Turismo Sexual Capítulo 4

Posted in Turismo Sexual by Kruger on 31 agosto 2016

Capítulo 4: Mariposa Plateada

Cuatro de la madrugada, el calor seguía siendo insoportable, la humedad en el aire era casi asfixiante y los repentinos ataques de los mosquitos que no hacían más que molestar con su repentino aleteo incesante y constantes picaduras. Pero nada de eso importaba, nada perjudicaría el placer que estaba experimentando en ese momento.

Es la tercera y última noche con Channary, y quería aprovecharla al máximo, incluso al límite de mis capacidades. La cama se agitaba con violencia, esta sentía el pesado trajín de mis movimientos corporales, descargando mis más bajos instintos sobre mi víctima y mi amor. Channary derramaba cuantiosas lágrimas sobre las sábanas como todas las noches que pasamos juntos, pero también gemía, sabiendo que el dolor era el mejor recurso para alcanzar el placer.

Mi erecto pene se perdía en los confines de su estrecho y ya desflorado ano. Se lo incrustaba sin tapujos o miedos, era la pura fuerza de un hombre lujurioso contra la fragilidad de una niña pequeña. Mis manos sobre su cintura facilitaban la vejación, mientras mis piernas impulsaban todo el conjunto para asegurar la máxima penetración. Era un ultraje desproporcionado, un grito a favor del placer inmundo y la decadencia humana.

Mi pequeña estaba en cuatro, con las piernas y brazos apoyados  sobre la cama metálica. Su cabeza rebotaba con cada arremetida y sus nalgas recibían todo el impacto de mi entrepierna. Era la posición más dominante porque ella simplemente no se podía defender. Sudaba a mares. La transpiración envolvía todo mi cuerpo dando fe de mi cansancio.

El pequeño reloj del aparador marco las 4:05, el momento perfecto para mi acto final.

Saque mi verga del culito de mi puta. Vi como este salía con un poco de heces fecales en la punta, me había olvidado de colocarme un condón pero ya era tarde para pensar en ello. Quedé impresionando al mirar cómo había quedado el ano de mi esclava, las dimensiones eran del doble con las que comenzó hacía dos noches. Era un hoyo perfecto y rojizo, me dieron ganas de meterle dos dedos encima solo para comprobar mi teoría pero decidí que lo mejor era cambiar de posición.

La voltee para poder ver su redondo rostro. Se la veía extremadamente exhausta como si hubiese dado dos vueltas alrededor del mundo cargada de una enorme roca en sus espaldas. Apenas  podía enfocar la vista en mí pues se esforzaba por respirar mejor, su pecho se inflaba hasta su punto máximo para acumular la mayor cantidad de aire posible. La deje recargarse por unos minutos mientras buscaba a tientas la luz de la cómoda. El foco iluminó parte de la habitación. Veía las sabanas húmedas, hechas un nudo por tanta locura desencadenada. Las almohadas en el piso y algo de sangre en el forro de los colchones; esta tenía que ser la noche más salvaje de toda mi vida o tal vez exagere, quizás las anteriores noches fueron tan buenas como esta no lo sé. Lo único seguro era que Channary era lo que andaba buscando cuando viene a Cambodia, una niña sumisa, hermosa, de cuerpo voluptuoso y con una gran sonrisa, para que yo la destruyera en una cama de un hotel sin piedad; ese era mi sueño.

Me levanté para buscar un vaso de agua. Abrí la botella de agua que estaba cerca de la televisión y sacie mi sed  con grandes tragos. La luz de la luna iluminaba el resto de  la habitación, me sentí poderoso, un ser humano elevado hacía la divinidad por ser el conquistador de una mente inocente. Me acerque a la ventana y destape la cortinas blancas que nos cubrían, nos encontrábamos en el séptimo piso del hotel por lo que no me preocupó si habría gente observando yo solo quería admirar la inmensidad de la luna frente a mí. El aire fresco golpeó mis genitales apaciguando el ardor que sentía en esa zona, estire los brazos hacia los costados como El Hombre del Vitruvio de Da Vinci, deseaba un pequeño momento de sosiego antes de terminar la noche.

Mis memorias me llevaron al día siguiente de nuestra primera noche en el hotel. Ambos despertamos algo agotados, en especial Channary que continuaba dolorida y furiosa por lo ocurrido esa noche. Protestó en Jemer (idioma oficial de Camboya) de forma enérgica lo cual me pareció gracioso ya que por la noche no dijo ni una sola palabra. Desayunamos en el cuarto y pasadas las once de la mañana salimos para la ciudad. Kalliyan me dijo que la ciudad era un lugar encantador, lleno de tradiciones y comidas típicas que debía comer, yo por supuesto quería conocer la ciudad más a fondo por lo que salir por ahí era una obligación, al fin y al cabo soy un turista.

Channary me seguía de cerca, ya que a la gente que nos vea juntos les parecería sospechoso, a pesar de eso no la perdía de vista y ella siempre quedaba a la vista mientras yo hacía alguna compra o me quedaba en algún local de souvenirs. Me daba pena verla con esos trapos sucios que siempre se ponía, era ropa desgastada y muy descolorida lo cual la hacía verse muy inferior al resto de la gente, en especial con los niños de su edad los cuales la veían con cierto desprecio y se apartaban de su paso cuando la tenían en frente. Si ella me daba tantas satisfacciones ¿Por qué no retribuirle un poco?

Llegamos a un centro comercial de gran tránsito. Pregunté a algunas personas en especial a policías por lugares para comprar ropa y joyas, los oficiales me dieron un par de direcciones en un papel. Cuando entramos a la primera tienda de ropa infantil Channary se puso muy contenta al ver tanto vestido colorido. A los vendedores les extraño que un turista estuviese comprándole ropa a una niña pobre, yo les explique que lo hacía por simple solidaridad. Mi niña se probó varios vestidos hasta dar uno con su talla (pues era bastante corpulenta para su edad), al final escogió un vestido largo sin mangas con diseño floral de color blanco con rojo, sin duda le quedaba perfecto. Cuando salió con el vestido puesto parecía otra niña, se la veía mucho más alegre y sonriente, y si algo me gusta de mi princesa es su sonrisa. Compramos otros vestidos y algo de ropa ligera por todo el centro comercial fue un insulso gasto de dinero, pero ver esa amplia sonrisa suya toda la tarde fue un pago muy merecido. Antes de salir y volver al hotel, me detuvo en mi andar una pequeña tienda de platería y joyas, quede azorado por un pequeño dije de plata en forma de mariposa, cuando lo miré inmediatamente lo vi puesto en el cuello de Channary, era como ver una imagen del futuro. Lo compré por un módico precio y cuando llegamos al hotel se lo coloque en ese precioso cuello suyo, le quedaba perfecto, el dije plateado de mariposa era un complemento ideal a su belleza. Ella se puso tan feliz que riendo me dio las gracias en ingles algo que nunca creí que diría.

Aquella noche la cogí por el culo, me había ganado el derecho de hacerlo, pues ella se aguantaba los gritos y me miraba a pesar del tremendo dolor que sufría con una sonrisa.

Ahora la veía agotada y débil, en esta cuarta noche desenfrenada en la que no paraba de hacerle el amor. Verla tendida sobre la cama, toda desnuda y frágil era un estimulante para volver a estar sobre ella.

Me acerque a la cama y me puse encima suyo.

Ella aparentaba estar dormida para que no le haga nada, muy astuta, pero este animal estaba esperando terminar este suculento filete servido en plato de porcelana.

La mágica noche llegaría pronto a su fin.

Le abrí las piernas de par en par, y así admirar su preciosa rajita lampiña que a pesar de mis ultrajes se la seguía viendo inmaculada y pura. Ella me miraba suplicante podía percibir un aire de piedad en su rostro, me suplicaba con esa mirada que parase de hacerla sufrir. Levante mi dedo índice y moví de un lado para el otro.

  • No pequeña – dije moviendo el dedo – Hoy nada ni nadie hará que yo me detenga.

Channary captó el mensaje y de repente se puso a llorar. Grandes y cristalinas lagrimas se escurrían por sus ojos, era un llanto muy penoso; casi me conmueve. Sin embargo estaba decidido y antes de que siga con su gimoteo triste se la calve en la vagina.

Dio un pequeño chillido al sentirlo dentro y después continúo el mar de llanto. La levanté por la cintura para hacer más profunda la penetración y en un lento vaivén fui metiendo y sacando mi pene. Era una sensación indescriptible, era un coñito muy suave, amoldado a mí después de tantas perforaciones. Mi verga se perdía en aquella cavidad, era tan hermoso verlo desaparecer dentro como si fuese un acto de magia, yo no me imaginaba que el cuerpo de una infante pudiese aguantar tanto, quizá se deba también a la corpulencia de mi niña, nuca lo sabré. Es mejor disfrutar que pensar.

Me acomodé apoyando mis manos en el respaldar de la cama, levantando mi cintura y flexionando las piernas para conseguir un ángulo indicado. El sexo es puro movimiento, es el lenguaje de dos cuerpos al unísono, es el amor unido a través de dos almas que se conectan de manera intima, es el llanto de un corazón inocente y la maldad de un demonio desatado.

La cama se volvía a sacudir con violencia, el sonido chirriante del metal con el colchón rompía el silencio de la habitación. Channary apenas podía quejarse ya que mis arremetidas feroces hacían que se agitara con violencia  impidiéndole emitir su llanto triste. Mientras más se quejaba más adentro me introducía en ella. Era una bestia sin compasión alguna.

Debí aguantar unos diez minutos más cuando sentí mi esperma asomarse por la punta de mi pene, aceleré la velocidad de la penetración. Gemía estruendosamente. Me encontraba en un éxtasis pleno, poseído por mis sentidos que me impedían parar.

Y entonces me descargue todo dentro de ella. ¡Dios, que sublime sensación! Los pelos de todo mi cuerpo se erizaron mientras veía maravillado como mi verga estaba dentro suyo  por completo. Jamás creía que pudiese hacer algo así, es decir, mi pene no es tan grande quizá un poco más del promedio pero para ella era inmenso y ver todo ese pedazo de carne en su interior…… no había palabras para describirlo.

Saqué mi pene de su interior, chorros de semen se escurrían y manchaban las sábanas blancas. Channary no se podía mover, estaba shokeada, tenía los ojos bien abiertos pero no emitía ni una sola palabra.

Me limpie los restos del líquido lechoso, sujete a Channary y la llevé al baño. Encendí la ducha fría para hacerla reaccionar, le di unas pequeñas cachetadas en la cara y casi de inmediato comenzó a llorar. No sabía si sentir rabia o felicidad, el caso es que me dejo más tranquilo verla llorar, puede sonar cruel pero por ahora era buena señal.

El amanecer se asomó por la ventana, los pájaros mañaneros emitieron sus silbantes cánticos mientras el cielo oscuro poco a poco se convertía en azul océano. Despertamos desnudos y sin sabanas que nos cubrieran ya que todas estaban arremolinadas en el suelo. Abrazaba a Channary apretando mi cuerpo contra el suyo, me agradaba sentir su piel contra la mía, el contacto hacía que me subiera el morbo otra vez, pero ya era tiempo de marchar.

Me guarde las sabanas, pagué las cuentas extra y nos fuimos de aquel hotel. Nos embarcamos rumbo a casa de Channary ya que seguramente Kalliyan nos estaría esperando.

Llegamos por la tarde y ella toda sonrisas se fue a presumir sus nuevos vestidos a las demás niñas. Kalliyan me saludo con agrado viendo que había cumplido con el trato de volver con la niña. El lugar estaba con nuevos huéspedes y las habitaciones estaban todas ocupadas, por lo que varias niñas se encontraban satisfaciendo los oscuros deseos de otros turistas lujuriosos como yo. Me preguntó si me quedaría una noche más pero le dije que no, había agotado mis recursos y solo me quedaba dinero para volver a casa.

Antes de partir le deje un dinero extra a Kalliyan en señal de agradecimiento por el buen trato recibido. Él me dijo que podría volver cuando yo quisiera porque los buenos huéspedes siempre regresan. Channary salió a despedirse, llevaba ese hermoso dije plateado en el cuello y el vestido blanco que compramos en la tienda de la ciudad.

  • Te voy a extrañar – le dije – pero te prometo que volveré.
  • Chum rieb lie – dijo y me dio un beso en la mejilla.

Ambos agitaban las manos mientras me alejaba del lugar.

Volveré, juro que volveré. Me dije mientras perdía la casa de vista.

 

Fin del capítulo 4

Turismo Sexual Capítulo 3: Hotel en las estrellas

Posted in Turismo Sexual by Kruger on 2 octubre 2015

Capítulo 3: Hotel en las estrellas

Eran las 7 de la noche y siento como si hubiera cogido toda la tarde.

Había muchas niñas a mí alrededor, desnudas o con alguna prenda que les tapaba. De cualquier forma el calor era tal que estar desnudo no bastaba para aguantarlo y con siete niñas en la pequeña habitación ni hablar. Pero estaba tan emocionado que sentir mi cuerpo sudoroso y casi meloso era lo de menos.

Observe a las pequeñas unos minutos. Todas tenían los mismos rasgos étnicos: piel morena, ojos color café claros un poco achinados, cabellos oscuros y figuras delgadas pero firmes. Desde la más delgada hasta la más voluptuosa como Channary mostraban una belleza sin igual y una timidez que hacían que las deseara aún más.

No sabía por dónde empezar.

Me fije en quien era la más tímida del grupo, vi a una chica delgada que no me devolvía la mirada y que se ocultaba tras dos de sus compañeras de mayor edad. La tomé del brazo, la puse frente a mí, la hice arrodillarse y sin más dirigí su pequeña boca a mi verga. Casi instintivamente ella comenzó a succionar mi pene a la vista de todas las demás. Le hice tragarse mi verga hasta el fondo, la pequeña se resistía pero no pudo hacer mucho, luchar en mi contra era sólo perder el tiempo. Disfruté mejor dicho mi verga disfrutó de sus labios, la dejó bien húmeda y lista para consumar el acto. Recosté a la pequeña en esas sucias camas y sin tapujos introduje mi instrumento en su interior. Al principio fue difícil hacer que este entre por lo estrecho de su conchita virgen pero se fue amoldando poco a poco hasta tener medio tronco en su interior. Ella dio muecas de dolor y se retorcía en la cama por el dolor, yo en cambio era un monstruo insensible que solo quería sentir placer, este placer que sólo me pueden proporcionar estas adorables niñas.

Sin darme cuenta Channary se puso atrás de mí para observar de cerca mientras yo seguí penetrando a su amiga, las demás observaban atentas la vejación.

Aceleré mis movimientos pélvicos introduciéndome más a fondo en su ya desvirgada vagina. Sentía que estallaría en cualquier momento por lo que me detuve en seco a admirar mi obra. El agujero de la pequeña quedo bastante ensanchado con los labios vaginales bastante abiertos, la pequeña de la que nunca supe su nombre se secaba las lágrimas de los ojos, había acabado con su virginidad y eso era algo que me daba cierto orgullo.

Las horas siguientes me la pase en jugando con las demás pequeñas, admirando sus frágiles y bellos cuerpos,  tocando incluso manoseando cada rincón de ellos. Algunas niñas jugaban con mi pene, a un grupo de tres de ellas les enseñe a como masturbarlo y a lamerlo, fue entretenido verlas ponérselo en sus infantiles bocas mientras las demás contemplaban estas perversiones.

Esa noche fue para calentar, sabía que tenía tiempo para disfrutar de todas ellas, pero no quería apresurarme y después aburrirme, deseaba aprovechar cada momento con ellas pues era el dueño absoluto de sus cuerpos.

Tanta diversión me dejo agotado, no eche polvo esa noche pero fue una locura disfrutar y manosear a las pequeñas. Me quede dormido abrazado de una mientras las demás se acomodaron a mi alrededor o dormían donde podían.

A la mañana siguiente desperté tan relajado que sentía que volaba a través de la habitación, la sensación de paz y armonía invadía cada uno de mis sentidos. ¡Estaba viviendo mis sueños por Dios¡ Estos sueños que todo pedófilo quiere vivir. Entro la esposa de Kalliyan a la habitación y ordeno a las niñas bajar, dejándome sólo con mis pensamientos.

Diez minutos después bajé a desayunar, para mi sorpresa había dos hombres hablando  con Kalliyan eran extranjeros como yo, se veían exhaustos por el viaje pero exageradamente alegres.

Kalliyan me hizo señas para que le dé un par de minutos.

Me senté en la humilde mesa de la casa, la señora me trajo un tazón con lo que parecía ser café destilado, le di un par de sorbos antes de darme cuenta que alguien me observaba desde la habitación de las niñas.  La dulce Channary me miraba casi escondida desde aquella esquina,  podía que le causaba curiosidad el observar a hombres extranjeros como yo. La quise saludar pero se retiró al instante.

!Qué tierna la niña¡

Kalliyan se sentó a mi lado y conversamos. Me contó que tiene algunas reservaciones para los próximos días y que la casa se vería ocupada. Las niñas estarían a plena disposición de los nuevos hospedados y la cuota por niña aumentaría.  Le dije que no habría problemas con el dinero pero que quería salir con Channary por cuatro días a un hotel privado para no incomodar en la casa (sin mencionar que el olor de las habitaciones son horribles), él no se opuso, es más me recomendó un hotel privado cerca de la ciudad en la que los dos podíamos estar sin levantar sospechas.

Aliste mis cosas y baje para recoger a Channary. La esposa de Kalliyan no se veía muy segura de mí, pero ella no era la que mandaba, con un gesto amigable le pedí que trajera a mi niña.

Channary salió con un hermoso vestido floreado de una pieza, y una pequeña bolsa de plástico que simulaba ser una cartera con algunas de sus pertenencias. Me esquivo la miraba sonrojada como quien se pone nerviosa en su primera cita. Le pedí que siguiera y mientras salíamos de la casa Kalliyan se despidió agitando la mano.

Era un día caluroso, el sol era quemante y la brisa traía un aire casi sofocante y húmedo.  Caminamos toda la mañana atravesando las casuchas del pueblo hasta llegar a una parada de moto taxis. Tomamos el primero que  vimos y nos dirigimos a la ciudad. Una vez allí pregunté la dirección del hotel, la mayoría no hablaba inglés pero hubo algunos que sí y amablemente me indicaron la dirección correcta.

Llegamos casi entrada la tarde. Era un hotel muy decente a comparación de la humilde casa de Kalliyan y sus habitaciones era igual de amplias. Reservé una por tres noches y el dinero hablo mejor que yo, cualquier propina era bien recibida y evitaba las preguntas molestas como: Número de pasaporte, nombre completo,  país de origen, ¿Quién es la niña?  Etc.

Después del corto papeleo nos acomodamos en la habitación. Era grande y tenía bastantes comodidades: una tele, una cama grande, cortinas blancas,  alfombras, un mini bar, un baño privado y lo mejor……. todo limpio.

A Channary se le iluminaron los ojos al ver tanto lujo, sonreía de oreja a oreja. Se la veía tan feliz como si hubiese cumplido uno de sus sueños. Fue lindo ver el brillo en sus ojos, la alegría de los niños siempre es contagiosa y más aún cuando esta felicidad es causada por uno.

Me eche en la cama exhausto, el pequeño viaje resultó agotador y en un suspiro me quede dormido.  Channary se acostó en el otro extremo de la cama e igualmente se quedó dormida.

Soñé que me encontraba nuevamente en la habitación con las niñas y que todas me abrazaban, todas excepto Channary que se escondía en un rincón del cuarto.  Aparte a las demás para ir donde ella y para mi sorpresa me di cuenta que llevaba un bebé recién nacido en brazos. Ella me miraba con ojos llorosos antes de gritarme: ” Es tuyo, es tuyo”. Las demás niñas se abalanzaron sobre mí tratando de ahorcarme, las quise apartar pero eran demasiadas, se multiplicaban y no me soltaban del cuello. Channary apareció con un enorme cuchillo en sus manos y estaba a punto de clavármelo cuando desperté.

Exaltado por el mal sueño me senté al borde de la cama, el sol se ocultaba en el horizonte y el cielo se ponía naranja por su reflejo que se ocultaba.  Estaba sudoroso y agitado ¿Qué mierda fue eso? ¿Era culpa?  ¿Remordimiento? Realmente no lo entendía pero daba igual, jamás me había sentido tan dichoso en toda mi vida ¿Por qué acabar sucumbiendo ante estúpidos sueños?

Me levanté y me fui directo a la ducha.  El agua fría calmo mis nervios y seguidamente pensé en lo que haría con mi querida niña, un montón de ideas cruzó por mi mente cada una más siniestra que las demás pero para que darle vueltas al asunto me la cogería como yo quisiese y punto.

Después de salir de la ducha ordené a Channary irse a bañar que buena falta le hacía. Mientras ella se bañaba yo aproveché en pedir la cena, ordené algunos bocadillos típicos de la región y agua embotellada.

Cuando Channary salió del baño la comida ya estaba lista y servida. A ella le brillaron los ojos al verla, se notaba que le gustaba comer pero seguramente en su  casa no había más que arroz con curry. Ambos disfrutamos de la cena viendo televisión local, yo particularmente no entendía un carajo pero eso no importaba, estar en compañía de esta niña era suficiente alivio para mí.

Ya era las nueve de la noche y el ambiente se puso tenso. Hacia tremendo calor y ya me encontraba otra vez pegajoso por la humedad, ¡Bendita humedad! Siempre me haces sentir asqueroso. Y los pequeños mosquitos que sobrevolaban la habitación hacia que me sintiera cada vez más incómodo, a pesar de todo, esta debía ser mi noche especial pero no sabía cómo comenzarla.

¡Qué Diablos! Yo pagué para estar con ella ¿no?

Pero esta niña me hacía sentir extraño algo que con ninguna mujer me había pasado antes. ¿Será que me estaba enamorando?

Agite la cabeza para quitarme esas ideas de la cabeza. ¿Enamorado yo? ¡Qué estupidez! Si yo vine a este lejano país a divertirme y cumplir mis malditas fantasías con niñas menores, no era tiempo de perder la cordura ni lo estribos por cosas tan triviales, debería aprovechar este momento y lugar, y hacerle cosas que seguramente ella nunca olvidará.

Ordené a Channary que se parará frente a mí, para poder verla mejor. Ella de un salto se acercó con esa sonrisa suya que no borraba de su cara.

– Veremos por cuánto tiempo más aguantarás esa sonrisa – pensé.

Admiré ese rechoncho cuerpo de niña de 10 años, Channary era más robusta que sus compañeras pero eso no le quitaba ni un ápice de belleza. Esa carita suya era de ensueño, era tan fina y perfecta que ni las mejores modelos podían imitarla. Acaricié esas mejillas que parecía dos duraznos colorados. Bajé mis manos para tocar su cintura por encima de su polera blanca, era ancha y voluptuosa. Metí mi mano por debajo de la polera y subí hasta llegar a sus pequeños e imperceptibles senos que apenas sobresalían de su pecho, los acaricié por unos instantes, quería pellizcarlos y comerlos a mordiscos pero por el momento el contacto con mis manos era suficiente. Jugué con su redondo ombligo con mi dedo pulgar haciendo círculos imaginarios en su contorno; que divertido, era como tener una muñeca humana.

Ahora mis manos bajaban por sus carnosos muslos que se ablandaban cuando los apretujaba con mis dedos, eran tiernos y gomosos como palpar algodón de azúcar. Llegué a sus rodillas y seguí bajando hasta tocar la planta de sus pies, quería conocer todo su cuerpo porque un agricultor debe conocer sus tierras antes de sembrar en ellas.

La acosté en la cama y de nuevo acaricie todo su cuerpo con mis manos, era como hablar sin siquiera emitir palabras; su cuerpo se comunicaba con mis manos, casi como si fuese poesía. No quiero alardear pero a veces las manos hablan mejor que las palabras cuando de contacto se refiere y yo quería hablar el lenguaje de su cuerpo antes de hacerla nuevamente mía.

Le quite la polera blanca lentamente dejándola sólo con sus calzones. Era el límite entre la inocencia y perversión, sabía que si atravesaba otra vez esa frontera me convertiría en una bestia, una bestia con sed de sexo y esta vez tenía cuatro días para satisfacer los deseos de este animal.

Me acosté a su lado y acaricié de cerca sus mejillas que parecían más rojas que un tomate; estaba avergonzada y me resultaba extraño pues el otro día parecía indefensa y ahora estaba asumiendo su papel de puta. ¡Vaya! ¿Será que mi coqueteo con ella dio resultado?

Besé sus labios como quien bebé agua en el desierto, los saboree y degusté tan apasionadamente que pensé que desaparecerían después de tanta lamida. Metí mi lengua en su boca y el choque con la suya fue un contacto hermoso pues mi legua cobró vida propia y planeaba conquistar a la suya. En medio del tremendo beso que le estaba dando mi mano bajo hasta sus partes íntimas y acarició su rajita por debajo de su última prenda, primero lento y luego rápido, estruje su clítoris, lo apreté con fuerza porque como dije antes la bestia se había liberado. Channary arrugo el rostro, le agradaba/molestaba que mi mano estuviese ahí invadiendo su intimidad. Quería separarse de mis labios para poder respirar un poco pero yo se lo impedí, deseaba que se sofocase un poco, que le faltara el aire, que respirase mi sudor, que se ahogara en mis besos y trague mi saliva.

De un tirón le quite esa última prenda decidido a atravesar esa frontera. Contemple unos breves instantes esos preciosos labios vaginales, ese monte de Venus, esa rajita vertical que era sólo para mí. Baje mi cabeza hasta posicionarme en primera fila y con zoom incluido en esa conchita divina: abrí la boca, metí la legua y me embriague en el néctar de su cavidad orinal. ¡Qué dulce sabor! ¡Qué dulce olor! ¡Qué dulce droga!

Ella se retorcía excitada, gimiendo y temblando del placer que le brindaba esta boca mía. Era una niña pero ya conocía el placer y el dolor de la penetración.

Antes de que reaccionase, en medio de su excitación, le clave la verga hasta el fondo. Mi movimiento fue tan rápido y certero que ella apenas pudo quejarse. Su chillido infantil era opacado por mis gemidos bestiales. Hice temblar la cama con cada metida mía. Channary arrugo las sabanas en señal de dolor, y sus lágrimas brotaban en medio de sus mejillas rosadas. Su redondo rostro no aguantaba semejante dolor que le provocaba, yo en cambio quería romper la cama con ella.

El sexo fue largo y placentero, eche un polvo tan tremendo que llene de leche su cavidad vaginal. Fue perfecto: movimientos bestiales, penetraciones completas, sudor y semen por doquier, hasta deje a Channary inconsciente por unos segundos. ¡Dios! Fue algo épico.

Cuando recobré la compostura vi como mi semen se escurría de la vagina desflorada de mi niña, era como una cascada blanca y lechosa que se derramaba desde sus piernas hasta las sabanas. Quise limpiársela un poco con alguna servilleta pero me sentía tan exhausto que apenas puse la cabeza sobre la almohada quedé profundamente dormido.

Fin del Capítulo 3

Turismo Sexual Capítulo 2: Paraíso

Posted in Turismo Sexual by Kruger on 19 marzo 2014

Esta historia esta basada en hechos reales.

Capítulo 2: Paraíso

Supuse que los besos por ahora serían una pérdida de tiempo, ella no saborearía mis labios como yo los suyos. Decidí ir directo a saborear su cuerpo perfecto, plasmando mi lengua por todos sus rincones vírgenes, el cuello, sus pequeños bultos apenas visibles, y su delicado manjar impenetrable hasta ahora. Saboreé la exquisitez de sus labios vaginales haciéndola estremecer con cada lamida mía. Le practique un sexo oral espléndido por unos diez minutos.

Hacía mucho calor unos 37C, nuestros cuerpos sudaban, el aire húmedo entraba por nuestros pulmones mientras yo seguía disfrutando en medio de sus piernas el sabor dulce de los placeres ocultos, mientras ellas observaba como mis labios la envolvían en un frenesí inexperimentado, descubriendo en su cuerpo los lugares de éxtasis desconocidos.

Después de deleitarme con el dulce néctar de su concha, era el momento ideal para la penetración pues mi pene estaba tan erecto que ya no podía aguantar estas ganas que tenía de introducirme en ella. Me puse a su espalda y le levanté una de sus piernas, restregué mi pito en la entrada de su estrecha conchita, trataba de dilatarlo para que no le doliese demasiado ya que no contaba con vaselina. No le presté atención a sus quejas o sus miradas despectivas, me limite a disfrutar cada minuto de esta vejación sexual.

Poco a poco fue introduciéndose en aquella vagina apretada pero después fue abriéndose ante mi embestida, me encantaba ver como aquel pedazo de carne se perdía dentro suyo; todo un poema. Una vez introducido todo me di cuenta que la pequeña Channary no sangraba lo cual indicaba que ya no era virgen, me imagine que Kalliyan era seguramente el responsable, quizá todo era cuestión de pertenencia; las niñas le pertenecían y nadie más,  él debía de apropiarse de algo tan puro para ellos como la virginidad.

Continúe con mi show y una vez penetrada solo debía ponerle ritmo al asunto, así que comencé a moverme más rápido dentro de ella,  levanté aun más una de sus piernas mientras ella volcaba la cabeza sobre el colchón para no ver. Mi verga se introducía y salía a gusto, era puro placer lo que sentía, mi corazón latía con fuerza y la adrenalina recorría cada célula de mi cuerpo; estaba desaforado no escuchaba siquiera sus lamentos y sus quejas, me miraba de reojo con miedo y vergüenza, sus mejillas estaban coloradas y sudaba por todos los poros de su rechoncho cuerpo.

Cambie de posición y me coloque frente a ella, le abrí las piernas de par en par y la penetre de nuevo ahora con mayor fuerza y profundidad, movía mis caderas con rapidez desmedida, yo gemía estruendosamente pues estaba en el paraíso, mi sueño de toda la vida se estaba cumpliendo y aprovecharía cada segundo de él. El frenesí del sexo se incrementaba con cada embestida mía; me convertí en una bestia insaciable que devoraba a grandes mordiscos a su presa que ya nada podía hacer para defenderse. Mi pelvis chocaba con la suya y provocaba un hermoso sonido de contacto, veía las lágrimas caer por sus mejillas y las quejas de dolor llenaban mis oídos pero era su trabajo; darme placer era su trabajo.

Aún penetrada la levanté de colchón, puse su cabeza sobre mi hombro izquierdo y mis manos sobre sus nalgas para empujarlas más dentro mío. Sentía que explotaría en cualquier momento, mientras la embestía con todas mis fuerzas, ella me arañaba la espalda en señal de dolor intenso, pero me importo una mierda su sufrimiento. Y entonces me viene dentro suyo y el cielo se abrió frente a mis ojos, alcance el mayor éxtasis de mi vida, sentía cada chorro de semen escupir en su interior pero yo no la quería soltar; ella era mi boleto al cielo.

La vi exhausta y sudorosa, entonces la besé y no se resistió sino que trató de seguirme pero sus labios eran torpes e inexpertos pero aún así fue el beso más dulce de mi existencia. Me separé de ella y admire mi obra: una vagina abierta y llena semen, las piernas abiertas, sus pequeños senos parados, un cuerpo sudoroso y agotado por el esfuerzo. Le limpie un poco y me recosté a su lado, no me había dado cuenta pero yo también estaba cansado. Seguía haciendo un calor infernal y nuestros cuerpos sudorosos se volvieron melosos. Nos tape con la única sabana que había y la abracé. Channary fue lo mejor que me pasó en la vida.

Kalliyan tocó la puerta por la mañana para entregarme un recipiente con agua que tanta falta me hacía, lo recibí en taparrabos, vio de reojo a Channary desnuda y dormida y se fue. Ella se despertó una hora después se puso la falda y se fue al piso de abajo mientras yo meditada aquella increíble noche.

Kalliyan me invito el desayuno aquella mañana, le pregunté por Channary y me respondió que estaba con sus hermanas bañándose. Charlamos largo rato sobre cosas banales, riendo y opinando sobre todo: él era un buen sujeto que sobrevivía con lo que podía y admitió que el negocio con las niñas era muy lucrativo y que ganaba lo suficiente como para mantenerlas a todas. Me mencionó que se acercaba la temporada alta por lo que me advirtió que el “local” estaría lleno, faltarían habitaciones y subirían los precios. Me pregunto cuánto tiempo más me quedaría. Le propuse pagarle por adelantado una semana ya que planeaba quedarme con las niñas que quisiese hasta que empezara la temporada alta, de ahí le pagaría extra por llevarme a Channary unos días a la ciudad sólo para que él aproveche mejor su negocio y sólo pierda a una de sus niñas. Se rió pero acepto mi propuesta y por último pregunto por cuantas niñas me llevaría a la cama esta noche.

– Sólo siete y que sean de 7 a 11 años ¿Te parece?- Respondí.

Fín del Capítulo 2

Turismo Sexual Capítulo 1: Svay Pak

Posted in Relatos Ardientes, Turismo Sexual by Kruger on 10 marzo 2014

Esta historia esta basada en hechos reales.

Capítulo 1: Svay Pak

No me podía creer que estuviese dentro de ella, la penetración era profunda y completa, el éxtasis estaba próximo y el abrazo que nos dábamos en esa posición era igual de intenso. Yo le apretaba de las nalgas y la empujaba hacia mi pene con fuerza, ella me arañaba la espalada con sus uñas, sentía su respiración agitada en mi pecho, casi al borde del agotamiento. Sólo tenía 10 años pero estaba seguro de que no era su  primera vez pues no sangraba de la vagina pero le dolía en sobremanera las arremetidas que yo le daba. A mí no me importaba su sufrimiento, de cualquier manera era su trabajo; darme placer era su trabajo.

Y pensar que todo comenzó con un correo electrónico, revisé algunos mails privados por la noche y para mi sorpresa uno de ellos era la respuesta que estaba esperando. Dentro del mismo me daban la dirección de contacto de una agencia clandestina  local de turismo sexual. Contacte con ellos e hice un plan de viaje para quedarme por lo menos un mes, tenía año sabático y decidí que mientras más tiempo este por allá mejor, en todo caso era mi mayor fantasía viajar a ese lugar. Preparé maletas, compré los pasajes y me aventuré a lo desconocido; rumbo a Camboya.

Aterrice en el aeropuerto internacional de Nom Pen a las 3:30 de la madrugada y de ahí fue un viaje largo hasta Svay Park una provincia al sur de la capital, ahí me esperaba mi contacto de nombre Kalliyan. Debo admitir que me encontraba en un país hermoso, de exuberante vegetación y fauna, era verde por todos lados. El viaje en tren fue toda una aventura, apreciaba el paisaje todo el tiempo y dormía con la Luna resplandeciente en el cielo.

Una vez que llegué mi anfitrión no tardó mucho en reconocerme porque los turistas no frecuentan esta provincia por la pobreza existente; a mí me parecía un lugar bastante acogedor.

Nos subimos en una moto-taxi y partimos. El hablaba el inglés con fluidez por lo que nuestra comunicación no era un problema. Me contó que la mayor parte de la gente sabía hablar  inglés en especial los jóvenes ya que era un requisito en las escuelas del lugar, también me hablo del turismo sexual en esa región resaltando que era lo más común y que recibía o compraba a niñas de entre 4 a 15 años, muchas de ellas abandonadas a su suerte por sus mismos padres, pues la situación del país era muy precaria, las constantes guerras y los problemas internos habían llevado a toda esta gente a la pobreza extrema de manera que vender a sus hijos era una manera de sobrevivir. Yo no sabía si sentirme culpable o no, satisfacer una fantasía a costa de la desgracia de la gente no era muy ético. Pero qué más daba soy pedófilo y no tengo prejuicios. Esperé esta oportunidad toda mi vida, ahora no puedo decir que no.

Llegamos a una casona de 2 pisos, grande a comparación de otras casas de la calle. Salió a nuestro encuentro una señora delgada de aspecto bastante deplorable, tenía la mirada triste y preocupada; al parecer era la mujer de Kalliyan. Habló con él unos minutos y después se  adentró seguramente a llamar a las niñas.

Me sudaban las manos y mi ritmo cardíaco se disparó, estaba tan ansioso de cumplir con esta fantasía que no podía parar de sonreír. Después de algunos interminables minutos aparecieron una por una las niñas camboyanas, todas eran de diferentes edades oscilaban entre los 4 hasta los 15, eran como 20 niñas en total.

– Escoge- dijo Kalliyan

Apreté los puños y di un paso al frente, la decisión era difícil pero aunque el precio era muy accesible, debía ahorrar dinero para quedarme allá el mayor tiempo posible.

Para mi todas las niñas eran preciosas tenían los mismos rasgos que me gustaban, ojos cafés, piel clara, ojos un poco achinados y frente amplia. Di un vistazo general, pero no pude elegir; estaba muy indeciso.

Había niñas que me miraban fijamente, otras que hablan y reían entre murmullos, otras que poco o nada les importaba mi presencia miraban hacia cualquier parte menos hacia mi persona. Iniciar a una de 4 o 7 años era demasiado cruel así que las descarte rápidamente, las mayorcitas de 13 a 15 no me atraían demasiado, igual las descarte. Mi grupo de selección se redujo a sólo un puñado y entonces la vi. No la note antes porque era del grupo de las desinteresadas, su mirada estaba perdida en alguna parte de la habitación, a veces me observaba fugazmente pero sus uñas parecían más interesantes. Era hermosa de rasgos finos y piel un poco más clara que las demás, ojos un poco más achinados y labios gruesos, por aspecto físico parecía de 12 años pero Kalliyan me dijo que tenía 10.

La señalé con el dedo y Kalliyan sonrió.

– Channary – dijo y ella nos miro sorprendida, como si nunca esperase a que la eligiese.

Kalliyan le dijo unas palabras y nos dirigimos al piso superior, las demás niñas volvieron a su cuarto al fondo de la casa.

En total debían ser 6 habitaciones, 2 grandes y 4 pequeñas. Al parecer era temporada baja ya que todos los ambientes estaban libres, escogí el primer cuarto grande, él anfitrión abrió la puerta y pasamos. Era un cuarto de al menos 15 m2, las paredes estaban deterioradas junto con la pintura que se caía a pedazos, las ventanas tenían barrotes y poco o nada se podía ver al exterior, la luz del Sol entraba por pequeñas rendijas en el techo, afortunadamente había un foco que iluminaba el cuarto, sólo había un colchón de paja de dos plazas que adornaba el suelo con mantas descoloridas y sucias. El aspecto en general era vetusto.

Antes de cerrar la puerta Kalliyan me pregunto cuánto tiempo estaría con ella, yo le respondí que dos noches y que después vería si seguía con ella o me cambiaba de niña, él alargó la mano para que le pagara y le di 40 dólares por las dos noches.

El cuarto parecía demasiado grande para los dos, de todas formas el único espacio que usaríamos era la cama de paja en el suelo.

Channary ya estaba sentada en la cama admirado sus uñas y cantando en voz baja, yo dejé mis cosas en el suelo y me fui a sentar a su lado. No sabía por dónde empezar, si acariciarla, besarla o ir directo al grano de cualquier manera ella no podría objetar; estaba a mi libre disposición.

Le dije que se desvistiera pero creo que no me entendió seguía aparentando indiferencia. La agarré por la cintura para quitarle su polera blanca, ella quiso protestar pero solo frunció las cejas, parecía molesta. Sin hacer el menor caso le quite la blusa blanca que traía puesta, no objetó, seguidamente apoye mi mano sobre su pecho e hice que se echará, traía puesta una falda oscura con un cinturón del mismo color la cual se la quite despacio hasta tirarla a un extremo de cuartucho. Ella estaba quieta y seguía mirándose las uñas pero sentía su nerviosismo, la tenía toda desnudita frente a mí. Su cuerpo era precioso, para mí el cuerpo infantil era el más puro y perfecto de la creación y a pesar de que ella era más gordita que sus compañeras era perfecta. Contemple por unos minutos aquella belleza natural antes de empezar a desvestirme y acostarme a su lado. Ahora si los dos estábamos frente a frente desnudos y nerviosos, la tensa calma rodeaba la habitación esperando el clímax del momento. Acaricie sus inexistentes senos, palpando con delicadeza sus extremidades inferiores, su piel que era tersa y suave como lino de algodón y el contacto de mi miembro con su muslo me hacía poner la piel de gallina. Mi fantasía más deseada estaba por cumplirse y nadie en el mundo podía impedir que yo me cogiera a esta hermosa niña; nadie.