El Diario de Gale 09/04

Posted in El Diario de Gale Cuarta Temporada by Kruger on 16 junio 2015

Cuarta Temporada

Noveno Episodio

25 de diciembre de 2010

Querido Diario:

Es navidad, y hace pocas semanas he terminado de escribir lo que lees más arriba: La historia de Caín, el hombre que me inspiro para secuestrar a Amy, y ya ves como nos ha ido, ahora somos yo y mis dos amores; Amy y Trish. Aparentamos ser una familia normal, les hacemos creer a todo el pueblo lo mismo, pero son sólo apariencias, la verdad es muy diferente.

Estoy cumpliendo mi promesa de no dañar a Trish por Telma y por el consejo de Demian es que decidí escribir lo de Caín, para distraer la mente y plasmar en papel las experiencias que jamás tendré. Aún así es muy difícil no caer en la tentación, y peor todavía cuando tienes a una niña hermosa como Trish a tú disposición. Ella es muy dulce y sincera en especial cuando está cerca de Amy, le calló muy bien, parecen dos hermanas y pesar de que Amy no habla Trish se las apaña bien para sacarle una sonrisa por sus travesuras y comentarios, yo no me puedo quejar ahora que tengo una familia que jamás creí tener.

A veces por las noches me levanto muy excitado, eso me perturba pero es un deseo irrefrenable que no puedo controlar. Trish duerme siempre a mi lado y no me queda otro camino que ir a la habitación de Amy. Me da rabia actuar de esta manera, sin embargo este deseo de sexo es algo que ya no puedo controlar tanto tiempo, a veces debo dar rienda suelta a la bestia que ya no puedo controlar.

Siempre voy a su habitación pasada la medianoche, la despierto sin querer, ella me mira resentida y se queda quieta. Esa es la luz verde para continuar, me pongo encima suyo, le quito el pijama, le introduzco la verga y me comienzo a agitar lentamente. Siento sus bellos púbicos rosar mi entrepierna, ella ya no los quiere rasurar porque sabe que me molesta. Palpo sus senos desnudos semicrecidos y le doy besos en la boca, mientras me agito más rápido. Ninguno de los dos gime, nos miramos a los ojos fijamente, la cama tiembla y luna resplandeciente nos observa desde el cielo. Siento el coito llegar y empiezo a gemir levemente, ella me observa impasible y despreocupada, quiere que termine ya. Explotó dentro suyo como siempre, la placidez me embarga y mi excitación se extingue. Caigo a su lado jadeante y sudoroso. Amy se limpia mis restos, entra al baño un momento, sale con los ojos llorosos, se mete en la cama nuevamente y se duerme. El sexo es cada vez menos complaciente y mis instintos me gritan que Trish es la respuesta a nuevas experiencias, yo ignoro las voces por ahora, pero no sé hasta que cuando podré soportarlo.

Está nevando afuera y mis niñas pronto recibirán sus regalos, ha sido un año sacrificado pero han pasado muchas cosas que han cambiado el rumbo de nuestro caminos, la verdad no tengo las más mínima idea de cómo iremos a terminar todos, quizá el próximo año se acabe esta maldición que llevó cargando desde que secuestré a Amy, sólo deseo que todo tenga un final feliz, o por lo menos un final feliz para ella.

Me voy a dormir, Trish me espera en la cama, pero tranquilo que no voy a hacerle nada, aún me mantengo controlado. Un beso, Gale.

15 de enero de 2011

Querido diario:

Es hora de hacer un resume de todo lo ocurrido el año pasado, te quiero contar todo con respecto a la familia de Amy. Bien dice el refrán “Mantén a tus amigos cerca y a tus enemigos aún más cerca” pues eso es justamente lo que he estado haciendo y debo admitir que todo va de mil maravillas. La relación con su hermano es más cada vez más cercana, me convertí en su consejero personal y buen amigo. Sólo fue necesario un año y medio de pláticas para establecer esta confianza, sin embargo mantengo las distancias de manera que no conozca mis secretos.

También he hablado con sus padres y me ha desconcertado la actitud de ambos. Por un lado el padre de Amy es una persona muy retraída y ensimismada, no parece ser el gerente de un banco sino un simple amo de casa, en cambio la madre de Amy es una mujer muy tajante y alzada. Me entrevisté con ellos hace algunos meses obviamente con la escusa de su hijo rebelde, nuestras conversaciones me llevaron a darme cuenta que ambos progenitores no tuvieron la persistencia suficiente a la hora de buscar a Amy en especial la madre que parecía dispuesta a cambiar el tema del secuestro cada vez que yo lo preguntaba y encima le seguía echando la culpa a Erick y este bajaba la cabeza avergonzado. A veces me pregunto si hice bien en sacar Amy del seno de aquella familia hipócrita.

En fin, el caso es que al parecer ellos no sospechan nada y tienen cierto grado de confianza hacia mi persona, con eso me basta por ahora.

Creí que me mantendría a raya con ellos pero me inmiscuí en su vida diaria, tal como aquella vez en la que secuestre a Amy, pero ahora de forma más personal y eso de alguna manera hace que me sienta superior a ellos, me da el control de la situación.

Estas ventajas hicieron que descubriera un par de cosas. Cosas de las que tal vez no debería enterarme, como por ejemplo que la madre de Amy tiene una aventura con un chico mucho menor que ella ¿Puedes creerlo? No estoy mintiendo, puedes decirme loco pero estuve sospechando este asunto hace varias semanas, y no pude evitar seguirla cuando tuve oportunidad. Cuando los vi entrar en un motel  en los límites del pueblo no tuve ninguna duda; la madre de Amy tiene un amante.

Sigo pensando en si utilizar esta información en mi favor o esperar. Debo ser cauteloso, me da cierta pena el saber esto por Amy y por Erick, aunque no me puedo echarme la culpa de este suceso, algo me dice que esta señora nunca estuvo bien en su matrimonio. En nuestra entrevista siempre  se la veía arrogante, molesta y narcisista, no pude dilucidar si el enojo suyo era realmente por causa de Amy. Bueno guardaré éste secreto por el momento, pero me pica la lengua conocer este chisme, espero no soltar la lengua pronto.

20 de febrero de 2011

Son las 2:30 de la mañana, no puedo dormir. Los rayos provenientes de una tormenta iluminan la habitación. El diluvio se desata afuera, las gotas de lluvia retumban en nuestro viejo techo. Presiento que habrá goteras en la casa, siempre quiero repararlas pero no tengo el tiempo suficiente; soy un desastre de persona.

Trish duerme a mi lado, la miró y parece intranquila, la veo apretando sus ojos como si tuviese una pesadilla, presiento que se despertará, no es la primera vez que le ocurre, los truenos la atemorizan. Tengo la teoría de que le recuerdan su estadía en el hospital junto a su madre, a Trish no le agradan los ruidos fuertes ya sea de un auto,  de un avión, la televisión, en la escuela, etc. Los ruidos fuertes siempre son estresantes para ella como lo es para Amy los exteriores. Yo calmo sus malos sueños poniendo una mano sobre su cabeza y hago sonidos arrullo pero esta vez no quiero que se despierte. Ahora me doy cuenta de la causa de mi insomnio y no es el estrés del trabajo o alguna cosa externa, es simplemente el deseo de liberar a esta bestia interna que me pide a gritos la virginidad de Trish, me ha estado atormentando por semanas pues ya no le satisface Amy y ahora quiere probar carne tierna. Me invade ese deseo incontrolable de poseerla, de tener el poder sobre su débil y frágil cuerpo, la adrenalina que me embriaga cuando podría penetrarla  lenta y dolorosamente, el placer exclusivo de vaciar mi semen en sus cavidades perforadas, todos esos sentimientos extremos que proliferaron como aquella vez que me apropié de Amy.

Sin pensarlo demasiado meto mi mano debajo de su pijama rosada, tiene la piel tersa y suave como algodón, la acaricio por encima de su calzón sintiendo su rajita y sus labios vaginales, se me pone la piel de gallina al tocar tan suave piel.

Sigo con el jueguito de mis dedos pero me siento muy excitado como para detenerme. Me atrevo a incursionar por debajo del calzón y deleitó mis sentidos al tocar aquella rajita sin vellos; siento desfallecer de la emoción por tener estos sentimientos de vuelta como la primera vez con Amy, vuelvo a estar en mi trono, vuelvo a ser poderoso. Tal vez Caín tenía razón esto no es sólo por el sexo es por el poder, el poder de ser dioses, de ser y tener el control sobre otros.

Necesito ese poder, ese algo que me hacía falta desde que Amy entró en la pubertad, ahora la llave de ese poder la tiene la niña echada a mi lado y mi autocontrol estaba a punto de expirar.

Sin aviso introduje mi dedo en el pequeño agujerito de un solo empujón, ella se sacudió un poco aún dormida pero después relajó los muslos. Moví mi dedo de adentro hacia afuera sin parar; estoy descontrolado, me invade una tremenda emoción que sobrepasa la excitación; la locura, me siento capaz de hacer cualquier cosa, una furia interna que está a punto de explotar.

Destapó las sábanas de la cama y desvisto a Trish a la fuerza, ella se despierta sobresaltada y asustada, me dirige una mirada confundida pero que al ver mi rostro en la oscuridad cambia a una mirada de horror absoluto, seguramente no me reconoce y es cierto; el demonio se apoderó de mí.

Me convierto en el Caín del pasado, aquél que violó por primera vez a Amy en aquél sombrío sótano de la ex-casa de mis padres, aquél que le abrió el culo a sus 8 años, durante aquél memorable momento donde su cuerpo y mente me pertenecieron sólo a mí.

La sujeto por la muñeca y le doy la vuelta para admirar ese culito paradito y hermoso, le doy nalgadas a aquellos pedazos de carne tan fuerte que los dejo rojizos de tanto azote. Trish se resiste pero la agarro la muñeca con fuerza para que no se mueva. Sin darme cuenta ya estoy desvestido y con mi pene apuntando a la entrada del ano, empujo la cabeza con fuerza pero esta no entra; el hoyito es muy estrecho. Me acomodo en su espalda y fricciono el ano con mi verga para que se dilate, ella llora por mi actitud, escucho su llanto triste y acongojado pero presto más atención a sus hermosos cabellos rubios que le llegan hasta la espalda. Ella a diferencia de Amy es rubia natural y sus cabellos se iluminan con cada relámpago que ilumina la habitación.

La lluvia se vuelve torrencial y hace eco en todas las paredes de la casa, es hermoso el ruido que produce, me hace pensar que Dios esta protestando contra esta vejación, me pongo más ansioso y apunto de nuevo hacia el culito virgen de Trish. Siento la punta del glande meterse en el pequeño hoyo, forcejeo para que entre otro poco, lo consigo al cabo de algunos minutos. Mi niña llora y protesta pero después cede ante mi caprichos y yo me deleito al sentir ese estrecho culito suyo tan apretado que es difícil respirar, tanta era mi excitación que no medí mi fuerza. Introduje todo mi falo dentro suyo y a pesar de sus gritos desesperados no me moví ni un solo milímetro.

La abrazo por encima del hombro, la apego hacia mi cuerpo y me comienzo a mover como un desaforado, una hambrienta máquina de deseo que solo quiere el placer máximo. Gimo estruendosamente, reviviendo mis momentos de gloria como con Amy pero ahora Trish sufre las consecuencias de años de esta privación carnal, me agito en su culito y este se abre cada vez más, mi fierro entra y sale con mayor velocidad en cada embestida; me siento increíble como un Dios viendo desde arriba a los pobres mortales que no tienen este poder, el poder sobre el cuerpo y la mente de un ser inocente.

Trish está agitada, su respiración se acelera y los latidos de su corazón se disparan; esta sufriendo, el vejamen es demasiado para su pequeño cuerpo, el dolor debe ser insoportable. Poco a poco pierde las fuerzas y se convierte en un muñeco carente de emoción y eso es justamente lo que yo quería, ahora ya no se resistirá simplemente deseará con todas sus fuerzas que esto termine pero la noche es joven y la tormenta apenas comienza.

La puse boca abajo y yo encima, le abrí las nalguitas acomodé mi falo y la empuje adentro de nuevo, ella volvió a chillar derramando amargas lágrimas de dolor sobre las sábanas y un hilo de sangre que chorreaba entre sus piernas. La penetre sin compasión perforando cada milímetro de su ser, ella trataba de apartarme con sus infantiles manos pero lo único que logró fue encender más mi morbo y que las embestidas fuesen peores. La cama temblaba y rechinaba al unísono como si de un terremoto se tratase, todo mi cuerpo imprimía fuerza a la penetración dejando a Trish sin aire con cada arremetida.

La eyaculación ya asomaba, mi verga palpitante se preparó para descargar el líquido creador, tan profunda la tengo ensartada que mi pelvis chocaba con sus pequeñas nalgas transformando su ano en una cueva o mejor dicho una caverna profanada.

Derrame toda mi leche en su interior que esta se escurrió por las nalgas de mi víctima, largo placer el mío, extrañaba estas emociones, este poder, este deseo que carcomía mis entrañas; el sabor de la inocencia es el más dulce. El crimen estaba cumplido y ahora venían las consecuencias.

Mire el resultado de mi violación y quedé azorado. El culo de mi niña quedó el doble de grande, con manchas de sangre y semen entremezcladas en sus nalgas y las sábanas de la cama. Trish tenía el rostro empapado en sudor y lágrimas, sus cabellos dorados revueltos en la almohada. Su mirada era triste, pero presentía que más que triste era decepción lo que sentía, su protector era ahora su victimador.

No soporte esa mirada, me invadía la cólera, por el simple hecho de que no le haya gustado mi vejación. La cacheteé un par de veces en la cara solo porque me dio la maldita gana y sin pensarlo puse mis manos alrededor de su cuello y apreté con fuerza mientras profería:

– Ahora te vas a escapar de mi, ¿No es así Trish? Te escaparas mientras yo duerma como hizo Amy. Como ella te irás, intentarás huir, dejarás la casa y me abandonarás. Pero yo no lo permitiré y al igual que Amy te perseguiré, arrancaré el auto e iré tras tuyo y cuando te vea trastabillando por la calle con los ojos llorosos y pidiendo ayuda; aceleraré, pisaré a fondo y te embestiré, veré tú cuerpo volar por los aires y aterrizar sobre el duro concreto de forma brusca- mis manos se cerraron aplastando su débil tráquea, ella ya no tenía fuerzas para defenderse.

– Si Trish, yo fui el que atropelló a Amy y la dejó en ese estado y ¿sabes qué? ¡No me arrepiento! La deje sin recuerdos, en un estado mental que le impide salir al exterior y muda, ¿Lo puedes creer? Es perfecta, la dejé perfecta para mí, en una muñeca humana, en mi juguete sexual. ¿Quieres convertirte en lo mismo Trish? ¿Quieres?

Cuando recobre la compostura ya era tarde; maté a Trish. Sin pensarlo había imprimido demasiada fuerza a su cuello y la estrangulé hasta matarla. Ahora esta tiesa y con los ojos abiertos mirando al vacío, en un estado deplorable y humillante, con su cuerpo flagelado y desnudo sobre la cama.

Yo extrañamente me sentía aliviado como se me hubiese quitado un tremendo peso de encima. La pequeña Trish muerta en mis manos; el placer de dar muerte no se sentía tan diferente al del sexo y eso me hacía sentir de alguna manera en paz, tal vez yo no era tan diferente de Adam como creía, soy incluso más enfermo que él y eso ya es decir demasiado.

El cuerpo de mi doncella yace sobre la cama y recién me doy cuenta que a la altura de la puerta hay alguien observando, deduzco que es Amy pero no es así, la figura que me observa es de menor estatura y edad. La oscuridad de la habitación me hace imposible visualizar quien es aunque calculo que debe tener por lo menos 9 años. Su silueta me parece familiar y todo se confirma cuando la oigo gritar:

– ¡Lo prometiste Gale, prometiste que la cuidarías! – gritaba Telma.

Me quedo congelado, paralizado por el terror que me  invade al ver un fantasma.

– ¡Eres un monstruo igual que Adam! Te odio, te odio, te odio…..  ..

No paraba de repetir aquellas y estas se incrustaban en mi alma como lanzas ardientes, como un dolor punzante que se incrusta en mi pecho y me impide respirar y de repente siento un ambiente sofocante como si todo estuviese en llamas, veo a mi alrededor y toda la casa está en llamas. Veo arder el suelo bajo mis pies y poco después en un pestañear me veo envuelto en llamas también. El dolor corroe todo mi cuerpo pero más es el dolor de mi alma que el dolor físico y entre las llamas infernales distingo a Amy como un ángel vengador, no veo que lleva en la mano hasta que lo apunta directo hacia mi; una pistola. Me apunta al corazón, me sonríe y dispara.

Me despierto exaltado y sudando frío. Veo a mi alrededor, todo esta oscuro y en silencio. Estoy en mi cama y a mi lado Trish duerme tranquilamente.

– ¿Ha sido todo un sueño? – Pienso – más bien una horrible pesadilla.

Me levanto de la cama, voy al baño y me lavo el rostro con agua fría. Miro el reloj, son las 3:30 de la mañana, tengo miedo de volver a dormirme, no quiero pensar en ver morir a Trish otra vez, me da escalofríos el sólo recordarlo de nuevo. La pesadilla me deja meditabundo, ¿Será que en lo más profundo de mi ser soy igual que Adam? O quizá soy peor, el largo cautiverio de Amy es una prueba fehaciente de ello.

Vuelvo a la cama y admiro a Trish por varios minutos, soy muy afortunado de tenerla a mi lado, es tan inocente. Cuando la vi por primera vez se la veía tan asustada y triste, fue un alivio para los dos encontrarnos, hacerla feliz cada día hace que todo valga la pena, por más que yo tenga un lado oscuro que quiere poseerla a como dé lugar, reprimiré estos sentimientos para que ella sea feliz, debo hacerlo por ella y por Telma.

– Prométeme Trish, prométeme que siempre vamos a estar juntos; toda la vida – le digo casi susurrando aunque se que ella duerme plácidamente.

– Lo prometo – responde dormida.

Fin del Noveno Episodio

El Diario de Gale 08/04

Cuarta Temporada

Octavo Episodio

Sin Límites Epílogo

Nuestros pasos nos llevaron hasta una plaza casi desierta con algunas luces artificiales que iluminaban tenuemente nuestro alrededor. El hombre se detuvo y se apoyó en las barandas con la mirada puesta en océano, no habló por un buen rato, estaba pensativo y melancólico.

– No estoy seguro si quiero saber el final – dije.

– Debes escucharla mi estimado, para eso se creó el pasado para ver cómo será el futuro. – Respondió con una sonrisa.

– ¿Estás seguro? Creo que el recordar de nuevo te afecta un poco.

– Es cierto pero creo que ya sufrí demasiado, es hora de deshacerme un poco de esta carga. ¿Estás listo para la última parte?

El hombre estaba decidido y yo me limité a asentir con la cabeza para que termine de contar su historia:

“Era martes por la mañana y a pesar de que el cielo estaba nuboso, el sólo hecho de saber que en pocas horas yo y mi diosa de fuego abandonaríamos el país juntos, me hacía sentir invencible. Aliste mi maleta con todo lo necesario para nuestro escape, incluyendo pasaportes falsos y pasajes de avión que compré recientemente, tenía todo planeado y listo para la fuga, en aquellas épocas era mucho más fácil evadir a la policía en el aeropuerto, así que no me preocupé demasiado en ese asunto lo más importante era sacar a Cristy de su casa y a pesar de que sus progenitores no estuviesen en ella tenía cierta desconfianza en Ricky; no sabía cómo reaccionaría, él suele ser muy celoso, lo mejor era no contarle nada.

Llegué a la casa de Cristy pocos minutos antes de la hora acordada, sin embargo los minutos pasaron y ella no salía aún, me preocupé un poco esperando que sólo tuviese un retraso o que tal vez le era difícil deshacerse de Ricky. Tenía un mal presentimiento porque generalmente ella suele ser muy puntual. No tenía otra opción tenía que entrar en la casa, afortunadamente tenía una copia de la llave y estaba seguro de que no cambiaron la chapa de la puerta principal.

Entre a hurtadillas pero no escuchaba a nadie, había un silencio sepulcral como si la casa estuviese vacía, subí al piso superior y creí escuchar un ruido proveniente del cuarto de los padres de los chicos. Temía asomarme a ese cuarto por lo vivido anteriormente, aunque también tenía buenos recuerdos de los años que pasé pervirtiendo a los niños en ese lugar. Abrí la puerta lentamente y el alma se me salió del cuerpo por unos segundos y el horror y el desconcierto se apoderó de mí, dejé escapar un grito tan desesperado que quedé afónico.

Cristy echada en la cama desnuda, pálida y muerta, encima de ella su hermano estrangulándola. Las manos de él temblaban de rabia, al parecer no se dio cuenta que ya estaba muerta hasta que escuchó mi grito lastimero.

Ricky me miro perplejo como si hubiese despertado de un trance y después negó con la cabeza incapaz de asimilar la verdad. Miró a Cristy y nuevamente a mí, trató de hablar pero no podía, las palabras se tropezaban en su garganta, yo me abalancé sobre el cuerpo de Cristy mientras cuantiosas lágrimas caían de mis ojos. Aparte a un Ricky desnudo de su lado de un fuerte empujón que lo tiró al suelo, sujete el cuerpo inerte de mi princesa en medio de un llanto interminable, acaricié sus largos cabellos rojos y palpe sus mejillas, parecía dormida pues su rostro refleja una increíble paz. No sé cuánto tiempo me quedé en esa posición, llorando incansablemente; incluso yo no podía asimilar la verdad.

Deposite su inerte cuerpo de nuevo en la cama, aquella cama que me trajo tan gratos momentos ahora era el lecho final de mi princesa, el final de mi dulce cuento de hadas.

Me incorporé y salí de la habitación como un sonámbulo pese a las súplicas de Ricky que andaba tras mío tratando de explicarme lo sucedido, baje las escaleras, agarré el teléfono de la casa y marqué el número de emergencias, les dije que hubo un asesinato y les di la dirección. Ricky se calló de repente como si nunca esperase esa acción de mi parte. Abrí la puerta principal sin mirar atrás con las lágrimas aún cayendo de mis ya hinchados ojos, a lo lejos de aquél destruido hogar escuchaba los gritos desesperados de Ricky pidiéndome una y otra vez que vuelva pero ya era tarde el monstruo ya estaba liberado.

Llegué al aeropuerto con mi única maleta y el corazón hecho pedazos, me embarque en el avión y observé por la ventana como me alejaba de la ciudad; vivía una pesadilla no dormí en todo el viaje porque cada vez que cerraba los ojos la sentía cerca mío, su silueta inconfundible a lado del asiento vacío donde supuestamente debía estar ella. Lloré en silencio en partes del viaje maldiciéndome por ser una bestia descarada y vil que había destruido una familia entera sólo por una fantasía pedófila.

Arribé a mi destino y me sentía tan sólo como nunca antes en mi vida.

Dormí dos noches en el aeropuerto sólo porque no tenía ni idea de adonde ir y no dejaba de pensar en todo lo ocurrido aquella mañana. Cristy seguramente le contó que se iría conmigo para siempre, Ricky no reaccionó de inmediato pero quería su regalo de despedida; hacerle el amor por última vez. Yo sabía que ambos tenían relaciones en especial después de aquella noche donde cogimos en grupo, no me extrañaba, pero no creí que Ricky fuese capaz de llegar a extremos. Debió amarme demasiado como para matar a su propia hermana solo para no dejarme ir o tal vez le tenía envidia, de que la prefiera a ella antes que a él. Eso desencadenó su ira y en medio del acto sexual la estranguló hasta matarla.

Me fui a un hotel clandestino para pasar las próximas noches, compré cigarros, alcohol y algo de heroína para poder calmarme o mejor dicho escapar del dolor, el dolor insufrible de perder a alguien que amas.

Me drogué y alcoholicé por varias semanas, pero la pena era peor, yo era un iluso al pensar que podría salvaguardar esta tristeza con estupefacientes, lo único que lograba era revivir aquellos momentos de la forma más cruda. Me la pasaba todo el día culpándome de esta desgracia, satanizando mis actos que me llevaron al borde del suicidio. Pero en medio de aquella desolación y angustia me di cuenta que yo no era el culpable de todo, el mundo en si estaba en mi contra al castigarme de esa manera, querían verme hundido por mis pecados, hundido hasta el fondo;  pero no les daría el gusto de verme derrotado y humillado. Les pagaría el doble de mi sufrimiento con más sufrimiento, me vengaría del mundo a costa del dolor de los demás y no me atraparían por ello.

Le di un nuevo sentido a mi vida para no sufrir más, me propuse tres nuevos objetivos de vida: que nunca me atraparían vivo, que viajaría por el mundo para buscar más niños y que me cogería a todos los que pudiese.

Pasé varios meses mudándome de un sitio a otro, escuche por radio la tragedia de los dos hermanos y que la policía buscaba al instigador o sea mi persona. No les daría el gusto de capturarme. Con el paso del tiempo perfeccione mis habilidades en el hackeo, esto me ayudó bastante a conseguir dinero fácil y ubicaciones de prostíbulos infantiles en el mundo. Me volví un coyote; siempre moviéndome sin dejar rastro.

Los siguientes años estuve seleccionando mis posibles destinos en diversas partes del mundo, contactando con diversas de personas de dudosas actividades. Conseguí enlaces en países como Camboya, Japón, China, India, Rusia, Suecia, Francia, Holanda, Inglaterra, España y Estados Unidos, cada gran potencia tiene sus oscuros secretos, su lado perverso que nadie quiere ver. Visité todos y cada uno de esos rincones sólo para satisfacer mis deseos carnales. Fueron experiencias increíbles de la mano de niños de todo el mundo, cada uno con su estilo y belleza particular todos esclavos de sus proxenetas, todos vendidos por un par de dólares o euros, eso me hizo dar cuenta de lo podrido que está el mundo y que yo contribuyó a esta decadencia con un poco de maldad.

Ahora sigo en desplazándome por varios países ya sea por escapar de la Interpol o porque he encontrado un rincón clandestino donde puedo descargar mis frustraciones en niños inocentes.”

El hombre suspiró, terminando así de relatarme su increíble historia. Ya era tarde y la luna brillaba en el horizonte, pero no tenía ganas de irme a ningún lado, sólo quería escuchar mis pensamientos que estaban revueltos después de escuchar tanta revelación.

“Pero a pesar de todo, Cristy está presente en todos mis viajes, cómo un fantasma al acecho, como un recuerdo que se resiste a ser olvidado, sigue ahí en cada niña que veo, que violo o que mato, ella me vigila, me espera. Si pudiese volver en el tiempo, un tiempo anterior a sus seis años; la secuestraria, tal vez así la hubiese tenido controlada y siempre a mi disposición. El secuestro es el arma más eficiente si lo único que deseas es satisfacer tus más bajos institutos y no quieres enamorarte. Yo cometí el error de enamorarme profundamente de ella y ahora, incluso hoy sigo sufriendo su pérdida como si me hubiesen amputado un miembro del cuerpo.

Y este es mi último consejo para ti: no ames a nadie que no te quiera de igual manera, y si la amas y no te corresponde secuéstrala para que no sea de nadie más”

Aquéllas últimas palabras se me grabaron en la mente, una reflexión muy importante para alguien que ha vivido demasiado.

El hombre me estrecho la mano y me deseo suerte para el futuro. Y cuando ya se estaba alejando le pregunté su nombre.

– He tenido muchos nombres – respondió – pero cuando conocí a Ricky y Cristy me llamaba Caín, tú puedes llamarme así si lo deseas.

Fin del octavo episodio

El Diario de Gale 07/04

Posted in El Diario de Gale Cuarta Temporada by Kruger on 2 junio 2015

Cuarta Temporada

Séptimo Episodio

Sin Límites parte 6

“La luz del sol invadió toda la habitación, descubriéndonos desnudos y tapados con sólo una sábana blanca. Me levanté adolorido parecía que la noche de sexo fue excesiva, mis músculos y mi verga estaban agarrotados, la cabeza me daba vueltas y sentí rigidez en mi cuello. Si yo me levanté asi, ¿Cómo se sentirán mis niños?

Vi por encima del hombro. Ricky dormía plácidamente al borde de la cama, no lo quise despertar ya lo evaluaría mas tarde. Pero al observar a Cristy me quede preocupado. Continuaba en estado catatónico con la vista perdida en algún espacio oscuro en la habitación, tenía los ojos rojos al parecer no durmió en toda la noche. Le pregunté si se sentía bien pero no me respondió, le acaricié el cabello, le di cariño y la abracé con fuerza pero no hubo respuesta suya. Esto era lo que me temía, las consecuencias de una noche fuera de serie que dejaron cicatrices en la mente y el cuerpo de mi niña, perdió la voluntad, su mundo como lo conocía se cayó a pedazos y aquello me carcomía la cabeza. Debía recuperar la cordura antes de que llegasen sus padres o yo estaría muerto.

Me pase gran parte de la mañana limpiando el campo de batalla. La ropa nuestra regada por todas partes mezclada con fichas de monopolio y damas chinas. Sábanas manchadas, algunas gotas de sangre regada en ellas y un olor a sudor y semen daban cuenta el hermoso holocausto que se había vivido en la noche como si una fiesta salvaje o un huracán pasaron por esta alcoba.

Nos bañamos todos juntos mientras les platicaba enérgicamente acerca de lo hecho anoche, exhortándoles a que guardasen en secreto los sucesos recientemente vividos. Ricky como siempre me apoyaba y yo sabía que jamás diría nada pero Cristy estaba sumida en un trance del que difícilmente saldría; necesitaba más tiempo para recuperarla. Afortunadamente sus padres llamaron por la tarde para avisarme que su vuelo se retrasó y que estaría de vuelta el lunes por la mañana.

El resto del día me la pasé hablando y consintiendo a mi pelirroja con la ayuda de su hermano. Hasta que por fin logré que reaccione y me hable. Conversamos toda la noche, ella se desfogo conmigo, riñéndome y dándome cachetadas en la cara, yo le respondía con besos y caricias. Al final recuperé su estado de ánimo, volvió a ser la misma niña de antes y justo a tiempo porque sus padres arribaron por la mañana. Debo decir que me salve por los pelos, tenía a Ricky de mi lado y él controlaría que su hermana no difunda nuestro terrible secreto. Pero esto sólo era el comienzo podría contarte todas las perversidades que les hice a ambos, sin embargo creo me tomaría tardes enteras el describirte todas aquellas hazañas mías, sin mencionar que caerían en el aburrimiento por lo repetitivas que eran.”

Eran casi las 6 de la tarde en el centro comercial y la actividad se incrementó considerablemente. Había personas caminando por todas partes, aquello incómodo al hombre que se puso más nervioso que antes.

– No quieres que vayamos a otro lugar- le pregunté

– No, es sólo que siempre estoy alerta, es parte de mi profesión, de lo que soy – contestó.

– ¿A qué te dedicas?

– Digamos que me gustan mucho las computadoras, aprendí todos sus secretos todos estos años y me sirvió de mucho, aunque también me trajo problemas pero ese es otro asunto.

– ¿Eres hacker? – le pregunté ansioso.

– No, lo digas fuerte, idiota- espetó- serlo es un delito en este país y mis antecedentes son demasiados como para enviarme a la cárcel de por vida. A pesar de mi edad nunca he dejado que me subestimaran, la profesión es un lujo para gente como yo, pero nunca deje que eso me desanime, siempre trato de ir un paso por delante de los demás, solo así sobrevivo.

Estar toda tarde sentado escuchando su historia me dejó entumecido de la cintura para abajo, me incorporé para estirar las piernas un poco a lo que él propuso salir del lugar y caminar un poco; yo accedí de buena gana.

Caminamos un por algunos lugares poco conocidos, él seguía con su mirada tras el hombro, muy atento y a la vez paranoico.

“Pasaron cuatro años desde aquella inolvidable noche – continuo relatando mientras caminábamos- y mi relación con ellos pasó de ser de una figura paterna a la de un amante compulsivo. Mis niños crecieron en un ambiente sexual bastante exacerbado, no me malentiendas yo los amaba pero cuando estaba a solas con ellos me los quería coger como sea y donde sea.

Me convertía prácticamente en un perro con celo, teníamos sexo donde se me ocurriese: en la cama, en la cocina, en el baño, en el piso de living, etc. Una vez con Ricky lo hicimos en una fiesta de año nuevo, sus padres tomaban y bailaban alegremente mientras nosotros cogíamos en el baño contiguo.

En otra ocasión obligue a Cristy tener relaciones en el baño público de un cine. Nadie se dio cuenta porque le tapaba la boca mientras le incrustaba la verga en su concha, ella llevaba puesto un vestido floreado hasta los talones que le cubría todo, la recuerdo sentada entre mis piernas haciendo muecas de dolor con cada metida mía, lo más difícil fue disimular mi orgasmo pues tuve que reprimir todos mis gemidos. Al final le puse los calzones sin limpiarle el semen que le dejé dentro y al llegar a casa tenía toda la pantaleta mojada y olor al líquido lechoso. En fin mis anécdotas con ellos son dignas de ser escritas pero son tantas que ocuparían volúmenes y volúmenes de libros.

Sus padres seguían viajando continuamente dejándome a cargo siempre.

En algunas oportunidades llevaban a alguno de sus hijos con ellos y me dejaban a cargo del otro. Esto particularmente me gustaba porque podía compartir mejor con uno de ellos, en especial si se quedaba mi diosa de fuego que en ese entonces ya contaba con sus 12 años recién cumplidos. Sin embargo en aquella oportunidad me quede al cuidado de Ricky que ya tenía 15 años.

Si bien Ricky era el amante perfecto porque cualquier orden mía la cumplía sin chistar, su edad me preocupaba, ya no parecencia el dulce niño pelirrojo con el que solía coger con ganas y se transformó en un adolescente de crecido cuerpo. Aquello no me gusta, yo prefiero a los niños pequeños de hasta 13 años, no tolero a los jóvenes por lo crecido de pelo en pecho y testículos. Le decía a Ricky que se afeitara los vellos púbicos si le crecían y lo hacía pero no era lo mismo que antes, incluso el sexo se volvió algo tedioso, los mejores años estaban atrás y el coito no era el mismo para ambos, si bien el sexo en si era intenso, meterle la verga era demasiado fácil porque este entraba sin ningún tipo de complicación ni lubricación, en resumen me aburrí del sexo con Ricky.

Sin embargo aquel fin de semana fue como cualquier otro, sus padres viajaron llevándose a Cristy con ellos y dejándome a cargo de Ricky. Ricky estaba emocionado hacía tiempo que no teníamos un fin de semana sólo para los dos. Esperó con ansias la salida de sus padres para después susurrarme al oído tener sexo salvaje en la cama de sus progenitores. Yo la verdad no tenía muchas ganas de hacerlo, pero esto era lo que yo había creado, un joven adicto al sexo y yo tendría que afrontar los efectos de aquél estado.

Le pedí que se alistara para el trajín, se fue corriendo al cuarto de sus padres, se desvistió y me espero con las piernas abiertas y dos dedos en el culo. Yo me apresuré en desvestirme y me fui a su lado. A ambos nos encantaba tirar en la habitación paterna pues era grande y nos traía buenos recuerdos. Le metí toda la verga de uno solo empuje, mi niño grito extasiado se notaba que esperaba este momento, yo lo tuve que complacer. Mis arremetidas eran bestiales y completas, hacía temblar la cama en cada metida y el gemía estruendosamente. Nos convertimos en amantes inseparables y apasionados, yo le enseñé todo y él aprendió bien todo este tiempo. Lo besaba y él me abrazaba mientras cogíamos, después cambiamos de posición ahora de espaldas hacia mí, su trasero creció con los años al igual que su ano pero se seguía manteniendo firme y blanco tal como a mí me gustaba. Hicimos rechinar la cama tan fuerte que parecía que cedería en cualquier momento, los dos gemíamos casi al unísono, quería descargarme en él lo más pronto posible para así poder durar todo el fin de semana, aceleré mis movimientos pélvicos provocando que mis muslos sonarán con sus nalgas. El éxtasis estaba próximo y mi niño no paraba de gemir y repetir que se lo metiese más fuerte.

Hasta que sentí que no estábamos solos en aquella habitación y no era Cristy la que nos estaba viendo hacer el amor. La sangre se me congeló al darme cuenta que la persona parada atrás nuestro era nada más y nada menos que mi mejor amigo.

Era como si todo el mundo se me cayera encima, una sensación tan desagradable que simplemente deseas desaparecer o meterte en el hoyo más profundo de la tierra. El miedo me embargaba como un manto oscuro, tan frío y pesado como la mayor culpa jamás cargada.
El padre de Ricky comenzó a destrozar todo lo que estaba a su alcance, fotos, adornos, libros, las lámparas del estante, etc. Las lanzaba contra la pared y el piso mientras maldecía y escupía fuego por la boca, completamente encolerizado.

Yo sin darme cuenta me estaba vistiendo o al menos tratando de ponerme la ropa interior mientras Ricky se escondía tras la cama asustado. Mi amigo se dirigió hacia mí con el puño en alto, yo me resbale y caí al piso, extendí la mano tratando de apaciguarlo pero era imposible era como parar un tsunami con las manos.

Me dio tremendo golpe en el ojo izquierdo que literalmente me hizo ver estrellas, estuvo a punto de dar otro golpe más pero se detuvo con el puño en alto. Me miraba con un odio intenso, el puño le temblaba estaba dudando de dar el siguiente golpe. Estuvo así unos minutos y después me gritó que me largara y que jamás volviera a su casa.

Me incorporé por puro susto, salí corriendo semidesnudo y sin mirar atrás. No fijé siquiera en cómo había quedado Ricky, en ese instante el miedo pudo más y el solo hecho de salir vivo era suficiente.
Salí de la casa, aliste mis cosas y me fui con lágrimas en los ojos, dejé atrás todo; mi trabajo, mi hogar y a mis queridos niños que tanta felicidad me había dado en aquellos años que fui a esa casa.

Estaba seguro que no me denunciaría la policía pero el sólo pensar que nunca más vería a mi pequeña Cristy era castigo suficiente. Aquel pensamiento me hizo decidir que no dejase la ciudad, al menos no todavía, no hasta despedirme de ella.

Me alojé en un hotel cercano y permanecí oculto a la vista de ellos, para que no sospechen que me quedé. Vigile día y noche la nueva rutina de la familia, fue una tarea muy complicada pues se llevaban a los niños de viaje constantemente. Mi amigo no reveló nada de lo ocurrido a su esposa y Cristy, pero su trato con Ricky era distante y mezquino, sospecho que incluso lo golpeaba por la vergüenza que sentía de él. A Ricky lo veía deprimido y cabizbajo, saliendo de casa con el rabo entre las patas; confundido porque su vida dio un giro de 180 grados.

Después de meses de indagación fijé el momento exacto para poder hablar con Cristy. Fue un lunes por tarde cuando ella volvía de la escuela la detuve frente a su puerta, ella dudo en saludarme pero al final me dio un abrazo efusivo. Aclaré sus dudas con respecto a mi desaparición repentina de sus vidas aunque ella ya sospechaba los motivos por el comportamiento de su padre y hermano, al final le dije que me debía ir para siempre pero quería un último encuentro con ella a solas. Ella dudó unos minutos pero el cariño que sentía por mi pudo más y aceptó.

Quedamos en encontrarnos un martes en la mañana, sus padres estarían de viaje y ella faltaría a la escuela sólo por mí, le di la dirección de hotel donde me alojaba, nos dimos un beso y me fui.

Aquél martes se presentó a las 8, la hice entrar a escondidas al hotel porque no quería que se dieran cuenta que tenían a una menor dentro.

Yo estaba muy emocionado por nuestro reencuentro, la abracé con fuerza, besé sus mejillas y sus labios, realmente la extrañaba, ella era mi razón de vivir, mi amor por ella era infinito y no lo digo sólo porque la conozco de toda la vida o porque la he cuidado como si fuese mi hija, sino por el simple hecho de que me había enamorado de ella.

Nos sentamos a conversar sobre los sucesos que dieron lugar a mi alejamiento. Me hizo muchas preguntas con respecto a su padre porque ella me explicó que cambió su forma de ser desde ese día. Se lo veía enojado y apático, echándole la culpa de todo a su hermano Ricky. Yo le conté todo lo ocurrido aquél fatídico sábado no omitiendo detalle alguno.

Nuestra conversación duró varios minutos y después de aclarar mutuamente nuestras dudas mi contacto físico con ella fue más sugerente y pasamos de las caricias a los besos, y de los besos al manoseo. Yo estaba en abstinencia por varios meses y ya no podía aguantar este deseo intenso de tenerla nuevamente entre mis piernas.

Ella era de mi propiedad porque conocía cada detalle de ese hermoso cuerpo suyo, de sus cabellos pelirrojos, su piel color perla, sus labios rosados, sus mejillas pecosas, su figura delgada y angelical, y por supuesto sus pequeños pechos crecidos que para su edad ya se habían desarrollado bastante.

Cristy con su uniforme de colegio se la veía muy deseable, con la falda hasta las rodillas con medias blancas largas y los típicos zapatos negros.

Mi mano recorría sus muslos por debajo de la falda hasta llegar a su calzón, me adentre en aquella tela y toque su rajita con poco bello, alcance el clítoris y lo friccioné con esmero mientras le chupaba los labios.

Sentía su respiración agitada y sus manos sudorosas sobre mi rostro. Le enseñé muy bien, desde pequeña siempre aprendió de buena manera y a pesar de que a veces sea un poco brusco ella no buscaba excusas para no hacerlo. La amaba de verdad y estos meses de abstinencia me dejaron muy ansioso y preocupado, más por ella y este último encuentro amoroso que sin duda sería memorable.

Le hice recostar en la cama a la vez que continuaba en mis afanes de besos y caricias, palpaba su pecho por encima de su camisa con mis manos para después desprenderle los botones de la misma, llevaba un sostén azul oscuro que cubría aquellos pequeños pechos, me tomé mi tiempo para quitárselo y dejarlo encima la cama. Ahora si tenía vista completa de su desnudo tórax y acaricie una y otra vez esas pequeñas tetitas suyas que eran tan suaves como el algodón. La desnude toda en pocos segundos admirando como siempre su cuerpo perfecto y puro, me volví un animal nuevamente, no paraba de besarla y acariciarla con pasión y lujuria, envolver mis brazos en su cuerpo y disfrutar de su aliento, mi niña transpiraba y gemía, la sentí ansiosa y con ganas de hacer esto, no la hice esperar más.

Me puse encima, le abrí las piernas, me bajé el pantalón en un tris y con la tremenda erección que tenía la penetre de una sola vez, ambos nos quedamos sin aire como si el contacto nos hubiese paralizado el corazón. Apoyé mi pecho sobre el suyo aplastando sus senos hasta encontrarme con su dulce boca. Mi verga se amoldó perfectamente a su cuevita desvirgada, aquél agujero conocía las dimensiones de mi pene después de tantos ultrajes empezando desde aquella inolvidable noche donde su hermano y yo la vejamos.

El sexo fue intenso, me agitaba sobre ella haciendo temblar la cama con fuerza, no me había dado cuenta antes pero era un adicto al sexo infantil y aquellos meses de abstinencia me dejan demasiado ansioso y obsesionado, por eso todo el peso de estos meses lo descargue en ella con tremenda furia como quién espera en una competencia olímpica al arrancar en una carrera. Era como tener sexo con una adulta; la penetración era fácil y constante. Hicimos temblar la habitación y la cama de tanta pasión desencadenada, ella gritaba y gemía a la vez, su mente se había habituado al sexo pero su cuerpo no a pesar de los años de práctica.

Acabé encima sus tetas pubertas y las dejé blancas como un par de nevados, seguía pensando en lo afortunado que era al poseer a aquél manjar juvenil y entonces me di cuenta de algo importante: lo que extrañaba no era el sexo con ella sino el ser su macho dominante es decir el ser su dueño, el amo y señor de su cuerpo y mente, desde pequeña la amoldé a mis deseos y a mis caprichos hasta convertirla en mi amante predilecta, en mi diosa de fuego. Ese instante comprendí que no podría vivir sin ella que si la dejase se me partiría el alma en dos, no importaba su desarrollo de niña a mujer podría acomodarme a sus necesidades siempre que esté cerca mío, porque estaba que separarme nuevamente sería un suplicio.

Nos acostamos en la cama desnudos y abrazados, yo le acariciaba su hermosos cabellos y la mimaba con poesía y besos, ella se acurrucaba en mi pecho y daba largos suspiros. Le propuse que ambos escapemos de esta ciudad y mudarnos lejos donde nadie nos pueda molestar, tal vez un pueblo lejano y tranquilo, lejos de los prejuicios de esta sociedad cerrada. Le compraría una casa en el campo lleno de caballos, perros, gatos y animales de granja que criaríamos los dos, a ella le encantaban los animales siempre me decía que su sueño era ser veterinaria y que mejor lugar para cuidar animales que una granja. En fin le llené la cabeza de sueños y la ilusione con todas esas promesas bonitas que la termino por convencer y aceptó escapar conmigo, y por unos segundos me sentí el hombre más dichoso de la tierra.

Saqué de mi bolsillo del pantalón un collar dorado que compré como regalo de despedida, ahora se lo entregaba como un regalo de compromiso.

Nos besamos e hicimos el amor toda la tarde.

Nos vestimos cuando el crepúsculo llegaba por nuestra ventana. Acordamos en partir juntos en una semana ya que sus padres estarían de viaje nuevamente y ambos tendríamos el tiempo necesario para preparar nuestras maletas. La despaché por la puerta trasera del hotel no sin antes darle un beso de despedida. Quién diría que esa sería la última vez que la vería con vida.”

Fin del Séptimo Episodio