palabra para describirme en ese momento. Daniela tardo en responder:

 

– ¡Oh amor! Me has sacado un lagrima, casi me quedo sin respiración. Me emociona y me excita a la vez, por eso yo lo adoro tanto y se que Elena también lo amará. Quiero hacer cosas sucias, inmundas contigo también. Bueno, me debo ir a trabajar, me cuesta hacerlo, porque todo el tiempo estoy pensando en ti. Te mando muchos besos, póntelos donde quieras. ¡Ah! Y ahora te envío las fotos que me pediste, para aguantar la espera.

 

Mando por mensajería un set de fotos de Elena desnuda. Quince fotos calientes de mi nena posando para mí. Cada día me enviaba un set diferente, la vestía con diversas ropas y luego se las quitaba para el deleite de mis ojos. Su culito y vagina de mi niña se las veía tan brillantes y vírgenes, era difícil pensar que podría caber algo en ellos, ni siquiera un alfiler.

 

– Intente meterle un par de dedos a su colita pero esta muy estrecha, se quejaba un poco y me daba cierta lástima, escribió.

 

– ¡Pero es que esta preciosa mi vida!  La niña es divina, un ángel como usted. Ya sabes que me masturbo viéndolas, me agasajo con esto que me envías, es simplemente increíble. Tú tienes la culpa de mis sueños mojados mi amor. Anoche soñé que ambas me lamían el falo, ¡Al mismo tiempo! Me moje todo y desperté caliente como huevo frito en pleno verano.

 

– Tus palabras me hacen reír y me moje por tú culpa ahora. ¡Dios! Es tan bonito hablar contigo, me iluminas el día. Me debo ir, piensa en nosotras.

 

  • Siempre – dije al aire.

 

Fue otro día largo. Calor y humedad, ruido en la ciudad y personas a las que soportar. Para mi todo era gris, extrañamente gris. A veces me saltaba al baño de la oficina solo para admirar las fotos de Elena, eso por lo menos me alegraba la jornada.

 

Llegó la noche y de nuevo en casa solo. Quería masturbarme otra vez pero decidí guardar esperma para su llegada. Prendí la tele y a los pocos minutos me quede dormido.

 

De nuevo un sueño, estaba conciente de que era uno porque Elena se encontraba encima de mí con las piernas abiertas y su coñito friccionando mi pene. Movía sus caderas de forma lenta y pausada, de arriba hacia abajo, apoyando sus manos sobre mi pecho.

 

  • ¿No te duele? – le pregunté.

 

Agitó la cabeza

 

  • Se siente bonito – dijo toda inocente.
  • ¿Sientes cosquillas?

Asintió.

 

  • Yo también, ¿Dónde esta tú mamá?
  • Nos dejo, ¿No lo recuerdas?
  • No, la verdad no. ¿Qué dijo?
  • Que nunca hay parejas de tres, esas nunca duran. Que solo entre dos puede existir unión.

Medité unos segundos sus palabras.

  • Eso dijo.
  • Si, y después alisto sus maletas y se fue.
  • ¿No te importa quedarte conmigo?

 

Negó con la cabeza. Mientras más inocente es más me excita.

 

  • ¿Quieres penetrarme? – su pregunta me tomo por sorpresa.
  • ¿Qué?
  • Hablas de eso todo el tiempo, ya se que se lo haces a mi mamá pero me dolía cuando lo intentabas conmigo.
  • ¿Quieres que lo haga ahora? – pregunté aunque siendo este un sueño sabía cual sería la respuesta.

Paro sus movimientos de cadera y espero que yo hiciera algo. Me quede en esa posición sin hacer nada. Tenía miedo de lastimarla, era extraño, entendía que todo esto era un sueño y aún así no quería hacerle daño.

 

  • ¿Qué pasa? – me preguntó azorada – ¿No es esto lo que querías?
  • Si, pero tengo miedo- era verdad una extraña sensación de parálisis me corroía el cuerpo – miedo de lastimarte.
  • Tonto – sonrió y después acomodó mi pene en la entrada de su coñito- pero si fácil, es como chuparse el dedo, mira.

 

Elena se introdujo mi pene de una manera tan sutil y descarada que me costaba creer que fuese una niña, Sin embargo la emoción que me hacia sentir era tan real que me costaba respirar y se me hacia un nudo en el estomago. Ella sonreía placidamente al sentir todo mi falo en su interior, contrajo su respiración y dio un largo suspiro, luego se movió lenta y paulatinamente sobre sus caderas incrementando las pulsaciones de mi corazón. La expulsión de mi semen era inminente, que llenaría su cavidad como  fuegos artificiales en día de fiesta.

 

Golpearon la puerta.

 

Mi sueño acabó en la mejor parte, aquella donde nunca quieres despertar pero siempre despiertas, ese instante donde del sueño pasa a la realidad en un instante como si te cayese un saco de piedras sobre el pecho. La cabeza te da vueltas y deseas que romperle la cara al que terminó abruptamente con tu dulce fantasía.

 

Desperté aletargado y furioso. Me senté al borde de la cama en pose de pensador. Luego vinieron las preguntas: ¿Quién rayos viene a estas horas? Ni siquiera es de mañana y vienen a moles…

 

Las palabras quedaron suspendidas en el aire. Vino la respuesta a mi mente.

 

Corrí a toda prisa hacia la puerta de mi casa, así en paños menores me dirigí al encuentro de quienes querían verme  hacia semanas. Mucha fue la espera pero por fin están aquí.

 

Pero… un momento… ¿Qué hoy no es viernes? Ellas debían llegar el sábado.

 

Abrí la puerta como quien ve el amanecer después de la tormenta, ahí paradas frente a mi estaban mi dos amores, con el rostro cansado pero con un sonrisa en los labios.

 

  • ¡Sorpresa! – Dijeron al mismo tiempo – Ya estamos aquí- Amplié mi sonrisa más que el de ellas, antes de gritar a todo pulmón:
  • ¡Bienvenidas!

 

Fin de la segunda parte.

Mis Dos Novias

Posted in Mis Dos Novias by Kruger on 31 agosto 2016

Mis Dos Novias

Parte 1

Basada en Hechos Reales

 

Aburrido

 

Esa era la palabra que describía mi situación en aquellos momentos o mejor dichos días, semanas, años o ¿toda mi vida? La verdad no podía asegurarlo, quizá no he vivido una verdadera emoción en estos treinta y tantos años que llevo de existencia. Quien imaginaria que las cosas cambiarían en un par de semanas y que pondría mi mundo de cabeza.

 

He tenido muchas novias a lo largo de los años empezando desde la secundaria como todo chico normal, incluso podría confesar que mis primeras experiencias sexuales fueron con primas de mi misma edad. Uno sabe, a veces las calenturas llegan en  los momentos menos esperados, una caricia o un beso puede provocar una reacción en cadena que lleva a la pasión y la lujuria. Pero esas son solo emociones normales, emociones que cualquier persona normal experimenta a lo largo de su vida.

 

Yo no soy una persona “normal”, actúo y me veo como una, pero en el fondo, muy en fondo, soy alguien diferente con gusto diferentes. ¡Y vaya gustos! No es fácil admitir que a uno le fascinan las nenas de 8 años por encima de las de 18 para adelante, es una controversia total. Me creía loco, enfermo, desquiciado, etc. Todos los malos calificativos para una mala persona, pero yo no soy una MALA PERSONA, soy solo una persona con GUSTOS DIFERENTES.  Una persona que también siente dolor al ver sufrir niños, que es cariñoso con sus sobrinos porque simplemente se siente a gusto con ellos, incluso sin sentir atracción física, que quiere protegerlos y velar por su bienestar por encima de todo. Si eso me convierte en una mala persona entonces todos estamos ENFERMOS.

 

En fin, mi historia (mi verdadera historia) empieza cuando me acepto a mi mismo tal como soy. Me doy cuenta de lo que quiero y  como conseguirlo, pero en este caso todo ocurre como una muñeca rusa, es decir un gran paquete trae en su interior otro más pequeño, o quizá sea al revés, un paquete pequeño trae consigo otro más grande y así.

 

En mi caso este paquete pequeño era Internet y la basta cantidad de información de personas que hay en el. Ocasionalmente suelo encontrar amistades perdidas o encontrar otras nuevas. Yo disfruto de la compañía femenina y charlar con mujeres era una de mis prioridades.

 

En línea conocí a una bella mujer (al menos su foto de perfil me decía eso), se llamaba, Daniela, tenía más o menos mi edad (sino es que menos) y compartíamos varias cosas en común: música, películas y algunos libros. Me sorprendió saber que ella vivía en la misma ciudad que yo, salvo por el pequeño detalle que era en los extremos opuestos, es decir, yo en el norte y ella en el sur. Sin embargo nuestra afinidad  era tal que hicimos una cita para conocernos en persona y mejor. Quedamos en vernos en un punto intermedio de la ciudad

 

La verdad no sabía que esperar, uno se siente nervioso en los primeros encuentros, le sucede a todo el mundo, pero muy en el fondo presentía que sería diferente.

 

La primera impresión que tuve al verla fue de nerviosismo, su foto de perfil no mentía era igual de hermosa que en la foto, con su piel trigueña, labios gruesos, cuerpo despampanante, ojos cafés claros, unos senos prominentes y un trasero estupendo.

 

– Si no me la cojo en los primeros cinco minutos seguro exploto – pensé

 

Conversamos de todo un poco, una típica conversación que se hace en la primera cita. La pasamos tan bien los dos que sin mucho miramiento la lleve a mi casa para pasar una noche de placer.

 

¡Oh si! Y que noche pasamos.

 

Daniela era fogosa y ardiente,  besar sus labios era una delicia, verla desnuda un placer visual, y penetrarla una acción urgida ante tanta lujuria desencadenada. Era sexo puro y duro, rebotar sus nalgas contra mi pelvis era sin duda un placer aparte. Nuestros deseos desenfrenados estallaron, estaba claro que ella también deseaba una noche como esta, sus movimientos me decían que así era. Cuando me pidió que se la meta por el culo creí que bromeaba, nunca antes  una chica me lo había pedido, y yo estaba con ganas de hacerle lo que sea porque realmente la estábamos pasando bien.

 

La penetre con furia, como si fuese el polvo más largo de mi vida. Ella gemía y me pedía más, sus gritos y gemidos hacía eco en toda la habitación. Cambiamos de pose constantemente como si nos hubiésemos memorizado el libro del Kamasutra. Fue una noche para el recuerdo. Eche el polvo dos veces aquella noche y eso que era temprano, las once para ser precisos.

 

Apenas terminé Daniela se alistó para irse, quede sorprendido, creí que no la había complacido, ella me calmo diciendo que tenía que volver a casa porque sus hijos estarían solos.

 

¡Vaya, vaya! Eso si que era una sorpresa, pero debí suponerlo después de ver su cicatriz de cesárea en el abdomen.

 

Le pregunté porque no me lo había dicho antes, a lo que respondió que temía que la fuera a dejar.

  • Pero tranquila mi amor, si a mi me encantan los niños. A ver si cuando los traes para conocerlos.

 

Ella sonrió y dijo que pronto. Se fue dándome un largo beso en los labios.

 

Si uno quiere una relación duradera, tiene que amar todo lo que la mujer ame y eso incluye a los hijos. Sabía que si mostraba interés en los pequeños me garantizaba tremendas noches de placer como la que acabamos de vivir.

 

Fantaseé por la noche con lo que podría pasar con nosotros. Si ella tuviese una hija con la que ambos disfrutaríamos del sexo sería increíble, porque una de mis mayores fantasías era hacerlo con una madre y su hija pequeña, de solo pensarlo me creció la verga de nuevo y tuve que jalármela hasta quedar contento y dormir como un bebé.

 

Nos mantuvimos en contacto todos los días. Hablamos de todo hasta insinuarnos mutuamente cosas sucias para calentar nuestras hormonas.  Ella era muy perspicaz para entender mi sucio y obsceno lenguaje, palabras que le enviaba a través de mensajes de texto y mails, que según ella la calentaban en sobremanera. Nunca una mujer se había comportado así conmigo, soportando mis vulgaridades y contestándome cosas peores; eso me agrada.

 

Un día le pregunte sobre sus hijos y ella me respondió que tenía una niña de 8 llamaba Elena y un niño de 3 llamado Gustavo. Le pedí que me mandara fotos de la nena y así lo hizo. Y vaya que si estaba buena la pequeña. Bien delgadita pero con unas piernas de ensueño, carita angelical, tenía la sonrisa de su madre pero con la ternura e inocencia propias de su edad. Fue amor a primera vista, era la niña de mis sueños y los sueños están para cumplirse.

 

Entre más en confianza con Daniela para que me presente a sus peques en persona pero no quería ser evidente por lo que mantuve las conversaciones centrándome solo en ella. Hablar de sexo era el pan de cada día, chatear sobre lo que nos gustaría hacernos el uno al otro si estuviésemos solos, escribir nuestras más profundas fantasías sucias, mandarnos mensajes de voz gritando a voz en cuello nuestros orgasmos, y escribiéndonos lo mucho que nos amábamos. Era prácticamente sexo virtual.

 

Pero las cosas fueron un poco más allá cuando un día le fue muy sincero sobre las cosas que realmente me gustaban. Sin querer le dije que sería interesante hacerlo con una menor de edad, ella en vez de oponerse o cambiar de tema me animo a que le contara más detalles. Yo me puse muy nervioso pues no sabía como terminaría reaccionando. Fui evasivo y algo tímido pero  ella seguía insistiendo, tanto que acabe confesándole que me gustaban las niñas de corta edad.

 

En ese momento me sentía muy nervioso, jamás en mi vida le había contando a alguien mi secreto, jamás a nadie le había abierto mi corazón de esa manera. Pero su respuesta me dejo anonadado:

 

  • Ustedes es un sucio mi amor…………….Y eso me vuelve loca.

 

¡¿Qué?! ¿Es esto cierto? ¿Era verdad que mi nueva novia le gustaba mis locas ideas pedofilas? Si es así que alguien me pellizque porque debo estar soñando.

 

Pero era cierto, leí su respuesta una y otra vez como si mi mente no lo pudiera asimilar. Charlamos muchas horas después, yo no quería dejar que se fuera sin antes desahogarme un poco. Si alguien entiende tú mundo lo mejor es no dejarlo ir.

 

Durante varios días estuvimos hablando del asunto. Sobre mi amor por lo peques, mi descontento social y mis  fantasías con niñas pequeñas y su madres. Aquél tema lo estuvimos discutiendo como los sucios y calenturientos adultos que éramos.  Yo le mostraba algunos videos que conseguí por ahí y ella me decía lo mucho que le encantaban. Leer sus reacciones era lo mejor, siempre con esa lujuria y pasión que la caracterizaban, era como una esponja que absorbía toda la información que yo le proporcionaba.

 

La cosa se puso mejor cuando le envié por correo fotos y videos de niñitas teniendo sexo con hombres, las cuales no eran muy explicitas pero si excitantes. Daniela me pedía que le enviara más videos y fotos, decía que la calentaban y la hacían venirse en seguida.

 

¡Demonios! Esta mujer se lo esta pasando en grande. Yo sabía que no me mentía, muy en el fondo presentía que ella ocultaba algo, algo como lo que yo le ocultaba al resto del mundo pero no me imaginé que yo sería el que liberase sus más oscuras perversiones.

 

Mientras más videos le enviaba más loca se ponía mi chica, era como poner más leña a la gran hoguera que había iniciado y eso me encantaba. Por fin me animé a enviarle un video de una madre pervirtiendo a su hija junto con su esposo. Ese era uno de mis favoritos porque reflejaba mi mayor fantasía. Apenas lo recibió Daniela no paraba de mandarme mensajes de agradecimiento y me pedía más videos de ese tipo, desafortunadamente no poseía ningún otro. Sin embargo intuí que gane mucho terreno con aquel video por lo que me animé a hacerle la pregunta del millón, esa pregunta que todos lo que tenemos una novia con hijas queremos hacer:

 

  • ¿Té gustaría que le hagamos lo mismo a tú hija? Podríamos hacer cosas muy divertidas entre los tres ¿Qué dices?

 

No tardo nada en responder.

 

  • Me leíste la mente mi amor. Usted es tan sucio como yo y eso me vuelve loca.

 

No podía dejar de pensar en ellas después de la propuesta que le hice, es decir, imaginármelas a las dos en la misma cama, desnudas y sólo para mí ¡Cielos! ¡Qué Locura! Entonces en aquel momento le pedí  que me mandara fotos de su hija mostrando su coñito.

 

¡Y me los mandó!

 

Me decía que le excitaba que yo le pidiera ese tipo de cosas. Lo medité un momento y decidí  que ambos tengamos nuestra primera video conferencia. ¡Gracias Internet!

 

A Daniela le emocionó la propuesta pero me dijo que no tenía webcam en su casa, le dije que no importaba, pues el objetivo era hablar con su hija y que ella me conozca a mí.

 

– Le he hablado cosas lindas de ti – Dijo Daniela por medio del micrófono que usaba desde su casa. La conexión era estable y el ruido de fondo era apenas audible lo cual era bueno pues evitaría las interrupciones auditivas – ¿Verdad Elena?

 

  • Si, mi mamá me dijo que usted es bien churro – respondió Elena. ¡Dios! Su voz era dulce, deleitaba mis oídos con sus palabras – ¿Te llamas Arturo?
  • Así es mi reina, Arturo Gonzáles para servirte – Las salude con la mano porque tenía la cámara prendida pero no estaba seguro si podían verme.
  • No le dije que es hermoso Elena.

 

Escuche la risita de Elena por encima del micrófono; me sonrojé. Hasta su pequeña risita me ponía nervioso.

 

  • Elena esta celosa porque yo tengo novio y ella no. Dígale que es verdad
  • Si – Dijo con voz claramente molesta.

 

Me reí, estaba claro que Daniela era una zafada pero ya sabía hacia donde se dirigía la conversación.

 

  • No debes estarlo. Yo amo a su mamá mucho, pero cuando me contó que tenía a una niña tan preciosa como tú mi corazón dio un vuelco, quería conocerla y ya ve, con sólo escuchar su preciosa voz ya me enamoró.

 

Elena volvió a reír.

 

– Porque no hacemos algo – propuse – Como yo las quiero demasiado a las dos ¿Por qué ambas no se convierten en mi novias?

 

Pequeños murmullos se escucharon a través de los parlantes de mi computadora, deliberaban.

  • Mamá dice que si y yo también – dijo Elena.
  • ¡Perfecto! Ahora tengo a dos novias que voy a querer mucho mucho. Las voy a colmar de regalos y cariño, y ellas me visitaran cuando quieren y haremos cosas juntos ¿Les parece?
  • Si – Grito Elena. Su emoción era evidente, la alegría de un niño es siempre sincera. Yo no podía estar más feliz – ¿Cuándo nos vemos?
  • Qué te parece la próxima semana. Así me alisto para que juntos pasemos un lindo fin de semana.
  • Ok amor – Dijo Daniela – Espéranos entonces. Te mandamos muchos besos. Mándele un beso a su nuevo novio Elenita.

 

El ruido de un beso enviado por micrófono era inconfundible. Pensar que esos pequeños labios se juntaran con los míos muy pronto hacían que mi verga se me parara por completo.

 

  • ¡Que Rico! – Exclamé, en verdad estaba muy emocionado.
  • Adiós mi amor, yo igual te mando muchos besos.
  • No sabes lo ansioso que me has dejado Dani, contaré los diás, horas, minutos y segundos para su llegada y tendré un par de sorpresa que les encantarán, Serán mis reinas y yo su rey.
  • ¡Hay que dulce eres mi amor! Y sabes que eso me vuelve loca.

 

No podía conciliar esa noche.

 

Acostado en mi cama, veía en mi celular las fotos que Dani me había mandado y no paraba de observar esa precioso cuerpo que tenía Elenita. Era delgado y curvilíneo como una vasija de barro bien esculpida. Su piernas torneadas y firmes al igual que sus muslos. Toda ella era divina. Daniela me estaba poniendo en bandeja de plata a su propia hija para satisfacer nuestras perversiones y yo no podía desaprovecharía esa oportunidad ni un solo instante.

 

Respiré profundamente un par de veces porque la sangre se me subía a la cabeza, era demasiada ansiedad para poder soportarla, ni siquiera la masturbación podía calmar estas ganas que tenía de tenerlas a ambas echadas en esta misma cama, pero debía ser meticuloso y paciente si apresuraba las cosas todo podría salirse de control.

 

– ¡Ah! mis dos novias – susurré antes de quedarme profundamente dormido.

Fin de la Parte 1. 

Turismo Sexual Capítulo 4

Posted in Turismo Sexual by Kruger on 31 agosto 2016

Capítulo 4: Mariposa Plateada

Cuatro de la madrugada, el calor seguía siendo insoportable, la humedad en el aire era casi asfixiante y los repentinos ataques de los mosquitos que no hacían más que molestar con su repentino aleteo incesante y constantes picaduras. Pero nada de eso importaba, nada perjudicaría el placer que estaba experimentando en ese momento.

Es la tercera y última noche con Channary, y quería aprovecharla al máximo, incluso al límite de mis capacidades. La cama se agitaba con violencia, esta sentía el pesado trajín de mis movimientos corporales, descargando mis más bajos instintos sobre mi víctima y mi amor. Channary derramaba cuantiosas lágrimas sobre las sábanas como todas las noches que pasamos juntos, pero también gemía, sabiendo que el dolor era el mejor recurso para alcanzar el placer.

Mi erecto pene se perdía en los confines de su estrecho y ya desflorado ano. Se lo incrustaba sin tapujos o miedos, era la pura fuerza de un hombre lujurioso contra la fragilidad de una niña pequeña. Mis manos sobre su cintura facilitaban la vejación, mientras mis piernas impulsaban todo el conjunto para asegurar la máxima penetración. Era un ultraje desproporcionado, un grito a favor del placer inmundo y la decadencia humana.

Mi pequeña estaba en cuatro, con las piernas y brazos apoyados  sobre la cama metálica. Su cabeza rebotaba con cada arremetida y sus nalgas recibían todo el impacto de mi entrepierna. Era la posición más dominante porque ella simplemente no se podía defender. Sudaba a mares. La transpiración envolvía todo mi cuerpo dando fe de mi cansancio.

El pequeño reloj del aparador marco las 4:05, el momento perfecto para mi acto final.

Saque mi verga del culito de mi puta. Vi como este salía con un poco de heces fecales en la punta, me había olvidado de colocarme un condón pero ya era tarde para pensar en ello. Quedé impresionando al mirar cómo había quedado el ano de mi esclava, las dimensiones eran del doble con las que comenzó hacía dos noches. Era un hoyo perfecto y rojizo, me dieron ganas de meterle dos dedos encima solo para comprobar mi teoría pero decidí que lo mejor era cambiar de posición.

La voltee para poder ver su redondo rostro. Se la veía extremadamente exhausta como si hubiese dado dos vueltas alrededor del mundo cargada de una enorme roca en sus espaldas. Apenas  podía enfocar la vista en mí pues se esforzaba por respirar mejor, su pecho se inflaba hasta su punto máximo para acumular la mayor cantidad de aire posible. La deje recargarse por unos minutos mientras buscaba a tientas la luz de la cómoda. El foco iluminó parte de la habitación. Veía las sabanas húmedas, hechas un nudo por tanta locura desencadenada. Las almohadas en el piso y algo de sangre en el forro de los colchones; esta tenía que ser la noche más salvaje de toda mi vida o tal vez exagere, quizás las anteriores noches fueron tan buenas como esta no lo sé. Lo único seguro era que Channary era lo que andaba buscando cuando viene a Cambodia, una niña sumisa, hermosa, de cuerpo voluptuoso y con una gran sonrisa, para que yo la destruyera en una cama de un hotel sin piedad; ese era mi sueño.

Me levanté para buscar un vaso de agua. Abrí la botella de agua que estaba cerca de la televisión y sacie mi sed  con grandes tragos. La luz de la luna iluminaba el resto de  la habitación, me sentí poderoso, un ser humano elevado hacía la divinidad por ser el conquistador de una mente inocente. Me acerque a la ventana y destape la cortinas blancas que nos cubrían, nos encontrábamos en el séptimo piso del hotel por lo que no me preocupó si habría gente observando yo solo quería admirar la inmensidad de la luna frente a mí. El aire fresco golpeó mis genitales apaciguando el ardor que sentía en esa zona, estire los brazos hacia los costados como El Hombre del Vitruvio de Da Vinci, deseaba un pequeño momento de sosiego antes de terminar la noche.

Mis memorias me llevaron al día siguiente de nuestra primera noche en el hotel. Ambos despertamos algo agotados, en especial Channary que continuaba dolorida y furiosa por lo ocurrido esa noche. Protestó en Jemer (idioma oficial de Camboya) de forma enérgica lo cual me pareció gracioso ya que por la noche no dijo ni una sola palabra. Desayunamos en el cuarto y pasadas las once de la mañana salimos para la ciudad. Kalliyan me dijo que la ciudad era un lugar encantador, lleno de tradiciones y comidas típicas que debía comer, yo por supuesto quería conocer la ciudad más a fondo por lo que salir por ahí era una obligación, al fin y al cabo soy un turista.

Channary me seguía de cerca, ya que a la gente que nos vea juntos les parecería sospechoso, a pesar de eso no la perdía de vista y ella siempre quedaba a la vista mientras yo hacía alguna compra o me quedaba en algún local de souvenirs. Me daba pena verla con esos trapos sucios que siempre se ponía, era ropa desgastada y muy descolorida lo cual la hacía verse muy inferior al resto de la gente, en especial con los niños de su edad los cuales la veían con cierto desprecio y se apartaban de su paso cuando la tenían en frente. Si ella me daba tantas satisfacciones ¿Por qué no retribuirle un poco?

Llegamos a un centro comercial de gran tránsito. Pregunté a algunas personas en especial a policías por lugares para comprar ropa y joyas, los oficiales me dieron un par de direcciones en un papel. Cuando entramos a la primera tienda de ropa infantil Channary se puso muy contenta al ver tanto vestido colorido. A los vendedores les extraño que un turista estuviese comprándole ropa a una niña pobre, yo les explique que lo hacía por simple solidaridad. Mi niña se probó varios vestidos hasta dar uno con su talla (pues era bastante corpulenta para su edad), al final escogió un vestido largo sin mangas con diseño floral de color blanco con rojo, sin duda le quedaba perfecto. Cuando salió con el vestido puesto parecía otra niña, se la veía mucho más alegre y sonriente, y si algo me gusta de mi princesa es su sonrisa. Compramos otros vestidos y algo de ropa ligera por todo el centro comercial fue un insulso gasto de dinero, pero ver esa amplia sonrisa suya toda la tarde fue un pago muy merecido. Antes de salir y volver al hotel, me detuvo en mi andar una pequeña tienda de platería y joyas, quede azorado por un pequeño dije de plata en forma de mariposa, cuando lo miré inmediatamente lo vi puesto en el cuello de Channary, era como ver una imagen del futuro. Lo compré por un módico precio y cuando llegamos al hotel se lo coloque en ese precioso cuello suyo, le quedaba perfecto, el dije plateado de mariposa era un complemento ideal a su belleza. Ella se puso tan feliz que riendo me dio las gracias en ingles algo que nunca creí que diría.

Aquella noche la cogí por el culo, me había ganado el derecho de hacerlo, pues ella se aguantaba los gritos y me miraba a pesar del tremendo dolor que sufría con una sonrisa.

Ahora la veía agotada y débil, en esta cuarta noche desenfrenada en la que no paraba de hacerle el amor. Verla tendida sobre la cama, toda desnuda y frágil era un estimulante para volver a estar sobre ella.

Me acerque a la cama y me puse encima suyo.

Ella aparentaba estar dormida para que no le haga nada, muy astuta, pero este animal estaba esperando terminar este suculento filete servido en plato de porcelana.

La mágica noche llegaría pronto a su fin.

Le abrí las piernas de par en par, y así admirar su preciosa rajita lampiña que a pesar de mis ultrajes se la seguía viendo inmaculada y pura. Ella me miraba suplicante podía percibir un aire de piedad en su rostro, me suplicaba con esa mirada que parase de hacerla sufrir. Levante mi dedo índice y moví de un lado para el otro.

  • No pequeña – dije moviendo el dedo – Hoy nada ni nadie hará que yo me detenga.

Channary captó el mensaje y de repente se puso a llorar. Grandes y cristalinas lagrimas se escurrían por sus ojos, era un llanto muy penoso; casi me conmueve. Sin embargo estaba decidido y antes de que siga con su gimoteo triste se la calve en la vagina.

Dio un pequeño chillido al sentirlo dentro y después continúo el mar de llanto. La levanté por la cintura para hacer más profunda la penetración y en un lento vaivén fui metiendo y sacando mi pene. Era una sensación indescriptible, era un coñito muy suave, amoldado a mí después de tantas perforaciones. Mi verga se perdía en aquella cavidad, era tan hermoso verlo desaparecer dentro como si fuese un acto de magia, yo no me imaginaba que el cuerpo de una infante pudiese aguantar tanto, quizá se deba también a la corpulencia de mi niña, nuca lo sabré. Es mejor disfrutar que pensar.

Me acomodé apoyando mis manos en el respaldar de la cama, levantando mi cintura y flexionando las piernas para conseguir un ángulo indicado. El sexo es puro movimiento, es el lenguaje de dos cuerpos al unísono, es el amor unido a través de dos almas que se conectan de manera intima, es el llanto de un corazón inocente y la maldad de un demonio desatado.

La cama se volvía a sacudir con violencia, el sonido chirriante del metal con el colchón rompía el silencio de la habitación. Channary apenas podía quejarse ya que mis arremetidas feroces hacían que se agitara con violencia  impidiéndole emitir su llanto triste. Mientras más se quejaba más adentro me introducía en ella. Era una bestia sin compasión alguna.

Debí aguantar unos diez minutos más cuando sentí mi esperma asomarse por la punta de mi pene, aceleré la velocidad de la penetración. Gemía estruendosamente. Me encontraba en un éxtasis pleno, poseído por mis sentidos que me impedían parar.

Y entonces me descargue todo dentro de ella. ¡Dios, que sublime sensación! Los pelos de todo mi cuerpo se erizaron mientras veía maravillado como mi verga estaba dentro suyo  por completo. Jamás creía que pudiese hacer algo así, es decir, mi pene no es tan grande quizá un poco más del promedio pero para ella era inmenso y ver todo ese pedazo de carne en su interior…… no había palabras para describirlo.

Saqué mi pene de su interior, chorros de semen se escurrían y manchaban las sábanas blancas. Channary no se podía mover, estaba shokeada, tenía los ojos bien abiertos pero no emitía ni una sola palabra.

Me limpie los restos del líquido lechoso, sujete a Channary y la llevé al baño. Encendí la ducha fría para hacerla reaccionar, le di unas pequeñas cachetadas en la cara y casi de inmediato comenzó a llorar. No sabía si sentir rabia o felicidad, el caso es que me dejo más tranquilo verla llorar, puede sonar cruel pero por ahora era buena señal.

El amanecer se asomó por la ventana, los pájaros mañaneros emitieron sus silbantes cánticos mientras el cielo oscuro poco a poco se convertía en azul océano. Despertamos desnudos y sin sabanas que nos cubrieran ya que todas estaban arremolinadas en el suelo. Abrazaba a Channary apretando mi cuerpo contra el suyo, me agradaba sentir su piel contra la mía, el contacto hacía que me subiera el morbo otra vez, pero ya era tiempo de marchar.

Me guarde las sabanas, pagué las cuentas extra y nos fuimos de aquel hotel. Nos embarcamos rumbo a casa de Channary ya que seguramente Kalliyan nos estaría esperando.

Llegamos por la tarde y ella toda sonrisas se fue a presumir sus nuevos vestidos a las demás niñas. Kalliyan me saludo con agrado viendo que había cumplido con el trato de volver con la niña. El lugar estaba con nuevos huéspedes y las habitaciones estaban todas ocupadas, por lo que varias niñas se encontraban satisfaciendo los oscuros deseos de otros turistas lujuriosos como yo. Me preguntó si me quedaría una noche más pero le dije que no, había agotado mis recursos y solo me quedaba dinero para volver a casa.

Antes de partir le deje un dinero extra a Kalliyan en señal de agradecimiento por el buen trato recibido. Él me dijo que podría volver cuando yo quisiera porque los buenos huéspedes siempre regresan. Channary salió a despedirse, llevaba ese hermoso dije plateado en el cuello y el vestido blanco que compramos en la tienda de la ciudad.

  • Te voy a extrañar – le dije – pero te prometo que volveré.
  • Chum rieb lie – dijo y me dio un beso en la mejilla.

Ambos agitaban las manos mientras me alejaba del lugar.

Volveré, juro que volveré. Me dije mientras perdía la casa de vista.

 

Fin del capítulo 4

Jodie: La Niña de mis Pesadillas (Capítulo 3)

Posted in Jodie: La Niña de mis Pesadillas by Kruger on 31 agosto 2016

Jodie: La Niña de mis Pesadilla

Capítulo 3: Elemento G                                                                                                                                    

sonrisa

Boris Dugal y su primo Dom se encontraban en su modesto apartamento en las afueras de Central Park cuando el jefe les llamó. Era año nuevo y el reloj marcaba las 2:30 de la mañana. Boris sabía que sería algo urgente, el jefe nunca llama en días festivos sino se tratase de una emergencia.

  • Jefe, ¿sucedió algo?
  • Boris – la vos del jefe era de un tono áspero y casi ahogado- Hay un situación. El idiota de Erick Ruiz estrello el auto con el elemento G a bordo.

Tragó saliva.

  • Quiero que la recuperen- Continuó – Al parecer un extraño la salvó y la llevo a un hospital cercano, Moldan me asegura que es el hospital Saint Row.

¿Recuperar? Boris dudó. Recuperarla sonaba incluso sencillo pero Jodie era impredecible y en las últimas semanas se había comportado de una manera extraña. Le gustaba jugar con las agujas y alfileres y le causaba cierto placer  metérselos en sus dedos. Boris una vez se quedó a cargo de ella cuando el jefe le ordenó vigilarla una noche mientras planificaban su traspaso hacía Nueva York. A él le parecía absurdo tomarse tantas molestias por  una simple niña de ocho años de anteojos grandes y cabello oscuro. Cambio de parecer cuando la tuvo en frente suyo.

  • ¡Boris responde maldita sea!
  • Estamos en camino – dijo finalmente.
  • La quiero viva, muerta no me sirve. Sino tú cabeza será la que ruede en el tabernáculo ¿entendido?
  • Si señor – respondió- No fallaremos.

El jefe colgó y de inmediato Boris fue a recoger un par de armas escondidas en su armario. Dom que había escuchado la conversación y ya estaba preparado y listo.

Debía apresurarse ya que al ser de madrugada y con media ciudad de fiesta, la policía estaría atendiendo otros casos más importantes, eso les daba cierta ventaja estratégica. Sólo debería llegar matar a los testigos, rogar que la niña siga inconsciente, recogerla, subirla al auto, suministrarle sedantes para que no despierte y devolvérsela al jefe.

  • Del dicho al hecho hay un gran trecho –pensó Boris mientras encendía la camioneta y salía a la avenida Park para dirigirse a la autopista.

Llegaron al hospital una hora después. Tenían las armas cargadas y listas para usar. Cuando entraron vieron a dos oficiales hablando con una de las enfermeras. Si sólo eran dos policías entonces la cosa sería mucho más rápida. Ambos caminaron a paso lento hasta la recepción donde una enfermera de avanzada edad los miraba de forma seria, su gafete decía que se llamaba Judith, para Boris era una pena tener que matar a una mujer que tenía el mismo nombre que su abuela.

  • ¿Puedo ayudarlos? – preguntó la enfermera, su mirada era seria y desafiante como si intuyera que algo malo tramaba Boris. Él le guiño el ojo.
  • Buscamos a una pequeña que acaba de llegar hace un par de horas, nos dijeron que tuvo un accidente la pobrecita, sus padres nos mandaron para ver en qué estado se encuentra, ¿Nos podría decir en que cuarto la tienen? – Boris no era bueno inventado excusas, por lo que dijo lo primero que se le vino a la mente.

La enfermera parecía confundida. Hizo señas a uno de los oficiales para que se acerque. Boris ocultaba su arma en la parte izquierda de su chaqueta, esperaba el momento adecuado para darle la sorpresa al oficial.

  • ¿Qué sucede?
  • Este sujeto dice ser familiar de la niña accidentada y…………

Antes que el policía lo mirase de frente Boris disparó desde dentro de la chaqueta,  la bala le pegó en la cien matándolo instantáneamente. Sangre y gritos se mezclaron al unísono en la sala de emergencias. Dom reaccionó de inmediato y apuntó al otro oficial, pero este lo esquivo derribándole al suelo. Boris  saco el revolver de su chaqueta pero el sujeto uniformado ya se resguardaba detrás de la pared que dividía en parte la sala de espera con la sala de emergencias.

Se armó un tiroteo.

Por un lado Dom que llego justo a tiempo para cubrirse detrás de la recepción junto con Boris y  por el otro el oficial que llamaba por radio para pedir refuerzos.

  • Mierda llegaran en cualquier momento, acabemos con esto ¡Ya! – dijo Dom.

Boris siempre estaba preparado. Le hizo una seña a Dom para que lo cubriese y  por la izquierda lanzando un pequeño objeto negro de su mano, el mismo que fue a parar a lado del oficial condenado.

La explosión lo ensordeció dejando un pitido en sus oídos ya que con sus manos se cubrió la cabeza para que no le golpearan los restos de la pared y  los miembros despedazados del uniformado.

Cuando se incorporó vio que la sala de emergencias parecía una zona de guerra con olor a muerte y sangre por doquier, tanto enfermos como el  poco personal médico estaban en shock. La enfermera Judith se encontraba en el suelo cerca de la puerta de salida pero muerta por el fuego cruzado.

Dom lo llamó porque encontró en los registros la habitación de la niña. Ambos recorrieron a toda prisa el pasillo de habitaciones hasta llegar al cuarto donde se encontraba Jodie. La chapa estaba cerrada por lo que Boris la pateo un par de veces con sus botas de cuero hasta que esta se abrió de par en par.

  • Pero qué…………. Mierda.

Ahora él era el confundido. No había nadie en la habitación.

  • ¡¿Estás seguro que esta es la habitación de la niña?! – Preguntó.

Dom asintió, al mismo tiempo que señalo la ventana; estaba abierta o mejor dicho rota.

Boris se acercó al umbral. El piso de emergencias era en planta baja por lo que acceder parecía incluso mucho más sencillo. Boris se sintió como un idiota al ver a lo lejos un auto que se alejaba del hospital a toda prisa.

  • ¡Mierda! ¡Hemos fallado! ¡Hemos fallado! – Gritó colérico.

 

Ben Carson no dejaba de apretar el acelerador. Le sudaban las manos y el corazón le palpitaba a mil. Salir del hospital resulto más sencillo de lo que esperaba, sólo tuvo que localizar a la pequeña a través de la ventanas, no había muchas, hasta que se dio cuenta que la sala de observaciones se encontraba al final del pasillo, intuyo que la niña debía encontrarse en esa habitación. Sintió un gran alivio cuando la vio a través de la ventana.

Después de escuchar la explosión sabía que no tenía mucho tiempo. Algo le advertía en su interior que debía de actuar en seguida si quería salvarla. Agarró una piedra de buen tamaño que encontró cerca y la lanzo con todas sus fuerzas, el vidrio se hizo añicos y por fin pudo entrar. La pequeña estaba muy pálida y respiraba con dificultad, se la veía tan frágil que temía que no pudiese sobrevivir en el camino, aun así se arriesgó y levanto con cuidado, se dio modos para pasar por la ventana y una vez afuera corrió hasta su auto, encendió el motor, puso primera y apretó el acelerador.

Ahora con la niña acostada en la parte trasera, Ben se formulaba  mil preguntas en la cabeza: ¿Quiénes eran esos sujetos? Y ¿Por qué  parecen desesperados por capturar a la niña? ¿Tendrá algo ver con el sujeto muerto encontrado en el auto?, ¿Será una organización de trata y tráfico de personas?, ¿será que la niña es una prostituta o algo así? y si la descubriesen ¿La dichosa organización quedaría al descubierto?

No faltaba mucho para llegar a una estación cercana, pero lo que le parecía extraño era que ninguna patrulla había pasado por la carretera hasta ahora. ¿Qué se había reportado la explosión en un hospital?, ¿Qué nadie había llamado a la policía por semejante acto terrorista?

Ben estaba agotado. Los primeros rayos de sol empezaron a aparecer en el horizonte. El rojizo amanecer ilumino el cielo oscuro de una madrugada tormentosa, la mañana de un nuevo año emergía como cualquier otra, pero solo Ben podía ver que había un cierta diferencia con la anterior; esta parecía más brillante. Pensó unos segundos en su familia, su esposa e hijo debía estarlo esperando preocupados. Les prometió que volvería en año nuevo pero un asunto urgente lo retraso y lo seguía retrasando, solo esperaba que todo se resolviese pronto.

Llego a un cruce de caminos, faltaba poco para llegar. Cuando lo cruzó una camioneta negra que casi lo embiste por detrás, la camioneta dio un giro violento y viro en su dirección.

¡No puede ser! ¿Cómo llegaron tan rápido?

Sin embargo se dio cuenta que no era los mismo tipos del hospital los que conducían el auto. Cayo en cuenta que su teoría de una gran organización de trata y tráfico podría ser correcta. Pisó el acelerador a fondo pero el auto negro debía ser más veloz porque ya estaba sobre ellos.

Le dio un empujón en parte trasera que casi le hace saltar de su asiento, trato de evadirlo evitando que se le acercara por un costado. Estuvo zigzagueando un par de veces evitando que acercara más, vio por el retrovisor que uno de los sujetos saco su arma y empezó a dispararle, Ben agacho la cabeza y siguió maniobrando, hasta que el tirador le atino a su hombro. Ben aulló de dolor pero continuo zigzagueando con un solo brazo, el dolor era intenso y por momentos perdía en control de su vehículo derrapando de un lado a otro.

  • ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Porqué! – se lamentaba, más por fallarle a la niña que tenía acostada atrás que por su propio dolor.
  • Tranquilo Ben – dijo una voz dentro de su cabeza, la voz no era suya, sonaba con el de una niña. Ben no sabía si empezaba a delirar o era la culpa. Su vista se nublaba y sabía que era el fin.

El auto dio unos vuelcos aparatosos en medio de la carretera. El ruido metálico del acero retorciéndose era lo único que escucha Ben antes de que este parase y dejase al auto de cabeza. Ben quedo suspendido por el cinturón de seguridad, sentía como la sangre le chorreaba de la cabeza  y del hombro al mismo tiempo que admitía que la vida se le escapaba de las manos, no alcanzaba a ver a la niña, pero él presentía que ya no había ninguna esperanza para ella. Escucho a los hombres acercarse al auto antes de perder el conocimiento.

Ben caía en abismo de la inconciencia, en el profundo vacío de la nada. El silencio lo era todo en ese lugar, no era un lugar malo sino tranquilo, un lugar de reposo donde la eternidad es un soplo de aire que está en todas partes y el tiempo una ilusión que simboliza ser un todo. Descendía por aquella nada pensando que lo llevaría a algún lado. De pronto sus pensamientos se corrompieron con una densa niebla roja que venía de todas partes, un aura oscura invadía el lugar hasta dominar todo lo que había dentro. La niebla tomo forma y su rostro era tan inmenso que Ben creyó que estaba viendo al mismísimo Lucifer, pero se dio cuenta que no lo era cuando reconoció ese rostro que parecía tan familiar que le dio miedo y en ese instante despertó.

Oscuridad otra vez, pero ahora era diferente porque sentía su propio cuerpo dolorido. Estaba recostado en una cama eso era seguro pero no podía distinguir nada más allá de sus propias narices, trato de moverse pero los músculos de su cuerpo no le respondían, trato de recordar algo pero su mente estaba en blanco.

  • ¿Ya te recuperaste? – dijo una menuda voz cerca suyo. Ben reconocía esa voz aunque era imposible descifrar de quien era. – Tome mis lentes de tú chaqueta, espero no te moleste.

Ben seguía confundido, no entendía lo que esa voz infantil trata de decirle.

  • Ah! Lo siento ya puedes moverte.

Como por arte de magia Ben recupero la movilidad de su cuerpo;  se asustó. Se incorporó lentamente y distinguió en medio de esa profunda oscuridad la silueta de una niña pequeña de no más de 8 años sentada en el piso, desnuda y con pedazo de carne roja en la manos.

El viento soplo a través de la ventana e hizo saltar las cortinas de la habitación revelando la identidad de la niña. Ben quedo horrorizado no solo al ver que ella estaba cubierta por completo de sangre (que no era la de ella) sino también por sus ojos que eran del mismo color del pedazo de carne que masticaba.

  • Me he visto peor créeme y por cierto me llamo Jodie, gracias por salvarme – dijo con una amplía y sangrienta sonrisa.

Fin del Tercer Capítulo

V de Venganza. Parte 4

Posted in V de Venganza by Kruger on 31 agosto 2016

V de Venganza. Parte 4

Si la venganza tenía sabor, tal vez tenía un gusto muy agridulce mezclado con añoranza y una pizca de rabia.  Estos sentimientos entrelazados me guiaban en mi acto salvaje contra Romer.

En pocos minutos la fiebre negra tomo efecto, el liquido negro se introducía en el sistema sanguíneo del chico, esperé sentado a su lado a que los efectos llegaran uno por uno. El tiempo y secuencia de cada síntoma me los conocía de memoria, había visto todas las maldades que la dichosa droga producía, ya que la primera victima de todas sus atrocidades, el primer conejillo de indias de este experimento  fue mi propia hermana.

Lo primero que Romer sintió fueron ligeros mareos acompañados de un fiebre muy leve, se quedo recostado en el sillón de la sala esperando que las nauseas se le pasaran. Seguidamente experimento ansiedad ya que sus músculos y cuerpo en general sufrían una relajación y sensibilidad muy por encima de lo normal. Algunos de sus sentidos se agudizaron en especial el gusto y el tacto, la visión en contraparte se nublaba debido a la fiebre. El calor que sentía le hizo despojarse de toda su ropa de forma inconciente, respiraba con cierta dificultad pero eso era momentáneo; el niño ardía en llamas o mejor dicho en una sensación que el no conocía llamada excitación

Puse mi mano en uno de sus muslos desnudos y él tembló, casi se convulsiona de la emoción. Me acerque a sus labios, esos dulces labios de niño rico, no me había dado cuenta pero era uno niño muy bello. Su pelo liso color café, sus pómulos rojizos como tomate adornaba esa pequeña y redonda cara de rasgos finos.  Esos ojos celestes eran hipnóticos, y sus labios tan sencillos que deseaba que mi falo estuviese en ellos, pero ya habría tiempo para eso.

Lo acomodé en el sillón con las piernas abiertas de par en par, su pequeño pene era estaba tan erecto que la cabeza salio del prepucio. Su mirada perdida y su boca entreabierta era señal de su cuerpo estaba listo. La fiebre aumento un poco dando lugar a alucinaciones debido al calor que se acumulaba en su cuerpo. Esbozó una sonrisa débil y me miro con ojos cansados.

Miré el hoyito de su culo, se veía tan virgen que uno no pensaría que un pene como el mío pudiese entrar en el. Apunte mi falo a esa entrada estrecha y apreté con fuerza. Mi verga se introdujo de a poco causando una gran abertura a la entrada de su culo. Romer inmediatamente gimió como si lo disfrutara, y tal vez era verdad, aún no estaba seguro de si lo que sentía era placer o si su mente simulaba y confundía el dolor con el placer. En todo caso estamos hablando de la fiebre negra y esa droga logra lo imposible.

Me tarde unos minutos pero a falta de quejas logré introducírselo todo, deje mi verga reposando dentro suyo unos minutos, quería que el aro de su culito se amoldara a este instrumento vejador. Romer gemía mejor dicho gritaba de placer.

 

La droga llegó a su segunda etapa: lujuria. En esta parte él va a experimentar un aumento de fiebre que desencadenara una mayor sensación de placer y lo más importante fijara su atención sólo en mí, esto debido a que me verá como el causante principal de su estado eufórico, entonces deseará tenerme dentro suyo el mayor tiempo posible, implica también que hará todo lo posible para no me separe de su lado ni un segundo.

 

Y así pasó, Romer no paraba de mirarme de forma intensa, no para de gemir y lo mejor, no dejaba que mi verga se salga de su culito. Yo me agitaba con movimientos rápidos y constantes. Se la metía y sacaba como si ambos no fuésemos a morir mañana.  Hacia brincar el sillón de cuero con cada arremetida que le daba, su cabeza rebotaba en los cojines del sillón y el sonido de sus gemidos fue cada vez más sonoro, tanto así que tuve que maniobrar para prender el equipo de sonido y poner el volumen casi al máximo para amortiguar sus el ruido de sus aullidos.

 

15 minutos después yo estaba exhausto. Los dos estábamos bañados en sudor, nuestros sudores mezclados el uno con el del otro daba cuenta que nuestro acto sexual había llegado al clímax. Ambos en la misma posición en la que habíamos comenzado pero sin disminuir el ritmo, sentía como mi verga estaba por explotar literalmente, tan palpitante e hinchada que no para de arremeter contra su ya abierto culo que ya era el doble o quizá el triple de ancho. Romer se retorcía, no pudiendo aguantar tanta excitación y placer, sus ojos hundidos daban muestra también de su cansancio.

 

Saque mi verga y se la puse en la boca, le costo tragársela toda pero no objetó. Se la metí hasta la garganta, hasta tocar su amígdala que le provoca tremendas arcadas que después por puro instinto le provocó vomito. Expulsó todo lo que comió esa mañana pero poco le molesto porque siguió chupando o mejor dicho tragando verga.

 

Descargue mi semen prácticamente en su esófago. Grandes descargas se almacenaron directamente en su estomago, descargue mi rabia y mi odio dentro suyo, expulse mis rencores dentro de un inocente niño de 10 años ¡Qué estúpido!

 

Romer ahora era irreconocible. Bañando en sudor, semen y vomito, combinación mezclada con excitación y humillación. Apenas respiraba por la nariz y su boca estaba tan llena de mi líquido blanco que se la pasó escupiendo al suelo todos los restos que deje en su boca.  Parecía un drogadicto adulto después de una sobredosis; simplemente acabado. Esto era lo normal, las consecuencias de una dosis de fiebre negra.

 

Yo por mi parte estaba acostumbrado a ver esta decadencia. La viví por casi 5 años de cautiverio, la vi en cada nuevo niño que entraba en esa sucia y fria habitación en la que estuve cautivo, los veía pudrirse en vida a cada uno de ellos, los veía morir y no pude hacer nada………….nada.

 

Me dirigí a mi habitación con lágrimas en los ojos, golpee la pared hasta que me sangraron los nudillos, grité de furia, maldecía a todo: A Demeric, a la Organización y  a mi mismo por tomar esta cruenta alegoría de venganza y tratar de tomar “justicia” por mano propia.

 

Muy en el fondo sabía que me había trasformado en uno de ellos. En alguien sin moral y sin escrúpulos, que estaba dispuesto a todo para conseguir lo que quería. Me destruyeron, destruyeron todo lo bueno de mí y ahora que recién comenzaba mis devoluciones sentía remordimientos ¡Qué patético!

 

De repente me sentí como si estuviese nuevamente en ese sótano oscuro y con olor a mierda. Viendo como mi hermana era violada una y otra vez por nuestros secuestradores rusos que se turnaban por noche para saciar sus más bajos instintos. A veces la drogaban y a veces no; yo prefería cuando lo hacían pues al menos no sufría tanto, pero cuando no, ella lloraba intensa y profusamente, su dolor era demasiado como para poder soportarlo, pero yo igual no pude hacer nada por ella, por más que lo deseara.

 

Me la pasaba semanas enteras sentado en esa asquerosa silla de madera, solo me dejaban levantarme de ella para hacer mis necesidades en otras silla de madera con un hueco en medio.

 

Los días y noches eran interminables, oscuridad por todas partes y gritos de niños salidos de paredes aledañas que le daban un toque tan siniestro al lugar que apenas podía conciliar el sueño. En serio no sabía cuantos niños cautivos había en todo el lugar, ni siquiera tenía una vaga idea, debían ser muchos porque los quejidos y gritos venían de todas partes.

 

Pasaron algunas semanas y al fin me sacaron de esa mugrosa silla que me conocía mejor que mi madre. Y me pusieron a trabajar de lleno, más que trabajar era un tortuoso trajín de idas y venidas en calles desconocidas o bares clandestinos, mi objetivo era distribuir todo tipo de droga: desde éxtasis, pasando por la cocaína, metanfetamina y algunas pastillas raras de las que no sabia su nombre. Me amanecía en aquellos lugares, siempre supervisado por un hombre alto de nombre Rimsky que nos controlaba  a mí y a otros cuatro muchachos de distintas nacionalidades.

 

Ahí conocía Jhon, en ese tiempo él se veía muy optimista, tenia una broma para cada particular situación. Me contaba historias suyas para pasar el rato en aquellos bares. Empezó por decirme que él era gay o al menos eso creía porque no tenía ningún interés por el sexo opuesto; a partir de ese momento no dejaba que Jhon se me acercara por las noches. También me contó que lo trajeron por accidente a ese lugar ya que él se encontraba sin familia, sus padres había muerto y rondaba por las calles solo y con mucha hambre. Los hombres rusos seguramente lo vieron como presa fácil.

 

Nos cuidábamos el uno al otro de alguna amenaza o algún favor (como conseguir cigarrillos, o dinero extra), el caso es que a Jhon le daba pena el estado en el que se encontraba mi pequeña hermana, que cada día que pasaba se ponía peor. La droga la volvía inestable, le carcomía la cabeza y los recuerdos. Apenas me recordaba a mi o a nuestros padres. Lo único que quería era más de esas eyecciones de fiebre porque por lo menos con ellas sentía placer. Buscaba objetos grandes en la habitación y se las metía por la noche en sus partes intimas para sentir algo de dolor o placer; era horrible verla así, la chispa de sus ojos había desaparecido dando parte a un mirada vacía y sin luz.

 

  • Señor Mark ¿Qué me esta pasando?

 

Era la voz de Romer que se había colado en mi cuarto para despertarme de mi ensueño. Me di la vuelta para atenderlo

 

El pequeño niño temblaba  de pies a cabeza, era otro síntoma de la fiebre: serenidad, esta era la fase previa a lo que los rusos denominaban la tormenta. Cuando el niño esta sereno le viene un repentino frío y su mente se aclara por algunos minutos; analiza la situación.

 

Me observa como tratando de entender lo que acababa de suceder. Tiene la mirada perdida, los ojos cansados, los brazos caídos y la mente despierta, era como despertar de un profundo sueño oscuro. Este episodio también es llamado el ojo de la tormenta porque la calma es momentánea, en seguida llegaría el final del efecto como la explosión de un volcán inactivo.

 

Aliste la cama para nuestro encuentro carnal. Las cámaras también estaban preparadas y listas para grabarlo todo, para documentar el segundo paso de mi venganza.

 

Tomé la mano de Romer y lo llevé directo a mis aposentos donde también me había cogido a su madre. Los temblores se aminoraron y comenzó a palidecer y a excitarse nuevamente.

 

Lo coloque de espaldas hacía mí, con las piernas casi colgando en los laterales de la cama. Apunte mi verga a su desflorado ano y se lo metía de lleno.

 

Romer gritó y después gimió fuerte, relajo el esfínter para que la penetración sea completa. Acomode mi pelvis para que los vaivenes sean continuos e ininterrumpidos. Me agité dentro suyo chocando mis muslos con sus nalgas para que sonaran, agarré su cintura para que no se separa mucho de mi, mientras Romer seguía gimiendo con ensordecedores gritos de placer.

 

Uno no podría creer que un pequeño niño de 10 años podía soportar semejante ultraje, pero era cierto, y todo gracias a esta maravillosa droga. La organización debió ganar millones con ella, comercializándola a todo el mundo, corrompiendo vidas inocentes, destruyendo familias y satisfaciendo las fantasías de sus clientes,  pues hasta en los países más ricos tienen sus propios infiernos.

 

 

  • ¡Me estas viendo Demerik! – grito a la cámara mientras continuo agitándome furiosamente sobre Romer – ¡Esto es lo que tú has provocado! ¡Pero esto es lo que te mereces o lo que tus seres queridos se merecen por tú culpa! ¡Este es solo el comienzo!

 

Siento el éxtasis llegar pero también me siento furioso, es una mescolanza de emociones opuestas que acaban llenando el culito de Romer con lo que yo denomino “el semen maldito”.

 

  • Solo observa Demerik, que para Jennifer se vienen cosas peores.

 

Fin de la parte 4