Jodie: La Niña de mis Pesadillas (Capítulo 4)

Posted in Jodie: La Niña de mis Pesadillas by Kruger on 22 septiembre 2016

Jodie: La Niña de mis Pesadilla

Capítulo 4: Los demonios llaman

Cuando Ben tocó la puerta de su casa traía las manos sudadas por el nerviosismo y unas ojeras muy marcadas. No durmió muy bien las dos noches anteriores, no era para menos, con una niña dotada con poderes sobrenaturales y con una inclinación por el canibalismo quien podría dormir.

  • Relájate Ben- dijo Jodie que estaba a su espalda como queriendo aparentar timidez – Tú esposa no te va a creerte si sigues así de nervioso.

Su voz era como la de cualquier niña normal, toda inocente y pura, pero Ben se preguntaba una y otra vez como aquella niñita podía ser tan despiadada. Aún vestida como cualquiera de su edad con chompa, guantecitos de lana y chalina por todo el cuello. Y esos lentecito medialuna que la hacían ver inmaculada.

Ben respiró hondo al oír los pasos de su esposa al acercarse a la puerta.

  • ¿Ben? ¿Qué diablos te pasó? Estuviste desaparecido cinco días y ni una llamada, me tenías preocupada.
  • Sara en verdad lo siento, es que sucedieron muchas cosas y no sabía cómo explicarte.
  • Explicarme que –La mirada de Sara era desafiante, Ben se puso incómodo.
  • Yo, yo…… – Dijo tartamudeante, el nudo en su estómago era cada vez mayor – yo no sabía, yo no sabía lo juro. Ella apareció de la nada, me llamó, me dijo que venía a la ciudad, dijo que quería verme, y que quería decirme algo importante.
  • ¿De qué estás hablando Ben?
  • Fue mi ex novia, Clarisa, no sé si te conté sobre ella, era muy quisquillosa ¿sabes? La conocí en una fiesta de la fraternidad, bebimos un par de copas, una cosa llevo a la otra y lo hicimos, fue antes de conocerte un mes antes quizá. El caso es que ella vuelve después de ocho años y me dice que……..que……….que tengo una hija.

Silencio sepulcral.

  • ¡¿Qué?! – exclamó.
  • Yo no sabía lo juro, me sorprendió porque después de que corté con Clarisa ella jamás me volvió a llamar y me sorprende con ella – apretó la mano de Jodie para que se presente y ella cabizbaja se paro a lado de Ben.
  • Ella es Jodie – continuó diciendo – tiene 8 años y Clarisa me la acaba de dejar.
  • ¿Qué ella qué? – Sara estaba desconcertada como si la hubiesen abofeteado en la cara con un guante de hierro.
  • Yo sé que es difícil de asimilar, yo tampoco lo asimilo por completo, pero es la verdad y ahora Clarisa quiere que yo me haga cargo, dice que me toca hacer el papel de padre.
  • Me dices ¿Que tuviste una novia de la que no tenía idea, que la embarazaste, y que ahora te deja a una niña que se supone que es tú hija, y que ahora debes cuidarla?- Sara estaba a punto de explotar, la niña se puso de nuevo a sus espaldas.
  • Si, prácticamente es eso. Lo siento.
  • Vete- dijo Sara guardando la compostura – Vete ahora por favor. Y agradece que tienes a un niña a tus espaldas porque sino ahora mismo te rompería la cara.

Aquello último le sorprendió, jamás la había visto tan alterada. Ben se alejó de la puerta con Jodie detrás, ambos dieron media vuelta y se dirigieron al coche.

  • Volveré cuando todo se haya arreglado.
  • Por favor no vuelvas, es por tú propio bien – Dijo Sara antes de dar un portazo y cerrar la puerta con llave.

Ben encendió el auto y se fue.

  • Eso último fue obra tuya ¿verdad? – Dijo Ben mientras conducía – tú pusiste esas palabras en su boca.
  • Solo hice las cosas más fáciles. Ella te quería mostrar compasión, y eso hubiese complicado todo. Ahora cuando ella te vea no sentirá nada más que odio por ti hasta que tu o yo muramos.
  • ¡¿Por qué Jodie?! ¡¿Por qué yo?!
  • Tú me salvaste recuerdas, ahora eres responsable de mí.
  • ¡¿Qué mierda eres?!
  • Eso… ni yo lo sé.

Ben estaba agotado, se veía a través del espejo retrovisor y sus grandes ojeras decían que no estaba bien, que sus fuerzas en cualquier momento flaquearían y que en cualquier momento perdería el control del motorizado y se estrellarían. Quizá era lo mejor, así acababa con este infierno de una vez y daba paso a la tan ansiada paz que buscaba desde que se metió en este sin fin de acontecimientos que empezaron en el hospital Saint Row.

Jodie lo observaba de reojo, ella también notaba su cansancio, pero era normal, cualquier persona sufriría de ansiedad y terror después de ver a una niña de ocho comerse a dos adultos en un motel. Ver la sangre y viseras esparcidas por todos los rincones de la habitación, junto con los huesos de las víctimas, debe ser toda una experiencia. Pero el viaje continúa y aún tenía planes pendientes ahora que era libre.

Sabía que sus perseguidores no claudicarían fácilmente, no ahora que continuaría con el ritual. Era solo cuestión de tiempo para poder finalizarlo y para ello necesitaba ciertos “elementos”, tres de esos elementos debían ser puros, tan puros como la nieve que caía sobre el asfalto y los otros tres debían ser impuros y tan oscuros como el carbón de extraído de lo profundo de la tierra.

  • Conduce hacia el sur.
  • ¿Algún lugar en específico?
  • Tú solo hazlo, yo te diré cuando estemos cerca. Tenemos que recoger a ciertas personas.

Ben no sabía de lo que la pequeña niña con gafas era capaz, pero no podía cuestionar sus órdenes. Como demostró antes, tiene ciertas habilidades oscuras y no sabía a ciencia cierta que otro tipo de facultades poseía esta especie de bruja, que al parecer podía controlar la mente de las personas, obligándoles a hacer lo que ella quisiese, esto incluía automutilación y asesinato como lo demostró en el motel.

  • Se lo que estás pensando Ben- dijo con cierto aire cansado- pero yo también tengo mis límites, esto no lo hago por capricho, sino por necesitad. Los tipos que me buscan volverán, tienen oídos en todas partes y la única forma de detenerlos es siendo libre.

Esa última parte Ben no la entendió del todo, pero las preguntas no servirían de nada, lo único importante era salir con vida de este cautiverio momentáneo, o por lo menos frustrar los planes de esta pequeña demente.

  • Sabes que puedo leer tú mente ¿verdad Ben? Deja de pensar que soy demente porque no tienes ni idea.

Ben guardo silencio mental, trato de no pensar en nada pero era difícil, tenía la cabeza revuelta y un nudo en el estómago. Las náuseas volverían y no sabía si podía continuar aguantando las arcadas, pero de repente los retorcijones se fueron y su mente quedo serena.

  • Así es Ben, también puedo hacer eso.

Llegaron a los suburbios de la ciudad. Era un lugar poco amigable, con edificios de apartamentos sobrepoblados, con tendedores de ropa que colgaban de extremo a extremo, grafitis en los muros circundantes y pandilleros apostados en varios lugares, que observaban de reojo el coche de Ben.

  • Dobla a la derecha y estaciónate.

Miró a ambos lados antes de doblar y se estacionó tras una camioneta guinda marca Ford.

Jodie tenía los ojos fijos en la camioneta. Había dos ocupantes dentro de ella, un adulto y una niña de no más de 10 años. Parecía que charlaban de forma amena y de repente se detuvieron, se pusieron firmes y tiesos como si una corriente eléctrica les atravesara toda la espalda. La niña salió del auto, cerró la puerta, se dirigió al auto de Ben, se sentó en el asiento de atrás y se quedó quieta como una estatua.  La nueva acompañante tenía el pelo negro y liso, ojos igual de oscuros, labios y mejillas rosadas. De cuerpo delgado y piernas bastante flacuchas. Llevaba puesto una chamarra desgastada de color chicle y pantalones oscuros. Ben la llevaba mirando un rato hasta que Jodie le ordenó:

-Arranca.

Ben tenía miedo de objetar por lo que solo se dispuso a hacer lo que ella decía, no sin antes mirar de reojo al padre de la menor que seguía tan estático desde que Jodie comenzó a mirarlo.

Otro par de horas manejando, ahora hacía el este.   Ben no tenía idea de lo que planeaba la niña sentada a su lado pero tenía que pensar en algo para evitarlo. Si todo terminaría como en el motel con aquellos dos sujetos jamás lo superaría.

Había lapsos en los que Ben perdía el conocimiento y despertaba cuando llegaban a su destino, esto obviamente era obra de Jodie, pues así era como lo trasladaba de un lado a otro. Esto lo incomodaba porque daba la impresión de que estaban viajando durante semanas y para él solo eran horas.

Finalmente arribaron otro pequeño pueblo rural: edificios cortos, autos modestos y poca afluencia de personas por las estrechas calles. Quería pararse a  preguntar pero Jodie le dijo mentalmente que desistiera de la idea. Se estacionó junto a pequeño parque a las orillas del océano. El bramido del mar era estruendoso y el cielo nublado obligaba a pensar que se acercaba una tormenta. No había nadie jugando en los juegos ya que el viento soplaba a raudales.

De repente se abrió la puerta de atrás y  sentó otra niña de la misma edad que la anterior, salvo que ella tenía el cabello rubio y ojos azules, pero lo que la destacaba era su piel que parecía tan blanco como la nieve. Llevaba puesto un abrigo celeste y unos vaqueros. Cerró la puerta tras de sí y quedo en la misma posición que la otra niña de cabello oscuro.

  • Esto no me da buena espina Jodie- se quejó mientras daba la cuerva para volver al camino.
  • Mientras menos sepas mejor, pero para futuras referencias, ella es Sara – Dijo señalando a la niña del cabello negro- y ella es Dora – dijo señalando a la niña rubia- No necesitas saber más.

Ben resopló molesto, presentía que esto de los viajes duraría más tiempo del que se imaginaba.

Apenas salía a la carretera perdió nuevamente el conocimiento.

La última niña fue recogida del otro extremo del país. Jodie se las apañaba para mantener a las niñas tranquilas adormeciendo sus mentes al mismo tiempo que hacía que Ben maneje en estado inconsciente. El tiempo se le terminaba, los temblores en sus manos comenzaban a manifestarse. Era el primer síntoma de muchos.

Despertó a Ben frente a un restaurante a las afueras del pueblo de la última niña recogida.

  • Ben, necesitamos comer. Tienes que bajar a comprar comida – dijo Jodie, que parecía más pálida de lo normal.

Él se sorprendió de ver a otra niña en el auto y más aún al darse cuenta que esta última traía el pelo rojo muy intenso, quizá la claridad de la tarde le hacía verse así. La nueva niña era de piel muy clara, cara redonda y rasgos finos, llevaba puesta un poncho marrón y que le llegaba hasta las rodillas, Ben no alcanzo a ver si llevaba puesto unos pantalones.

Salió del coche rumbo a la entrada del restaurante de aspecto local, es decir, un local de comida al paso, de esos que se encuentran en medio de la carretera donde sólo te sirven café y pan tostado.

Llego a la barra y afortunadamente vio que también servían hamburguesas, pidió media docena y algunas sodas para el camino. Un grupo de turistas también llegó al lugar, eran una buena cantidad de personas porque colmaron en pocos minutos todo el establecimiento. Ben se vio rodeado de ellos pidiendo todo lo que ofrecía el restaurante, dedujo que tendría que esperar varios minutos más antes de volver al auto.

  • No te muevas ni digas nada, sino ella lo sabrá- dijo una voz rasposa tras de él.

Ben se puso nervioso, al parecer los problemas no paraban de llegar.

  • Lo que te voy a decir es muy importante – continuo diciendo el hombre a sus espaldas- Jodie es muy especial para nosotros, y la queremos de vuelta, pero también sabemos lo peligrosa que es. Ella solo puede leer la mente de una persona a la vez por lo que tuvimos que armar esta distracción para hablar contigo. Va a sacrificar a esas niñas que están en el auto, nos lo había dicho antes pero no le hicimos caso, y por eso escapo, aun no entendemos el porqué de este “ritual” suyo pero no nos interesa, solo ella nos interesa y lo que puede hacer. Pero ese no es el punto. Sabemos que te tiene de su peón y cuando ya no le sirvas te matara también, ya viste lo que les hizo a dos de nuestros hombres. No podemos darnos el lujo de fallar, por eso necesitamos que hagas algo por nosotros.

El hombre le pasó por detrás una hoja de papel gruesa, lo metió directamente en su bolsillo. Ben quiso hacerle miles de preguntas pero el hombre lo interrumpió primero.

  • No digas nada, sino ella se dará cuenta, no pienses en nada de lo que te dije, o estarás muerto. Utiliza lo que te di cuando sea el momento, ¿Y cuándo es ese momento? Cuando esté a punto de matarte. No intentes detener el ritual, porque será peor y no te libraras de ella, si haces caso a lo que te digo quizás podrás ver a tú familia de nuevo ¿No es eso lo que quieres? Ahora vete, tú orden ya está lista.

Vio a la camarera con su pedido y cuando se dio vuelta el hombre se fue. Palpó levemente su bolsillo y noto que lo que le había entregado era una fotografía, la saco una fracción de segundo y se quedó paralizado.

  • ¿Pero qué rayos es esto?

Fin del Cuarto Capítulo

Dos niñas, una cabaña y mi vida por el caño.

Posted in una cabaña y mi vida por el caño. by Kruger on 21 septiembre 2016

¡Toc!, ¡Toc!, ¡Toc!

 

  • Papá, ¿Qué están haciendo allí dentro?
  • Nada hija, ve a cambiarte al cuarto que ya vamos para allá tú hermana y yo – dije a través de la puerta.

Diana volvió a tocar la puerta la puerta con más fuerza, al parecer no le gustaba esperar o  le picaba tanto la curiosidad por saber lo que yo y su hermana mayor Mika estábamos haciendo, pero no podía, no por ahora.

 

Aumente la presión de la ducha para que haga más ruido y así no pueda escucharnos.

 

  • Papá, ya déjame entrar, ¡no me gusta estar solita! – vociferó

 

¡Dios qué niña más escandalosa! Me ponía los pelos de punta escuchar sus quejas, ¿No podía dejarnos en paz unos minutos?

 

  • Ya salimos Diana, ya vete al cuarto o sino no habrá pizza esta noche – dije para calmarla. Decirle que pediría pizza era mi manera de controlarla.

 

La escuché alejarse con pequeños saltos hacía mí habitación.

 

  • Bueno, ¿En que estábamos?

 

Mika no me respondió, se limpiaba las lágrimas de los ojos.

 

Ambos nos encontrábamos dentro de la tina llena de agua y burbujas, el olor a jazmín de su shampoo impregnaba el lugar, el vapor del agua empañó los vidrios y el espejo del lavabo.

 

Me encontraba parado a su lado, el agua me llegaba casi a las rodillas, en cambio a ella le llegaba un poco más arriba de eso. Vaya que era preciosa mi niña, con ese cuerpo tan bien formado: muslos firmes, caderas delgadas, ombligo de botón, pecho plano y pulcro. Brazos delgados, cuello estirado y fino, mejillas rosadas, ojos celestes como los de su madre, nariz respingada, cabello claro con ondulación en las puntas  y labios bien definidos. ¡Vaya, con razón me obsesioné con ella!

 

Pero lo que más me gustaba era esa increíble, preciosa y suculenta rajita sin bellos. ¡Oh si! Esa cosita brillaba con luz propia. Me dejaba ciego de placer de solo observarla un momento. Me gusta darle cariñitos y lamidas a esa línea vertical perfecta, era como saborear el dulce néctar de la vida. Y mejor aún era ver como pequeñas gotas de agua resbalan sobre esos labios vaginales, hacían que se viera más…………..apetecible.

 

En si, yo estoy loco de ansiedad  por saborear ese delicado cuerpo suyo.

 

Así que al grano.

 

Le ordené que se volteara y que pusiera sus manos en la pared de azulejos, después que se agachara y se abriera con las manos esas preciosas nalgas redondas y que me mostrara esas aberturas estrechas de ano y vagina, divididas finamente por esa línea universal que las unía y separaba.

 

Su culito no era virgen, ya me había encargado de eso, no fue fácil, pero con tiempo y mucha persuasión todo es posible. Sin darme cuenta ya tenía insertada media verga dentro de su culito casi sin esfuerzo. Mika se quejaba, siempre lo hace, no le gustaba que se la meta por ahí, le causaba mucho dolor, yo creo que exagera; su boquita me dice que no pero su culito se traga fácilmente mi falo.

 

Su anito era estrecho pero sus nalgas eran prominentes para su edad, me gustaba darle un par de azotes a esos grandes cachetes solo por el placer de escuchar su sonido. Le di dos fuertes nalgadas a ambas, estas se pusieron rosadas y emitieron un sonido tan dulce que me volvía loco. No escatime en fuerza y como mandaría mi vida por un tubo entonces debía aprovechar este fin de semana al máximo.

 

¡Toc!, ¡Toc!, ¡Toc!

 

  • ¡Papá ya salgan que sigo sola aquí!

 

¡Mierda! Ya te va a tocar pequeña, ya te va a tocar.

 

  • Ya salimos cariño, espéranos en mi habitación.

 

Me despegue de Mika con cuidado y vi que su anito había crecido enormemente, era precioso, tan rojizo que daban ganas de metérselo nuevamente pero ya habría tiempo para otro encuentro.

 

Nos secamos y por fin salimos del cuarto de baño.

 

Mika cabizbaja se fue directo a su habitación y cerró la puerta con llave. ¡Qué tonta! No sabe que tengo las llaves de toda la casa.

 

Diana estaba en mi habitación, revoloteando por todas partes sin nada puesto,  era una niña hiperactiva y desinhibida, eso me gustaba. Me encanta su inocencia y su sonrisa sincera.

No tiene ni idea de lo que le hago a su hermana mayor puesto que vive con su madre, solo la puedo ver algunos fines de semana del mes y en la fiestas de fin de año.  Eso no me molesta pues tengo a Mika pero creo que ya es tiempo de cumplir una de mis más grandes fantasías y este fin de semana es perfecto.

 

Diana me mira y sonríe, le devuelvo la sonrisa. Tiene los ojos y el pelo rubio de su madre pero tiene mi sonrisa, es divertido hacer comparaciones, ella se parece más a mí  que Mika. ¿Será por eso que preferí elegir a Mika en custodia?

 

Me abalanzo sobre mi pequeña y desnuda niña rubia, quien grita de forma histérica y divertida. Le hago cosquillas en todo el cuerpo como escusa para manosearla, tiene una piel increíble mi niña, es tan tersa y suave como la seda, me  provoca cierto grado de placer el solo tocarla.  Juego con su pelo que es tan  rizado y dorado como la de Shirley Temple y sus cachetes rosados como de una muñeca pepona.

 

Acaricio cada parte de cuerpo con locura y desenfreno, palpando su tierna piel, alcanzando sus zonas erógenas y sensibles, apretando con mis dedos su clítoris y nalgas, cacheteando sus mejillas y muslos como si fueran pelotas de volleybal. No quiero esperar más, quiero que esta pequeña de 8 años sienta mi enorme verga en su interior.

 

Después de haberla manoseado unos minutos, me preparo para lo que vine planeando meses atrás, cuando perdí la cordura y me deje llevar por estas enfermas ideas mías.

Saco una cuerda de montaña de debajo de la cama  junto con una mesa plegable, la armo, y la pongo junto a la cama. Diana observa curiosa el significado de esta mesa, pero no dice nada, a ella le gustan las sorpresas y sabe que la mesa significa algo importante.

 

Ambos estamos desnudos cuando la echo encimade la mesa. Sin decirle nada ato sus manos y pies, los extiendo hasta las esquinas, realizo los  nudos respectivos en cada esquina y los aprieto con fuerza. Diana no se queja por estar en esa situación, es más, me sonríe pensando que se trata de un divertido juego.

 

Vamos a ver cuanto le dura esa sonrisa suya.

 

De debajo la cama saco otra de mis armas secretas: una vara de azote. Es delgado, flexible y con cierta longitud para graduar el castigo; es perfecto. Lo levanto en alto para que mi niña lo observe, ahora noto cierto grado de miedo en su mirada, presiente que algo malo va a ocurrir.

 

El bastón acaricia cada parte de su cuerpo, lo tantea y mide como escaneando los puntos débiles, para después ser ejecutado con éxito.

 

– Te voy a castigar por ser una niña mala – le digo con una sonrisa amplia, mi intención es causarle el mayor temor posible.

 

Primero suave, golpecitos suaves en sus muslos, Diana se estremece, agita todo su cuerpo con cada golpecito que le doy. Aumento la dosis de fuerza, primero en un muslo después en el otro hasta que estos adquieren un todo rosado, ella comienza a protestar: yo continúo con el castigo, lo importante aquí es disfrutar de su sufrimiento.

 

Seguidamente paso a su estomago que esta tan plano y hermoso que volverlo rojizo será un placer. Golpecito tras golpecito cumplo con mi cometido, la vara se agita con cada golpe y me emociona escuchar el sonido que este produce.

 

  • Basta papá, me duele mucho, duele.
  • ¿Papá? Creo que ese titulo ya no lo merezco, de ahora en adelante me llamaras “mi señor” ¿de acuerdo?
  • ¿Qué? – dice la pequeña con la mirada confundida y asustada, yo me limito a darle tres fuertes azotes en su estomago antes de replicarle.
  • ¡Dije que de ahora en adelante me dirás “mi señor” sino quieres que te siga azotando niña malcriada! – Grité.
  • ¡Mi señor, mi señor!

 

Diana comienza a llorar, su barriga estaba tan roja como un tomate pero mi ego estaba en el techo.

 

Era hora de cambiarla de posición.

 

La desaté, la voltee como si fuese tortilla y la volví a amarrar.

 

Su colita parada era  preciosa y de solo pensar en darle tremendas cachetadas a esos pedazotes de carne me excitaba en sobremanera, así que ¿Para que perder el tiempo si toda ella estaba a mi libre disposición?

 

La vara se dio un festín de golpes sobre sus nalgas, tan sonoros eran los golpes que sentía que los vidrios de la habitación vibraban, mis manos envidiaban a la vara, no solo ese instrumento debía tener el placer de azotar esas montañas de carne. Mi mano derecha se dio el lujo de nalguearla un par de veces solo para conocer el contacto de esa piel sublime que tenia mi niña.

 

Diana lloraba y lloraba pero lejos de darme pena me daba satisfacción y ánimos para continuar con mis castigos. Minutos después sus nalgas quedaron tan rojas y marcadas como si las hubiese marcado con fierro para herrar ganado. Di un largo suspiro. Se veían estupendos pero aún me faltaba algo por hacer.

 

La desaté de nuevo y la volvía voltear de frente pero esta vez con las piernas estirada hacia atrás. Hace algunos días instalé un colgador de pared para que las cuerdas quedasen ajustadas ahí, pase unos minutos haciendo nudos en sus talones para poderlos anudar en el colgador y así sus piernas quedaran bien estiradas  y que ella no se moviera de esa posición, el objetivo: que su panochita quede libre y abierta.

 

Casi falto soga, pero me las apañe para que quedara bien amarrada. Era el momento, mi corazón palpitaba a mil por hora y mi verga estaba bien parada, por precaución cerré la puerta del cuarto con llave; lo que vendría sería tremendo.

 

Se le veía toda su rajita, desde el comienzo hasta el fin, desde el monte de Venus hasta donde terminaba su anito. Saque de mi caja de sorpresas otro de mis juguetes de la noche: un látigo de tres puntas hecho de cuero. El instrumento era precioso y elegante que con su sola presencia Diana comenzó a temblar del miedo.  Empecé con pequeños golpes en su parte más sensible: el clítoris.

 

El látigo se extendía por toda su panocha infantil provocando un sonido seco.

 

-¿Quién soy? Dime esclava ¿Quién soy? – le decía mientras la azotaba.

– Mi señor, mi señor – respondía mi niña con la voz quebrada por el llanto.

 

Los minutos pasaban y mi niña se retorcía y gritaba sobre la mesa por el intenso dolor que le provocaba, sus pies se tornaban rojos por mis apretados nudos y había derramado tantas lágrimas que se formó un pequeño charco alrededor de su cabeza. Yo no claudicaba con mis azotes en su piel, su rajita se  tornaba rojiza, ese color exquisito, era mi color favorito, transmitía cierta sensualidad y pasión, pero quizá el azotarla de esa manera era mi deleite, mi droga, mi poder.

 

El dolor de criaturas indefensas me provocaba mucha emoción después de una vida aburrida y gris. Este era  mi retribución a todos eso años de estar siempre reprimido, con la sociedad viéndote con malos ojos, siendo acusado de algo de lo que no eres culpable. Yo amo a los niños y desde siempre fue así, ahora si me condenan y amedrentan por eso entonces ellos son los culpables. El monstruo que ellos han encarcelado por fin se ha liberado y de la forma más gloriosa; sobre su propia descendencia.

 

Saque otro de mis juguetes sexuales, esta vez es un dildo blanco, es relativamente pequeño, pero vibraba con solo ajustar la manija. Vamos a ver si mi niña aprendió su lección.

 

Se lo puse en el clítoris apretándolo para que lo sintiera, mi niña se convulsionó pero no protestó, para ella era una sensación diferente, después de tanto castigo por fin una sensación agradable.

 

Placer en medio del dolor, esa es mi lección.

 

¡Toc!, ¡Toc!, ¡Toc!

 

  • ¡Papá! ¿Qué le haces a mi hermana? Déjala en paz.

 

Mika protestaba, mientras yo estaba muy feliz apretando el dildo blanco en la rajita de Diana, poco o nada me importaba lo que Mika dijera.

 

Diana sentía como el pequeño instrumento la ponía caliente, lo veía en sus ojos, en la relajación de su cuerpo por el simple contacto.

 

Introduje levemente la punta de aquel juguete dentro de la pequeña abertura de su ano, este era tan pequeño que apenas le cabía la punta. Lo fui aprentando poco a poco para que entrara. No tenía mucha paciencia por lo que apreté con fuerza  y el culito fue cediendo ante el. Diana no protestaba pero tenía una expresión incomoda en el rostro, seguramente le resultaba extraño pero no doloroso.

 

¡Oh! pequeña Diana, mientras más incomoda estés más disfruto yo.

 

La punta ya estaba dentro, pero no podía parar de introducirlo, giraba el dildo sobre mis dedos como taladrando para poder llegar hasta el fondo, mientras ella sufría en silencio. Después lo metía y sacaba para que se ensanche. Yo sabía que el ano de mi niña era más flexible que su vagina, había experimentado todo esto antes con Mika y los resultados provocaban menos trauma para ella y más placer para mí.

 

Muchos minutos pasaron, y a mi pequeña se le entumecían las piernas por estar en la misma posición. Su rostro cansado y sus brazos caídos me indicaban que ya no podía soportarlo, sin embargo yo presentía que era el momento preciso para aumentar mis castigos. Tomé  látigo con una mano mientras la otra mantenía el dildo dentro de su culito casi desvirgado, lo siguiente que hice ya se lo imaginarán.

 

Diana derramaba lágrimas de dolor y placer, sus mejillas ruborizadas y sus ojos apretados la delataban, era evidente, estaba sufriendo pero su cerebro cambio ese dolor por algo más placentero, una sensación inusual conocida como masoquismo. Al notar aquello saque rápidamente el dildo de su culito y comencé a friccionar su clítoris con locura. Mi dedo temblaba y apretaba con fuerza esa zona erógena. Fue difícil encontrar el ritmo para esta forma de estimular esas dos emociones que experimentaba pero yo intuía que el cuerpo de mi niña estaba por convulsionar.

 

No creí que funcionaría, de hecho Mika nunca mostró esas expresiones, siempre estaba a la defensiva, suplicándome que la dejara de penetrar. Ahora Diana estaba en nueva etapa, una etapa que cambiaría su vida para siempre. Lastima que solo durará un día pues ese era mi límite.

 

Diana tuvo su primer orgasmo en silencio, contrayendo las piernas, cerrando los ojos con fuerza y aprentando lo dientes. Su cuerpo temblaba en sobremanera y al final se desplomó inconciente.

 

  • ¡Increíble! – esa fue la primera palabra que se me vino a la mente.

 

Mika toca nuevamente la puerta.

 

Bueno creo que ya era tiempo de seguir con esta lujuriosa noche, era el turno de Mika de entrar en acción.

 

Abrí la puerta de repente para sorprenderla. Todavía lleva puesto el salto de baño rosado, ha estado pendiente de su hermana todo este tiempo que ni se ha cambiado la ropa. Tiré de su muñeca y ella entra a la habitación trastabillando. Mira a su hermana atada sobre la mesa y se queda helada, no da crédito a lo que ve. La verdad  no había practicado esto de la sodomía con Mika, pero ganas no me faltaron.

 

Antes de que  reaccionase la empuje a la cama como suelo hacer cuando estamos solos en casa, esta era mi manera de decirle que se prepare porque me la cogería. Ella se volteo rápidamente y me miró con furia, era claro que no le gustaba para nada lo que le había hecho a su pequeña hermana, yo me limite a lanzarle una mirada seductora.

 

Me coloque encima suyo capturando con mis manos sus muñecas para que no se resistiera más. Ella trataba se zafarse pero nunca lo lograría; la haría mía otra vez. Dejo su mirada de odio y paso a la de la resignación, no tenía caso resistirse a su querido padre, como sea ganaría la batalla.

 

Le quite la bata de baño y lo lance por los aires sin ver donde caería ya que mi mirada no se apartaba de mi querida hija.

 

Ver nuevamente ese cuerpo rosado y puro siempre era un deleite, y saber que ese cuerpo suyo me pertenece por completo hace que pierda rápidamente los estribos.

 

Bese con desenfreno total cada parte de ese cuerpo perfecto, lamia sus pequeños pezones apenas perceptibles hasta llegar a su zona delicada que tanto me gustaba saborear. Lamia, chupaba y mordisqueaba ese pequeño clítoris que de a poco se enduraba. Mika se retorcía y suspiraba, siempre lo hacía, quería evitar mis intromisiones aunque muy en el fondo le gustaba todo aquello, muy en el fondo le hacía sentir feliz.

 

Me deleite varios minutos con el sabor exquisito de su cuerpo, antes de continuar con mi noche de placer.

 

Mika se veía agotada como si un turbión hubiese pasado por toda su cabeza, tenía el pelo alborotado, la cabeza sudada y la su respiración agitada, era claro que me había pasado con el lengüeteo. ¡Pero que va! Si apenas estoy empezando.

 

– Tú y tú cuerpo me pertenecen – le digo casi susurrando, siempre se lo digo antes de cogérmela, eso hace que se resista menos.  Ella asiente con visibles lágrimas en los ojos, sabe que no tiene otra opción, sabe que digo la verdad. Ella es mía y de nadie más.

 

Abro sus piernas de par en par y empiezo a restregar mi verga contra su rajita para iniciar la lubricación. Esta se humedece casi al instante y no es para menos, mi verga esta a punto de estallar por la espera. No me podía aguantar ni un solo segundo  más, debía comenzar a desahogarme en ella. Acomodo mi pito en la entra lubricada de su pequeña vagina desvirgada, y se la introduzco a los pocos segundos.

 

Mika rompe en llanto.

 

Su bello y frágil cuerpo tiembla ante cada embestida mía, sus piernas tiemblan y sus lágrimas caen a través de sus rosadas mejillas. Me encanta abusar de ella, me llena de adrenalina y placer el introducirme dentro suyo, me enaltece verla tan indefensa y adolorida, es como una maldita droga que se expande hasta mi cerebro, un sentimiento que solo puedo conseguir por medio del sufrimiento de otros.

 

Cuatro años de abuso y siento como si fuese la primera vez, Mika siempre llora y ese llanto solo provoca que la desee aún más. La cama vibra por la intensidad del momento porque yo por lo general soy una bestia cuando estoy encima de Mika. Ella no se acostumbra al dolor, el dolor es algo que su cerebro no ha transformado en placer.

 

Le doy la vuelta de repente para cambiar la posición y el hoyo. Coloco sus deliciosas nalgas frente a mi verga palpitante que apunta a su anito, y la penetro sin contemplaciones. La primera estocada es letal, hace que ella se retuerza y trate de zafarse de mí, pero no puede porque fuerzo la penetración al sujetar con mis manos sus hombros y de nuevo empieza el bamboleo.

 

Es increíble ver como ese pequeño ano puede soportar mi verga erecta, es casi como un milagro. Esos son los beneficios del anito infantil, este siempre es  elástico. Mi falo se perdía por completo y por dentro se sentía estrecho y algo apretado, pero no me impedía sentir el máximo placer al introducirlo. Era magia pura.

 

  • Papá, ¿Qué le haces a Mika?

 

Diana se había despertado y observaba atentamente la escena sexual que tenía con su hermana mayor. Esto no podía ponerse mejor.

 

Me despegué de Mika cuyo llanto se había convertido en poco menos que un susurro débil. Me levanté de la cama y me pongo a lado de la mesa, frente a la boca Diana para ser precisos. Ella me observa aterrada, la expresión en su mirada era de desconcierto y miedo, un miedo tan intenso que sus piernas y labios tiemblan al unísono; me encanta.

 

Verla tan temerosa me hace sentir enaltecido y poderoso. Esa es la reacción que esperaba obtener esta noche, de ser un padre amoroso a un violador implacable y cruel. ¡Qué dicha!

 

El rostro de Diana sigue siendo angelical, esos rulos dorados y esos ojos azules le hacían ver como toda una superestrella, ni que decir de esa boquita rosada y dulce. En conjunto Diana era una niña preciosa y perfecta. Era momento de arruinar un poco esa dulzura.

 

Tomé de nuevo el dildo blanco y sin mucha espera se la metí de nuevo a su culito, al mismo tiempo que colocaba mi verga erecta en la boquita de mi niña, no le di tiempo de reaccionar, y menos de pensar en lo que estaba pasando. Era un mal sabor de boca para ella pues mi falo conservaba restos de heces fecales extraídos de su hermana. Trato de apartarse pero las ataduras se lo impedían, daba arcadas y tosía constantemente pero yo seguía con mi intromisión.

 

Esta imitación forzada de sexo oral era muy complaciente, me gustaba ver como esos pequeños labios envolvían mi órgano genital, desafortunadamente no entraba toda porque tenía boca pequeña  pero era lo suficientemente profunda como para llegar hasta la campanilla y provocarle arcadas. Esto lo hacia al mismo tiempo que mi otra mano le perforaba con el dildo. Minutos después y sin que ella se diese cuenta el juguete sexual se había introducido por completo.

 

Sin pensarlo dos veces y con la verga a punto de explotar me decidí a penetrar por primera vez a mi hija menor Diana. Era el momento oportuno ya que la mente de ella estaba a punto de  estallar por tanto abuso, esto sería la cereza sobre la torta.

 

Así que nuevamente restregué mi verga en la entra del anito virgen de mi hija para que este se dilatara y menos de un minuto la cabeza de mi falo se perdió en su interior.

 

  • ¡Para! ¡Por favor papá, deja a mi hermana en paz! – suplicó Mika al borde de la cama justo en el momento en que iba a por todas.
  • Yo no soy tú padre Mika – le dije lanzándole una mirada muy seria – Dile Diana ¿Cómo debe decirme ahora?

 

  • Mi señor – respondió Diana con la mirada perdida en techo, lo dijo en un tono tan despectivo que casi parecía que lo hubiese dicho una prostituta.

 

 

Le introduje la mitad  de mi verga y Diana apenas chilló era como si estuviese en trance, como si su mente procesará esta nueva sensación ¿Era dolor o placer? Le introduje otro poco y le provoque un pequeño gemido. Otro centímetro más, y otro, y otro, hasta casi llegar hasta el final de mi falo.

 

¡Maravilloso!, ¡Sublime!, ¡Exquisito!

 

El penetrar su estrecho culito era definitivamente una sensación única e irrepetible. El menear mis caderas para realizar los movimientos del “mete y saca” era como danzar sobre nubes esponjosas. Y acelerar mis movimientos pélvicos en la penetración hacia que se me acabara el aire en cuestión de segundos. Perder el aliento en medio del sexo es la apología del placer.

 

Mika se arrastró donde mí y me suplicaba que dejara a su hermana. La pobre Mika estaba adolorida del ano. No era la primera vez que la dejaba así. Recuerdo que en una ocasión la deje sin poder sentarse por dos días, tuvo que faltar a la escuela en ese tiempo, pero apenas se recuperaba yo la volvía a vejar por la misma vía. ¡Qué recuerdos tan bellos!

 

El clímax llegó en un suspiro ahogado mientras llenaba la cavidad de mi niña con mi semen, ese mismo liquido que la concibió 8 años atrás.

 

Diana continuaba con la mirada perdida y los ojos bañados en lágrimas silenciosas que resbalaban por sus rosadas y pomposas mejillas. Mika igual lloraba abrazada a mi pierna.

 

Someter a mis dos hijas al dolor es un acto despreciable y horrible, se supone que un padre debe proteger a su descendencia para evitarles el mayor sufrimiento posible. Pero yo no soy cualquier padre, yo soy una bestia fruto del rencor de la sociedad, un ser capaz de todo por exprimir al máximo sus más bajos y oscuros instintos, un ser primal capaz de destrozar todo lo que esta a su alrededor  en beneficio de sus placeres carnales. Ese soy yo.

 

Y así culmina una noche que mis hijas nunca olvidarán, una noche llena de lujuria, placer, dolor y lagrimas.

 

Las hago dormir a las dos en mi cama, quiero disfrutar de sus cuerpos en una placentera noche de sueño.

Guardo mis juguetes e instrumentos que tanto dolor le infundieron a Diana, los observo por una vez más antes ponerlos bajo mi cama. Quizá nunca más los vuelva a tocar.

Me acuesto en las sabanas de satín blancas con Mika a mi izquierda y Diana a mi derecha, esta última se duerme en seguida. Abrazo a Mika con fuerza pues quiero sentir el calor de su cuerpo desnudo junto al mío al igual que la suavidad de su piel. Poco a poco me adentro en un ensueño melódico  y sueño, sueño con el futuro.

Me imagino un futuro a lado de Diana y Mika, juntos, viviendo en la cabaña por siempre. Encendiendo la chimenea en invierno y abriendo todas las ventanas en verano, yendo juntos al lago cercano a la cabaña, desnudándonos y chapoteando en el agua, acariciando nuestros cuerpos lo unos a los otros.  No habría prohibiciones, ellas podrían hacer conmigo lo que quisiesen y yo haría lo propio.

Tendríamos orgías nocturnas y vespertinas, matutinas y meridianas. Ellas se acostumbrarían a darme placer en los momentos más inesperados y yo las complacería incluso cuando ellas no lo pidiesen.

Me imagino estando sentado en la mesa del comedor con un vaso de vodka en la mano y un cigarro en la otra. Llueve afuera y hace calor. De repente aparece una Diana ya crecida con 14 años cumplidos, lleva una puesta una bata tan delgada que se le puede ver todo incluido esos  lindos senos bien formados y pequeños, acompañados por ese cuerpo tan esbelto y delgado que posee.

La atraigo hacia mí y la hago sentar en mi regazo, ella se ve tímida pero sumisa, le hago sentir mi verga erecta que aflora por la suavidad de sus nalgas. Su pequeño camisón se abre y no hay nada más que hacer.

Beso con locura sus labios y sus senos, la desprendo de su prenda intima mientras la manoseo toda. La obligo a bajar la cabeza hasta llegar a mi falo y ella instintivamente comienza a succionarlo. Me quedo delirando de placer por esos instantes,  lo hace muy bien, ya es toda una experta.

 

La echo sobre la mesa y le abro las piernas de par en par, apunto mi verga a la entrada de su conejito desvirgado desde los 8 años y la penetro con furia. Hago temblar la mesa y todo lo que esta encima de ella. Diana gime como si fuese una prostituta bien pagada.

 

Veo como rebotan sus senos y su cabeza que sigue el compás de mis movimientos pélvicos. La sujeto de las manos mientras mis labios buscan los suyos. Estoy a punto de venirme y pienso que si la embarazara no sería tan malo después de tan buen sexo, incluso si llegara a viejo, mis propios “hijos-nietos” me consolarían muy bien.

 

Despierto de mi ensueño.

 

Miro a mí alrededor, todo esta oscuro, pero siento las palpitaciones de mi verga por culpa de aquella visión del futuro en forma de sueño.

 

Sigo abrazando a Mika pero algo es diferente. La escucho sollozar por debajo de la sabana con la que estamos tapados. Levanto la sabana y se me dibuja una sonrisa en el rostro; sin quererlo la estoy penetrando de nuevo.

 

Observo su culito abierto por la entrada de mi pene erecto que se había introducido en su totalidad.

 

¡Mierda realmente soy un monstruo! Incluso dormido soy un maldito pervertido.

 

Pongo mis manos encima de sus caderas para ahondar la penetración: Me gusta esta posición, la de costado, hace que mi pelvis se mueva rápido y mi falo se adentre hasta el fondo de su cavidad anal y vuelva a salir en cuestión de segundos. Nunca antes me la había cogido de esta manera, siempre mantuve mis recaudos para no lastimarla demasiado, pero ahora pisaba el acelerador a fondo y nada podía detenerme.

 

Hicimos vibrar la cama de forma magistral, el colchón zumbaba y rechinaba como si se tratara de un terremoto de gran magnitud. Sus nalgas sonaban al hacer contacto con mi pelvis una y otra vez haciendo eco en las paredes de la habitación. Mika lloraba y se quejaba por mis tremendas arremetida parecía que en cualquier momento iba a desfallecer.

 

  • ¡Eres mía Mika!, tú y tú cuerpo me pertenecen. Y aunque pronto yo ya no estaré aquí sabrás que siempre me perteneciste  ¿Lo entiendes?

 

Mika no paraba de llorar y gritar pero eso solo provocaba que aumente mi excitación. De nuevo estaba a punto de descargar mi semen por lo que no deje de parar las arremetidas que le daba.  Mi verga entraba y salía con facilidad, se deslizaba dentro y fuera, como quien bombea una pelota de futbol hasta que esta explote.

 

Yo gemía, gruñía, inclusive gritaba de tanto placer y cuando finalmente me vine dentro del culito de mi hija mayor caí exhausto y rendido a su lado en la que fue la mejor noche de toda mi vida.

 

Mi semen chorreaba de su ano y se deslizaba por sus piernas hasta quedar pegada en las sabanas, no quise levantarme a limpiar, así que me quede profundamente dormido en esa posición.

 

El alba llegó y los primeros rayos de sol me despertaron, lo primero que sentí fue el semen pegajoso que se coló en el tallo de mi falo y el sudor también pegajoso que invadía mi cuerpo al quedar agotado de tanto sexo.

 

Mika dormía. Gire la cabeza y vi a Diana que me miraba de forma silenciosa, se la veía igual de angelical y hermosa, como si no hubiese sucedido nada. Sin pensarlo demasiado le ordene lamer los restos de semen de mi falo. Ella dudó unos instantes pero obedeció sin decir nada. Puso su boquita a succionar mi verga y quitar los restos de semen que había en el.

 

Los rayos de sol iluminaba su rostro perfecto, hacían brillar sus cabellos dorados y resaltar sus ojos azules; se me paró de nuevo. Mi verga crecía rápidamente y se le hacía más difícil seguir succionándola, su boca se henchía y de sus labios chorreaba abundante saliva combinada con líquido pre-seminal. A los pocos segundos mi semen salió disparado dentro su cavidad bucal, llenándola de potentes chorros que aún me quedaban. Diana quiso escupirlo todo pero se lo impedí, cerré su boca y le pedí que se lo tragara. Ella con un poco de esfuerzo y como si se tratara de tragar una sandia, tragó.

 

Finalmente vi cumplido mi sueño y me sentí en paz. Mi fantasía se hizo realidad por partida doble, mis bajos instintos superaron a la razón, e hice mella en el cuerpo y la mente de mis hijas, una noche que recordaran por siempre ya sea para bien o para mal, dependiendo como lo vayan a sobrellevar.

 

Nos duchamos todos juntos en la pequeña regadera de la casa. Todos muy serios y pensativos, muy callados y distantes.

 

Pasaban las horas y nada cambio, mis hijas trataban de asimilar lo ocurrido, cada una en un rincón de la casa. Mika escuchaba música en la sala y Diana en su habitación con sus muñecas pero en si desapareció esa inocencia y vitalidad infantil que tanto la caracterizaba, es como si le hubiesen quitado una parte de su ser y la lanzaron muy lejos de aquí. El culpable (yo) sólo podía sonreír, esto era lo que yo quería lograr.

 

La madre de las pequeñas me llamó al celular diciéndome la hora en que las recogería. Se suponía que Mika sólo se iría una semana con su madre, pero ambos acordamos que debía quedarse con ambas de aquí en adelante.

 

Las niñas alistaron sus maletas en silencio, mientras yo me disponía fumar y beber afuera de la cabaña. Era un día estupendo, un cielo claro, pájaros cantores y el sonido de los árboles meciéndose al compás de las ventiscas veraniegas. Todo era paz, mi mente estaba en paz.

 

La madre de las niñas llegó y era el momento del adiós. Mika me dirigió una mirada de pocos amigos antes de dirigirse hacia la puerta. La tomé del brazo.

 

  • Cumple nuestro acuerdo – le dije en tono amenazante – No le dirás nada a tú madre hasta mañana ¿ok?

 

Ella se zafó de mi agarre y asintió.  Nunca antes la había visto tan enojada, su odio tenía fundamento y su desdén me indicaba que había perdido su cariño. En cierta forma eso me molestaba pero  no podía hacer nada al respecto así que la deje ir.

 

Diana se fue tras ella pero para mi sorpresa se detuvo en el marco de la puerta y se volteo a verme, a diferencia de su hermana mayor su mirada no era de odio o desdén sino de compasión como si yo fuese la victima. Me acerque, puse una mano sobre su hombro y le dije:

 

  • A ti es a quien más voy a extrañar.

 

Diana susurro algo que apenas alcance a oír y que casi me hace dar una ataque de risa.

 

  • Yo también Mi Señor.

 

Se subió al auto y este arrancó perdiéndose entre los matorrales y árboles de pino.

 

Deambule por la casa solitaria, recordando cada  minuto de aquella noche fantástica. ¿Realmente valió la pena todo esto? El dejar huellas en la mente y cuerpo de mis hijas. Recuerdos que las perseguirán hasta el día de su muerte. El convertirme en uno de los hombres más odiados por mis propios familiares y amigos que se enteraran de todo. Porque es seguro que lo sabrán, las malas noticias son las primeras en llegar.

 

Dirán: pero si él era una buena persona ¿Cómo pudo hacer algo así?

 

Se sorprenderán pero igual me odiaran. Miraran mi tumba con desprecio y escupirán sobre ella o quizá eso sea mucho pedir, a lo mejor me cremarán, votaran mis cenizas  junto con la basura porque así es como piensan vengarse de mí; pobres idiotas.

 

Me dirigí a mi habitación pensando en limpiarla, pero era el mejor y último recuerdo de mis hijas. Sábanas botadas, semen salpicado por diversos lugares, hasta la soga con la que até a Diana estaba ahí colgada en el perchero. Era una perfecta escena del crimen, cada centímetro del cuarto retrataba los intensos momentos que vivimos esa noche, así que me quede ahí, justo a lado de la entra de mí habitación, rememorando una cada detalle de todo lo sucedido hasta quedarme dormido.

 

Fue una noche muy solitaria, pero cada vez que conciliaba el sueño la imagen de Mika y Diana desnudas y atadas me despertaba. No quería sentirme miserable, era tonto pensar que así me debería sentir cuando mi ego todavía estaba por las nubes. Terminar con mi vida en este momento sería glorioso, un punto final digno de un héroe solitario como yo.

 

Me levanté, busque la carabina vieja con la que mi padre solía cazar, busque un par de balas en el armario, la cargué, puse una silla frente a la puerta de entrada, me senté y esperé el sonido de las sirenas.

 

El trato con Mika era que no me delataría por los años de abuso que sufrió de mi parte hasta un día después de regresar con su madre. Esto me permitiría dejar las cosas en su lugar, disfrutar mis últimos momentos sólo y antes de que llegue la policía para cargarme, pegarme un tiro en frente de ellos. No les daría el gusto de llevarme con vida, claro que no, yo soy dueño de mi vida y si alguien me la llega a quitar sería yo mismo y no el Estado.

La espera se hizo eterna. Las horas pasaban, el sol salió e iluminó toda la casa pero no había rastros de policías en los alrededores. Las sirenas podías escucharse a kilómetros de distancia o el sonido de cualquier vehiculo acercarse. Tal vez yo me estaba volviendo paranoico viendo una y otra vez por la ventana, tocar el rifle cargado y golpear mi cabeza contra la puerta en señal de desesperación.

 

Las horas pasaban  y mi paciencia se agotaba, era estúpido lo que estaba haciendo, ¿Esperar para que unos policías me vean morir? Ya debería haber jalado del gatillo al ver a las niñas irse de mi vida para siempre, pero no, quería hacer mi pequeño y último show de hombre inmaduro,  patético. Es más debería agarrar la pistola en este mismo instante y volarme de una puta vez los ses……………..

 

¡Toc!, ¡Toc!, ¡Toc!

 

¡Pero que Diablos!

 

¿Los policías se adelantaron a pie? ¿Me tienen rodeado?

 

No, es imposible. Los hubiera escuchado acercarse y………. Eso no importa ahora.

 

Corrí hasta mi silla de ejecución, agarré el arma, me la puse bajo la barbilla…………..

 

– ¿Papá estas ahí?

 

Me quede congelado.

 

  • ¿Diana? ¿Diana eres tú? – pregunté al tiempo que me levantaba de la silla a toda prisa y dejaba el rifle en el suelo.
  • Si, Papá. La policía esta en camino. Mika le contó a mamá todo lo ocurrido el fin semana. Mamá se puso furiosa y llamó a la policía, les dio tú dirección y vienen en camino. ¿Qué hacemos? No quiero que te encierren papá.

 

Me quedé sin palabras, definitivamente no me esperaba algo como esto. Mil preguntas rondaron por mi cabeza y no sabía que hacer.

 

  • Hmmmmm – Alcancé a decir antes de abrir la puerta y dejarla pasar. Una sola duda me carcomía el cerebro ¿Por qué? ¿Qué no era yo el villano en esta historia?- Tenemos que irnos.

 

Afortunadamente tengo un plan B.  Aliste un mochila de supervivencia en caso de que me acobardara con esto del suicidio, gracias a Dios soy un hombre precavido.

 

Bajé al sótano para recogerla junto con un par de balas que puse rápidamente en mi bolsillo derecho. Al salir se escuchaban las sirenas a lo lejos. No tenía mucho tiempo, 10 minutos a lo mucho.

 

Me cargué la mochila a la espalda al igual que el rifle. Miré a Diana que también tenía colgada una mochila en sus hombros.

 

  • ¿En serio quieres venir conmigo? ¿Quizá nunca más vuelvas a ver a tu mamá o a Mika?

 

Ella lo medito unos segundos antes de asentir enérgicamente con la cabeza, pareciera que ya lo había meditado la noche anterior, sus ojeras la delataban, pero el brillo en sus ojos me indicaban que estaba decidida. No pude evitar emitir una enorme sonrisa.

 

Salimos por la puerta de atrás, mi ventaja ahora era conocer los bosques que nos rodeaban, adentrarnos y perdernos en ellos sería nuestra primera misión. En eso sí que era experto. Lo ocurría después sería incierto.

 

Me dí la vuelta la una última vez para ver lo que dejaba atrás, la hermosa cabaña de mis padres donde los sueños se cumplen, iba a extrañar enormemente ese lugar. Apreté la mano de Diana con fuerza y nos adentramos en la oscuridad de la noche, cobijado por los oscuros árboles de gruesas ramas y la luz de la luna.

 

FIN

La Sombra Errante Final

Posted in La sombra Errante (Completo) by Kruger on 7 septiembre 2016

La Sombra Errante

Parte 3

Jason abrió los ojos, parecía como si lo hiciera por primera vez. No sentía ninguna tipo de dolor lo cual era muy extraño, ya que hacía solo un instante estaba sufriendo un intenso dolor en la espalda. Era como estar sumido en un intenso letargo pero despierto, era como flotar en un inmenso cielo oscuro y estar vestido con la nada de la soledad, en si, no se sentía humano.

 

Trato de ver a su alrededor pero solo distinguía sombras y luces intermitentes. Trato de caminar pero tampoco podía, era como si sus piernas y manos estuviesen empotradas a la pared en la que se encontraba, trato de hablar pero sus palabras no producían ningún tipo de sonido; se desesperó.

 

Ya no era humano, no sentía nada, pero de alguna forma existía en ese espacio deslucido y pesado. Encadenado a su propia alma a su castigo eterno que era la soledad o tal vez algo peor. Pasó el tiempo y trataba de comprender su nueva forma. Jason sabía que estaba muerto pero no entendía esta nueva concepción de “vida o muerte” a la que ahora era sometido.

 

Se dio cuenta que no podía moverse pero si podía trasladarse de una esquina a otra o algún sitio donde hubiese suficiente oscuridad. Su visión se fue aclarando poco a poco y las sombras que antes percibía como figuras irreconocibles ahora se hacían más claras y entonces cayo en cuenta de en donde estaba. Esto no era el más allá, era una maldición, una maldita jugarreta del destino, un infierno personal que seguramente Dios había creado para atormentarlo eternamente.

 

Jason ahora es la sombra.

 

Lo supo en cuanto se vio de frente antes de ser asesinado por su propia hermana. Era como verse en un espejo, un espejo tenebroso que revelaba su futuro.

 

Ahora retrocedía en el tiempo a aquella noche donde vio a la sombra por primera vez, cuando apenas tenía cinco años, pero ahora era todo a la inversa. Se veía y se asustaba de si mismo. Veía como el pequeño lo observaba con temor, como se ocultaba bajo las sabanas y lloraba hasta quedar dormido.

 

Vio las luces rojas de la otra habitación apagarse y se pregunto si podría aparecerse ahí. Lo hizo en un abrir y cerrar de ojos, en medio de toda la oscuridad que rodeaba la habitación pudo aparecerse, era interesante saber que podía ver mejor en la oscuridad que fuera de ella.

 

Veía a su padre abrazar a su hermana y como esta lloraba en silencio. Jason los contemplo toda la noche, maldiciéndose una y otra vez por ser tan ciego, por no querer reconocer lo que sucedía en esta habitación, por no ayudar a Kim cuando más lo necesitaba.

 

Su padre despertó a eso de las 5 de la mañana, estiró los brazos y al ver a su hija a su lado esbozó una amplia y pervertida sonrisa. La tomó por la cintura y la trajo hacía él. Kim se despertó sobresaltada al sentir el falo de su padre dentro de su estrecho culito. Rápidamente él le tapo la boca para que no gritase mientras apretaba con fuerza su entrepierna. Con una mano le tapaba la boca y con la otra forzaba la intrusión. Kim derramaba cuantiosas lágrimas que se perdía en las sabanas de la cama.  Él padre de Jason era implacable, no paraba de zarandear y agitarse salvajemente dentro del pequeño cuerpo de su hija de ocho años.

 

Jason no podía soportarlo, por más que gritara o tratara de hacer algo no podía, era como estar encadenado a una tabla gigante de metal de cuerpo entero, lo único que podía hacer era observar aquellos violentos actos carnales. Pues esa era su penitencia, su castigo.

 

Observo todas las noches aquellos actos ruines y humillantes para con su hermana, siempre desde las oscuridad y con la luz roja como testigo. Quería evitar todo aquello pero era imposible, siempre aparecía ahí cuando sucedía. Día tras día, año tras año lo observaba todo, cada noche que lo hacían, cada minuto, cada segundo dentro de esa habitación del pecado.

 

Hasta que la noche final llegó. Como si hubiesen pasado siglos dentro de aquellas cuatro paredes. Jason contó los segundos de ese día para ver si de una vez por todas se acababa su suplicio.

 

Se vio a si mismo atravesar la puerta.  ¡Dios! Parecían que hubiesen pasado siglos de aquella terrible noche, pero el recuerdo suyo seguía vivo y  atravesaba como una daga su corazón y su alma (si es que todavía tenía). Verse tan ingenuo y despreocupado, le causaba incluso fastidio y envidia.

 

¡OH! Si solo supiera lo que le esperaba.

 

Su padre arribo después con ese la genio que años atrás había estado guardando y después la estrella de la noche; Kim. Se la veía tan aterrorizada. Jason no lo había notado antes pero Kim estaba muy asustada, le temblaban las piernas y las manos, quizá por estar empapada de pies a cabeza pero Jason presentía que era algo más.

 

Su padre le golpeo la cara con la palma abierta. Kim cayó arrodillada y con las mejillas rojas ya sea por la vergüenza o por el dolor, pero notó que en ese instante que la  mirada de su hermana cambiaba de la humillación al odio y cuando estaba por ser violarla en el suelo ella se aparto y le susurro al oido algo que ahora Jason sombra escuchaba con claridad: <<Se que ya no te sirvo, pero te traje un regalo. Vamos al cuarto si quieres verlo>>

 

Ambos desaparecieron dentro la habitación y la cerraron con llave.

 

Jason sombra se materializo en el interior de cuarto y presencio lo que no esperaba ver; una niña de no más de cuatro años, muerta y con las manos y pies atadas a la cama.

 

– Te traje este regalo padre mio ¿Te gusta? – dijo Kim con un tono tan despectivo que hacia pensar que no era ella en verdad.

 

El hombre quedo paralizado del miedo, ahora los pies le temblaban a él, no esperaba esta desagradable sorpresa. En medio de su conmoción Jason vio como Kim levantaba un cuchillo que había sacado de debajo del sofá y le rajo el cuello en una linea vertical muy profunda. La sangre salía a borbotones del cuello exponiendo músculos y traquea, él hombre tardó pocos segundos en desangrarse y caer pesadamente en el suelo, en aquella habitación que se teñía de rojo como la luz que irradiaba.

 

Kim se acerco al cuerpo de la niña atada y susurro: <<Lo siento hija, siento que esto haya terminado asi, pero es que ya no soportaba este dolor. Ya no podía ocultarlo más. Tú padre ahora esta muerto y seguramente ustedes dos se verán allá arriba junto con mamá>>

 

Acurrucó la cabeza de su hija frente en su pecho y lloró sobre el cuerpo inerte de su pequeña por varias horas. Desahogo todo ese dolor contenido, el olor a muerte invadió la habitación, era el mismo olor que percibió cuando su madre murió  pero mucho más intenso.

 

Kim se incorporó con los ojos hinchados y rojizos, se seco el resto de sus lagrimas con sus manos y dijo: <<Solo falta despachar a una persona más>>

Jason sombra se materializo rápidamente fuera de la habitación, en aquella esquina donde comenzó todo, creía que todavía tenía una oportunidad de salvarse a si mismo, aunque muy en el fondo sabía que era imposible, aun asi decidió intentarlo.

 

Cuando apareció en su oscura esquina alguien más le había ganado la jugada.

 

Confundido trato de entender porque había otra sombra más cerca de su yo humano. Esta sombra era diferente pues se podía mover fuera de la oscuridad incluso podía tomar apariencia humana.

 

La sombra corpórea tenía un aspecto muy similar al suyo pero no era él sino alguien que se parecía mucho. Quiso hablar, gritar pero era imposible; las sobras no producen sonido.

 

Kim salio de la habitación desnuda y  con el cuchillo en la mano, todo lo demás ocurrió en cámara lenta. Verse a uno mismo siendo asesinado es una experiencia poco grata y peor es saber que este solo sería el principio de una serie de escenas repetidas que el tendría que soportar toda la eternidad, Jason simplemente se dio cuenta de este gran detalle justo antes de concluir con la escena que continuaba viendo en la habitación.

 

Su hermana al verlo muerto se levantó y pego un grito al cielo, todo su dolor se descargo en ese bramido enfurecido. Horas después la policia entraba por la fuerza al departamento donde ocurrió la masacre. Jason ya se imaginaba los encabezados:

 

“Joven asesina a su familia a apuñaladas”, “Masacre en un apartamento familiar” o “Joven abusada toma venganza contra toda su familia”

 

Mientras se la llevaban a arrastras, Jason distinguió que los ojos de Kim podía verlo a él y todas sus victimas que estaban apostadas alrededor del cuarto entre ellos, su padre, hija y la sombra corpórea que resultó ser su madre. Todos la observaban mientras se perdía tras la puerta, con las manos enmanilladas y con varios policías a sus espaldas.

 

Jason vio a las demás sombras de su familia, todos desde sus esquinas, todos listos para despedirse porque nunca más se volverían a ver. Cada uno repetiría su maldición por separado, por toda la eternidad.

Fin

La Sombra Errante Parte 2

Posted in La sombra Errante (Completo) by Kruger on 7 septiembre 2016

La Sombra Errante

Parte 2

 

Aquellas noches se repitieron muchas veces más, más de las que Jason podía recordar: La sombra, la habitación roja, su padre encima de su hermana Kim, la lluvia intensa y la televisión encendida. Todo formaba parte de sus recuerdos, situaciones y escenas que forman parte de él, se arraigaron dentro suyo, como una enfermedad, un parasito o un virus; lo mataba por dentro. Aprendió a vivir con ello por tanto no hizo nada al respecto.

 

La sombra se convirtió en un inquilino más pues no hacía nada salvo estar ahí; observando todo. Las escenas de abuso de su padre para con su hermana las tomaba como un estúpido y sucio show enfermizo, como aquellos que veía por televisión después de la media noche. Las tormentas eran música que apaciguaba los sonidos de la habitación roja y la televisión se convirtió en su mejor amiga, siempre fiel, siempre presente y siempre entretenida.

 

Los años pasaron, nueve para ser exactos y era como si el tiempo se hubiese detenido en aquel departamento.

 

Todo seguía igual.

 

Solo pequeños detalles daban cuenta de que el tiempo si había pasado por ahí, pero a grandes rasgos ningún cambio abrupto hubo; hasta esa noche.

 

Jason volvió de la escuela ya entradas las siete de la noche. El joven de 14 años se desprendió de su mochila, la botó en la cama y encendió a  la televisión. No había nadie en la habitación roja, seguramente su padre salió y no tenía ni idea de donde estaba su hermana y tampoco le importaba, cada quien en la casa hacía lo que quería.

 

La obligación del padre se limitaba simplemente en la alimentación de sus hijos. El menú siempre era el mismo: comida recalentada y sopa instantánea.

Kim en cambio se volvió alguien muy impredecible, repetía de grado constantemente, se ponía ropa ajustada y salía con chicos mucho mayores que ella. Jason la veía escaparse de la escuela y subirse en la moto de uno de sus novios y no volvía en días, pero eso sí, si su padre la llamaba ella regresaba y se la pasaban toda la noche en la habitación roja.

 

Los abusos continuaban pero no eran tan seguidos como antes. Su padre ya no parecía tan feliz como aquellas primeras veces que salía con tremenda sonrisa en los labios y su hermana ya no derramaba lágrimas después de dichas “sesiones”, aunque a veces cuando Jason se adentraba a mirar adentro de la habitación, veía como Kim lo veía con tristeza y rencor, probablemente lo culpaba por su triste situación. Jason apartaba la vista y se iba a dormir como todas las noches.

 

Su padre llegó cerca de las nueve. Se lo veía agitado y ansioso, se tomaba los pocos pelos que tenía en la cabeza  y los jalaba. Llamaba por el celular pero no le contestaba su querida hija. Entraba y salía de la habitación roja como buscado consuelo dentro. Jason jamás lo había visto tan nervioso.

 

Kim llego a eso de las 11 de la noche. Estaba toda empapada y tiritaba de frío, no era para menos pues sus ropas mostraban mas carne que tela, parecía una golfa de esquina. Su padre iracundo la abofeteo un par de veces, le estiro el pelo y la boto al suelo. Jason estaba pasmado, si bien su padre no era una persona muy violenta, si tenia un carácter muy tosco y torpe, pero esta vez se lo veía  descontrolado. Tanto así que le quito sus skinny jeans cortos de un jalon y se puso encima de ella listo para consumar su acto sexual delante de Jason.

 

Kim lo detuvo suplicándole con lágrimas en los ojos, después le susurro algo al oido. Lo que dijo funcionó pues su padre se detuvo y la dejo incorporarse. Ambos se dirigieron a la habitación roja, en medio de manoseos y besos de lengua; Kim ni lo miro cuando paso a su lado.

 

Jason se sentía incomodo, se preguntaba si era el momento de acabar con esta situación, si lo correcto era llamar a la policía y salvar a su hermana de una vez por todas. Pero el miedo a su padre pudo más (como todas las veces que intentaba hace algo) y se resigno a mirar la televisión en compañía de la sombra que nuevamente estaba ahí.

 

3:30 de la mañana.

 

Jason se había quedado dormido con la tele encendida. Cuando un viento helado lo hizo levantarse. Somnoliento busco a tientas el control de la tele para apagarla cuando sintió un escalofrío terrible recorriéndole la espina dorsal. Aquella sensación lo hizo ponerse de pie de un salto, no era algo normal sentir algo así. Se dio vuelta para ver el origen de aquel espinazo y entonces quedo petrificado.

 

La sombra, aquella sombra que lo había acompañado desde la muerte de su madre, había salido de esa esquina en la que siempre estaba y se encontraba frente a él. Se hizo corpórea su silueta y traslucida su apariencia, no era aterradora pero si impactante su presencia. Jason lo observaba completamente asustado, el miedo lo paralizó no solo porque lo tenía de frente sino por su rostro; lo conocía, conocía el rostro tras la sombra. Trato de entenderlo, trato de saber porque el rostro le resultaba tan familiar. La sombra gesticulo una palabra y lo peor fue que Jason entendió lo quiso decir, fueron las mismas palabras que su hermana le dijo la primera vez que vio dentro de la habitación roja: Ayúdame.

 

La puerta de la habitación roja se abrió de un golpe tras de él.

 

Jason no pudo voltearse para ver quien se acercaba porque seguía paralizado por el miedo. La sombra lo seguía observando con aspecto triste, veía como la mano de esta se estiraba para alcanzar su rostro pero nunca lo alcanzó.

 

Sintió un dolor punzante en la espalda, y después otro y otro y otro, hasta que lo derribo haciéndolo caer de bruces al suelo, pero el tremendo dolor que sentía no paraba, su atacante se subió encima de él y lo siguió apuñalando una y otra vez.

 

– ¡Nunca me ayudaste! ¡Nunca me ayudaste! ¡Nunca me ayudaste! – Gritaba Kim, mientras lo ajusticiaba- Te lo pedí mil veces, te roge, te imploré pero nunca hiciste nada. ¡Te odio!  ¡Te odio!   ¡Te odio!

 

Ahora Jason entendía todo, y si, todo era su culpa.

 

La vista se le nublaba, la vida se le escapaba de la manos o mejor dicho ¿se trasformaba? Pronto lo sabría. Su último pensamiento antes de abandonar su cuerpo fue: <<Lo siento Kim, realmente lo siento>>

Continuará

La Sombra Errante Parte 1

Posted in La sombra Errante (Completo) by Kruger on 7 septiembre 2016

La Sombra Errante

Parte 1

Era un día lluvioso y frió, el viento azotaba las ventanas trayendo el aguacero a todos los edificios aledaños. El rugido de los truenos era incesante y estruendoso como si el cielo mismo protestara contra la tierra en un ataque de desenfado completo y destructivo. El paisaje era cubierto  por el manto negro de la oscuridad siniestra, adornada junto con tremendos choques de nubes que desencadenaban rayos poderosos que iluminaban todo.

 

En medio de la tormenta, en una humilde edificio de apartamentos de clase baja, Jason un niño de 5 años observaba como las gotas de lluvia golpeaban la ventana de su habitación…… bueno, decir “su habitación” sólo era eso; un decir. En sí el pequeño apartamento en el que vivía contaba únicamente con tres ambientes: Uno que era el comedor y cocina unidos, la sala o el cuarto rojo (que para él era un misterio porque pocas veces había entrado ahí) y  el cuarto donde dormía su padre, él y su hermana mayor, pero esto casi nunca ocurría pues los tres no dormían juntos desde hace ya varios meses.

 

La muerte de su madre dejo una huella profunda en sus vidas, ella era el sustento y la alegría del hogar y aunque vivían acomodados ella se la ingeniaba para darle un toque más calido al lugar; le daba vida.

 

Él recuerda como una mañana  de febrero mientras salía de la escuela su maestra lo llamó angustiada  lo miró con lágrimas en los ojos y le dijo con voz quebrada que su madre estaba en el hospital. Cuando llegó allá de la mano de su maestra, vio la a su padre en un mar de llanto abrazado de su hermana en la sala de espera. Él no entendía nada pero algo grave debió pasar. Jamás vio a su padre llorar de esa manera. Horas después todo fue confusión: muchas lagrimas de familiares en especial de sus tías que lo abrazaban una y otra vez, enfermeras que lo miraban con lástima, primos que le daban palmaditas en el hombro y su hermana que a cada momento le decía que todo estaría bien.

 

Fue muy triste despedirse de su madre. Ver como el ataúd bajaba lentamente por aquel hueco gigantesco no hacia sino entristecerlo. ¿De verdad nunca podré ver a mamá?, ¿A dónde van los muertos?, ¿Qué hay después de la muerte?, ¿El cielo existe? y si existe ¿Iré a encontrarme con ella algún día? Eran algunas de las preguntas que se formulaba mientras el sacerdote y los dolientes le daban el último adiós a su madre.

 

A partir de aquello los días eran muy grises, como si algo en el aire le hubiese quitado el color a todo: a las flores, al cielo, a las casas, los árboles, al autobús escolar pero en especial a ese pequeño apartamento en el que vive. Ya nada era igual, el color de la vida se había difuminado como un haz de luz y la oscuridad se apoderaba de las noches como demonios al acecho.

 

Sentía como uno de esos demonios lo observaba desde las esquinas de la habitación en la que dormía. No estaba seguro si lo veía o si sólo era una simple alucinación suya, el caso es que tenía la sensación de que aquel ente lo observaba en especial en las noches cuando las esquinas se volvían más oscuras.

 

Aquella noche no era diferente y mientras el cielo tormentoso amenazaba con acabar con todo, él le temía en serio a esa presencia oscura. Trataba de desviar su atención mirando la televisión, eso era lo único que podía hacer cuando estaba a solas en el cuarto o mejor dicho cuando se veía solo, pues su padre y su hermana mayor Kim de 8 años se encontraban en la habitación roja haciendo Dios sabe que. Ambos siempre se encerraban ahí, lo hacen con mucha frecuencia desde la muerte de su madre, incluso Kim no asistía a clases por petición de su padre para encerrarse en el dichoso cuarto, esto sucedía más veces de las que él pudiese recordar; le molestaba.

 

Alguna vez intentó ingresar ahí en varias ocasiones de hecho, pero siempre la cerraban por dentro, lo único que veía era el reflejo de la luz roja en el suelo por el resquicio de la puerta y cuando finalmente salían su padre parecía tan feliz que por lo general le daba un gran abrazo y se iba a dormir, pero Kim salía muy deprimida y con lagrimas en los ojos, él le pedía explicaciones pero ella siempre le esquivaba y no le contaba nada; eso también le molestaba.

 

Buscaba afanado algún programa infantil que desvíe su atención de la tormenta y de las esquinas oscuras pero lo único que encontraba eran noticias que hablaban justamente de la tormenta, aumento el volumen. Estaba nervioso, la sombra tras suyo se hacía cada vez más corpórea como si de un cuerpo normal se tratase, sentía su presencia en la habitación como nunca antes; le temblaban las manos, tuvo el impulso de llamar a la habitación roja pero no se atrevía; estaba paralizado del miedo.

 

Y de repente la puerta se abrió.

 

Mejor dicho se entreabrió dejando ver la luz roja que esta emanaba de su interior. Él tuvo cierta curiosidad de saber que estaban haciendo su padre y Kim ahí dentro, se acerco casi gateando esperando no ser escuchado mientras lo hacía. Cuanto estuvo lo suficientemente cerca estiró la cabeza.

 

Al principio no distinguió nada, la intensidad de la luz rojiza lo ofuscaba, pero después sus ojos se acostumbraron y entonces vio el interior de aquel cuarto al que nunca le permitían entrar.

 

No entendía nada.

 

Distinguió a su padre. Estaba de espaldas a él y de frente a un sillón blanco o color grisáceo no lo sabía con exactitud (la luz roja le afectaba), pero aún más raro era ver a su hermana mayor Kim sentada en ese sillón con las piernas abiertas de par en par, con las manos en el rostro secándose las lagrimas por el dolor mientras su padre le gritaba y le metía su pito al pequeño agujerito de su hermana.

Se recostó en el suelo tratando de entender la escena ¿Estaban jugando a algo que él no sabía?, Si entraba ¿Papá lo golpearía?, ¿Kim lloraba porque perdía el juego? Pensaba y pensaba acostado en el suelo cerca de la puerta mirando aquella escena inentendible para él.

 

Su padre cambio de postura, hizo que su hermana le diera la espalda con la cabeza apoyada en el sillón y las manos en los cojines. Presionó su pito en la entrada donde Kim hacía caca y se la introdujo hasta adentro. <<Qué asco>> pensó. Ella se lamentaba y su padre se movía como si la estuviera cabalgando. Le pareció gracioso ver como ambos jugaban al caballito, lo malo era que Kim no podía aguantar el peso de su jinete y se desplomaba rendida sobre los cojines. Él le daba fuertes nalgadas para que reaccione volviendo sus pequeñas nalgas en carne roja.

 

El pequeño se dio cuenta que aquello que veía no era un juego sino algo peor pero tampoco se atrevía a interrumpirlo. Su padre cambio de posición una vez más y así ensartada la quito del sillón y la bota al piso. Le ordenó que se pusiera de cuatro y con la furia que tenía contenida se la introdujo nuevamente. Kim quiso gritar de dolor pero un fuerte manazo en la espalda le quito el aire. En eso ella se dio cuenta que su pequeño hermano los estaba observando y con mirada suplicante gesticulo en silencio una palabra para que su hermano lo entendiera: “Ayúdame”.

 

 

Jason captó el mensaje pero no sabía que hacer. Decidió apartar la vista e irse a dormir  porque tenía miedo.

 

Minutos después Kim estaba acostada en el suelo apretando los dientes no sólo por el tremendo peso que cargaba de su progenitor sino también porque  como este se agitaba sobre ella en aullidos de excitación y lujuria. Su progenitor acabo dentro de ella como lo hacía todas las noches, sentía el liquido seminal dentro de suyo que seguidamente se escurriría por entre sus piernas. Trato de pararse pero no pudo, las fuerzas se le acababan a esa hora de la noche, en esos momentos de humillación y dolor es cuando mayor falta le hacía su madre, seguramente ella no permitiría esto.

 

Su padre la levanto a la fuerza y le hizo acostarse en la cama que estaba en esa misma habitación. Kim odiaba esa cama, olía tan mal que le daba asco de solo apoyarse en ella, pero era el único lugar donde dormía desde que su madre murió, sabía que la humillación continuaría porque así era todas las noches. Él descansaba un poco, daba un respiro, le decía  que ella era su puta y volvía a cogersela hasta que derramar nuevamente su semen en su interior o en su boca.

La luz roja se apagó dejando que el silencio se apodere de la habitación solo interrumpido por el incesante golpeteo de la lluvia en las ventanas, donde Jason trataba de conciliar el sueño. No podía dormir, no mientras la sombra lo observaba. Se cubrió con todas las mantas y se puso en posición fetal, rezando para que la sombra se largara. Quizá era simple imaginación o se sentía demasiado excluido de la sociedad pero sentía como la sombra seguía ahí aunque no él no lo mirase, olía un aire frío y húmedo a su alrededor, su cuerpo se entumecía a pesar de estar cubierto de pies a cabeza; era la peor sensación del mundo, y en medio de ese miedo terrible que sentía se quedo dormido.

Continuará

Mis Dos Novias. Parte 2.

Posted in Mis Dos Novias by Kruger on 31 agosto 2016

Mis Dos Novias

Parte 2

 

  • ¿Desde donde debo lamerlo mami? – preguntó Elena a su madre.
  • Empiezas por la parte de abajo y luego subes, así.

 

Daniela pasó su larga y rojiza lengua por mi falo, subía por el tallo, hasta el glande sin despegar su lengua de este. Cuando llego a la cabeza de mi pene, con la lengua lo relamía ante la mirada atenta y divertida de su hija.

 

  • ¿Ya viste?

 

Elena asintió.

 

Con su pequeña lengüita rosada imitó lo mismo que su madre pero con cierta lentitud. Cuando llego a la punta un chorro de líquido pre-seminal la esperaba. Ella se aparto al sentir el contacto y luego rió.

 

  • Ahora las dos.

 

De manera simultánea madre e hija pusieron sus lenguas a ambos lados de mi erecta verga que estaba a punto de explotar por tanta emoción. Ambas me hacían sentir en el cielo.  Como un hombre completo con sus dos mujeres dándole placer.

 

Cuando ambas llegaron a la punta sentí un éxtasis completo cargado de adrenalina, era demasiado para este pobre mortal. Expulsé mi semen como un volcán en erupción con chorros y chorros de líquido blanco que salían a borbotones y se estrellaban en la cara de mis amantes y… desperté.

 

El despertador rechinaba a mi lado con ese estúpido sonido de ¡Bip!, ¡Bip!, ¡Bip! Retumbando en mis oídos.

 

  • ¡Mierda! – exclamé airado – Maldito despertador, porque no te arruinas o te rompes o algo. Estaba en la mejor parte de mi sueño y lo arruinaste.

 

Sentí la humedad de mi entrepierna y me di cuenta de que mi ropa interior y las sabanas estaban manchadas con mi semen. Sueño mojado de nuevo, me va a costar lavar las sabanas… de nuevo. Pero solo faltaban dos días para que mis novias vinieran a mi casa, a mi reino, al mi palacio de la perversión. Tenía que valer la pena, jamás había esperado tanto en toda mi vida, los días, las horas, los minutos y los segundos eran interminables.

 

Me di un baño con agua fría porque hacía mucho calor, 34 grados y en aumento, y eso que era las seis de la mañana, vaya día el que me espera. Mientras me secaba el pelo, vibró mi celular; un nuevo mensaje. Era Daniela, 25 mensajes enviados. Ella estaba más emocionada que yo, y eso solo me ponía más ansioso.

– No puedo esperar a que nos encontremos, decía el mensaje, pero tampoco puedo hacer nada para adelantar nuestro viaje, ambos vivimos lejos y eso es un problema. Le dije a mi madre que pasaría el fin de semana en casa de una amiga y que por favor me cuide al nene, que para cuidar a ambos no tendría tiempo. Pero tú sabes que sabes que ambas queremos estar contigo, Elena me pregunta impaciente por ti, diciéndome que quiere conocerte y estar contigo, yo no puedo hacer otra cosa más que mordeme los labios y decirle que se espere un par de días más. Ella se enfada un poco pero lo entiende.

 

Suspiré antes de responderle: Mi amor. Tu haces que me mi corazón palpite más rápido, hace que la espera sea más larga, pero no podemos evitarla, no podemos avanzar el tiempo, debemos ser pacientes.

 

Yo hablando de paciencia cuando estoy desesperado por verlas, que gracioso.

 

– Ahora ustedes lo son todo para mí y anhelo tenerlas entre mis brazos para apretarlas con fuerza y no dejarlas ir. Quiero hacerles cosas sucias, indecibles, impensables, llevar sus cuerpos al límite y agasajarme con sus orgasmos. Quiero que se deleiten con mi cuerpo que hagan con el lo que se les atoje, úsenme para su beneficio, alcancen la dicha con mis genitales y háganme ustedes el amor. Deseo ser un instrumento para ustedes, un instrumento de felicidad.

 

¡Wow!   Inspirado era una buena palabra para describirme en ese momento. Daniela tardo en responder:

 

– ¡Oh amor! Me has sacado un lagrima, casi me quedo sin respiración. Me emociona y me excita a la vez, por eso yo lo adoro tanto y se que Elena también lo amará. Quiero hacer cosas sucias, inmundas contigo también. Bueno, me debo ir a trabajar, me cuesta hacerlo, porque todo el tiempo estoy pensando en ti. Te mando muchos besos, póntelos donde quieras. ¡Ah! Y ahora te envío las fotos que me pediste, para aguantar la espera.

 

Mando por mensajería un set de fotos de Elena desnuda. Quince fotos calientes de mi nena posando para mí. Cada día me enviaba un set diferente, la vestía con diversas ropas y luego se las quitaba para el deleite de mis ojos. Su culito y vagina de mi niña se las veía tan brillantes y vírgenes, era difícil pensar que podría caber algo en ellos, ni siquiera un alfiler.

 

– Intente meterle un par de dedos a su colita pero esta muy estrecha, se quejaba un poco y me daba cierta lástima, escribió.

 

– ¡Pero es que esta preciosa mi vida!  La niña es divina, un ángel como usted. Ya sabes que me masturbo viéndolas, me agasajo con esto que me envías, es simplemente increíble. Tú tienes la culpa de mis sueños mojados mi amor. Anoche soñé que ambas me lamían el falo, ¡Al mismo tiempo! Me moje todo y desperté caliente como huevo frito en pleno verano.

 

– Tus palabras me hacen reír y me moje por tú culpa ahora. ¡Dios! Es tan bonito hablar contigo, me iluminas el día. Me debo ir, piensa en nosotras.

 

  • Siempre – dije al aire.

 

Fue otro día largo. Calor y humedad, ruido en la ciudad y personas a las que soportar. Para mi todo era gris, extrañamente gris. A veces me saltaba al baño de la oficina solo para admirar las fotos de Elena, eso por lo menos me alegraba la jornada.

 

Llegó la noche y de nuevo en casa solo. Quería masturbarme otra vez pero decidí guardar esperma para su llegada. Prendí la tele y a los pocos minutos me quede dormido.

 

De nuevo un sueño, estaba conciente de que era uno porque Elena se encontraba encima de mí con las piernas abiertas y su coñito friccionando mi pene. Movía sus caderas de forma lenta y pausada, de arriba hacia abajo, apoyando sus manos sobre mi pecho.

 

  • ¿No te duele? – le pregunté.

 

Agitó la cabeza

 

  • Se siente bonito – dijo toda inocente.
  • ¿Sientes cosquillas?

Asintió.

 

  • Yo también, ¿Dónde esta tú mamá?
  • Nos dejo, ¿No lo recuerdas?
  • No, la verdad no. ¿Qué dijo?
  • Que nunca hay parejas de tres, esas nunca duran. Que solo entre dos puede existir unión.

Medité unos segundos sus palabras.

  • Eso dijo.
  • Si, y después alisto sus maletas y se fue.
  • ¿No te importa quedarte conmigo?

 

Negó con la cabeza. Mientras más inocente es más me excita.

 

  • ¿Quieres penetrarme? – su pregunta me tomo por sorpresa.
  • ¿Qué?
  • Hablas de eso todo el tiempo, ya se que se lo haces a mi mamá pero me dolía cuando lo intentabas conmigo.
  • ¿Quieres que lo haga ahora? – pregunté aunque siendo este un sueño sabía cual sería la respuesta.

Paro sus movimientos de cadera y espero que yo hiciera algo. Me quede en esa posición sin hacer nada. Tenía miedo de lastimarla, era extraño, entendía que todo esto era un sueño y aún así no quería hacerle daño.

 

  • ¿Qué pasa? – me preguntó azorada – ¿No es esto lo que querías?
  • Si, pero tengo miedo- era verdad una extraña sensación de parálisis me corroía el cuerpo – miedo de lastimarte.
  • Tonto – sonrió y después acomodó mi pene en la entrada de su coñito- pero si fácil, es como chuparse el dedo, mira.

 

Elena se introdujo mi pene de una manera tan sutil y descarada que me costaba creer que fuese una niña, Sin embargo la emoción que me hacia sentir era tan real que me costaba respirar y se me hacia un nudo en el estomago. Ella sonreía placidamente al sentir todo mi falo en su interior, contrajo su respiración y dio un largo suspiro, luego se movió lenta y paulatinamente sobre sus caderas incrementando las pulsaciones de mi corazón. La expulsión de mi semen era inminente, que llenaría su cavidad como  fuegos artificiales en día de fiesta.

 

Golpearon la puerta.

 

Mi sueño acabó en la mejor parte, aquella donde nunca quieres despertar pero siempre despiertas, ese instante donde del sueño pasa a la realidad en un instante como si te cayese un saco de piedras sobre el pecho. La cabeza te da vueltas y deseas que romperle la cara al que terminó abruptamente con tu dulce fantasía.

 

Desperté aletargado y furioso. Me senté al borde de la cama en pose de pensador. Luego vinieron las preguntas: ¿Quién rayos viene a estas horas? Ni siquiera es de mañana y vienen a moles…

 

Las palabras quedaron suspendidas en el aire. Vino la respuesta a mi mente.

 

Corrí a toda prisa hacia la puerta de mi casa, así en paños menores me dirigí al encuentro de quienes querían verme  hacia semanas. Mucha fue la espera pero por fin están aquí.

 

Pero… un momento… ¿Qué hoy no es viernes? Ellas debían llegar el sábado.

 

Abrí la puerta como quien ve el amanecer después de la tormenta, ahí paradas frente a mi estaban mi dos amores, con el rostro cansado pero con un sonrisa en los labios.

 

  • ¡Sorpresa! – Dijeron al mismo tiempo – Ya estamos aquí- Amplié mi sonrisa más que el de ellas, antes de gritar a todo pulmón:
  • ¡Bienvenidas!

 

Fin de la segunda parte.

Mis Dos Novias

Posted in Mis Dos Novias by Kruger on 31 agosto 2016

Mis Dos Novias

Parte 1

Basada en Hechos Reales

 

Aburrido

 

Esa era la palabra que describía mi situación en aquellos momentos o mejor dichos días, semanas, años o ¿toda mi vida? La verdad no podía asegurarlo, quizá no he vivido una verdadera emoción en estos treinta y tantos años que llevo de existencia. Quien imaginaria que las cosas cambiarían en un par de semanas y que pondría mi mundo de cabeza.

 

He tenido muchas novias a lo largo de los años empezando desde la secundaria como todo chico normal, incluso podría confesar que mis primeras experiencias sexuales fueron con primas de mi misma edad. Uno sabe, a veces las calenturas llegan en  los momentos menos esperados, una caricia o un beso puede provocar una reacción en cadena que lleva a la pasión y la lujuria. Pero esas son solo emociones normales, emociones que cualquier persona normal experimenta a lo largo de su vida.

 

Yo no soy una persona “normal”, actúo y me veo como una, pero en el fondo, muy en fondo, soy alguien diferente con gusto diferentes. ¡Y vaya gustos! No es fácil admitir que a uno le fascinan las nenas de 8 años por encima de las de 18 para adelante, es una controversia total. Me creía loco, enfermo, desquiciado, etc. Todos los malos calificativos para una mala persona, pero yo no soy una MALA PERSONA, soy solo una persona con GUSTOS DIFERENTES.  Una persona que también siente dolor al ver sufrir niños, que es cariñoso con sus sobrinos porque simplemente se siente a gusto con ellos, incluso sin sentir atracción física, que quiere protegerlos y velar por su bienestar por encima de todo. Si eso me convierte en una mala persona entonces todos estamos ENFERMOS.

 

En fin, mi historia (mi verdadera historia) empieza cuando me acepto a mi mismo tal como soy. Me doy cuenta de lo que quiero y  como conseguirlo, pero en este caso todo ocurre como una muñeca rusa, es decir un gran paquete trae en su interior otro más pequeño, o quizá sea al revés, un paquete pequeño trae consigo otro más grande y así.

 

En mi caso este paquete pequeño era Internet y la basta cantidad de información de personas que hay en el. Ocasionalmente suelo encontrar amistades perdidas o encontrar otras nuevas. Yo disfruto de la compañía femenina y charlar con mujeres era una de mis prioridades.

 

En línea conocí a una bella mujer (al menos su foto de perfil me decía eso), se llamaba, Daniela, tenía más o menos mi edad (sino es que menos) y compartíamos varias cosas en común: música, películas y algunos libros. Me sorprendió saber que ella vivía en la misma ciudad que yo, salvo por el pequeño detalle que era en los extremos opuestos, es decir, yo en el norte y ella en el sur. Sin embargo nuestra afinidad  era tal que hicimos una cita para conocernos en persona y mejor. Quedamos en vernos en un punto intermedio de la ciudad

 

La verdad no sabía que esperar, uno se siente nervioso en los primeros encuentros, le sucede a todo el mundo, pero muy en el fondo presentía que sería diferente.

 

La primera impresión que tuve al verla fue de nerviosismo, su foto de perfil no mentía era igual de hermosa que en la foto, con su piel trigueña, labios gruesos, cuerpo despampanante, ojos cafés claros, unos senos prominentes y un trasero estupendo.

 

– Si no me la cojo en los primeros cinco minutos seguro exploto – pensé

 

Conversamos de todo un poco, una típica conversación que se hace en la primera cita. La pasamos tan bien los dos que sin mucho miramiento la lleve a mi casa para pasar una noche de placer.

 

¡Oh si! Y que noche pasamos.

 

Daniela era fogosa y ardiente,  besar sus labios era una delicia, verla desnuda un placer visual, y penetrarla una acción urgida ante tanta lujuria desencadenada. Era sexo puro y duro, rebotar sus nalgas contra mi pelvis era sin duda un placer aparte. Nuestros deseos desenfrenados estallaron, estaba claro que ella también deseaba una noche como esta, sus movimientos me decían que así era. Cuando me pidió que se la meta por el culo creí que bromeaba, nunca antes  una chica me lo había pedido, y yo estaba con ganas de hacerle lo que sea porque realmente la estábamos pasando bien.

 

La penetre con furia, como si fuese el polvo más largo de mi vida. Ella gemía y me pedía más, sus gritos y gemidos hacía eco en toda la habitación. Cambiamos de pose constantemente como si nos hubiésemos memorizado el libro del Kamasutra. Fue una noche para el recuerdo. Eche el polvo dos veces aquella noche y eso que era temprano, las once para ser precisos.

 

Apenas terminé Daniela se alistó para irse, quede sorprendido, creí que no la había complacido, ella me calmo diciendo que tenía que volver a casa porque sus hijos estarían solos.

 

¡Vaya, vaya! Eso si que era una sorpresa, pero debí suponerlo después de ver su cicatriz de cesárea en el abdomen.

 

Le pregunté porque no me lo había dicho antes, a lo que respondió que temía que la fuera a dejar.

  • Pero tranquila mi amor, si a mi me encantan los niños. A ver si cuando los traes para conocerlos.

 

Ella sonrió y dijo que pronto. Se fue dándome un largo beso en los labios.

 

Si uno quiere una relación duradera, tiene que amar todo lo que la mujer ame y eso incluye a los hijos. Sabía que si mostraba interés en los pequeños me garantizaba tremendas noches de placer como la que acabamos de vivir.

 

Fantaseé por la noche con lo que podría pasar con nosotros. Si ella tuviese una hija con la que ambos disfrutaríamos del sexo sería increíble, porque una de mis mayores fantasías era hacerlo con una madre y su hija pequeña, de solo pensarlo me creció la verga de nuevo y tuve que jalármela hasta quedar contento y dormir como un bebé.

 

Nos mantuvimos en contacto todos los días. Hablamos de todo hasta insinuarnos mutuamente cosas sucias para calentar nuestras hormonas.  Ella era muy perspicaz para entender mi sucio y obsceno lenguaje, palabras que le enviaba a través de mensajes de texto y mails, que según ella la calentaban en sobremanera. Nunca una mujer se había comportado así conmigo, soportando mis vulgaridades y contestándome cosas peores; eso me agrada.

 

Un día le pregunte sobre sus hijos y ella me respondió que tenía una niña de 8 llamaba Elena y un niño de 3 llamado Gustavo. Le pedí que me mandara fotos de la nena y así lo hizo. Y vaya que si estaba buena la pequeña. Bien delgadita pero con unas piernas de ensueño, carita angelical, tenía la sonrisa de su madre pero con la ternura e inocencia propias de su edad. Fue amor a primera vista, era la niña de mis sueños y los sueños están para cumplirse.

 

Entre más en confianza con Daniela para que me presente a sus peques en persona pero no quería ser evidente por lo que mantuve las conversaciones centrándome solo en ella. Hablar de sexo era el pan de cada día, chatear sobre lo que nos gustaría hacernos el uno al otro si estuviésemos solos, escribir nuestras más profundas fantasías sucias, mandarnos mensajes de voz gritando a voz en cuello nuestros orgasmos, y escribiéndonos lo mucho que nos amábamos. Era prácticamente sexo virtual.

 

Pero las cosas fueron un poco más allá cuando un día le fue muy sincero sobre las cosas que realmente me gustaban. Sin querer le dije que sería interesante hacerlo con una menor de edad, ella en vez de oponerse o cambiar de tema me animo a que le contara más detalles. Yo me puse muy nervioso pues no sabía como terminaría reaccionando. Fui evasivo y algo tímido pero  ella seguía insistiendo, tanto que acabe confesándole que me gustaban las niñas de corta edad.

 

En ese momento me sentía muy nervioso, jamás en mi vida le había contando a alguien mi secreto, jamás a nadie le había abierto mi corazón de esa manera. Pero su respuesta me dejo anonadado:

 

  • Ustedes es un sucio mi amor…………….Y eso me vuelve loca.

 

¡¿Qué?! ¿Es esto cierto? ¿Era verdad que mi nueva novia le gustaba mis locas ideas pedofilas? Si es así que alguien me pellizque porque debo estar soñando.

 

Pero era cierto, leí su respuesta una y otra vez como si mi mente no lo pudiera asimilar. Charlamos muchas horas después, yo no quería dejar que se fuera sin antes desahogarme un poco. Si alguien entiende tú mundo lo mejor es no dejarlo ir.

 

Durante varios días estuvimos hablando del asunto. Sobre mi amor por lo peques, mi descontento social y mis  fantasías con niñas pequeñas y su madres. Aquél tema lo estuvimos discutiendo como los sucios y calenturientos adultos que éramos.  Yo le mostraba algunos videos que conseguí por ahí y ella me decía lo mucho que le encantaban. Leer sus reacciones era lo mejor, siempre con esa lujuria y pasión que la caracterizaban, era como una esponja que absorbía toda la información que yo le proporcionaba.

 

La cosa se puso mejor cuando le envié por correo fotos y videos de niñitas teniendo sexo con hombres, las cuales no eran muy explicitas pero si excitantes. Daniela me pedía que le enviara más videos y fotos, decía que la calentaban y la hacían venirse en seguida.

 

¡Demonios! Esta mujer se lo esta pasando en grande. Yo sabía que no me mentía, muy en el fondo presentía que ella ocultaba algo, algo como lo que yo le ocultaba al resto del mundo pero no me imaginé que yo sería el que liberase sus más oscuras perversiones.

 

Mientras más videos le enviaba más loca se ponía mi chica, era como poner más leña a la gran hoguera que había iniciado y eso me encantaba. Por fin me animé a enviarle un video de una madre pervirtiendo a su hija junto con su esposo. Ese era uno de mis favoritos porque reflejaba mi mayor fantasía. Apenas lo recibió Daniela no paraba de mandarme mensajes de agradecimiento y me pedía más videos de ese tipo, desafortunadamente no poseía ningún otro. Sin embargo intuí que gane mucho terreno con aquel video por lo que me animé a hacerle la pregunta del millón, esa pregunta que todos lo que tenemos una novia con hijas queremos hacer:

 

  • ¿Té gustaría que le hagamos lo mismo a tú hija? Podríamos hacer cosas muy divertidas entre los tres ¿Qué dices?

 

No tardo nada en responder.

 

  • Me leíste la mente mi amor. Usted es tan sucio como yo y eso me vuelve loca.

 

No podía dejar de pensar en ellas después de la propuesta que le hice, es decir, imaginármelas a las dos en la misma cama, desnudas y sólo para mí ¡Cielos! ¡Qué Locura! Entonces en aquel momento le pedí  que me mandara fotos de su hija mostrando su coñito.

 

¡Y me los mandó!

 

Me decía que le excitaba que yo le pidiera ese tipo de cosas. Lo medité un momento y decidí  que ambos tengamos nuestra primera video conferencia. ¡Gracias Internet!

 

A Daniela le emocionó la propuesta pero me dijo que no tenía webcam en su casa, le dije que no importaba, pues el objetivo era hablar con su hija y que ella me conozca a mí.

 

– Le he hablado cosas lindas de ti – Dijo Daniela por medio del micrófono que usaba desde su casa. La conexión era estable y el ruido de fondo era apenas audible lo cual era bueno pues evitaría las interrupciones auditivas – ¿Verdad Elena?

 

  • Si, mi mamá me dijo que usted es bien churro – respondió Elena. ¡Dios! Su voz era dulce, deleitaba mis oídos con sus palabras – ¿Te llamas Arturo?
  • Así es mi reina, Arturo Gonzáles para servirte – Las salude con la mano porque tenía la cámara prendida pero no estaba seguro si podían verme.
  • No le dije que es hermoso Elena.

 

Escuche la risita de Elena por encima del micrófono; me sonrojé. Hasta su pequeña risita me ponía nervioso.

 

  • Elena esta celosa porque yo tengo novio y ella no. Dígale que es verdad
  • Si – Dijo con voz claramente molesta.

 

Me reí, estaba claro que Daniela era una zafada pero ya sabía hacia donde se dirigía la conversación.

 

  • No debes estarlo. Yo amo a su mamá mucho, pero cuando me contó que tenía a una niña tan preciosa como tú mi corazón dio un vuelco, quería conocerla y ya ve, con sólo escuchar su preciosa voz ya me enamoró.

 

Elena volvió a reír.

 

– Porque no hacemos algo – propuse – Como yo las quiero demasiado a las dos ¿Por qué ambas no se convierten en mi novias?

 

Pequeños murmullos se escucharon a través de los parlantes de mi computadora, deliberaban.

  • Mamá dice que si y yo también – dijo Elena.
  • ¡Perfecto! Ahora tengo a dos novias que voy a querer mucho mucho. Las voy a colmar de regalos y cariño, y ellas me visitaran cuando quieren y haremos cosas juntos ¿Les parece?
  • Si – Grito Elena. Su emoción era evidente, la alegría de un niño es siempre sincera. Yo no podía estar más feliz – ¿Cuándo nos vemos?
  • Qué te parece la próxima semana. Así me alisto para que juntos pasemos un lindo fin de semana.
  • Ok amor – Dijo Daniela – Espéranos entonces. Te mandamos muchos besos. Mándele un beso a su nuevo novio Elenita.

 

El ruido de un beso enviado por micrófono era inconfundible. Pensar que esos pequeños labios se juntaran con los míos muy pronto hacían que mi verga se me parara por completo.

 

  • ¡Que Rico! – Exclamé, en verdad estaba muy emocionado.
  • Adiós mi amor, yo igual te mando muchos besos.
  • No sabes lo ansioso que me has dejado Dani, contaré los diás, horas, minutos y segundos para su llegada y tendré un par de sorpresa que les encantarán, Serán mis reinas y yo su rey.
  • ¡Hay que dulce eres mi amor! Y sabes que eso me vuelve loca.

 

No podía conciliar esa noche.

 

Acostado en mi cama, veía en mi celular las fotos que Dani me había mandado y no paraba de observar esa precioso cuerpo que tenía Elenita. Era delgado y curvilíneo como una vasija de barro bien esculpida. Su piernas torneadas y firmes al igual que sus muslos. Toda ella era divina. Daniela me estaba poniendo en bandeja de plata a su propia hija para satisfacer nuestras perversiones y yo no podía desaprovecharía esa oportunidad ni un solo instante.

 

Respiré profundamente un par de veces porque la sangre se me subía a la cabeza, era demasiada ansiedad para poder soportarla, ni siquiera la masturbación podía calmar estas ganas que tenía de tenerlas a ambas echadas en esta misma cama, pero debía ser meticuloso y paciente si apresuraba las cosas todo podría salirse de control.

 

– ¡Ah! mis dos novias – susurré antes de quedarme profundamente dormido.

Fin de la Parte 1. 

Turismo Sexual Capítulo 4

Posted in Turismo Sexual by Kruger on 31 agosto 2016

Capítulo 4: Mariposa Plateada

Cuatro de la madrugada, el calor seguía siendo insoportable, la humedad en el aire era casi asfixiante y los repentinos ataques de los mosquitos que no hacían más que molestar con su repentino aleteo incesante y constantes picaduras. Pero nada de eso importaba, nada perjudicaría el placer que estaba experimentando en ese momento.

Es la tercera y última noche con Channary, y quería aprovecharla al máximo, incluso al límite de mis capacidades. La cama se agitaba con violencia, esta sentía el pesado trajín de mis movimientos corporales, descargando mis más bajos instintos sobre mi víctima y mi amor. Channary derramaba cuantiosas lágrimas sobre las sábanas como todas las noches que pasamos juntos, pero también gemía, sabiendo que el dolor era el mejor recurso para alcanzar el placer.

Mi erecto pene se perdía en los confines de su estrecho y ya desflorado ano. Se lo incrustaba sin tapujos o miedos, era la pura fuerza de un hombre lujurioso contra la fragilidad de una niña pequeña. Mis manos sobre su cintura facilitaban la vejación, mientras mis piernas impulsaban todo el conjunto para asegurar la máxima penetración. Era un ultraje desproporcionado, un grito a favor del placer inmundo y la decadencia humana.

Mi pequeña estaba en cuatro, con las piernas y brazos apoyados  sobre la cama metálica. Su cabeza rebotaba con cada arremetida y sus nalgas recibían todo el impacto de mi entrepierna. Era la posición más dominante porque ella simplemente no se podía defender. Sudaba a mares. La transpiración envolvía todo mi cuerpo dando fe de mi cansancio.

El pequeño reloj del aparador marco las 4:05, el momento perfecto para mi acto final.

Saque mi verga del culito de mi puta. Vi como este salía con un poco de heces fecales en la punta, me había olvidado de colocarme un condón pero ya era tarde para pensar en ello. Quedé impresionando al mirar cómo había quedado el ano de mi esclava, las dimensiones eran del doble con las que comenzó hacía dos noches. Era un hoyo perfecto y rojizo, me dieron ganas de meterle dos dedos encima solo para comprobar mi teoría pero decidí que lo mejor era cambiar de posición.

La voltee para poder ver su redondo rostro. Se la veía extremadamente exhausta como si hubiese dado dos vueltas alrededor del mundo cargada de una enorme roca en sus espaldas. Apenas  podía enfocar la vista en mí pues se esforzaba por respirar mejor, su pecho se inflaba hasta su punto máximo para acumular la mayor cantidad de aire posible. La deje recargarse por unos minutos mientras buscaba a tientas la luz de la cómoda. El foco iluminó parte de la habitación. Veía las sabanas húmedas, hechas un nudo por tanta locura desencadenada. Las almohadas en el piso y algo de sangre en el forro de los colchones; esta tenía que ser la noche más salvaje de toda mi vida o tal vez exagere, quizás las anteriores noches fueron tan buenas como esta no lo sé. Lo único seguro era que Channary era lo que andaba buscando cuando viene a Cambodia, una niña sumisa, hermosa, de cuerpo voluptuoso y con una gran sonrisa, para que yo la destruyera en una cama de un hotel sin piedad; ese era mi sueño.

Me levanté para buscar un vaso de agua. Abrí la botella de agua que estaba cerca de la televisión y sacie mi sed  con grandes tragos. La luz de la luna iluminaba el resto de  la habitación, me sentí poderoso, un ser humano elevado hacía la divinidad por ser el conquistador de una mente inocente. Me acerque a la ventana y destape la cortinas blancas que nos cubrían, nos encontrábamos en el séptimo piso del hotel por lo que no me preocupó si habría gente observando yo solo quería admirar la inmensidad de la luna frente a mí. El aire fresco golpeó mis genitales apaciguando el ardor que sentía en esa zona, estire los brazos hacia los costados como El Hombre del Vitruvio de Da Vinci, deseaba un pequeño momento de sosiego antes de terminar la noche.

Mis memorias me llevaron al día siguiente de nuestra primera noche en el hotel. Ambos despertamos algo agotados, en especial Channary que continuaba dolorida y furiosa por lo ocurrido esa noche. Protestó en Jemer (idioma oficial de Camboya) de forma enérgica lo cual me pareció gracioso ya que por la noche no dijo ni una sola palabra. Desayunamos en el cuarto y pasadas las once de la mañana salimos para la ciudad. Kalliyan me dijo que la ciudad era un lugar encantador, lleno de tradiciones y comidas típicas que debía comer, yo por supuesto quería conocer la ciudad más a fondo por lo que salir por ahí era una obligación, al fin y al cabo soy un turista.

Channary me seguía de cerca, ya que a la gente que nos vea juntos les parecería sospechoso, a pesar de eso no la perdía de vista y ella siempre quedaba a la vista mientras yo hacía alguna compra o me quedaba en algún local de souvenirs. Me daba pena verla con esos trapos sucios que siempre se ponía, era ropa desgastada y muy descolorida lo cual la hacía verse muy inferior al resto de la gente, en especial con los niños de su edad los cuales la veían con cierto desprecio y se apartaban de su paso cuando la tenían en frente. Si ella me daba tantas satisfacciones ¿Por qué no retribuirle un poco?

Llegamos a un centro comercial de gran tránsito. Pregunté a algunas personas en especial a policías por lugares para comprar ropa y joyas, los oficiales me dieron un par de direcciones en un papel. Cuando entramos a la primera tienda de ropa infantil Channary se puso muy contenta al ver tanto vestido colorido. A los vendedores les extraño que un turista estuviese comprándole ropa a una niña pobre, yo les explique que lo hacía por simple solidaridad. Mi niña se probó varios vestidos hasta dar uno con su talla (pues era bastante corpulenta para su edad), al final escogió un vestido largo sin mangas con diseño floral de color blanco con rojo, sin duda le quedaba perfecto. Cuando salió con el vestido puesto parecía otra niña, se la veía mucho más alegre y sonriente, y si algo me gusta de mi princesa es su sonrisa. Compramos otros vestidos y algo de ropa ligera por todo el centro comercial fue un insulso gasto de dinero, pero ver esa amplia sonrisa suya toda la tarde fue un pago muy merecido. Antes de salir y volver al hotel, me detuvo en mi andar una pequeña tienda de platería y joyas, quede azorado por un pequeño dije de plata en forma de mariposa, cuando lo miré inmediatamente lo vi puesto en el cuello de Channary, era como ver una imagen del futuro. Lo compré por un módico precio y cuando llegamos al hotel se lo coloque en ese precioso cuello suyo, le quedaba perfecto, el dije plateado de mariposa era un complemento ideal a su belleza. Ella se puso tan feliz que riendo me dio las gracias en ingles algo que nunca creí que diría.

Aquella noche la cogí por el culo, me había ganado el derecho de hacerlo, pues ella se aguantaba los gritos y me miraba a pesar del tremendo dolor que sufría con una sonrisa.

Ahora la veía agotada y débil, en esta cuarta noche desenfrenada en la que no paraba de hacerle el amor. Verla tendida sobre la cama, toda desnuda y frágil era un estimulante para volver a estar sobre ella.

Me acerque a la cama y me puse encima suyo.

Ella aparentaba estar dormida para que no le haga nada, muy astuta, pero este animal estaba esperando terminar este suculento filete servido en plato de porcelana.

La mágica noche llegaría pronto a su fin.

Le abrí las piernas de par en par, y así admirar su preciosa rajita lampiña que a pesar de mis ultrajes se la seguía viendo inmaculada y pura. Ella me miraba suplicante podía percibir un aire de piedad en su rostro, me suplicaba con esa mirada que parase de hacerla sufrir. Levante mi dedo índice y moví de un lado para el otro.

  • No pequeña – dije moviendo el dedo – Hoy nada ni nadie hará que yo me detenga.

Channary captó el mensaje y de repente se puso a llorar. Grandes y cristalinas lagrimas se escurrían por sus ojos, era un llanto muy penoso; casi me conmueve. Sin embargo estaba decidido y antes de que siga con su gimoteo triste se la calve en la vagina.

Dio un pequeño chillido al sentirlo dentro y después continúo el mar de llanto. La levanté por la cintura para hacer más profunda la penetración y en un lento vaivén fui metiendo y sacando mi pene. Era una sensación indescriptible, era un coñito muy suave, amoldado a mí después de tantas perforaciones. Mi verga se perdía en aquella cavidad, era tan hermoso verlo desaparecer dentro como si fuese un acto de magia, yo no me imaginaba que el cuerpo de una infante pudiese aguantar tanto, quizá se deba también a la corpulencia de mi niña, nuca lo sabré. Es mejor disfrutar que pensar.

Me acomodé apoyando mis manos en el respaldar de la cama, levantando mi cintura y flexionando las piernas para conseguir un ángulo indicado. El sexo es puro movimiento, es el lenguaje de dos cuerpos al unísono, es el amor unido a través de dos almas que se conectan de manera intima, es el llanto de un corazón inocente y la maldad de un demonio desatado.

La cama se volvía a sacudir con violencia, el sonido chirriante del metal con el colchón rompía el silencio de la habitación. Channary apenas podía quejarse ya que mis arremetidas feroces hacían que se agitara con violencia  impidiéndole emitir su llanto triste. Mientras más se quejaba más adentro me introducía en ella. Era una bestia sin compasión alguna.

Debí aguantar unos diez minutos más cuando sentí mi esperma asomarse por la punta de mi pene, aceleré la velocidad de la penetración. Gemía estruendosamente. Me encontraba en un éxtasis pleno, poseído por mis sentidos que me impedían parar.

Y entonces me descargue todo dentro de ella. ¡Dios, que sublime sensación! Los pelos de todo mi cuerpo se erizaron mientras veía maravillado como mi verga estaba dentro suyo  por completo. Jamás creía que pudiese hacer algo así, es decir, mi pene no es tan grande quizá un poco más del promedio pero para ella era inmenso y ver todo ese pedazo de carne en su interior…… no había palabras para describirlo.

Saqué mi pene de su interior, chorros de semen se escurrían y manchaban las sábanas blancas. Channary no se podía mover, estaba shokeada, tenía los ojos bien abiertos pero no emitía ni una sola palabra.

Me limpie los restos del líquido lechoso, sujete a Channary y la llevé al baño. Encendí la ducha fría para hacerla reaccionar, le di unas pequeñas cachetadas en la cara y casi de inmediato comenzó a llorar. No sabía si sentir rabia o felicidad, el caso es que me dejo más tranquilo verla llorar, puede sonar cruel pero por ahora era buena señal.

El amanecer se asomó por la ventana, los pájaros mañaneros emitieron sus silbantes cánticos mientras el cielo oscuro poco a poco se convertía en azul océano. Despertamos desnudos y sin sabanas que nos cubrieran ya que todas estaban arremolinadas en el suelo. Abrazaba a Channary apretando mi cuerpo contra el suyo, me agradaba sentir su piel contra la mía, el contacto hacía que me subiera el morbo otra vez, pero ya era tiempo de marchar.

Me guarde las sabanas, pagué las cuentas extra y nos fuimos de aquel hotel. Nos embarcamos rumbo a casa de Channary ya que seguramente Kalliyan nos estaría esperando.

Llegamos por la tarde y ella toda sonrisas se fue a presumir sus nuevos vestidos a las demás niñas. Kalliyan me saludo con agrado viendo que había cumplido con el trato de volver con la niña. El lugar estaba con nuevos huéspedes y las habitaciones estaban todas ocupadas, por lo que varias niñas se encontraban satisfaciendo los oscuros deseos de otros turistas lujuriosos como yo. Me preguntó si me quedaría una noche más pero le dije que no, había agotado mis recursos y solo me quedaba dinero para volver a casa.

Antes de partir le deje un dinero extra a Kalliyan en señal de agradecimiento por el buen trato recibido. Él me dijo que podría volver cuando yo quisiera porque los buenos huéspedes siempre regresan. Channary salió a despedirse, llevaba ese hermoso dije plateado en el cuello y el vestido blanco que compramos en la tienda de la ciudad.

  • Te voy a extrañar – le dije – pero te prometo que volveré.
  • Chum rieb lie – dijo y me dio un beso en la mejilla.

Ambos agitaban las manos mientras me alejaba del lugar.

Volveré, juro que volveré. Me dije mientras perdía la casa de vista.

 

Fin del capítulo 4

Jodie: La Niña de mis Pesadillas (Capítulo 3)

Posted in Jodie: La Niña de mis Pesadillas by Kruger on 31 agosto 2016

Jodie: La Niña de mis Pesadilla

Capítulo 3: Elemento G                                                                                                                                    

sonrisa

Boris Dugal y su primo Dom se encontraban en su modesto apartamento en las afueras de Central Park cuando el jefe les llamó. Era año nuevo y el reloj marcaba las 2:30 de la mañana. Boris sabía que sería algo urgente, el jefe nunca llama en días festivos sino se tratase de una emergencia.

  • Jefe, ¿sucedió algo?
  • Boris – la vos del jefe era de un tono áspero y casi ahogado- Hay un situación. El idiota de Erick Ruiz estrello el auto con el elemento G a bordo.

Tragó saliva.

  • Quiero que la recuperen- Continuó – Al parecer un extraño la salvó y la llevo a un hospital cercano, Moldan me asegura que es el hospital Saint Row.

¿Recuperar? Boris dudó. Recuperarla sonaba incluso sencillo pero Jodie era impredecible y en las últimas semanas se había comportado de una manera extraña. Le gustaba jugar con las agujas y alfileres y le causaba cierto placer  metérselos en sus dedos. Boris una vez se quedó a cargo de ella cuando el jefe le ordenó vigilarla una noche mientras planificaban su traspaso hacía Nueva York. A él le parecía absurdo tomarse tantas molestias por  una simple niña de ocho años de anteojos grandes y cabello oscuro. Cambio de parecer cuando la tuvo en frente suyo.

  • ¡Boris responde maldita sea!
  • Estamos en camino – dijo finalmente.
  • La quiero viva, muerta no me sirve. Sino tú cabeza será la que ruede en el tabernáculo ¿entendido?
  • Si señor – respondió- No fallaremos.

El jefe colgó y de inmediato Boris fue a recoger un par de armas escondidas en su armario. Dom que había escuchado la conversación y ya estaba preparado y listo.

Debía apresurarse ya que al ser de madrugada y con media ciudad de fiesta, la policía estaría atendiendo otros casos más importantes, eso les daba cierta ventaja estratégica. Sólo debería llegar matar a los testigos, rogar que la niña siga inconsciente, recogerla, subirla al auto, suministrarle sedantes para que no despierte y devolvérsela al jefe.

  • Del dicho al hecho hay un gran trecho –pensó Boris mientras encendía la camioneta y salía a la avenida Park para dirigirse a la autopista.

Llegaron al hospital una hora después. Tenían las armas cargadas y listas para usar. Cuando entraron vieron a dos oficiales hablando con una de las enfermeras. Si sólo eran dos policías entonces la cosa sería mucho más rápida. Ambos caminaron a paso lento hasta la recepción donde una enfermera de avanzada edad los miraba de forma seria, su gafete decía que se llamaba Judith, para Boris era una pena tener que matar a una mujer que tenía el mismo nombre que su abuela.

  • ¿Puedo ayudarlos? – preguntó la enfermera, su mirada era seria y desafiante como si intuyera que algo malo tramaba Boris. Él le guiño el ojo.
  • Buscamos a una pequeña que acaba de llegar hace un par de horas, nos dijeron que tuvo un accidente la pobrecita, sus padres nos mandaron para ver en qué estado se encuentra, ¿Nos podría decir en que cuarto la tienen? – Boris no era bueno inventado excusas, por lo que dijo lo primero que se le vino a la mente.

La enfermera parecía confundida. Hizo señas a uno de los oficiales para que se acerque. Boris ocultaba su arma en la parte izquierda de su chaqueta, esperaba el momento adecuado para darle la sorpresa al oficial.

  • ¿Qué sucede?
  • Este sujeto dice ser familiar de la niña accidentada y…………

Antes que el policía lo mirase de frente Boris disparó desde dentro de la chaqueta,  la bala le pegó en la cien matándolo instantáneamente. Sangre y gritos se mezclaron al unísono en la sala de emergencias. Dom reaccionó de inmediato y apuntó al otro oficial, pero este lo esquivo derribándole al suelo. Boris  saco el revolver de su chaqueta pero el sujeto uniformado ya se resguardaba detrás de la pared que dividía en parte la sala de espera con la sala de emergencias.

Se armó un tiroteo.

Por un lado Dom que llego justo a tiempo para cubrirse detrás de la recepción junto con Boris y  por el otro el oficial que llamaba por radio para pedir refuerzos.

  • Mierda llegaran en cualquier momento, acabemos con esto ¡Ya! – dijo Dom.

Boris siempre estaba preparado. Le hizo una seña a Dom para que lo cubriese y  por la izquierda lanzando un pequeño objeto negro de su mano, el mismo que fue a parar a lado del oficial condenado.

La explosión lo ensordeció dejando un pitido en sus oídos ya que con sus manos se cubrió la cabeza para que no le golpearan los restos de la pared y  los miembros despedazados del uniformado.

Cuando se incorporó vio que la sala de emergencias parecía una zona de guerra con olor a muerte y sangre por doquier, tanto enfermos como el  poco personal médico estaban en shock. La enfermera Judith se encontraba en el suelo cerca de la puerta de salida pero muerta por el fuego cruzado.

Dom lo llamó porque encontró en los registros la habitación de la niña. Ambos recorrieron a toda prisa el pasillo de habitaciones hasta llegar al cuarto donde se encontraba Jodie. La chapa estaba cerrada por lo que Boris la pateo un par de veces con sus botas de cuero hasta que esta se abrió de par en par.

  • Pero qué…………. Mierda.

Ahora él era el confundido. No había nadie en la habitación.

  • ¡¿Estás seguro que esta es la habitación de la niña?! – Preguntó.

Dom asintió, al mismo tiempo que señalo la ventana; estaba abierta o mejor dicho rota.

Boris se acercó al umbral. El piso de emergencias era en planta baja por lo que acceder parecía incluso mucho más sencillo. Boris se sintió como un idiota al ver a lo lejos un auto que se alejaba del hospital a toda prisa.

  • ¡Mierda! ¡Hemos fallado! ¡Hemos fallado! – Gritó colérico.

 

Ben Carson no dejaba de apretar el acelerador. Le sudaban las manos y el corazón le palpitaba a mil. Salir del hospital resulto más sencillo de lo que esperaba, sólo tuvo que localizar a la pequeña a través de la ventanas, no había muchas, hasta que se dio cuenta que la sala de observaciones se encontraba al final del pasillo, intuyo que la niña debía encontrarse en esa habitación. Sintió un gran alivio cuando la vio a través de la ventana.

Después de escuchar la explosión sabía que no tenía mucho tiempo. Algo le advertía en su interior que debía de actuar en seguida si quería salvarla. Agarró una piedra de buen tamaño que encontró cerca y la lanzo con todas sus fuerzas, el vidrio se hizo añicos y por fin pudo entrar. La pequeña estaba muy pálida y respiraba con dificultad, se la veía tan frágil que temía que no pudiese sobrevivir en el camino, aun así se arriesgó y levanto con cuidado, se dio modos para pasar por la ventana y una vez afuera corrió hasta su auto, encendió el motor, puso primera y apretó el acelerador.

Ahora con la niña acostada en la parte trasera, Ben se formulaba  mil preguntas en la cabeza: ¿Quiénes eran esos sujetos? Y ¿Por qué  parecen desesperados por capturar a la niña? ¿Tendrá algo ver con el sujeto muerto encontrado en el auto?, ¿Será una organización de trata y tráfico de personas?, ¿será que la niña es una prostituta o algo así? y si la descubriesen ¿La dichosa organización quedaría al descubierto?

No faltaba mucho para llegar a una estación cercana, pero lo que le parecía extraño era que ninguna patrulla había pasado por la carretera hasta ahora. ¿Qué se había reportado la explosión en un hospital?, ¿Qué nadie había llamado a la policía por semejante acto terrorista?

Ben estaba agotado. Los primeros rayos de sol empezaron a aparecer en el horizonte. El rojizo amanecer ilumino el cielo oscuro de una madrugada tormentosa, la mañana de un nuevo año emergía como cualquier otra, pero solo Ben podía ver que había un cierta diferencia con la anterior; esta parecía más brillante. Pensó unos segundos en su familia, su esposa e hijo debía estarlo esperando preocupados. Les prometió que volvería en año nuevo pero un asunto urgente lo retraso y lo seguía retrasando, solo esperaba que todo se resolviese pronto.

Llego a un cruce de caminos, faltaba poco para llegar. Cuando lo cruzó una camioneta negra que casi lo embiste por detrás, la camioneta dio un giro violento y viro en su dirección.

¡No puede ser! ¿Cómo llegaron tan rápido?

Sin embargo se dio cuenta que no era los mismo tipos del hospital los que conducían el auto. Cayo en cuenta que su teoría de una gran organización de trata y tráfico podría ser correcta. Pisó el acelerador a fondo pero el auto negro debía ser más veloz porque ya estaba sobre ellos.

Le dio un empujón en parte trasera que casi le hace saltar de su asiento, trato de evadirlo evitando que se le acercara por un costado. Estuvo zigzagueando un par de veces evitando que acercara más, vio por el retrovisor que uno de los sujetos saco su arma y empezó a dispararle, Ben agacho la cabeza y siguió maniobrando, hasta que el tirador le atino a su hombro. Ben aulló de dolor pero continuo zigzagueando con un solo brazo, el dolor era intenso y por momentos perdía en control de su vehículo derrapando de un lado a otro.

  • ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Porqué! – se lamentaba, más por fallarle a la niña que tenía acostada atrás que por su propio dolor.
  • Tranquilo Ben – dijo una voz dentro de su cabeza, la voz no era suya, sonaba con el de una niña. Ben no sabía si empezaba a delirar o era la culpa. Su vista se nublaba y sabía que era el fin.

El auto dio unos vuelcos aparatosos en medio de la carretera. El ruido metálico del acero retorciéndose era lo único que escucha Ben antes de que este parase y dejase al auto de cabeza. Ben quedo suspendido por el cinturón de seguridad, sentía como la sangre le chorreaba de la cabeza  y del hombro al mismo tiempo que admitía que la vida se le escapaba de las manos, no alcanzaba a ver a la niña, pero él presentía que ya no había ninguna esperanza para ella. Escucho a los hombres acercarse al auto antes de perder el conocimiento.

Ben caía en abismo de la inconciencia, en el profundo vacío de la nada. El silencio lo era todo en ese lugar, no era un lugar malo sino tranquilo, un lugar de reposo donde la eternidad es un soplo de aire que está en todas partes y el tiempo una ilusión que simboliza ser un todo. Descendía por aquella nada pensando que lo llevaría a algún lado. De pronto sus pensamientos se corrompieron con una densa niebla roja que venía de todas partes, un aura oscura invadía el lugar hasta dominar todo lo que había dentro. La niebla tomo forma y su rostro era tan inmenso que Ben creyó que estaba viendo al mismísimo Lucifer, pero se dio cuenta que no lo era cuando reconoció ese rostro que parecía tan familiar que le dio miedo y en ese instante despertó.

Oscuridad otra vez, pero ahora era diferente porque sentía su propio cuerpo dolorido. Estaba recostado en una cama eso era seguro pero no podía distinguir nada más allá de sus propias narices, trato de moverse pero los músculos de su cuerpo no le respondían, trato de recordar algo pero su mente estaba en blanco.

  • ¿Ya te recuperaste? – dijo una menuda voz cerca suyo. Ben reconocía esa voz aunque era imposible descifrar de quien era. – Tome mis lentes de tú chaqueta, espero no te moleste.

Ben seguía confundido, no entendía lo que esa voz infantil trata de decirle.

  • Ah! Lo siento ya puedes moverte.

Como por arte de magia Ben recupero la movilidad de su cuerpo;  se asustó. Se incorporó lentamente y distinguió en medio de esa profunda oscuridad la silueta de una niña pequeña de no más de 8 años sentada en el piso, desnuda y con pedazo de carne roja en la manos.

El viento soplo a través de la ventana e hizo saltar las cortinas de la habitación revelando la identidad de la niña. Ben quedo horrorizado no solo al ver que ella estaba cubierta por completo de sangre (que no era la de ella) sino también por sus ojos que eran del mismo color del pedazo de carne que masticaba.

  • Me he visto peor créeme y por cierto me llamo Jodie, gracias por salvarme – dijo con una amplía y sangrienta sonrisa.

Fin del Tercer Capítulo

V de Venganza. Parte 4

Posted in V de Venganza by Kruger on 31 agosto 2016

V de Venganza. Parte 4

Si la venganza tenía sabor, tal vez tenía un gusto muy agridulce mezclado con añoranza y una pizca de rabia.  Estos sentimientos entrelazados me guiaban en mi acto salvaje contra Romer.

En pocos minutos la fiebre negra tomo efecto, el liquido negro se introducía en el sistema sanguíneo del chico, esperé sentado a su lado a que los efectos llegaran uno por uno. El tiempo y secuencia de cada síntoma me los conocía de memoria, había visto todas las maldades que la dichosa droga producía, ya que la primera victima de todas sus atrocidades, el primer conejillo de indias de este experimento  fue mi propia hermana.

Lo primero que Romer sintió fueron ligeros mareos acompañados de un fiebre muy leve, se quedo recostado en el sillón de la sala esperando que las nauseas se le pasaran. Seguidamente experimento ansiedad ya que sus músculos y cuerpo en general sufrían una relajación y sensibilidad muy por encima de lo normal. Algunos de sus sentidos se agudizaron en especial el gusto y el tacto, la visión en contraparte se nublaba debido a la fiebre. El calor que sentía le hizo despojarse de toda su ropa de forma inconciente, respiraba con cierta dificultad pero eso era momentáneo; el niño ardía en llamas o mejor dicho en una sensación que el no conocía llamada excitación

Puse mi mano en uno de sus muslos desnudos y él tembló, casi se convulsiona de la emoción. Me acerque a sus labios, esos dulces labios de niño rico, no me había dado cuenta pero era uno niño muy bello. Su pelo liso color café, sus pómulos rojizos como tomate adornaba esa pequeña y redonda cara de rasgos finos.  Esos ojos celestes eran hipnóticos, y sus labios tan sencillos que deseaba que mi falo estuviese en ellos, pero ya habría tiempo para eso.

Lo acomodé en el sillón con las piernas abiertas de par en par, su pequeño pene era estaba tan erecto que la cabeza salio del prepucio. Su mirada perdida y su boca entreabierta era señal de su cuerpo estaba listo. La fiebre aumento un poco dando lugar a alucinaciones debido al calor que se acumulaba en su cuerpo. Esbozó una sonrisa débil y me miro con ojos cansados.

Miré el hoyito de su culo, se veía tan virgen que uno no pensaría que un pene como el mío pudiese entrar en el. Apunte mi falo a esa entrada estrecha y apreté con fuerza. Mi verga se introdujo de a poco causando una gran abertura a la entrada de su culo. Romer inmediatamente gimió como si lo disfrutara, y tal vez era verdad, aún no estaba seguro de si lo que sentía era placer o si su mente simulaba y confundía el dolor con el placer. En todo caso estamos hablando de la fiebre negra y esa droga logra lo imposible.

Me tarde unos minutos pero a falta de quejas logré introducírselo todo, deje mi verga reposando dentro suyo unos minutos, quería que el aro de su culito se amoldara a este instrumento vejador. Romer gemía mejor dicho gritaba de placer.

 

La droga llegó a su segunda etapa: lujuria. En esta parte él va a experimentar un aumento de fiebre que desencadenara una mayor sensación de placer y lo más importante fijara su atención sólo en mí, esto debido a que me verá como el causante principal de su estado eufórico, entonces deseará tenerme dentro suyo el mayor tiempo posible, implica también que hará todo lo posible para no me separe de su lado ni un segundo.

 

Y así pasó, Romer no paraba de mirarme de forma intensa, no para de gemir y lo mejor, no dejaba que mi verga se salga de su culito. Yo me agitaba con movimientos rápidos y constantes. Se la metía y sacaba como si ambos no fuésemos a morir mañana.  Hacia brincar el sillón de cuero con cada arremetida que le daba, su cabeza rebotaba en los cojines del sillón y el sonido de sus gemidos fue cada vez más sonoro, tanto así que tuve que maniobrar para prender el equipo de sonido y poner el volumen casi al máximo para amortiguar sus el ruido de sus aullidos.

 

15 minutos después yo estaba exhausto. Los dos estábamos bañados en sudor, nuestros sudores mezclados el uno con el del otro daba cuenta que nuestro acto sexual había llegado al clímax. Ambos en la misma posición en la que habíamos comenzado pero sin disminuir el ritmo, sentía como mi verga estaba por explotar literalmente, tan palpitante e hinchada que no para de arremeter contra su ya abierto culo que ya era el doble o quizá el triple de ancho. Romer se retorcía, no pudiendo aguantar tanta excitación y placer, sus ojos hundidos daban muestra también de su cansancio.

 

Saque mi verga y se la puse en la boca, le costo tragársela toda pero no objetó. Se la metí hasta la garganta, hasta tocar su amígdala que le provoca tremendas arcadas que después por puro instinto le provocó vomito. Expulsó todo lo que comió esa mañana pero poco le molesto porque siguió chupando o mejor dicho tragando verga.

 

Descargue mi semen prácticamente en su esófago. Grandes descargas se almacenaron directamente en su estomago, descargue mi rabia y mi odio dentro suyo, expulse mis rencores dentro de un inocente niño de 10 años ¡Qué estúpido!

 

Romer ahora era irreconocible. Bañando en sudor, semen y vomito, combinación mezclada con excitación y humillación. Apenas respiraba por la nariz y su boca estaba tan llena de mi líquido blanco que se la pasó escupiendo al suelo todos los restos que deje en su boca.  Parecía un drogadicto adulto después de una sobredosis; simplemente acabado. Esto era lo normal, las consecuencias de una dosis de fiebre negra.

 

Yo por mi parte estaba acostumbrado a ver esta decadencia. La viví por casi 5 años de cautiverio, la vi en cada nuevo niño que entraba en esa sucia y fria habitación en la que estuve cautivo, los veía pudrirse en vida a cada uno de ellos, los veía morir y no pude hacer nada………….nada.

 

Me dirigí a mi habitación con lágrimas en los ojos, golpee la pared hasta que me sangraron los nudillos, grité de furia, maldecía a todo: A Demeric, a la Organización y  a mi mismo por tomar esta cruenta alegoría de venganza y tratar de tomar “justicia” por mano propia.

 

Muy en el fondo sabía que me había trasformado en uno de ellos. En alguien sin moral y sin escrúpulos, que estaba dispuesto a todo para conseguir lo que quería. Me destruyeron, destruyeron todo lo bueno de mí y ahora que recién comenzaba mis devoluciones sentía remordimientos ¡Qué patético!

 

De repente me sentí como si estuviese nuevamente en ese sótano oscuro y con olor a mierda. Viendo como mi hermana era violada una y otra vez por nuestros secuestradores rusos que se turnaban por noche para saciar sus más bajos instintos. A veces la drogaban y a veces no; yo prefería cuando lo hacían pues al menos no sufría tanto, pero cuando no, ella lloraba intensa y profusamente, su dolor era demasiado como para poder soportarlo, pero yo igual no pude hacer nada por ella, por más que lo deseara.

 

Me la pasaba semanas enteras sentado en esa asquerosa silla de madera, solo me dejaban levantarme de ella para hacer mis necesidades en otras silla de madera con un hueco en medio.

 

Los días y noches eran interminables, oscuridad por todas partes y gritos de niños salidos de paredes aledañas que le daban un toque tan siniestro al lugar que apenas podía conciliar el sueño. En serio no sabía cuantos niños cautivos había en todo el lugar, ni siquiera tenía una vaga idea, debían ser muchos porque los quejidos y gritos venían de todas partes.

 

Pasaron algunas semanas y al fin me sacaron de esa mugrosa silla que me conocía mejor que mi madre. Y me pusieron a trabajar de lleno, más que trabajar era un tortuoso trajín de idas y venidas en calles desconocidas o bares clandestinos, mi objetivo era distribuir todo tipo de droga: desde éxtasis, pasando por la cocaína, metanfetamina y algunas pastillas raras de las que no sabia su nombre. Me amanecía en aquellos lugares, siempre supervisado por un hombre alto de nombre Rimsky que nos controlaba  a mí y a otros cuatro muchachos de distintas nacionalidades.

 

Ahí conocía Jhon, en ese tiempo él se veía muy optimista, tenia una broma para cada particular situación. Me contaba historias suyas para pasar el rato en aquellos bares. Empezó por decirme que él era gay o al menos eso creía porque no tenía ningún interés por el sexo opuesto; a partir de ese momento no dejaba que Jhon se me acercara por las noches. También me contó que lo trajeron por accidente a ese lugar ya que él se encontraba sin familia, sus padres había muerto y rondaba por las calles solo y con mucha hambre. Los hombres rusos seguramente lo vieron como presa fácil.

 

Nos cuidábamos el uno al otro de alguna amenaza o algún favor (como conseguir cigarrillos, o dinero extra), el caso es que a Jhon le daba pena el estado en el que se encontraba mi pequeña hermana, que cada día que pasaba se ponía peor. La droga la volvía inestable, le carcomía la cabeza y los recuerdos. Apenas me recordaba a mi o a nuestros padres. Lo único que quería era más de esas eyecciones de fiebre porque por lo menos con ellas sentía placer. Buscaba objetos grandes en la habitación y se las metía por la noche en sus partes intimas para sentir algo de dolor o placer; era horrible verla así, la chispa de sus ojos había desaparecido dando parte a un mirada vacía y sin luz.

 

  • Señor Mark ¿Qué me esta pasando?

 

Era la voz de Romer que se había colado en mi cuarto para despertarme de mi ensueño. Me di la vuelta para atenderlo

 

El pequeño niño temblaba  de pies a cabeza, era otro síntoma de la fiebre: serenidad, esta era la fase previa a lo que los rusos denominaban la tormenta. Cuando el niño esta sereno le viene un repentino frío y su mente se aclara por algunos minutos; analiza la situación.

 

Me observa como tratando de entender lo que acababa de suceder. Tiene la mirada perdida, los ojos cansados, los brazos caídos y la mente despierta, era como despertar de un profundo sueño oscuro. Este episodio también es llamado el ojo de la tormenta porque la calma es momentánea, en seguida llegaría el final del efecto como la explosión de un volcán inactivo.

 

Aliste la cama para nuestro encuentro carnal. Las cámaras también estaban preparadas y listas para grabarlo todo, para documentar el segundo paso de mi venganza.

 

Tomé la mano de Romer y lo llevé directo a mis aposentos donde también me había cogido a su madre. Los temblores se aminoraron y comenzó a palidecer y a excitarse nuevamente.

 

Lo coloque de espaldas hacía mí, con las piernas casi colgando en los laterales de la cama. Apunte mi verga a su desflorado ano y se lo metía de lleno.

 

Romer gritó y después gimió fuerte, relajo el esfínter para que la penetración sea completa. Acomode mi pelvis para que los vaivenes sean continuos e ininterrumpidos. Me agité dentro suyo chocando mis muslos con sus nalgas para que sonaran, agarré su cintura para que no se separa mucho de mi, mientras Romer seguía gimiendo con ensordecedores gritos de placer.

 

Uno no podría creer que un pequeño niño de 10 años podía soportar semejante ultraje, pero era cierto, y todo gracias a esta maravillosa droga. La organización debió ganar millones con ella, comercializándola a todo el mundo, corrompiendo vidas inocentes, destruyendo familias y satisfaciendo las fantasías de sus clientes,  pues hasta en los países más ricos tienen sus propios infiernos.

 

 

  • ¡Me estas viendo Demerik! – grito a la cámara mientras continuo agitándome furiosamente sobre Romer – ¡Esto es lo que tú has provocado! ¡Pero esto es lo que te mereces o lo que tus seres queridos se merecen por tú culpa! ¡Este es solo el comienzo!

 

Siento el éxtasis llegar pero también me siento furioso, es una mescolanza de emociones opuestas que acaban llenando el culito de Romer con lo que yo denomino “el semen maldito”.

 

  • Solo observa Demerik, que para Jennifer se vienen cosas peores.

 

Fin de la parte 4

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