Jodie: La Niña de mis Pesadillas (Capítulo 4)

Posted in Jodie: La Niña de mis Pesadillas by Kruger on 22 septiembre 2016

Jodie: La Niña de mis Pesadilla

Capítulo 4: Los demonios llaman

Cuando Ben tocó la puerta de su casa traía las manos sudadas por el nerviosismo y unas ojeras muy marcadas. No durmió muy bien las dos noches anteriores, no era para menos, con una niña dotada con poderes sobrenaturales y con una inclinación por el canibalismo quien podría dormir.

  • Relájate Ben- dijo Jodie que estaba a su espalda como queriendo aparentar timidez – Tú esposa no te va a creerte si sigues así de nervioso.

Su voz era como la de cualquier niña normal, toda inocente y pura, pero Ben se preguntaba una y otra vez como aquella niñita podía ser tan despiadada. Aún vestida como cualquiera de su edad con chompa, guantecitos de lana y chalina por todo el cuello. Y esos lentecito medialuna que la hacían ver inmaculada.

Ben respiró hondo al oír los pasos de su esposa al acercarse a la puerta.

  • ¿Ben? ¿Qué diablos te pasó? Estuviste desaparecido cinco días y ni una llamada, me tenías preocupada.
  • Sara en verdad lo siento, es que sucedieron muchas cosas y no sabía cómo explicarte.
  • Explicarme que –La mirada de Sara era desafiante, Ben se puso incómodo.
  • Yo, yo…… – Dijo tartamudeante, el nudo en su estómago era cada vez mayor – yo no sabía, yo no sabía lo juro. Ella apareció de la nada, me llamó, me dijo que venía a la ciudad, dijo que quería verme, y que quería decirme algo importante.
  • ¿De qué estás hablando Ben?
  • Fue mi ex novia, Clarisa, no sé si te conté sobre ella, era muy quisquillosa ¿sabes? La conocí en una fiesta de la fraternidad, bebimos un par de copas, una cosa llevo a la otra y lo hicimos, fue antes de conocerte un mes antes quizá. El caso es que ella vuelve después de ocho años y me dice que……..que……….que tengo una hija.

Silencio sepulcral.

  • ¡¿Qué?! – exclamó.
  • Yo no sabía lo juro, me sorprendió porque después de que corté con Clarisa ella jamás me volvió a llamar y me sorprende con ella – apretó la mano de Jodie para que se presente y ella cabizbaja se paro a lado de Ben.
  • Ella es Jodie – continuó diciendo – tiene 8 años y Clarisa me la acaba de dejar.
  • ¿Qué ella qué? – Sara estaba desconcertada como si la hubiesen abofeteado en la cara con un guante de hierro.
  • Yo sé que es difícil de asimilar, yo tampoco lo asimilo por completo, pero es la verdad y ahora Clarisa quiere que yo me haga cargo, dice que me toca hacer el papel de padre.
  • Me dices ¿Que tuviste una novia de la que no tenía idea, que la embarazaste, y que ahora te deja a una niña que se supone que es tú hija, y que ahora debes cuidarla?- Sara estaba a punto de explotar, la niña se puso de nuevo a sus espaldas.
  • Si, prácticamente es eso. Lo siento.
  • Vete- dijo Sara guardando la compostura – Vete ahora por favor. Y agradece que tienes a un niña a tus espaldas porque sino ahora mismo te rompería la cara.

Aquello último le sorprendió, jamás la había visto tan alterada. Ben se alejó de la puerta con Jodie detrás, ambos dieron media vuelta y se dirigieron al coche.

  • Volveré cuando todo se haya arreglado.
  • Por favor no vuelvas, es por tú propio bien – Dijo Sara antes de dar un portazo y cerrar la puerta con llave.

Ben encendió el auto y se fue.

  • Eso último fue obra tuya ¿verdad? – Dijo Ben mientras conducía – tú pusiste esas palabras en su boca.
  • Solo hice las cosas más fáciles. Ella te quería mostrar compasión, y eso hubiese complicado todo. Ahora cuando ella te vea no sentirá nada más que odio por ti hasta que tu o yo muramos.
  • ¡¿Por qué Jodie?! ¡¿Por qué yo?!
  • Tú me salvaste recuerdas, ahora eres responsable de mí.
  • ¡¿Qué mierda eres?!
  • Eso… ni yo lo sé.

Ben estaba agotado, se veía a través del espejo retrovisor y sus grandes ojeras decían que no estaba bien, que sus fuerzas en cualquier momento flaquearían y que en cualquier momento perdería el control del motorizado y se estrellarían. Quizá era lo mejor, así acababa con este infierno de una vez y daba paso a la tan ansiada paz que buscaba desde que se metió en este sin fin de acontecimientos que empezaron en el hospital Saint Row.

Jodie lo observaba de reojo, ella también notaba su cansancio, pero era normal, cualquier persona sufriría de ansiedad y terror después de ver a una niña de ocho comerse a dos adultos en un motel. Ver la sangre y viseras esparcidas por todos los rincones de la habitación, junto con los huesos de las víctimas, debe ser toda una experiencia. Pero el viaje continúa y aún tenía planes pendientes ahora que era libre.

Sabía que sus perseguidores no claudicarían fácilmente, no ahora que continuaría con el ritual. Era solo cuestión de tiempo para poder finalizarlo y para ello necesitaba ciertos “elementos”, tres de esos elementos debían ser puros, tan puros como la nieve que caía sobre el asfalto y los otros tres debían ser impuros y tan oscuros como el carbón de extraído de lo profundo de la tierra.

  • Conduce hacia el sur.
  • ¿Algún lugar en específico?
  • Tú solo hazlo, yo te diré cuando estemos cerca. Tenemos que recoger a ciertas personas.

Ben no sabía de lo que la pequeña niña con gafas era capaz, pero no podía cuestionar sus órdenes. Como demostró antes, tiene ciertas habilidades oscuras y no sabía a ciencia cierta que otro tipo de facultades poseía esta especie de bruja, que al parecer podía controlar la mente de las personas, obligándoles a hacer lo que ella quisiese, esto incluía automutilación y asesinato como lo demostró en el motel.

  • Se lo que estás pensando Ben- dijo con cierto aire cansado- pero yo también tengo mis límites, esto no lo hago por capricho, sino por necesitad. Los tipos que me buscan volverán, tienen oídos en todas partes y la única forma de detenerlos es siendo libre.

Esa última parte Ben no la entendió del todo, pero las preguntas no servirían de nada, lo único importante era salir con vida de este cautiverio momentáneo, o por lo menos frustrar los planes de esta pequeña demente.

  • Sabes que puedo leer tú mente ¿verdad Ben? Deja de pensar que soy demente porque no tienes ni idea.

Ben guardo silencio mental, trato de no pensar en nada pero era difícil, tenía la cabeza revuelta y un nudo en el estómago. Las náuseas volverían y no sabía si podía continuar aguantando las arcadas, pero de repente los retorcijones se fueron y su mente quedo serena.

  • Así es Ben, también puedo hacer eso.

Llegaron a los suburbios de la ciudad. Era un lugar poco amigable, con edificios de apartamentos sobrepoblados, con tendedores de ropa que colgaban de extremo a extremo, grafitis en los muros circundantes y pandilleros apostados en varios lugares, que observaban de reojo el coche de Ben.

  • Dobla a la derecha y estaciónate.

Miró a ambos lados antes de doblar y se estacionó tras una camioneta guinda marca Ford.

Jodie tenía los ojos fijos en la camioneta. Había dos ocupantes dentro de ella, un adulto y una niña de no más de 10 años. Parecía que charlaban de forma amena y de repente se detuvieron, se pusieron firmes y tiesos como si una corriente eléctrica les atravesara toda la espalda. La niña salió del auto, cerró la puerta, se dirigió al auto de Ben, se sentó en el asiento de atrás y se quedó quieta como una estatua.  La nueva acompañante tenía el pelo negro y liso, ojos igual de oscuros, labios y mejillas rosadas. De cuerpo delgado y piernas bastante flacuchas. Llevaba puesto una chamarra desgastada de color chicle y pantalones oscuros. Ben la llevaba mirando un rato hasta que Jodie le ordenó:

-Arranca.

Ben tenía miedo de objetar por lo que solo se dispuso a hacer lo que ella decía, no sin antes mirar de reojo al padre de la menor que seguía tan estático desde que Jodie comenzó a mirarlo.

Otro par de horas manejando, ahora hacía el este.   Ben no tenía idea de lo que planeaba la niña sentada a su lado pero tenía que pensar en algo para evitarlo. Si todo terminaría como en el motel con aquellos dos sujetos jamás lo superaría.

Había lapsos en los que Ben perdía el conocimiento y despertaba cuando llegaban a su destino, esto obviamente era obra de Jodie, pues así era como lo trasladaba de un lado a otro. Esto lo incomodaba porque daba la impresión de que estaban viajando durante semanas y para él solo eran horas.

Finalmente arribaron otro pequeño pueblo rural: edificios cortos, autos modestos y poca afluencia de personas por las estrechas calles. Quería pararse a  preguntar pero Jodie le dijo mentalmente que desistiera de la idea. Se estacionó junto a pequeño parque a las orillas del océano. El bramido del mar era estruendoso y el cielo nublado obligaba a pensar que se acercaba una tormenta. No había nadie jugando en los juegos ya que el viento soplaba a raudales.

De repente se abrió la puerta de atrás y  sentó otra niña de la misma edad que la anterior, salvo que ella tenía el cabello rubio y ojos azules, pero lo que la destacaba era su piel que parecía tan blanco como la nieve. Llevaba puesto un abrigo celeste y unos vaqueros. Cerró la puerta tras de sí y quedo en la misma posición que la otra niña de cabello oscuro.

  • Esto no me da buena espina Jodie- se quejó mientras daba la cuerva para volver al camino.
  • Mientras menos sepas mejor, pero para futuras referencias, ella es Sara – Dijo señalando a la niña del cabello negro- y ella es Dora – dijo señalando a la niña rubia- No necesitas saber más.

Ben resopló molesto, presentía que esto de los viajes duraría más tiempo del que se imaginaba.

Apenas salía a la carretera perdió nuevamente el conocimiento.

La última niña fue recogida del otro extremo del país. Jodie se las apañaba para mantener a las niñas tranquilas adormeciendo sus mentes al mismo tiempo que hacía que Ben maneje en estado inconsciente. El tiempo se le terminaba, los temblores en sus manos comenzaban a manifestarse. Era el primer síntoma de muchos.

Despertó a Ben frente a un restaurante a las afueras del pueblo de la última niña recogida.

  • Ben, necesitamos comer. Tienes que bajar a comprar comida – dijo Jodie, que parecía más pálida de lo normal.

Él se sorprendió de ver a otra niña en el auto y más aún al darse cuenta que esta última traía el pelo rojo muy intenso, quizá la claridad de la tarde le hacía verse así. La nueva niña era de piel muy clara, cara redonda y rasgos finos, llevaba puesta un poncho marrón y que le llegaba hasta las rodillas, Ben no alcanzo a ver si llevaba puesto unos pantalones.

Salió del coche rumbo a la entrada del restaurante de aspecto local, es decir, un local de comida al paso, de esos que se encuentran en medio de la carretera donde sólo te sirven café y pan tostado.

Llego a la barra y afortunadamente vio que también servían hamburguesas, pidió media docena y algunas sodas para el camino. Un grupo de turistas también llegó al lugar, eran una buena cantidad de personas porque colmaron en pocos minutos todo el establecimiento. Ben se vio rodeado de ellos pidiendo todo lo que ofrecía el restaurante, dedujo que tendría que esperar varios minutos más antes de volver al auto.

  • No te muevas ni digas nada, sino ella lo sabrá- dijo una voz rasposa tras de él.

Ben se puso nervioso, al parecer los problemas no paraban de llegar.

  • Lo que te voy a decir es muy importante – continuo diciendo el hombre a sus espaldas- Jodie es muy especial para nosotros, y la queremos de vuelta, pero también sabemos lo peligrosa que es. Ella solo puede leer la mente de una persona a la vez por lo que tuvimos que armar esta distracción para hablar contigo. Va a sacrificar a esas niñas que están en el auto, nos lo había dicho antes pero no le hicimos caso, y por eso escapo, aun no entendemos el porqué de este “ritual” suyo pero no nos interesa, solo ella nos interesa y lo que puede hacer. Pero ese no es el punto. Sabemos que te tiene de su peón y cuando ya no le sirvas te matara también, ya viste lo que les hizo a dos de nuestros hombres. No podemos darnos el lujo de fallar, por eso necesitamos que hagas algo por nosotros.

El hombre le pasó por detrás una hoja de papel gruesa, lo metió directamente en su bolsillo. Ben quiso hacerle miles de preguntas pero el hombre lo interrumpió primero.

  • No digas nada, sino ella se dará cuenta, no pienses en nada de lo que te dije, o estarás muerto. Utiliza lo que te di cuando sea el momento, ¿Y cuándo es ese momento? Cuando esté a punto de matarte. No intentes detener el ritual, porque será peor y no te libraras de ella, si haces caso a lo que te digo quizás podrás ver a tú familia de nuevo ¿No es eso lo que quieres? Ahora vete, tú orden ya está lista.

Vio a la camarera con su pedido y cuando se dio vuelta el hombre se fue. Palpó levemente su bolsillo y noto que lo que le había entregado era una fotografía, la saco una fracción de segundo y se quedó paralizado.

  • ¿Pero qué rayos es esto?

Fin del Cuarto Capítulo

Jodie: La Niña de mis Pesadillas (Capítulo 3)

Posted in Jodie: La Niña de mis Pesadillas by Kruger on 31 agosto 2016

Jodie: La Niña de mis Pesadilla

Capítulo 3: Elemento G                                                                                                                                    

sonrisa

Boris Dugal y su primo Dom se encontraban en su modesto apartamento en las afueras de Central Park cuando el jefe les llamó. Era año nuevo y el reloj marcaba las 2:30 de la mañana. Boris sabía que sería algo urgente, el jefe nunca llama en días festivos sino se tratase de una emergencia.

  • Jefe, ¿sucedió algo?
  • Boris – la vos del jefe era de un tono áspero y casi ahogado- Hay un situación. El idiota de Erick Ruiz estrello el auto con el elemento G a bordo.

Tragó saliva.

  • Quiero que la recuperen- Continuó – Al parecer un extraño la salvó y la llevo a un hospital cercano, Moldan me asegura que es el hospital Saint Row.

¿Recuperar? Boris dudó. Recuperarla sonaba incluso sencillo pero Jodie era impredecible y en las últimas semanas se había comportado de una manera extraña. Le gustaba jugar con las agujas y alfileres y le causaba cierto placer  metérselos en sus dedos. Boris una vez se quedó a cargo de ella cuando el jefe le ordenó vigilarla una noche mientras planificaban su traspaso hacía Nueva York. A él le parecía absurdo tomarse tantas molestias por  una simple niña de ocho años de anteojos grandes y cabello oscuro. Cambio de parecer cuando la tuvo en frente suyo.

  • ¡Boris responde maldita sea!
  • Estamos en camino – dijo finalmente.
  • La quiero viva, muerta no me sirve. Sino tú cabeza será la que ruede en el tabernáculo ¿entendido?
  • Si señor – respondió- No fallaremos.

El jefe colgó y de inmediato Boris fue a recoger un par de armas escondidas en su armario. Dom que había escuchado la conversación y ya estaba preparado y listo.

Debía apresurarse ya que al ser de madrugada y con media ciudad de fiesta, la policía estaría atendiendo otros casos más importantes, eso les daba cierta ventaja estratégica. Sólo debería llegar matar a los testigos, rogar que la niña siga inconsciente, recogerla, subirla al auto, suministrarle sedantes para que no despierte y devolvérsela al jefe.

  • Del dicho al hecho hay un gran trecho –pensó Boris mientras encendía la camioneta y salía a la avenida Park para dirigirse a la autopista.

Llegaron al hospital una hora después. Tenían las armas cargadas y listas para usar. Cuando entraron vieron a dos oficiales hablando con una de las enfermeras. Si sólo eran dos policías entonces la cosa sería mucho más rápida. Ambos caminaron a paso lento hasta la recepción donde una enfermera de avanzada edad los miraba de forma seria, su gafete decía que se llamaba Judith, para Boris era una pena tener que matar a una mujer que tenía el mismo nombre que su abuela.

  • ¿Puedo ayudarlos? – preguntó la enfermera, su mirada era seria y desafiante como si intuyera que algo malo tramaba Boris. Él le guiño el ojo.
  • Buscamos a una pequeña que acaba de llegar hace un par de horas, nos dijeron que tuvo un accidente la pobrecita, sus padres nos mandaron para ver en qué estado se encuentra, ¿Nos podría decir en que cuarto la tienen? – Boris no era bueno inventado excusas, por lo que dijo lo primero que se le vino a la mente.

La enfermera parecía confundida. Hizo señas a uno de los oficiales para que se acerque. Boris ocultaba su arma en la parte izquierda de su chaqueta, esperaba el momento adecuado para darle la sorpresa al oficial.

  • ¿Qué sucede?
  • Este sujeto dice ser familiar de la niña accidentada y…………

Antes que el policía lo mirase de frente Boris disparó desde dentro de la chaqueta,  la bala le pegó en la cien matándolo instantáneamente. Sangre y gritos se mezclaron al unísono en la sala de emergencias. Dom reaccionó de inmediato y apuntó al otro oficial, pero este lo esquivo derribándole al suelo. Boris  saco el revolver de su chaqueta pero el sujeto uniformado ya se resguardaba detrás de la pared que dividía en parte la sala de espera con la sala de emergencias.

Se armó un tiroteo.

Por un lado Dom que llego justo a tiempo para cubrirse detrás de la recepción junto con Boris y  por el otro el oficial que llamaba por radio para pedir refuerzos.

  • Mierda llegaran en cualquier momento, acabemos con esto ¡Ya! – dijo Dom.

Boris siempre estaba preparado. Le hizo una seña a Dom para que lo cubriese y  por la izquierda lanzando un pequeño objeto negro de su mano, el mismo que fue a parar a lado del oficial condenado.

La explosión lo ensordeció dejando un pitido en sus oídos ya que con sus manos se cubrió la cabeza para que no le golpearan los restos de la pared y  los miembros despedazados del uniformado.

Cuando se incorporó vio que la sala de emergencias parecía una zona de guerra con olor a muerte y sangre por doquier, tanto enfermos como el  poco personal médico estaban en shock. La enfermera Judith se encontraba en el suelo cerca de la puerta de salida pero muerta por el fuego cruzado.

Dom lo llamó porque encontró en los registros la habitación de la niña. Ambos recorrieron a toda prisa el pasillo de habitaciones hasta llegar al cuarto donde se encontraba Jodie. La chapa estaba cerrada por lo que Boris la pateo un par de veces con sus botas de cuero hasta que esta se abrió de par en par.

  • Pero qué…………. Mierda.

Ahora él era el confundido. No había nadie en la habitación.

  • ¡¿Estás seguro que esta es la habitación de la niña?! – Preguntó.

Dom asintió, al mismo tiempo que señalo la ventana; estaba abierta o mejor dicho rota.

Boris se acercó al umbral. El piso de emergencias era en planta baja por lo que acceder parecía incluso mucho más sencillo. Boris se sintió como un idiota al ver a lo lejos un auto que se alejaba del hospital a toda prisa.

  • ¡Mierda! ¡Hemos fallado! ¡Hemos fallado! – Gritó colérico.

 

Ben Carson no dejaba de apretar el acelerador. Le sudaban las manos y el corazón le palpitaba a mil. Salir del hospital resulto más sencillo de lo que esperaba, sólo tuvo que localizar a la pequeña a través de la ventanas, no había muchas, hasta que se dio cuenta que la sala de observaciones se encontraba al final del pasillo, intuyo que la niña debía encontrarse en esa habitación. Sintió un gran alivio cuando la vio a través de la ventana.

Después de escuchar la explosión sabía que no tenía mucho tiempo. Algo le advertía en su interior que debía de actuar en seguida si quería salvarla. Agarró una piedra de buen tamaño que encontró cerca y la lanzo con todas sus fuerzas, el vidrio se hizo añicos y por fin pudo entrar. La pequeña estaba muy pálida y respiraba con dificultad, se la veía tan frágil que temía que no pudiese sobrevivir en el camino, aun así se arriesgó y levanto con cuidado, se dio modos para pasar por la ventana y una vez afuera corrió hasta su auto, encendió el motor, puso primera y apretó el acelerador.

Ahora con la niña acostada en la parte trasera, Ben se formulaba  mil preguntas en la cabeza: ¿Quiénes eran esos sujetos? Y ¿Por qué  parecen desesperados por capturar a la niña? ¿Tendrá algo ver con el sujeto muerto encontrado en el auto?, ¿Será una organización de trata y tráfico de personas?, ¿será que la niña es una prostituta o algo así? y si la descubriesen ¿La dichosa organización quedaría al descubierto?

No faltaba mucho para llegar a una estación cercana, pero lo que le parecía extraño era que ninguna patrulla había pasado por la carretera hasta ahora. ¿Qué se había reportado la explosión en un hospital?, ¿Qué nadie había llamado a la policía por semejante acto terrorista?

Ben estaba agotado. Los primeros rayos de sol empezaron a aparecer en el horizonte. El rojizo amanecer ilumino el cielo oscuro de una madrugada tormentosa, la mañana de un nuevo año emergía como cualquier otra, pero solo Ben podía ver que había un cierta diferencia con la anterior; esta parecía más brillante. Pensó unos segundos en su familia, su esposa e hijo debía estarlo esperando preocupados. Les prometió que volvería en año nuevo pero un asunto urgente lo retraso y lo seguía retrasando, solo esperaba que todo se resolviese pronto.

Llego a un cruce de caminos, faltaba poco para llegar. Cuando lo cruzó una camioneta negra que casi lo embiste por detrás, la camioneta dio un giro violento y viro en su dirección.

¡No puede ser! ¿Cómo llegaron tan rápido?

Sin embargo se dio cuenta que no era los mismo tipos del hospital los que conducían el auto. Cayo en cuenta que su teoría de una gran organización de trata y tráfico podría ser correcta. Pisó el acelerador a fondo pero el auto negro debía ser más veloz porque ya estaba sobre ellos.

Le dio un empujón en parte trasera que casi le hace saltar de su asiento, trato de evadirlo evitando que se le acercara por un costado. Estuvo zigzagueando un par de veces evitando que acercara más, vio por el retrovisor que uno de los sujetos saco su arma y empezó a dispararle, Ben agacho la cabeza y siguió maniobrando, hasta que el tirador le atino a su hombro. Ben aulló de dolor pero continuo zigzagueando con un solo brazo, el dolor era intenso y por momentos perdía en control de su vehículo derrapando de un lado a otro.

  • ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Porqué! – se lamentaba, más por fallarle a la niña que tenía acostada atrás que por su propio dolor.
  • Tranquilo Ben – dijo una voz dentro de su cabeza, la voz no era suya, sonaba con el de una niña. Ben no sabía si empezaba a delirar o era la culpa. Su vista se nublaba y sabía que era el fin.

El auto dio unos vuelcos aparatosos en medio de la carretera. El ruido metálico del acero retorciéndose era lo único que escucha Ben antes de que este parase y dejase al auto de cabeza. Ben quedo suspendido por el cinturón de seguridad, sentía como la sangre le chorreaba de la cabeza  y del hombro al mismo tiempo que admitía que la vida se le escapaba de las manos, no alcanzaba a ver a la niña, pero él presentía que ya no había ninguna esperanza para ella. Escucho a los hombres acercarse al auto antes de perder el conocimiento.

Ben caía en abismo de la inconciencia, en el profundo vacío de la nada. El silencio lo era todo en ese lugar, no era un lugar malo sino tranquilo, un lugar de reposo donde la eternidad es un soplo de aire que está en todas partes y el tiempo una ilusión que simboliza ser un todo. Descendía por aquella nada pensando que lo llevaría a algún lado. De pronto sus pensamientos se corrompieron con una densa niebla roja que venía de todas partes, un aura oscura invadía el lugar hasta dominar todo lo que había dentro. La niebla tomo forma y su rostro era tan inmenso que Ben creyó que estaba viendo al mismísimo Lucifer, pero se dio cuenta que no lo era cuando reconoció ese rostro que parecía tan familiar que le dio miedo y en ese instante despertó.

Oscuridad otra vez, pero ahora era diferente porque sentía su propio cuerpo dolorido. Estaba recostado en una cama eso era seguro pero no podía distinguir nada más allá de sus propias narices, trato de moverse pero los músculos de su cuerpo no le respondían, trato de recordar algo pero su mente estaba en blanco.

  • ¿Ya te recuperaste? – dijo una menuda voz cerca suyo. Ben reconocía esa voz aunque era imposible descifrar de quien era. – Tome mis lentes de tú chaqueta, espero no te moleste.

Ben seguía confundido, no entendía lo que esa voz infantil trata de decirle.

  • Ah! Lo siento ya puedes moverte.

Como por arte de magia Ben recupero la movilidad de su cuerpo;  se asustó. Se incorporó lentamente y distinguió en medio de esa profunda oscuridad la silueta de una niña pequeña de no más de 8 años sentada en el piso, desnuda y con pedazo de carne roja en la manos.

El viento soplo a través de la ventana e hizo saltar las cortinas de la habitación revelando la identidad de la niña. Ben quedo horrorizado no solo al ver que ella estaba cubierta por completo de sangre (que no era la de ella) sino también por sus ojos que eran del mismo color del pedazo de carne que masticaba.

  • Me he visto peor créeme y por cierto me llamo Jodie, gracias por salvarme – dijo con una amplía y sangrienta sonrisa.

Fin del Tercer Capítulo

Jodie: La Niña de mis Pesadillas (Capítulo 2)

Posted in Jodie: La Niña de mis Pesadillas by Kruger on 8 octubre 2015

Jodie: La Niña de mis Pesadilla

Capítulo 2: En peligro

La enfermera Judith Nells se encontraba dormitando en su turno nocturno en la sala  emergencias del hospital “Saint Row”. Había sido una noche relativamente tranquila salvo por un par de casos comunes: heridas hogareñas, intoxicación alcohólica, accidentes laborales y un caso de intoxicación de un sujeto que quedó inconsciente por beber demasiado un día antes.

Eran las dos de la mañana cuando por la puerta entró un hombre de media edad cargando el cuerpo de una niña en brazos. Pedía ayuda para la pequeña mientras caminaba presuroso por el pasillo del hospital rumbo a la recepción donde se encontraba Judith.

– Ayuda por favor- gritó el hombre- la encontré en las orillas del lago aquí cerca, al parecer tuvo un accidente.

Judith llamó a los camilleros de turno, quienes acudieron de inmediato y depositaron a la menor en la camilla y se la llevaron con el doctor de turno.

– ¿Es su hija? – preguntó Judith.

El hombre veía  como la camilla se perdía tras la puerta de la sala de emergencias  antes de responder.

– No, yo sólo pasaba por la carretera cuando noté huellas de derrape en el asfalto y después la cerca de seguridad de la vía estaba destruida. Paré el coche, me acerqué a la pequeña en la orilla, ella estaba inconsciente. Bajé para recogerla, la subí a mi auto y vine volando hasta acá.

Judith no dudo de las palabras del hombre, parecía sincero pero ya llegaría la policía a investigar el hecho.

– ¿Cuál es su nombre señor?

– Ben Mason, soy escultor, trabajo en la universidad pública como maestro de medio tiempo.

– Bien señor Ben, por favor espere en la sala contigua, seguramente la policía querrá hacerle algunas preguntas.

Ben hizo caso a la enfermera y fue a sentarse a la sala de espera, había un puñado de sillas vacías en esa pequeña sala. Prefirió sentarse en la primera que vio pues genelralmente estas son más cómodas. No se dio cuenta antes pero sus manos le temblaban por el frío y sus piernas en especial sus muslos también estaban congelados.

Sacarla del lago no fue sencillo, era un barranco de unos tres metros antes de llegar al lago. Cuando la vio inconsciente en la orilla pensó lo peor, pero de todas formas se acercó a ver si tenía esperanza. Escuchó su débil respiración cuando puso su mano sobre su pecho, le quito sus pequeñas gafas y las puso en el bolsillo de su chaqueta.

-Vas a estar bien pequeña – le animó.

La levanto con cuidado y la aupó sobre su espalda para poder subir mejor el barranco.

Estaba helada  pero era ligera lo cual facilitó su acenso por encima de la arruinada valla. La acostó en el asiento trasero y arrancó el coche a toda prisa para llegar al hospital.

Ben medito unos minutos lo sucedido, realmente estaba preocupado por la niña. Era una tragedia pues tampoco vio a alguien más en la orilla.

–          El auto debió haberse hundido hasta el fondo – pensó – quizá nadie más haya sobrevivido.

Judith quien se quedó en recepción revisando la computadora miraba de reojo de vez en cuando a Ben. A ella también le preocupaba la niña, no debía tener más de 10 años. Entro en un estado inicial de hipotermia le informó la enfermera pero el doctor de turno la estaba atendiendo. Se va a salvar pero quien haya estado con ella en el auto quizá no haya corrido con la misma suerte.

Dos horas después dos oficiales entraron por la puerta de emergencias. Judith lo estaba esperando.

–          Creo que sabe cuál es la situación – dijo uno de ellos, parecía cansado, su semblante era serio pero de  mano firme cuando empezó a anotar todo lo que decía Judith.

–          Entró a las 2:15 de la mañana, tenía principios de hipotermia y algunas laceraciones en brazos y piernas, pero está estable. El doctor Samuelson la estabilizo y ahora se encuentra en observación.

–          ¿No despertó  todavía? – preguntó el segundo oficial que era mucho más alto que su compañero.

–          No, ella sigue inconsciente. El hombre sentado allá la trajo, puede que él les pueda ayudar con otros detalles.

Los oficiales dirigieron su mirada a Ben quien se encontraba cabeceando por el cansancio. Se acercaron y este se paró enseguida.

–          Buenas noches oficiales.

–          Ben Carson ¿cierto?

Ben asintió.

–          ¿Es verdad que usted rescató a la niña, puede detallarnos lo sucedido?

Ben les contó lo sucedido sin omitir ningún detalle, después de varios minutos y preguntas los oficiales le agradecieron su cooperación pero antes de que se retirarán les preguntó.

–          ¿Quién iba con ella en el auto?

Uno de los oficiales dudo antes de responder, no sabía si era apropiado darle ese tipo de detalles a una persona ajena al caso.

–          Continuamos con el rastrillaje –  dijo finalmente – un equipo de buzos rescato un cuerpo del interior del coche, un hombre de unos 30 a 35 años aproximadamente y …………bueno.

Ben presentía que el oficial no quería dar más detalles, por lo que insistió.

–          ¿Qué más encontraron?

–          Sospechamos que el sujeto encontrado………….. abusaba de la niña.

A Ben casi se le cae la mandíbula por la impresión ¡¿Cómo era posible?!

– El hombre traía los pantalones abajo cuando fue sacado y los buzos aseguran que lo encontraron así, por eso queremos hablar con ella.

– Vaya, no sé qué decir – dijo Ben, no se esperaba una respuesta así. Si bien era cierto que el mundo era cada vez peor, no podía imaginarse a una niña siendo sodomizada por un enfermo en plena autopista…………….en un auto.

– Tranquilo señor Ben, resolveremos este caso y velaremos por la pequeña. Usted puede irse a casa ha sido de mucha ayuda.

Ben asintió, se despidió de los oficiales  y de la enfermera Judith antes de salir de la sala de urgencias prometiendo que volvería pronto  para saber del estado de la niña.

Camino lentamente con dirección a su coche, tenía la mente revuelta, vivió un par de situaciones particulares aquella madrugada, cosas que no serían fáciles de olvidar. Abrió la puerta del auto, encendió el motor y se alejó a paso lento del hospital Saint Row. Se encontraba en plena esquina cuando vio por el retrovisor una camioneta negra llegar a la entrada de la sala de emergencias. Dos hombres corpulentos salieron de este, su pinta  no daba buena espina: Chaquetas y vaqueros negros, lentes oscuros (en medio de la noche) y botas del número que usan los  jugadores de la NBA. En definitiva estos tipos no parecían nada amigables.

Ben tenía un mal presentimiento, dudo unos segundos pero dio vuelta el carro y volvió al hospital. Algo muy en el fondo le decía que la pequeña niña que había rescatado estaba en peligro. Segundos después se escuchaban disparos dentro del hospital. Él contuvo la respiración.

¡Mierda, esto no puede ser cierto!

Fin del Capítulo 2

Jodie: La Niña de mis Pesadillas (Capítulo 1)

Posted in Jodie: La Niña de mis Pesadillas by Kruger on 28 marzo 2015

Jodie: La Niña de mis Pesadilla

Capítulo 1. Inocente

Las luces de la ciudad se desplegaban en el horizonte. La gran manzana estaba expectante por la llegada del nuevo año, miles de personas congregadas en el famoso “Time Square” aguardaban ansiosas la cuenta regresiva. La gigante esfera traslucia en lo alto, radiante y espléndida, todas las personas a pesar del frio nocturno transmitían un aire de optimismo y alegría esperando seguramente que el siguiente año sea mejor que el anterior.

En el borde de la isla de Manhattan el ambiente era desierto y oscuro salvo alguno que otro comercio que abría sus puertas sólo porque no tenían nada mejor que hacer y tal vez pescar algún cliente despistado. En medio de aquél lugar se erguía un hotel no muy concurrido con aspecto decaído y pintura desgastada por el sol. El letrero rezaba: “Hotel Paradise” y se podía ver una luz encendida de entre tantas habitaciones vacías.

Jodie observaba las intensas luces provenientes del centro de la ciudad, le daba curiosidad el saber que sucedía en ese lugar, ella era nueva en la ciudad por lo que todo le parecía extraño y maravilloso.

Un hombre entró en la habitación y cerró la puerta con llave, vestía de traje formal con corbata y mocasines oscuros, tenía el cabello castaño, ojos claros, y una barba en forma de candado. Observó a Jodie por unos minutos y sonrió ampliamente. A él le encantan las niñas rubias y de piel clara como ella, observó unos instantes aquél preciso vestido floreado que le llegaba hasta las rodillas. La pequeña tenía una complexión delgada y de estatura promedio para su edad. Se acercó a ella lentamente y puso su mano en su hombro distrayendo su atención de las luces de la ciudad.

– Hola pequeña ¿cómo te llamas? – preguntó el hombre

– Jodie – respondió ella casi susurrando.

– Bien, Jodie. Déjame hacerte una pregunta ¿Tienes miedo?
Jodie meditó unos segundos antes de responder.

– No señor.

El hombre volvió a sonreír y puso su otra mano en el hombro para deslizar lentamente el vestido que Jodie traía puesto, el vestido de una pieza cayó delicadamente al suelo dejando a una niña desnuda frente a los ojos del hombre, este sonrió aún más revelando una sonrisa maliciosa y perversa.

– Así que no traías nada puesto debajo de ese hermoso vestido tuyo pequeña, eso me agrada, ahora eres toda mía, pero primero déjame quitarte esos anteojos que traes puestos.

El hombre le quitó las gafas a la niña y la llevó de la mano hasta la cama matrimonial. La recostó sobre las sábanas blancas admirando su hermoso y frágil cuerpo. Aquella rayita perfecta que tenía entre las piernas era lo que más admiraba el hombre, la convertía en un ser perfecto, inocente y puro.

– Me encanta tocarte aquí pequeña – dijo él mientras acariciaba aquella rayita con sus dedos.

Jodie se ruborizo al sentir las caricias del hombre, sintió una calentura que recorría sus piernas, le gustaba el contacto y la sensación que le provocaba.

– Relájate, cierra los ojos y que no te incomode mis caricias.
Jodie relajó los músculos tensos de su cuerpo, dejándose llevar por estas nuevas emociones que se intensificaban a cada segundo. De repente el hombre se acercó a sus labios y la besó, Jodie confundida apretó los dientes porque no sabía que hacer, se sentía extrañada más no incomoda por la acción del hombre.

-Sólo abre la boquita Jodie, deja que mis labios hagan el trabajo.
Dicho esto el hombre besó los labios de la pequeña con pasión, humedeciéndolos con los suyos, después apoyó una de sus manos en su pequeño pecho plano, palpando sus costillas de arriba a abajo. Jodie no pudo evitar reírse un poco por el toque cálido del hombre, le provocaba cosquillas cada que llegaba cerca de la axila.

Sin darse cuenta Jodie no sintió la invasión de uno de los dedos del hombre dentro de su vagina, hasta que empezó a sentir un dolor punzante ahí abajo. Se retorció un poco pero el hombre persistía con su dedo ahí abajo.

– Sé que te duele pequeña, pero el dolor es momentáneo, sólo aguanta ¿sí?- dijo con una sonrisa en los labios.

Jodie se empezó a sentir incomoda, era un sentimiento nuevo para ella, y aun así no dijo nada, quería saber hasta dónde podía llegar aquél hombre de traje elegante.

El hombre sacó el dedo de hoyito de la infante, estaba húmedo y brillante, él lo olió y emitió otra sonrisa.

– El olor de orines me encanta, es un olor tan dulce que hace que palpite más fuerte el corazón, creo que ya es hora de que conozcas todo el amor que tengo para darte.

Dicho esto el hombre se bajó la cremallera del pantalón y de esta salió su miembro viril erecto. Jodie se impresionó al verlo pues nunca había visto algo semejante, se lo veía grande y de un aspecto asqueroso y repugnante. Ella sintió asco cuando él hombre empezó a sobarlo contra sus genitales.

El hombre cambió de cara, se lo veía más amenazante, una cara de deseo y lujuria que invadía todos sus sentidos. Se puso encima de la pequeña niña moviendo sus caderas de manera uniforme, el contacto con la piel de Jodie le provocaba mayor excitación, era tersa, lisa y frágil. Jodie no sabía que hacer o sentir todo era muy extraño, al tiempo que sentía pequeñas cosquillas en la parte baja de su estómago como si miles de hormigas caminaran por ahí.

De repente sintió como se ensanchaban sus labios vaginales y como la cabeza del pene del hombre se perdía en ese pequeño agujero suyo.

– No te sientes excelente Jodie – dijo excitado- yo me siento fantástico.
Las arremetidas del hombre subieron de tono. Le abrió las piernas de par en par y le introdujo la verga un poco más. Jodie comenzó a derramar lágrimas pues el dolor era espantoso, aparte de que se sentía tan incómoda y vulnerable; el hombre le daba miedo.

Ya tenía media verga dentro de la pequeña, él se sentía poderoso y aquel sentimiento era justo lo que esperaba sentir al contrar este servicio. El precio era alto pero valía cada centavo invertido, el pervertir a una niña de ocho años era sin dudas un logro absoluto y para él y era sólo el principio. Ya lo había hecho antes con otras niñas pequeñas, las había flagelado de la manera más vil y había hecho con sus cuerpos lo que a él le viniese en gana. Ahora tenía planeado hacer lo mismo con Jodie o incluso planearia cosas peores.

El hombre estaba a punto de llegar al primer coito de la noche cuando vio algo extraño en los ojos de la niña. Se detuvo en seco pensando que sólo era cosa de su imaginación pero cuando se acercó a su rostro quedó horrorizado. Y en ese instante sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo, se paralizó por completo y abrió los ojos de par en par.
-¿Qué mierda me está pasando? – Pensó.

Era la una de la mañana y la puerta de la habitación se abrió de par en par, Jodie salió cojeando del cuarto rumbo al pasillo del hotel. Se apoyó en la pared adolorida, su vestido floreado estaba manchado en la parte baja, el tinto rojo de su sangre se deslizaba en su pierna derecha. Se puso los lentes y camino otros dos pasos antes de caer al suelo, aulló de dolor, apoyó la espalda sobre la pared de pasillo y reposo unos instantes. Perdía sangre y sentía un dolor palpitante en la cabeza, debía llegar al estacionamiento, la estaban esperando.

Se incorporó y se dirigió al ascensor del hotel, apretó el botón y espero. Empezó a marearse, la cabeza le daba vueltas y presentía que no podría estar de pie mucho tiempo más. El ascensor llegó y ella subió trastabillando, apretó el botón del estacionamiento y el ascensor se puso en marcha.

Erick Ruiz fumaba un cigarrillo cuando la puerta del ascensor se abrió, vio salir de el a Jodie que cojeando iba hacía él sobre su pie derecho. Apagó de inmediato su cigarrillo pisándolo en el pavimento antes de dirigirse al encuentro de la niña.

– Jodie ¿Qué te paso? ¿Estás bien?

– Si, eso creo – mintió, la pierna le dolía demasiado como si pisara carbón caliente.

– ¿Segura?

– ¡Si! – Gritó – sólo quiere irme de aquí.

– ¿Y la paga?

Jodie sacó del bolsillo de su vestido una billetera de cuero negro y se la entregó a Erick. Éste la abrió y vio que dentro había un buen fajín de billetes de 100 dólares, sacó los billetes y botó la billetera al suelo.

– Entonces, vamos pequeña- dijo y se dio media vuelta camino al Mercedes negro metiendo los billetes adentro de su chaqueta, sacó las llaves y encendió el auto, Jodie apenas le siguió el paso disimulando la cojera, ella abrió la puerta del copiloto y subió apretando los dientes por el dolor.

El motor del Mercedes rugió y se puso en marcha, salieron del hotel rumbo a la autopista.

Jodie respiraba con dificultad y se le dormían las piernas, eso no era buena señal.

Erick la miraba de reojo tratando de imaginar lo que le había pasado, pero no estaba seguro de nada, los jefes le dieron la orden de llevarla y traerla, y que él cliente debía pagar en efectivo, antes transportó a niñas de mayor edad pero Jodie era misteriosa, se manejaba sola y siempre volvía con el botín.

Pero se la veía tan vulnerable, aquellas piernitas delgadas y aquellos ojos azules tan hermosos, los lentes le hacían ver tan inocente y eso era justamente lo que preferían los clientes por sobre otras; que sean y se vean inocentes. Se dio cuenta que Jodie estaba semiinconsciente y se le ocurrió una idea descabellada.

Agarró la cabeza de Jodie y la acercó hacia él, ella no se percataba de nada pues estaba a punto del desmayo. Con esmero se abrió el ziper del pantalón y sacó su verga de entre sus calzoncillos, aupó a Jodie hasta la altura de su entrepierna y empujó su cabeza hasta la altura de su miembro. Sus pequeños labios se cerraron por puro reflejo, Erick presionó estos con su verga para abrirlos poco a poco, era una tarea difícil pues debía hacer esto sólo con una mano mientras que con la otra conducía el automóvil.

Jodie abrió sus labios dejando el paso libre para que la verga del conductor se introduzca. Erick contuvo la respiración pues la sensación de sus labios en el pene era indescriptible, sentía la humedad de la boca de la niña invadir su erecto pene, la mantuvo así por varios minutos pues ya se encontraban en la autopista rumbo a casa. Redujo la velocidad para manejar mejor la cabeza de la niña empujando su nuca para que se comiera más el tibio falo de él.

La boca de Jodie henchida por intrusión la dejó sin respirar adecuadamente, en momentos se atragantaba con ella y segregaba más saliva, quiso desprenderse pero no pudo, la mano en su nuca no se lo permitía.

– Ah! Jodie que dulce boca tienes. Yo nunca en mi vida imaginé que haría esto, pero tranquila que en tres horas más estaremos en casa.

Erick no sabía cuánto tiempo más aguantaría antes de derramar su semen dentro la boca de la niña, sólo esperaba aguantar otros 50km más antes de vaciar su primera descarga. Se sentía el hombre más dichoso de la tierra.

En medio de la relajación completa Erick no vio ni por asomo el letrero que decía “Curva peligrosa”, ya era tarde para cualquier acción, el auto se salió de la pista a más de 90km por hora, la velocidad era tal que el Mercedes fue a chocar directamente con el lago que había cerca. El lujoso auto se fue hundiendo poco a poco perdiéndose en las profundidades del oscuro lago como el manto negro que envuelve a la muerte.

Fín del Capítulo Uno