El Diario de Gale 10/04

Posted in El Diario de Gale Cuarta Temporada by Kruger on 8 octubre 2015

Cuarta Temporada

Décimo Episodio

6 de marzo de 2011

– Señor Gale ¿Me esta escuchando?

-¿Eh? Oh, lo siento Erick. No dormí bien anoche- respondí.

– ¿Algún problema con Trish?

– No, no es eso. Ella esta bien  Es sólo que me preocupa Rosy. Ha estado muy extraña últimamente.

– ¿Su otra hija? Me contó que era agorafobica y que por eso no la pone en la escuela. Nunca la conocí ¿Cómo es ella?

Debo admitir que la pregunta de Erick me puso un poco nervioso.

-Bueno- dije- ella es muy reservada, le gusta la música clásica, creo eso la calma, en especial los violines, ella ama los violines. Su compositor favorito es Vivaldi y le encanta ver obras de ballet y de teatro.

-Una chica muy culta- dijo con una sonrisa- ¿Qué edad tiene?

-Cumplirá 14 en poco tiempo- me mordí el labio luego de decir lo que no debería haber dicho ¿Empezará a sospechar?

-Vaya, mire usted, tendría la misma edad que mi hermana desaparecida-después se quedó pensando unos minutos.

-Disculpame Erick ¿Sobre que platicamos antes?- pregunté, no quería que se la pasará pensando en ello, debía distraerlo con otra cosa.

-Eh, creo que me volvía a quejar de mis padres. Usted sabe mi familia es disfuncional, peleamos todo el día y mi madre siempre me recrimina acerca de dejar la casa. ¡Tengó 17 por Dios! Si ella quiere que me vaya a los 18 me parece perfecto. Lo único malo es que voy a extrañar a papá, él no me merece quedarse con esa arpía.

-Todos los adultos merecen respeto Erick- interrumpí con voz calmada- y tú madre no es la excepción, ponte en su lugar y piensa en todo lo que ha tenido que pasar para llegar hasta aquí. Estoy seguro que ella también ha sufrido mucho.

-Yo no lo creo señor Gale. Ella estuvo muy preocupada si, pero siempre quiso desligarse del asunto pocos meses después; nos desalentaba a todos. Decía que lo mas probable era que ahora estaba en manos de traficantes de personas y a esos sujetos no los encuentras ni con lupa en mano nos decía.  Ella además es falsa, aparentaba estar sumamente preocupada frente a las cámaras de televisión pero era pura apariencia, al final nos tuvimos que mudar por el acoso de la prensa y aquella decisión me irritó , era como escapar a las pistas, a la esperanza de saber que mi hermana sigue con vida.

Se levantó de la silla y camino cerca de mi escritorio por algunos segundos como si planease algo.

-Entonces ¿Qué harás cuando tengas 18?

– Buscaré a Amy- respondió decidido- estoy seguro que sigue allá afuera, se que me está esperando.

– Entiendo que sigas pensando en tú hermana pero ¿No crees que es tiempo de que pienses en ti, en tú futuro?

-Ya perdimos mucho tiempo. Usted no sabe lo que se siente perder lo que más quieres. Ella estaba allí un momento y al siguiente ya no, como si nunca hubiese existido. No quiero renunciar a ella, se que ella me espera y yo debo encontrarla.

Sonaba tan decidido. Amy era importante para él, debe sentir que le falló al dejar que la secuestraran, aún siente culpa por todo, por perderla por su descuido.

– ¿Cómo piensas encontrarla?

-Empezaré desde el principio, yo se que alguien debió verla. Alguien debió ver algo.

-¿No crees que la policía ya se encargó de investigar todo eso?

– Yo sé, pero algo debieron obviar. Escuché los reportes de una secta organizada que sacrifican niños para rituales. No quiero pensar que ese fue su destino, quiero creer que ella está atrapada en algún lugar esperando ser liberada, que está sufriendo en ese lugar pero que mantiene la esperanza de volver a ver a su familia.

Hizo un pausa pues la añoranza se apoderó de él y las lágrimas brotaron de sus ojos.

-La extraño, la extraño mucho. Quiero verla otra vez- dijo entre lágrimas-quiero pedirle perdón por ser un mal hermano, por no cuidarla, por fallarle, por ser un idiota.

Comenzó a llorar amargamente, su dolor era intenso lo transmitía a cualquiera que estuviese cerca. Tuve que ponerme fuerte para no sensibilizarme, más por un aspecto profesional que por mi relación con Amy.

– Tranquilo Erick, estoy seguro que la encontrarás – dije poniendo una mano sobre su hombro, no se porque lo hice, quizá sentí lástima por él o simplemente fue puro instinto, de cualquier manera eso no importaba ahora tendría un ojo puesto sobre él.

Erick se seco las lágrimas, parecía avergonzado. Luego me miró y sonrió.

– Disculpe, pero creo que me excedí un poco.

– Erick ya nos conocemos bastante como para que sigas ocultando tus emociones, entiendo tú dolor por Amy y yo también creo que ella esta viva.

– Gracias por escuchar, hace tiempo que no me sentía tan bien- él mostró una sonrisa nerviosa, luego se levantó del asiento y se dirigió a la puerta- Debo irme, mi padre me espera en la biblioteca. Nuevamente gracias señor Gale y mandele mis saludos a Rosy espero conocerla pronto.

– Los haré llegar, yo igual espero que la conozcas de seguro se llevarían bien.

Erick salió de mi oficina con cierto aire de optimismo y confianza, yo en cambio me quedé preocupado. Ahora todo me parecía incierto como si la ruleta rusa de acontecimientos estuviese a punto de detenerse y las fichas estuviesen a punto de caer en su sitio. ¿Qué me deparará el futuro? No siento entusiasmo, ni tristeza, sólo algo parecido a la resignación, pase lo que pase aceptaré lo que el destino me tenga preparado.

16 de marzo de 2011

El cielo se tiñe oscuro y el aire frío invade la habitación. El frío cala mis huesos y me invade un cierto aire melancólico. Trish se fue a una excursión al “bosque de olvidos” un sitio turístico a las afueras del pueblo.

Me siento solo a pesar de que Amy esta en la habitación de enfrente, escucho la sinfonía de Vivaldi que tanto le encanta. La cuarta estación una melodía inconfundible, la escucha todas las mañanas; es irritante. Ojala pudiese callarla pero Gale me reprendería, no soy adepto a cuidar adolescentes con problemas mentales y menos cuando son caprichosas como ella.

Me levanto de la cama y me dirijo al sótano tengo planeado hacer algo para Gale, últimamente lo noté preocupado, debe ser por Trish, sabía que esa niña sería un problema para todos, desde que llegó a esta casa no ha hecho mas que causarme malestar, es demasiado extrovertida y habladora, se la pasa hablando de su futuro y de sus posibles viajes alrededor del mundo que ya me cansa. Desearía mandarla lejos de aquí pero eso lo veré después, por el momento lo más importante es subir el nivel de abuso o mejor dicho la reconciliación entre Amy y Gale, han estado distantes últimamente lo cual es aburrido para mi, debo aumentar nivel de vejaciones a ver si así Gale se interesa en ella otra vez.

Preparo una silla y un par de cuerdas para Amy, yo se que a Gale le encantaría tener este tipo de fantasía esclavista, puede parecer algo desesperado pero estoy casi seguro que puede funcionar. Es descarado de mi parte dejárselo en bandeja pero Gale no tiene iniciativa nunca la tuvo, es más, podría asegurar que todo esta idea del secuestro fue mía y me gusta presumir de ello. En fin ya es hora de poner en marcha este plan que quizá de buenos resultados. Me encuentro colocando la silla y las cuerdas en el sótano, yo ya perdone a la oscuridad por su estadía aquellas fatídicos años de cautiverio.

-¿Gale?- preguntó alguien arriba de las escaleras- ¿Qué haces aquí, no deberías estar en…….

-Lo que yo haga no te interesa – espeté.

– Ah, eres tú Demian. ¿Qué estás planeando ahora? ¿Acaso quieres hacerle más daño a Amy?

-Gale te ha dado mucha libertad,  demasiada durante estos años que vives aquí.  Porque no te comportas como el esclavo sexual que eres y te vas de aquí.

-No permitiré que sigas hundiendo a Gale con tú maldita prepotencia. Cada vez sufre más por esta maldita situación- gritó.

-Mierda Tom, por fin te pusiste los pantalones- dije con sarcasmo. Me da cólera que a estas alturas quiera proteger a su amante Gale- pero sigues siendo un estúpido marica que no sabe que su lengua sigue lamiendo mi trasero. ¿Quienes te acogimos después de la muerte de padre? Nosotros. ¿Quiénes te otorgamos comodidades y lujos en la mansión de mis padres? ¿Quién fue el motivo principal para planear la muerte de ellos cuando comenzaron a sospechar de oculta estadía en casa? ¿Quién hubiese muerto de hambre en las calles si no lo hubiésemos salvado? Responde Tom ¡Responde!

Hubo un prologado silencio roto sólo por la sinfonía de Vivaldi que se escucha desde la habitación de Amy. Tom me miraba con desprecio y enfado extremos,  ha crecido mucho todos estos años,  pero sigue teniendo la voluntad de un niño.

-No seas pedante Demian- dijo finalmente conteniendo su ira- yo sigo aquí por Gale no por ti. Y yo se que él no hubiese querido esto.

-Tú estas celoso- dije en tono burlón- estás celoso desde que llegó Amy, y haces lo posible para que se aburra de ella.

-Te equivocas,  yo haría todo por Gale.

-No te hagas al honorable conmigo Tom, yo sé bien que no te acuestas con él desde que te comenzó a salir el bello púbico. Hazme el favor de salir de mi vista.

-Como quieras, pero no le tocarás ni un pelo a Amy, eso que lo decida Gale.

-¡Carajo Tom! ¡Vete ya! – grité lanzando la silla por los aires y estrellándola cerca de él.

Tom salió dando un portazo a la puerta del sótano dejándome sólo y a oscuras.

Quede meditando unos minutos mientras la música continuaba y una comencé a sentir una extraña sensación de inseguridad, un sentimiento muy familiar que no sentía desde que estuve encerrado en aquel sótano. Mi cerebro comenzó a disparar mil ideas sobre la situación pues ya no tenía el control y si no tengo el control puedo ser muy vengativo.

-Creo que llegó la hora- me dije en la oscuridad- lo siento Gale, se acabó el sueño.

18 de mayo de 2011

Querido Diario:

Sigo viviendo de los recuerdos del pasado, los días increíbles con Amy como protagonista, el tiempo se llevó su sonrisa junto con mis ganas de ser una buena persona. El día que la secuestré cambié por completo. Me convertí en alguien que nunca debió existir,  alguien vil, capaz de transformar los sueños e ilusiones de una niña inocente en basura amoldada a los carnales deseos de un servidor. Convertí pureza en esperpento, inocencia en lujuria y libertad en esclavitud. Todo esto lo puede hacer cualquiera pero pocos han durado tanto.

Yo también soy esclavo de mis deseos, estos que me llevaron siempre por el mal andar, viendo a las niñas como instrumentos sexuales, como herramientas para alcanzar el placer. Si me defino de esta manera,  es momento de rememorar y escribir un poco de la maldad que he estado cosechando todos estos años.

“Era un 3 de abril por la noche, un año y tres meses de cautiverio. Amy ya no sonreía, se la pasaba todo el día mirando televisión en el sótano. No tenía otras opciones, sus únicas compañías eran la televisión y sus juguetes que yo le compraba. Yo no me encontraba en casa ese día, pues me sentía incómodo al pensar que ya era momento de profanar la virginidad de mi niña, todos mis pensamientos estaban dirigidos a ello pero aún tenía muchas dudas al respecto ¿realmente era lo correcto?

Me dirigí con el auto a un lugar clandestino, oculto a las afueras de la ciudad,  debajo de un puente olvidado y que en sus entrañas albergaba a drogadictos y algunos vendedores de drogas y armas.  La policía poco o nada conocía sobre estos lugares pues eran muchos y estaban repartidos por todos los rincones de la ciudad unos más grandes que otros. Pero este lugar llamado “puente negro” tenía algo especial.

Me baje del auto y lo deje estacionado a unas cuantas cuadras del lugar. Había ciertos grupos reunidos bajo el puente pero ninguno  volteo la mirada hacia mí,  me adentré en lo profundo de aquel lugar hasta encontrar la puerta de acceso a lo que algunos llamamos “la cueva”. Había un hombre de mal aspecto sentado a lado de lo que parecía ser una vieja puerta oxidada.

-No deberías estar aquí plebeyo- dijo.

-Sólo los enfermos queremos curarnos- respondí.

El hombre asintió, dio 5 golpes a la puerta y esta se abrió.

– Te está esperando-dijo el desconocido antes de cerrar la puerta tras de sí.

El callejón oscuro era apenas visible por la tenue luz del bombillo que había al fondo,  se extendía por lo menos 10 metros adentro,  el olor del lugar era húmedo lo cual me hacia sentir más sofocado.

-Vaya, miren quien decidió aparecer- dijo una voz al fondo con claro acento ruso.

– Hola Rimsky, creí que me habías olvidado.

-Olvidar al niño millonario es difícil, siempre dejas buenas propinas- se encontraba detrás de un viejo escrito de madera de caoba, tenia una pequeña luz de lámpara a su lado que iluminaba su cara de manera siniestra- ¿Qué fantasía es la que quieres cumplir ahora?

– Lo de siempre; de 8 a 10 años, cabello rubio,  ojos claros, piel clara y que sea sumisa pero conversadora.

– Me describiste a la misma niña de la última vez. ¿Quieres saber cómo está?

-Sólo quiero sacarme una duda de la cabeza.

Rimsky me miró confundido,  luego saco un pequeño papel de su bolsillo y anotó una dirección.

-¿Vuelves de más un año a aclarar una duda?- dijo mientras me entregaba la pequeña nota- espero que lo consigas.

-Gracias de nuevo.

Tres horas después me encontraba presenciando la escena que había solicitado, si bien yo no era participe del mismo, me sentía muy emocionado sólo con verla.  Quizá sea un entretenimiento barato y seguro,  casi podría decir que era cobarde ya que ocultaba tras un espejo falso. Observaba como un hombre de aproximadamente 30 años coger analmente a un niña de 11 con tal fuerza que hacia temblar la cama con cada embestida suya. Cualquiera quedaría sorprendido o incluso asqueado al ver la escena, pero era normal para ella  en especial bajo los efectos de la Fiebre Blanca. Esa droga  clandestina que provoca ligera fiebre en los niños y que los vuelve muy sensibles ante cualquier tocamiento en sus genitales; es la droga de los pedófilos. Es inyectable y actúa de inmediato, podría decirse que es incluso adictiva.  Un hombre y un  niño inyectados con una dosis pueden tener sexo por varias horas y dolor de cabeza tremendo los días siguientes, sin mencionar las otros devastadores efectos secundarios. Es muy popular en Rusia y el este de Europa y Asia, fue prohibida y condenada en varios países pero por alguna extraña razón sigue vendiéndose en los mercados negros del mundo.

La Fiebre Blanca no es barata pues llega a costar más de 2.000$ la dosis. El dinero no es problema para mí pero no estaba seguro si querer inyectarle esa cosa a Amy antes de hacerle el amor por primera vez o en cambio hacérselo de la manera tradicional, claro esta que el sufrimiento para ella será mayor.

El hombre gimió, salpicando su semen en la cara de la menor. Ella seguía extasiada y se convulsionaba tremendamente y ponía los ojos en blanco, al parecer el efecto de la droga estaba caducando.

Terminado el acto sexual el hombre se puso una toalla en la cintura y salio de la habitación sin decir nada. Miré a la niña a través del espejo y después entre a la habitación. El olor a semen invadía el cuarto y la niña hecha un desastre.

Se llamaba Veronika, la conocí un año y medio antes; se la ve menos saludable que ahora. La droga la ha cambiado bastante, era como ver a una adicta al crack o la metanfetamina pero en versión pequeña.  Tenía los ojos rojos y hundidos, la piel pálida y los labios resecos, sin mencionar que sus labios vaginales estaban abiertos de par en par como una prostituta con muchos años de experiencia; estaba muerta en vida.

Se dio cuenta de mi presencia y quiso incorporase pero no pudo, sentía mucho dolor en todas partes.

– Volviste Gale,  que bueno verte – dijo casi sin respiración.

– Veronika, lo siento. Quise venir antes pero no pude, se presentaron cosas y tuve que retrasar mi promesa.

Veronika se recostó de lado. A pesar de su lamentable estado se la veía hermosa con el cabello suelto y esos ojos azules. Sino fuera por Amy ella seria mi niña favorita.

–          Lo conseguiste no es así. Obtuviste lo que querías. Debes tener una niña para ti.

Cerró  los ojos con fuerza tratando de permanecer en esa posición, cualquier movimiento por mas pequeño que sea le generaba grandes e insoportables dolores, los efectos secundarios de la fiebre eran devastadores  o al menos eso había leído, existían muchos documentales de la droga por Internet.

–          Si, ella esta en casa ahora – hice una pausa pensando en Amy y su destino –  pero estoy asustado, no se si inyectarle la droga o no. Quisiera evitarle el dolor pero también  paradójicamente le causaría mucho más daño si no lo hago.

–          La droga es horrible Gale – sollozó Veronika – es placentero al principio pero no puedo dejar de sentir dolor, me vuelve loca.

Rompió en llanto.

Las lágrimas en su rostro eran señal de un sufrimiento agónico y terrible. Quise acercarme a consolarla pero no haría más que provocarle más daño, en este momento era hipersensible a cualquier toque y los guardias del hotel no tardarían en venir para recogerla.

–          Soy un monstruo ¿sabes? Siempre soñé con tener una niña en casa solo para mí, pero cuando veo su rostro, me mira suplicando que la deje ir. ¡Es horrible! No quiero verla de esa manera. Es por eso que debo hacerla mía, sólo así me pertenecerá, sólo así me verá de manera diferente. Debo hacerlo.

Hubo un silencio prologando, ninguno de los dos argumento nada más. Entonces me di cuenta de lo que debía hacer.

–          Gracias por escuchar Veronika, debo irme. Traje lo que me pediste.

Saque un pequeño cortaplumas que traía oculto dentro del zapato pues en el edificio no se permitían traer objetos punzo cortantes, afortunadamente no me descubrieron. Lo puse encima de su mano y cerró su puño.

Ella alzo la vista agradecida, no pudo emitir palabras por la emoción pero tuvo la suficiente fuerza como para sentarse y darme un abrazo. La abrace con algunas lágrimas en los ojos. ¡Qué hipócrita soy! Acabó con el sufrimiento de una para ir a casa a causarle daño a otra. ¡Eres un ser muy patético Gale! ¿Qué dirían tus padres en estos momentos? Nada……..Murieron y esa es la razón por la que me encuentro aquí ahora; uniéndome hasta el fondo.

Salí de la habitación antes que Veronika acabe con su vida. Entendía perfectamente la razón, era la única manera de librarse de “la organización”; la muerte era el único camino.

–          Lo siento mamá y papá – Dije en mis adentros – pero Amy es mía.

Fin del Décimo Episodio

V de Venganza. Parte 3

Posted in V de Venganza by Kruger on 8 octubre 2015

V de Venganza. Parte 3

Lo que provocan unas botellas de vino y un baile romántico para una mujer necesitada de amor; y si bien es cierto que me aproveche de ese aspecto, solo tuve que cavar un poco en sus sentimientos con comportamientos caballerosos y amor fingido para que ella caiga a mis pies.

La luz de las velas iluminaba mi habitación y la ventana estaba tapada con simples cortinas blancas, algo que siempre hago por tenerle pánico a la oscuridad debido a mis traumas del secuestro; sin embargo ahora disfrutaba plenamente de mi primera victima…….. Marilyn.

Tener sexo con aquella mujer mayor fue algo interesante. Su pasión desenfrenada en la cama era digna de disfrutar, era como si hacerlo fuese un privilegio o una necesidad para ella.

Nos dábamos tremendos besos ensalivados. Ella quería comerme vivo con aquellos besos. No me deje y la acosté en la cama y comencé a desvestirla, tenía unos enormes senos que comencé a mamar con deleite succionándolos fuertemente como esperando que saliera leche materna. Le saque la falda de un tirón al igual que el tremendo calzón que traía. Tenia mucho de donde agarrarle con tremendos rollos de carne que tenía por estomago, su gran vagina no estaba tan peluda como creía pero de cualquier manera no me animé a darle placer por ahí, a pesar de eso ella comenzó a darse placer con una mano friccionándose el clítoris y con la otra se manoseaba uno de sus enormes senos.

Me desvestí rápidamente y eché un rápido vistazo a las cámaras para ver si continuaban grabando. No quería que Demeric se perdiera ni un solo detalle de este acontecimiento tan especial para mí. Le daría el primer espectáculo cogiéndome a su mujer como una verdadera fiera.

Le mostré a Marilyn mi enorme verga que estaba en su punto máximo y saque de uno de mis cajones un enorme consolador negro que compré para la ocasión. Le di un nuevo beso en la boca antes de colocarle mi verga en su boca y esta comenzó a chuparla con esmero. Ella era toda una puta tal como me había dicho Jhon, el me contó que no era la primera vez que engañaba a su marido y que había coqueteado con muchos otros vecinos en su antigua mansión, con muchos de ellos también tuvo sexo, así que para ella Demeric era otro jueguito sexual más, obviamente yo sería algo más que eso.

Me subí encima a la cama he hicimos el 69, pero en vez de lamerle el clítoris comencé a meterle el tremendo consolador negro en el culo. También estaba desvirgada por ese hueco ya que la cabeza del consolador entro sin mucha dificultad. Marilyn jadeaba a medida que le metía poco a poco el enorme plástico negro, ahora yo me estaba calentando y sin dudarlo le metí uno, dos, tres dedos a su enorme vagina que ya segregaban liquido lechoso. Se los metía y sacaba raudamente, ella gimoteaba sin control antes de su primera venida, se contorsionaba y agitaba sin control por las tremendas descargas de placer que le proporcionaba.

Me eche encima de su enorme cuerpo desnudo diciéndoles promesas de amor al oído y  metiéndole la verga a su coño mojado. Le hice el amor como desaforado chocando mis muslos con sus nalgas. Nos miramos a los ojos mientras la cogía, me hipnotizaba sus ojos azules eran los mismos que los de su hija. Agarré sus enormes piernas y las coloque haciendo un candado en mi cintura, tenía el consolador en mi mano y lo coloque en su vulva mientras que mi verga se introducía en el culo haciendo una doble penetración.

Marilyn estaba en éxtasis y apunto de venirse de nuevo. Estaba seguro que no era la primera vez que la cogían por ambos lados ya que lo disfrutaba plenamente.

Aceleré mis movimientos para que ella acabara de una vez, así que fingí un tremendo orgasmo con grito ahogado incluido. Nos recostamos en la cama como dos amantes satisfechos, ella con su enorme cabeza apoyada en mi pecho y yo con mi brazo derecho extendido alrededor de su cuerpo, tapados simplemente con una sabana blanca continuamos acariciando nuestros cuerpos desnudos hablando de “nuestro amor”.

Fueron largas horas de charlas inocentes, fantaseamos sobre  un posible divorcio,                      un supuesto escape con ella y  los niños, y demás ideas sobre como el mundo podría ser nuestro. Seguidamente comenzamos a discutir sobre Demeric y su mal papel de padre, así que le sugerí que estaría dispuesto a ir de campamento con Romer para que me conozca mejor y poder compartir algunas cosas entre los dos. Ella dudo un poco pero acepto la propuesta argumentando que sería bueno para él tener un poco de charlas de hombre a hombre que tanta falta le hacían.

El amanecer nos sorprendió desnudos y abrazados.

Me levanté, le prepare el desayuno  y se lo lleve a la cama. Ella estaba sorprendida y feliz, su mirada me decía lo enamorada que estaba y continuamos riendo hasta que ya era las 6 de la mañana. Le sugerí volver a casa antes de que sus hijos despertaran; 15 minutos después la despedía en la puerta con un beso.

Minutos después de que Marilyn se fue sonó el celular:

-Diga

-Amigo, veo que te levantas temprano- Era John el tono grave de su voz era inconfundible.

– Si, pero ha sido una noche muy provechosa.

-¿Qué? ¿Ya te cogiste a la esposa?- Sonaba escéptico, pero curioso.

-Así es. Y créeme que no ha sido una de las mejores noches de mi vida, preferiría ese calabozo de mierda, aún así lo tengo todo grabado.

– Vaya, tú si que no pierdes el tiempo. –  soltó un risita y continuo hablando –  Te tengo buenas noticias. El topo no dejara el nido todavía, hubo unos contratiempos de los superiores y se quedará por lo menos un mes para poder resolverlos.

Me dibuje una sonrisa en el rostro. No podía creer que todo estuviese saliendo tan bien y de cualquier manera no desaprovecharía la oportunidad, ahora que Romer era mi próximo objetivo y una pequeña dosis de fiebre blanca tenía su nombre.

–       Excelente. Avísame si hay algún cambio de planes.

–       No hay problema compañero – y colgó.

Otra semana paso volando y me pasaba los en citas con Marilyn o en algún  paseo con los niños para afianzar los “vínculos”. Romer se mostraba amistoso y confiando; en cambio Jennifer era más callada y tímida, siempre a lado de su madre. Entonces una tarde Marilyn le propuso a Romer ir de campamento junto conmigo. Para mi sorpresa Romer se entusiasmo con la idea y no paraba de hacer preguntas relacionadas con el viaje que haríamos. Ahora estaba feliz por ello, me sudaban las manos de la emoción.

Charlábamos gratamente del supuesto itinerario que tendríamos, Romer ampliaba su sonrisa cada vez más, posiblemente pensando en las cosas que vería y los lugares nuevos que conocería, sin embargo yo planeaba algo totalmente diferente.

Finalmente el día de la “excursión” llegó.

Era una bella mañana de abril, el viento soplaba con fuerza asiendo que los árboles cercanos se agitasen vagamente. El aire fresco golpeo mi cara cuando salí de casa rumbo a la mansión Dempsey. Llevaba ropa deportiva acompañado por una gran mochila en la espalda solo para disimular. Toque el timbre de la puerta y un ansioso Romer me abrió con una enorme sonrisa en los labios. Yo no podía creer que este niño estuviese tan desesperado, se notaba que le caía muy bien o que no aguantaba estar encerrado todo el día en casa o en ese club de niños ricos.

Marilyn bajo para despedirnos, la vi bastante tranquila lo cual era bueno, después apareció Jenny en pijama, estaba triste por la partida de su querido hermano. Me lanzó una mirada de furia por su alejamiento de casa.

–       Tranquila Jenny, volveré y te traeré un ratón de campo de recuerdo- bromeó.

Marilyn y yo nos reímos pero Amy frunció más el entrecejo y se fue corriendo para su habitación malhumorada.

Le prometí a Marilyn que cuidaría de su hijo, le di la dirección del lugar exacto donde estaríamos (el cual era una dirección falsa pero no había problema ya que ella confiaba plenamente en mi) y nos despedimos.

Lo llevé a mi departamento. A Romer le extraño esto porque el creía que iríamos directo al campamento, yo le calmé diciéndole que me había olvidado un par de cosas y que en seguida partiríamos; que gran mentira.

Fui a mi habitación y dentro del armario busque el maletín que me dio John, cuando lo encontré mi pulso se aceleró ¿Realmente quería hacer esto?¿Quitarle la inocencia a un niño y destruir una familia?¿Valdría la pena?

De repente recordé la ultimas palabras que mi hermana Ana de nueve años pronunció antes de morir en mis brazos: “Mamá te va a pegar por no haberme cuidado bien”. ¡Dios que terrible! Ana me culpaba por no haberla cuidado, por haber permitido que nos secuestraran en aquel centro comercial cuando yo estúpidamente me rehúse a seguir a mis padres por simple capricho adolescente.

Ana me siguió, mi madre la dejo seguirme porque ella era muy apegada a mí aún sabiendo que eso no me gustaba pero igual lo hacía porque me quería mucho.

Aún recuerdo a que olía su cabello aquel día: a shampoo floral, era su favorito, le gustaba restregarme su cabello en mi nariz repitiéndome una y otra vez: ¿Té gusta como huele? Es rico ¿verdad?  Es floral, tal vez tenga Jazmín mi flor favorita ¿te gusta hermano?

Yo solo quería apartarme de la opresión de mis padres, odiaba las salidas familiares, me distraían de cosas más importantes como salir con mis amigos o idear una manera para por fin hablarle a Penelope Hubbert, la hermosa chica de preparatoria que no sabía que yo existía. Me dirigí a la heladería y pedí un helado de chocolate. Ana me miró suplicando que le invitase un poco, cedí ante su tierna mirada que siempre ponía para que le diera algo. Disfrutamos el helado juntos, pero antes de acabar me sentí un poco extraño, era como si el piso y todo el lugar se movieran sin parar, un mareo tan tremendo que mi cabeza apenas podía aguantar. Me dirigí al baño a trompicones, no me fije si Ana me seguía o no. Abrí la puerta a la fuerza, extrañamente no había nadie, fui a la letrina pero antes de llegar me desmayé.

Desperté con un fuerte dolor de cabeza, las manos y pies atados a una silla, en una habitación oscura que olía a mierda. Por varios minutos no supe que pensar, asumí que me habían secuestrado porque mi familia era adinerada, en las noticias escuché que rufianes raptaban a hijos de familias adineradas y les pedían dinero por su rescaté, yo sólo esperaba que Ana no estuviese aquí. Al rato me dí cuenta que no era que la habitación estuviese oscura sino que tenia los ojos pegados con cinta adhesiva.

–       Jefe, parece que ya despertó – dijo una voz ronca tras de mí.

Oí unos pasos acercarse lentamente hacía mi, era difícil saber cuantas personas había en la habitación, los sonidos eran diferentes y no podía distinguirlos todos, aún estaba mareado, posiblemente seguía drogado.

–       ¿Llamaron a los padres? – dijo el hombre frente a mí.

–       Si, señor hace una hora nuestro contacto hizo la llamada – dijo otra persona en la habitación.

–       Bien, creo que ya es hora de quitarle la cinta.

Me quitaron la cinta de los ojos de un tirón, quedé ciego por unos minutos. Los ojos me ardían horriblemente como si no los hubiese abierto en años. Figuras borrosas aparecieron ante mí, no pude distinguirlas al principio pero poco a poco mi vista se fue aclarando y entonces vi que eran cuatro hombres. Tenían un aspecto terrible con cicatrices y tatuajes en rostro, brazos y cualquier parte visible de su cuerpo, uno de ellos llevaba una ametralladora pegada al pecho como esas que se ven en las películas salvo que esta era muy real.

Y entonces lo escuché, el sonido que jamás podré borrar de mi mente, el gemido excitado de una quinta persona en la habitación. Provenía del fondo del cuarto, no lo había notado porque esta echado y de espaldas a mi. El hombre se agitaba lentamente, iba y venia sobre su cintura como si estuviese sobre alguien. Observé horrorizado que cerca del hombre acostado había una prenda, un vestido para ser más precisos. Yo reconocía ese vestido, era el mismo que se puso Ana cuando salimos al centro comercial, por debajo del hombre distinguí unas piernas infantiles, desnudas y apretadas.

–       ¿Hace cuanto tiempo le pusieron dosis? – pregunto el que era el jefe.

–       Hace tres horas.

–       Vaya, y ¿todos se la cogieron por turnos? – Dijo sonriente – putos de mierda, ya se le acabará el efecto, Termina de una vez Ross hay que ir donde Rimsky debemos informarle que los niska ya están listos,

–       Carajo Demeric, uno no puede echar un polvo tranquilo. Los otros ya la abrieron como una nuez, déjeme saborear este manjar americano.

Quedé en shock, esto era demasiado para asimilar, simplemente debía ser una pesadilla.

– ¡Ana! – Grité con todas mis fuerzas – ¡Déjala en paz hijo de mil putas, déjala!

Recibí un golpe en la cara por parte del jefe tan fuerte que me dejo sin un diente.

–       Cállate niñito, no ves que uno de mis hombres esta echándose un polvo con tú hermana, ten más respeto.

Los gemidos del hombre aumentaron mientras se movía frenéticamente encima de ella, segundos después dio un enorme suspiro y se levanto dando por terminada su abominable tarea.

–       Para que te quede claro niño – dijo Demeric – este es sólo el principio. La recompensa no es nuestra prioridad y si piensas que los encontraran estas muy equivocado. Nadie sabe que estan aquí y menos la policia, ¿sabes por qué? Porque estas en Rusia mi amigo.

Los hombres salieron de la habitación apagando las luces y dejándonos en plena oscuridad. Yo lloraba amargamente en silencio. Rogando a Dios que nos sacara de este infierno. Obviamente Dios no escuchó mis rezos.

–       Señor Mark, ¿Sigue ahí? – dijo Romer desde el living volviéndome a la realidad.

–       Si, en seguido voy –  respondí mientras me secaba las lágrimas de los ojos.

Cambie de parecer, Romer no se merecía la fiebre blanca…………..sino la fiebre negra. Saque la jeringa de color oscuro del maletín y la lleve tras mi espalda.

–       Antes de irnos, quiero pedirte un favor.

–       ¿Cuál?

–       Qué cierres los ojos, porque vas a sentir un pequeño pincho en el cuello.

–       ¿Qué sucede?

–       Nada, es sólo una vacuna para prevenir una nueva gripe que apareció en el bosque, dicen que es contagiosa.

Romer obedeció y estiró su cuello hacia mí. Sujete firmemente la jeringa mientras pensaba que ya no había marcha atrás y que ahora todo sería diferente.

–       Esto es por ti Ana – me dije.

Fin de la parte 3.

Jodie: La Niña de mis Pesadillas (Capítulo 2)

Posted in Jodie: La Niña de mis Pesadillas by Kruger on 8 octubre 2015

Jodie: La Niña de mis Pesadilla

Capítulo 2: En peligro

La enfermera Judith Nells se encontraba dormitando en su turno nocturno en la sala  emergencias del hospital “Saint Row”. Había sido una noche relativamente tranquila salvo por un par de casos comunes: heridas hogareñas, intoxicación alcohólica, accidentes laborales y un caso de intoxicación de un sujeto que quedó inconsciente por beber demasiado un día antes.

Eran las dos de la mañana cuando por la puerta entró un hombre de media edad cargando el cuerpo de una niña en brazos. Pedía ayuda para la pequeña mientras caminaba presuroso por el pasillo del hospital rumbo a la recepción donde se encontraba Judith.

– Ayuda por favor- gritó el hombre- la encontré en las orillas del lago aquí cerca, al parecer tuvo un accidente.

Judith llamó a los camilleros de turno, quienes acudieron de inmediato y depositaron a la menor en la camilla y se la llevaron con el doctor de turno.

– ¿Es su hija? – preguntó Judith.

El hombre veía  como la camilla se perdía tras la puerta de la sala de emergencias  antes de responder.

– No, yo sólo pasaba por la carretera cuando noté huellas de derrape en el asfalto y después la cerca de seguridad de la vía estaba destruida. Paré el coche, me acerqué a la pequeña en la orilla, ella estaba inconsciente. Bajé para recogerla, la subí a mi auto y vine volando hasta acá.

Judith no dudo de las palabras del hombre, parecía sincero pero ya llegaría la policía a investigar el hecho.

– ¿Cuál es su nombre señor?

– Ben Mason, soy escultor, trabajo en la universidad pública como maestro de medio tiempo.

– Bien señor Ben, por favor espere en la sala contigua, seguramente la policía querrá hacerle algunas preguntas.

Ben hizo caso a la enfermera y fue a sentarse a la sala de espera, había un puñado de sillas vacías en esa pequeña sala. Prefirió sentarse en la primera que vio pues genelralmente estas son más cómodas. No se dio cuenta antes pero sus manos le temblaban por el frío y sus piernas en especial sus muslos también estaban congelados.

Sacarla del lago no fue sencillo, era un barranco de unos tres metros antes de llegar al lago. Cuando la vio inconsciente en la orilla pensó lo peor, pero de todas formas se acercó a ver si tenía esperanza. Escuchó su débil respiración cuando puso su mano sobre su pecho, le quito sus pequeñas gafas y las puso en el bolsillo de su chaqueta.

-Vas a estar bien pequeña – le animó.

La levanto con cuidado y la aupó sobre su espalda para poder subir mejor el barranco.

Estaba helada  pero era ligera lo cual facilitó su acenso por encima de la arruinada valla. La acostó en el asiento trasero y arrancó el coche a toda prisa para llegar al hospital.

Ben medito unos minutos lo sucedido, realmente estaba preocupado por la niña. Era una tragedia pues tampoco vio a alguien más en la orilla.

–          El auto debió haberse hundido hasta el fondo – pensó – quizá nadie más haya sobrevivido.

Judith quien se quedó en recepción revisando la computadora miraba de reojo de vez en cuando a Ben. A ella también le preocupaba la niña, no debía tener más de 10 años. Entro en un estado inicial de hipotermia le informó la enfermera pero el doctor de turno la estaba atendiendo. Se va a salvar pero quien haya estado con ella en el auto quizá no haya corrido con la misma suerte.

Dos horas después dos oficiales entraron por la puerta de emergencias. Judith lo estaba esperando.

–          Creo que sabe cuál es la situación – dijo uno de ellos, parecía cansado, su semblante era serio pero de  mano firme cuando empezó a anotar todo lo que decía Judith.

–          Entró a las 2:15 de la mañana, tenía principios de hipotermia y algunas laceraciones en brazos y piernas, pero está estable. El doctor Samuelson la estabilizo y ahora se encuentra en observación.

–          ¿No despertó  todavía? – preguntó el segundo oficial que era mucho más alto que su compañero.

–          No, ella sigue inconsciente. El hombre sentado allá la trajo, puede que él les pueda ayudar con otros detalles.

Los oficiales dirigieron su mirada a Ben quien se encontraba cabeceando por el cansancio. Se acercaron y este se paró enseguida.

–          Buenas noches oficiales.

–          Ben Carson ¿cierto?

Ben asintió.

–          ¿Es verdad que usted rescató a la niña, puede detallarnos lo sucedido?

Ben les contó lo sucedido sin omitir ningún detalle, después de varios minutos y preguntas los oficiales le agradecieron su cooperación pero antes de que se retirarán les preguntó.

–          ¿Quién iba con ella en el auto?

Uno de los oficiales dudo antes de responder, no sabía si era apropiado darle ese tipo de detalles a una persona ajena al caso.

–          Continuamos con el rastrillaje –  dijo finalmente – un equipo de buzos rescato un cuerpo del interior del coche, un hombre de unos 30 a 35 años aproximadamente y …………bueno.

Ben presentía que el oficial no quería dar más detalles, por lo que insistió.

–          ¿Qué más encontraron?

–          Sospechamos que el sujeto encontrado………….. abusaba de la niña.

A Ben casi se le cae la mandíbula por la impresión ¡¿Cómo era posible?!

– El hombre traía los pantalones abajo cuando fue sacado y los buzos aseguran que lo encontraron así, por eso queremos hablar con ella.

– Vaya, no sé qué decir – dijo Ben, no se esperaba una respuesta así. Si bien era cierto que el mundo era cada vez peor, no podía imaginarse a una niña siendo sodomizada por un enfermo en plena autopista…………….en un auto.

– Tranquilo señor Ben, resolveremos este caso y velaremos por la pequeña. Usted puede irse a casa ha sido de mucha ayuda.

Ben asintió, se despidió de los oficiales  y de la enfermera Judith antes de salir de la sala de urgencias prometiendo que volvería pronto  para saber del estado de la niña.

Camino lentamente con dirección a su coche, tenía la mente revuelta, vivió un par de situaciones particulares aquella madrugada, cosas que no serían fáciles de olvidar. Abrió la puerta del auto, encendió el motor y se alejó a paso lento del hospital Saint Row. Se encontraba en plena esquina cuando vio por el retrovisor una camioneta negra llegar a la entrada de la sala de emergencias. Dos hombres corpulentos salieron de este, su pinta  no daba buena espina: Chaquetas y vaqueros negros, lentes oscuros (en medio de la noche) y botas del número que usan los  jugadores de la NBA. En definitiva estos tipos no parecían nada amigables.

Ben tenía un mal presentimiento, dudo unos segundos pero dio vuelta el carro y volvió al hospital. Algo muy en el fondo le decía que la pequeña niña que había rescatado estaba en peligro. Segundos después se escuchaban disparos dentro del hospital. Él contuvo la respiración.

¡Mierda, esto no puede ser cierto!

Fin del Capítulo 2

Turismo Sexual Capítulo 3: Hotel en las estrellas

Posted in Turismo Sexual by Kruger on 2 octubre 2015

Capítulo 3: Hotel en las estrellas

Eran las 7 de la noche y siento como si hubiera cogido toda la tarde.

Había muchas niñas a mí alrededor, desnudas o con alguna prenda que les tapaba. De cualquier forma el calor era tal que estar desnudo no bastaba para aguantarlo y con siete niñas en la pequeña habitación ni hablar. Pero estaba tan emocionado que sentir mi cuerpo sudoroso y casi meloso era lo de menos.

Observe a las pequeñas unos minutos. Todas tenían los mismos rasgos étnicos: piel morena, ojos color café claros un poco achinados, cabellos oscuros y figuras delgadas pero firmes. Desde la más delgada hasta la más voluptuosa como Channary mostraban una belleza sin igual y una timidez que hacían que las deseara aún más.

No sabía por dónde empezar.

Me fije en quien era la más tímida del grupo, vi a una chica delgada que no me devolvía la mirada y que se ocultaba tras dos de sus compañeras de mayor edad. La tomé del brazo, la puse frente a mí, la hice arrodillarse y sin más dirigí su pequeña boca a mi verga. Casi instintivamente ella comenzó a succionar mi pene a la vista de todas las demás. Le hice tragarse mi verga hasta el fondo, la pequeña se resistía pero no pudo hacer mucho, luchar en mi contra era sólo perder el tiempo. Disfruté mejor dicho mi verga disfrutó de sus labios, la dejó bien húmeda y lista para consumar el acto. Recosté a la pequeña en esas sucias camas y sin tapujos introduje mi instrumento en su interior. Al principio fue difícil hacer que este entre por lo estrecho de su conchita virgen pero se fue amoldando poco a poco hasta tener medio tronco en su interior. Ella dio muecas de dolor y se retorcía en la cama por el dolor, yo en cambio era un monstruo insensible que solo quería sentir placer, este placer que sólo me pueden proporcionar estas adorables niñas.

Sin darme cuenta Channary se puso atrás de mí para observar de cerca mientras yo seguí penetrando a su amiga, las demás observaban atentas la vejación.

Aceleré mis movimientos pélvicos introduciéndome más a fondo en su ya desvirgada vagina. Sentía que estallaría en cualquier momento por lo que me detuve en seco a admirar mi obra. El agujero de la pequeña quedo bastante ensanchado con los labios vaginales bastante abiertos, la pequeña de la que nunca supe su nombre se secaba las lágrimas de los ojos, había acabado con su virginidad y eso era algo que me daba cierto orgullo.

Las horas siguientes me la pase en jugando con las demás pequeñas, admirando sus frágiles y bellos cuerpos,  tocando incluso manoseando cada rincón de ellos. Algunas niñas jugaban con mi pene, a un grupo de tres de ellas les enseñe a como masturbarlo y a lamerlo, fue entretenido verlas ponérselo en sus infantiles bocas mientras las demás contemplaban estas perversiones.

Esa noche fue para calentar, sabía que tenía tiempo para disfrutar de todas ellas, pero no quería apresurarme y después aburrirme, deseaba aprovechar cada momento con ellas pues era el dueño absoluto de sus cuerpos.

Tanta diversión me dejo agotado, no eche polvo esa noche pero fue una locura disfrutar y manosear a las pequeñas. Me quede dormido abrazado de una mientras las demás se acomodaron a mi alrededor o dormían donde podían.

A la mañana siguiente desperté tan relajado que sentía que volaba a través de la habitación, la sensación de paz y armonía invadía cada uno de mis sentidos. ¡Estaba viviendo mis sueños por Dios¡ Estos sueños que todo pedófilo quiere vivir. Entro la esposa de Kalliyan a la habitación y ordeno a las niñas bajar, dejándome sólo con mis pensamientos.

Diez minutos después bajé a desayunar, para mi sorpresa había dos hombres hablando  con Kalliyan eran extranjeros como yo, se veían exhaustos por el viaje pero exageradamente alegres.

Kalliyan me hizo señas para que le dé un par de minutos.

Me senté en la humilde mesa de la casa, la señora me trajo un tazón con lo que parecía ser café destilado, le di un par de sorbos antes de darme cuenta que alguien me observaba desde la habitación de las niñas.  La dulce Channary me miraba casi escondida desde aquella esquina,  podía que le causaba curiosidad el observar a hombres extranjeros como yo. La quise saludar pero se retiró al instante.

!Qué tierna la niña¡

Kalliyan se sentó a mi lado y conversamos. Me contó que tiene algunas reservaciones para los próximos días y que la casa se vería ocupada. Las niñas estarían a plena disposición de los nuevos hospedados y la cuota por niña aumentaría.  Le dije que no habría problemas con el dinero pero que quería salir con Channary por cuatro días a un hotel privado para no incomodar en la casa (sin mencionar que el olor de las habitaciones son horribles), él no se opuso, es más me recomendó un hotel privado cerca de la ciudad en la que los dos podíamos estar sin levantar sospechas.

Aliste mis cosas y baje para recoger a Channary. La esposa de Kalliyan no se veía muy segura de mí, pero ella no era la que mandaba, con un gesto amigable le pedí que trajera a mi niña.

Channary salió con un hermoso vestido floreado de una pieza, y una pequeña bolsa de plástico que simulaba ser una cartera con algunas de sus pertenencias. Me esquivo la miraba sonrojada como quien se pone nerviosa en su primera cita. Le pedí que siguiera y mientras salíamos de la casa Kalliyan se despidió agitando la mano.

Era un día caluroso, el sol era quemante y la brisa traía un aire casi sofocante y húmedo.  Caminamos toda la mañana atravesando las casuchas del pueblo hasta llegar a una parada de moto taxis. Tomamos el primero que  vimos y nos dirigimos a la ciudad. Una vez allí pregunté la dirección del hotel, la mayoría no hablaba inglés pero hubo algunos que sí y amablemente me indicaron la dirección correcta.

Llegamos casi entrada la tarde. Era un hotel muy decente a comparación de la humilde casa de Kalliyan y sus habitaciones era igual de amplias. Reservé una por tres noches y el dinero hablo mejor que yo, cualquier propina era bien recibida y evitaba las preguntas molestas como: Número de pasaporte, nombre completo,  país de origen, ¿Quién es la niña?  Etc.

Después del corto papeleo nos acomodamos en la habitación. Era grande y tenía bastantes comodidades: una tele, una cama grande, cortinas blancas,  alfombras, un mini bar, un baño privado y lo mejor……. todo limpio.

A Channary se le iluminaron los ojos al ver tanto lujo, sonreía de oreja a oreja. Se la veía tan feliz como si hubiese cumplido uno de sus sueños. Fue lindo ver el brillo en sus ojos, la alegría de los niños siempre es contagiosa y más aún cuando esta felicidad es causada por uno.

Me eche en la cama exhausto, el pequeño viaje resultó agotador y en un suspiro me quede dormido.  Channary se acostó en el otro extremo de la cama e igualmente se quedó dormida.

Soñé que me encontraba nuevamente en la habitación con las niñas y que todas me abrazaban, todas excepto Channary que se escondía en un rincón del cuarto.  Aparte a las demás para ir donde ella y para mi sorpresa me di cuenta que llevaba un bebé recién nacido en brazos. Ella me miraba con ojos llorosos antes de gritarme: ” Es tuyo, es tuyo”. Las demás niñas se abalanzaron sobre mí tratando de ahorcarme, las quise apartar pero eran demasiadas, se multiplicaban y no me soltaban del cuello. Channary apareció con un enorme cuchillo en sus manos y estaba a punto de clavármelo cuando desperté.

Exaltado por el mal sueño me senté al borde de la cama, el sol se ocultaba en el horizonte y el cielo se ponía naranja por su reflejo que se ocultaba.  Estaba sudoroso y agitado ¿Qué mierda fue eso? ¿Era culpa?  ¿Remordimiento? Realmente no lo entendía pero daba igual, jamás me había sentido tan dichoso en toda mi vida ¿Por qué acabar sucumbiendo ante estúpidos sueños?

Me levanté y me fui directo a la ducha.  El agua fría calmo mis nervios y seguidamente pensé en lo que haría con mi querida niña, un montón de ideas cruzó por mi mente cada una más siniestra que las demás pero para que darle vueltas al asunto me la cogería como yo quisiese y punto.

Después de salir de la ducha ordené a Channary irse a bañar que buena falta le hacía. Mientras ella se bañaba yo aproveché en pedir la cena, ordené algunos bocadillos típicos de la región y agua embotellada.

Cuando Channary salió del baño la comida ya estaba lista y servida. A ella le brillaron los ojos al verla, se notaba que le gustaba comer pero seguramente en su  casa no había más que arroz con curry. Ambos disfrutamos de la cena viendo televisión local, yo particularmente no entendía un carajo pero eso no importaba, estar en compañía de esta niña era suficiente alivio para mí.

Ya era las nueve de la noche y el ambiente se puso tenso. Hacia tremendo calor y ya me encontraba otra vez pegajoso por la humedad, ¡Bendita humedad! Siempre me haces sentir asqueroso. Y los pequeños mosquitos que sobrevolaban la habitación hacia que me sintiera cada vez más incómodo, a pesar de todo, esta debía ser mi noche especial pero no sabía cómo comenzarla.

¡Qué Diablos! Yo pagué para estar con ella ¿no?

Pero esta niña me hacía sentir extraño algo que con ninguna mujer me había pasado antes. ¿Será que me estaba enamorando?

Agite la cabeza para quitarme esas ideas de la cabeza. ¿Enamorado yo? ¡Qué estupidez! Si yo vine a este lejano país a divertirme y cumplir mis malditas fantasías con niñas menores, no era tiempo de perder la cordura ni lo estribos por cosas tan triviales, debería aprovechar este momento y lugar, y hacerle cosas que seguramente ella nunca olvidará.

Ordené a Channary que se parará frente a mí, para poder verla mejor. Ella de un salto se acercó con esa sonrisa suya que no borraba de su cara.

– Veremos por cuánto tiempo más aguantarás esa sonrisa – pensé.

Admiré ese rechoncho cuerpo de niña de 10 años, Channary era más robusta que sus compañeras pero eso no le quitaba ni un ápice de belleza. Esa carita suya era de ensueño, era tan fina y perfecta que ni las mejores modelos podían imitarla. Acaricié esas mejillas que parecía dos duraznos colorados. Bajé mis manos para tocar su cintura por encima de su polera blanca, era ancha y voluptuosa. Metí mi mano por debajo de la polera y subí hasta llegar a sus pequeños e imperceptibles senos que apenas sobresalían de su pecho, los acaricié por unos instantes, quería pellizcarlos y comerlos a mordiscos pero por el momento el contacto con mis manos era suficiente. Jugué con su redondo ombligo con mi dedo pulgar haciendo círculos imaginarios en su contorno; que divertido, era como tener una muñeca humana.

Ahora mis manos bajaban por sus carnosos muslos que se ablandaban cuando los apretujaba con mis dedos, eran tiernos y gomosos como palpar algodón de azúcar. Llegué a sus rodillas y seguí bajando hasta tocar la planta de sus pies, quería conocer todo su cuerpo porque un agricultor debe conocer sus tierras antes de sembrar en ellas.

La acosté en la cama y de nuevo acaricie todo su cuerpo con mis manos, era como hablar sin siquiera emitir palabras; su cuerpo se comunicaba con mis manos, casi como si fuese poesía. No quiero alardear pero a veces las manos hablan mejor que las palabras cuando de contacto se refiere y yo quería hablar el lenguaje de su cuerpo antes de hacerla nuevamente mía.

Le quite la polera blanca lentamente dejándola sólo con sus calzones. Era el límite entre la inocencia y perversión, sabía que si atravesaba otra vez esa frontera me convertiría en una bestia, una bestia con sed de sexo y esta vez tenía cuatro días para satisfacer los deseos de este animal.

Me acosté a su lado y acaricié de cerca sus mejillas que parecían más rojas que un tomate; estaba avergonzada y me resultaba extraño pues el otro día parecía indefensa y ahora estaba asumiendo su papel de puta. ¡Vaya! ¿Será que mi coqueteo con ella dio resultado?

Besé sus labios como quien bebé agua en el desierto, los saboree y degusté tan apasionadamente que pensé que desaparecerían después de tanta lamida. Metí mi lengua en su boca y el choque con la suya fue un contacto hermoso pues mi legua cobró vida propia y planeaba conquistar a la suya. En medio del tremendo beso que le estaba dando mi mano bajo hasta sus partes íntimas y acarició su rajita por debajo de su última prenda, primero lento y luego rápido, estruje su clítoris, lo apreté con fuerza porque como dije antes la bestia se había liberado. Channary arrugo el rostro, le agradaba/molestaba que mi mano estuviese ahí invadiendo su intimidad. Quería separarse de mis labios para poder respirar un poco pero yo se lo impedí, deseaba que se sofocase un poco, que le faltara el aire, que respirase mi sudor, que se ahogara en mis besos y trague mi saliva.

De un tirón le quite esa última prenda decidido a atravesar esa frontera. Contemple unos breves instantes esos preciosos labios vaginales, ese monte de Venus, esa rajita vertical que era sólo para mí. Baje mi cabeza hasta posicionarme en primera fila y con zoom incluido en esa conchita divina: abrí la boca, metí la legua y me embriague en el néctar de su cavidad orinal. ¡Qué dulce sabor! ¡Qué dulce olor! ¡Qué dulce droga!

Ella se retorcía excitada, gimiendo y temblando del placer que le brindaba esta boca mía. Era una niña pero ya conocía el placer y el dolor de la penetración.

Antes de que reaccionase, en medio de su excitación, le clave la verga hasta el fondo. Mi movimiento fue tan rápido y certero que ella apenas pudo quejarse. Su chillido infantil era opacado por mis gemidos bestiales. Hice temblar la cama con cada metida mía. Channary arrugo las sabanas en señal de dolor, y sus lágrimas brotaban en medio de sus mejillas rosadas. Su redondo rostro no aguantaba semejante dolor que le provocaba, yo en cambio quería romper la cama con ella.

El sexo fue largo y placentero, eche un polvo tan tremendo que llene de leche su cavidad vaginal. Fue perfecto: movimientos bestiales, penetraciones completas, sudor y semen por doquier, hasta deje a Channary inconsciente por unos segundos. ¡Dios! Fue algo épico.

Cuando recobré la compostura vi como mi semen se escurría de la vagina desflorada de mi niña, era como una cascada blanca y lechosa que se derramaba desde sus piernas hasta las sabanas. Quise limpiársela un poco con alguna servilleta pero me sentía tan exhausto que apenas puse la cabeza sobre la almohada quedé profundamente dormido.

Fin del Capítulo 3